Rebelión, 3 enero 2004
El nuevo orden Internet
Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
Durante
tres días, del 10 al 12 de diciembre de 2003, se desarrolló en Ginebra la
primera Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, organizada a
petición de la ONU por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (IUT). Es
un acontecimiento de gran envergadura (1). Comparable, en materia de
tecnologías de la comunicación, por su amplitud, sus efectos, y sus desafíos,
con lo que representó para el medio ambiente la Cumbre de la Tierra de Río de
Janeiro en 1992.
Hace menos de diez años que Internet llegó al gran público… En tan poco tiempo,
ha trastocado franjas enteras de la vida política, económica, social, cultural,
asociativa… Hasta el punto de que en adelante, a propósito del estado de la
información y la comunicación en el mundo, cabe hablar de un "nuevo orden
Internet".
Ya nada es como antes. El aceleramiento y la fiabilidad de las redes han
modificado la manera de comunicarse, de estudiar, de comprar, de informarse, de
distraerse, de organizarse, de cultivarse y de trabajar de una importante
proporción de los habitantes del planeta. El correo electrónico y la consulta
de Internet colocan al ordenador en el centro de un dispositivo de intercambios
(relevado por el nuevo teléfono que sirve para todo) que conmociona el universo
profesional en todos los sectores de actividad.
Pero esta transformación formidable beneficia sobre todo a los países más
avanzados, ya beneficiarios de las revoluciones industriales precedentes, y
agrava lo que se denomina "la fractura digital", ese abismo que se
abre entre los bien provistos en tecnologías de la información y los
desprovistos de ellas que son mucho más numerosos. Dos cifras resumen la
injusticia: el 19% de los habitantes de la Tierra representa el 91% de los
usuarios de Internet. La brecha digital aumenta y acentúa la tradicional brecha
Norte-Sur como asimismo la desigualdad entre ricos y pobres (recordemos que el
20% de la población de los países ricos dispone del 85% del ingreso mundial).
Si nada se hace, la explosión de las nuevas tecnologías cibernéticas
desconectará definitivamente a los habitantes de los países menos adelantados,
especialmente los del África negra (apenas un 1% de los usuarios de Internet,
entre ellos muy pocas mujeres).
Este problema no puede dejar indiferentes a quienes quieren construir un mundo
menos desigual. Ha estado en el centro de la Cumbre de Ginebra en la cual
participaron más de 10.000 delegados de alrededor de 175 países y unos 50 jefes
de Estado y de gobierno. Por primera vez, señal de las tranformaciones
en curso, esta Cumbre de la ONU reunía a los representantes de los Estados,
jefes de empresas y responsables de Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Lo
cual por otra parte no funcionó bien, dado que estas últimas se quejaron de
haber sido, en cierto modo, marginadas y de haber servido en buena parte como
coartada.
La Declaración final (2) disimula apenas el fracaso de las principales
cuestiones en debate. En primer lugar, el proyecto de crear un "Fondo
solidario digital" no logró cobrar forma, dado que los países ricos se
negaron a comprometerse financieramente. El presidente de Senegal, Aldoulaye Wade, que desde hace
mucho tiempo defiende el principio de ese Fondo, propuso eludir los Estados y
lanzó la idea de una contribución voluntaria de un euro sobre la compra de cada
ordenador en el mundo. Otros sugieren aumentar en un centavo de euro cada
comunicación telefónica, cualquiera sea su duración, para favorecer la
"cohesión digital" del planeta.
Otro gran tema de preocupación fue el control que ejercen sobre Internet muchos
Estados autoritarios, entre ellos China y, a partir del 11 de septiembre de
2001, bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, la intromisión en la
vida privada de los ciudadanos a través de la vigilancia de su actividad en
Internet en muchos países democráticos, entre ellos Estados Unidos. Tampoco en
este terreno se registraron avances. Los Estados no hicieron ninguna concesión,
escudándose en la ciberseguridad.
La tercera cuestión capital fue el debate sobre el modo de regulación y gestión
de Internet. Por el momento, quien decide en ese campo es Estados Unidos (3).
Sin embargo se ha convertido en una cuestión tan importante, condiciona tantas
decisiones en todas las esferas de la vida política y económica, que Washington
acepta debatirlo. Pero sólo en el marco del G8, el consorcio de las ocho
potencias que dirigen el mundo.
En su inicio la Cumbre abogaba a favor de una gestión multilateral de Internet,
transparente y democrática, con la plena participación de los gobiernos, del
sector privado y de la sociedad civil. Y acariciaba la idea, defendida por
muchos Estados (pero también por el inventor de la World Wide Web, el físico
británico Tim Berners-Lee)
de transferir su responsabilidad a una instancia especial de Naciones Unidas.
Washington se negó de plano. Con el pretexto de que sólo la gestión del sector
privado garantiza que Internet siga siendo una herramienta de libertad…
Todas estas cuestiones volverán a ponerse sobre el tapete en la segunda fase de
la Cumbre, que se desarrollará en Túnez en noviembre de 2005. Mientras tanto,
¿no habría que lanzar enseguida un formidable Plan Marshall
tecnológico?
NOTAS
(1) Véase Armand Mattelart,
"Sentar las bases de una información ética", en Le Monde diplomatique edición española, diciembre 2003.
(2) A disposición en el sitio oficial de la Cumbre: www.itu.int/wsis
(3) Internet es administrada por la Internet Corporation
for Assigned Names and Numbers
(ICANN) que gestiona las direcciones y nombres de dominio de los sitios, y
depende directamente del Departamento de comercio de Estados Unidos, por
consiguiente del gobierno de Estados Unidos.