Las
Luchas Sindicales de 1982 y 1983 en Yucatán
Mauricio Macossay Vallado
Septiembre 2004
Cuando en 1977 desaparece el Frente
Sindical Independiente “Efraín Calderón Lara”, las luchas sindicales
independientes y democráticas entraron en un receso y depresión del que no
saldrían sino hasta 1980, con las luchas de los empleados de Almacenes Blanco,
que aunque realizaron un gran esfuerzo fueron final y dignamente derrotados y
de los obreros salineros de Las Coloradas, quienes pese a todo si triunfaron y
lograron un sindicato independiente y combativo. La gran mayoría de la clase
trabajadora yucateca organizada sindicalmente, se mantuvo temerosa, a la
defensiva y con pocos ánimos de lucha. El panorama sindical era dominado casi
totalmente por el famoso trío: charros (CTM y CROC), gobierno estatal y federal
(a través de las juntas federal y local de conciliación y arbitraje y de la Sría.
del Trabajo) y patrones.
En 1982 grupos de trabajadores
yucatecos empezaron de nuevo a levantar cabeza, organizarse y luchar, para
avanzar en la conquista de importantes derechos económicos y laborales, que en
la ley eran sólo letra muerta. En 1982 y 1983, coincidiendo con la crisis política
y económica nacional y el cambio de sexenio, hubo luchas y movilizaciones de:
los cordeleros, los desfibradores, los panaderos de Dzidzantún, los trabajadores
de Climas de Yucatán, los obreros siderúrgicos, los universitarios y los
empleados de Bancos, Fideicomisos y Aseguradoras. Destacaron ampliamente las
luchas de los siderúrgicos, de los universitarios, de los empleados del Banrural
y del Fideicomiso para la Organización y Capacitación Campesina (FOCC); luchas
que contaron con el apoyo parcial de antiguos sindicatos (cerveceros y
refresqueros principalmente) que en aquel entonces se habían integrado a la
CROC yucateca.
En aquellos dos años los
trabajadores yucatecos dieron ejemplares luchas por la vía independiente y democrática.
Sin embargo una a una fueron duramente presionadas y derrotadas; la maquinaria
patronal-oficial-charra funcionó efectivamente, aunque con ciertos problemas y
falta de coordinación en algunos momentos. Los patrones (empresarios privados
en el caso de siderúrgica y el mismo gobierno en los otros casos) utilizaron todo
lo que tenían para combatir y derrotar a los trabajadores en lucha, cometiendo
todo tipo de arbitrariedades e ilegalidades, con el abierto y cínico apoyo del
gobierno estatal y federal, de las juntas de conciliación, de las centrales
charras, sobre todo de la CTM, de la prensa local e incluso con el uso de
antimotines. Mostraron una vez más, que en lo que se refiere a proteger sus particulares
intereses de grupo y combatir las luchas sindicales legítimas, cualquier camino
o medio es bueno; actúan con la fuerza que les da el tener el poder económico y
político, y son siempre los primeros en pisotear toda la ilegalidad y los
derechos establecidos en la Constitución y demás leyes laborales. No respetan
nada, lo que los guía es imponer sus intereses y sus
formas. Ah, pero eso sí, cómo hablan de legalidad y respeto a los derechos
obreros y al “estado de derecho”.
Los obreros siderúrgicos
yucatecos se organizan en forma democrática e independiente y logran construir
un gran sindicato en mayo de 1982, sindicato que surge al calor de la lucha,
como un eficaz instrumento de defensa obrera; sindicato que se mantendría
luchando ininterrumpidamente hasta mayo de 1983 (un año completo) ante la
agresividad, arbitrariedad e ilegalidad del patrón Víctor Erosa. Erosa de las
familias más corruptas de la burguesía yucateca, nunca respetó las conquistas sindicales,
siempre estuvo agrediendo y hostilizando al sindicato, y como los compañeros estaban
bien organizados, unidos y en pie de lucha, nunca se dejaron; los
enfrentamientos fueron duros; y en más de 3 ocasiones, con la fuerza de su
unidad, su independencia y combatividad impusieron ciertas conquistas, que el
patrón tuvo que respetar, aunque de muy mala gana.
Los compañeros
siderúrgicos sabían bien y así lo demostraron que no basta con estar unidos y
tener la razón, que hace también mucha falta ser combativos y luchar por la vía
independiente, dirigiendo sus luchas a las formas que convienen a los propios
trabajadores, sin caer en las trampas legaloides de
los patrones y el gobierno.
En el sindicato independiente de la
siderúrgica todas las decisiones importantes fueron tomadas en Asamblea General
y llevadas a la práctica por el comité ejecutivo, los delegados y las bases en
forma firme, disciplinada y organizada, mostrando un alto nivel de combatividad
y firmeza en el accionar sindical. Las constantes maniobras y agresiones
patronales provocaron que el sindicato siempre estuviera en pie de lucha, lo
cual no impidió que pese a esto, se fomentara la formación sindical de los
socios, para elevar el nivel de conciencia sindical y política de los
compañeros y mejorar los niveles de organización y combatividad obreros.
Durante la breve vida
independiente del sindicato (apenas un año) dieron luchas ejemplares.
Enfrentaron exitosamente al patrón en 2 reajustes fuertes de trabajadores, en
su revisión salarial e hicieron respetar sus derechos y prestaciones. Apoyaron
varias luchas de aquel tiempo, participaron en diversos actos de los sindicatos
independientes e incluso organizaron un encuentro intersindical de formación
político-sindical. Mantuvieron alianzas con sindicatos independientes y con
sindicatos de la CROC yucateca. Fueron un combativo ejemplo de unidad,
organización, independencia, solidaridad y combatividad por los legítimos
derechos obreros.
Pero en abril de 1983 el
patrón Víctor Erosa, inició una nueva ofensiva, despidiendo a 11 destacados
miembros del sindicato (que eran jefes de turno); el sindicato respondió a la
agresión ilegal y arbitraria suspendiendo el trabajo de horas extras y
reduciendo el ritmo de trabajo normal; el patrón contestó con castigos y
suspensiones, incrementando su agresión; el sindicato intentó negociar, pero el
patrón no quiso, continuaba provocando; el sindicato entonces decide aumentar
la presión obrera y estalla un paro el día 25 de abril. El paro estalla a las
7:00 de la mañana y el patrón contesta ese mismo día despidiendo a todos los
trabajadores (eran 176 obreros) y estallando a su vez un paro patronal,
despidiendo a su abogado y contratando otro (el abogangster
fascista Tito Tun, especializado en agredir trabajadores), desatando una fuerte
campaña contra el sindicato y provocando un conflicto de grandes dimensiones.
El sindicato a partir de ese 25 de abril instalaría un campamento de huelga a
las puertas de la Siderúrgica, para evitar la entrada de esquiroles y exigir la
reinstalación de los despedidos, a la vez que recurría a solicitar el apoyo
sindical (de los independientes y de la CROC) tanto de Yucatán como de México,
así como del pueblo yucateco. El sindicato estaba decidido a dar la batalla a
fondo, en defensa de sus intereses y no rendirse ni dejarse vencer por la
intransigencia e ilegalidad de la patronal. La unidad y la organización interna
mejoraron sensiblemente, actuaban realmente como un solo hombre.
Sabían perfectamente que
solo tenían dos caminos: rendirse y aceptar lo que el patrón quisiera o luchar
combativamente, con el apoyo de sindicatos y pueblo en general, por la
reinstalación y la normalización de las relaciones laborales, sobre bases
justas y de respeto al sindicato; optaron por el segundo camino y nunca se
arrepintieron. Las tácticas de lucha que fueron utilizando resultaron muy
eficaces, todos los días se reunían en asamblea general para conocer las
últimas informaciones, analizarlas, discutirlas y tomar los acuerdos
necesarios. Conscientemente no cayeron en el terreno patronal de la lucha
legaloide, ya que les era totalmente contrario y de haberlo utilizado hubieran
perdido irremisiblemente y de manera vergonzosa.
Ante el paro patronal en la Siderúrgica,
los obreros aumentaron notablemente su nivel de unidad interna, organización y
combatividad, respondiendo en el mismo plano pero en su propio terreno de
lucha. El patrón agredió al sindicato y recurrió al camino de los hechos
consumados, fuera de la legalidad; el terreno que cotidianamente los patrones
usan; mientras el sindicato de los siderúrgicos respondió a los ataques con
tácticas obreras de acción directa, cuidándose de no entrar al terreno
legaloide y derrotarse de antemano. Según la Ley del Trabajo los obreros solo
tenían 2 formas de lucha: 1ª emplazar y estallar una huelga por violaciones,
que el gobierno fácilmente podría declarar “inexistente” o “ilegal”, como lo
han hecho muchísimas veces, obligándolos dizque “legalmente” a rendirse; o 2ª
demandar en forma individual por el despido masivo y esperar que la autoridad
laboral dijera quién tenía la razón, lo que significa esperar unos 2 años o
más, o sea perder sin atreverse a luchar siquiera.
Los compañeros
sindicalistas de la Siderúrgica sabían esto y por eso no cayeron en el juego
legaloide; decidieron concientemente utilizar otro camino de lucha, el de
contestar con la lucha directa, bloqueando la fábrica y controlando la entrada
de gente, evitando la entrada de esquiroles y la salida de productos. Sabían
los riesgos que corrían y se la jugaron; apostaron a su propia fuerza
organizada; apostaron al apoyo sindical y popular. Durante 16 días mantuvieron
su campamento de huelga de hecho, a la que nadie podía declarar “inexistente” o
“ilegal”, mantuvieron la unidad y organización combativa, mientras que el apoyo
sindical y popular iba creciendo más y más; hasta que el gobierno estatal, el
del viejo decrépito y corrupto Gral. Alpuche, cediendo a los deseos y
exigencias de las Cámaras Patronales y del propio patrón de la Siderúrgica,
reprimieron con lujo de violencia la huelga obrera el 11 de mayo de 1983. Sólo
por medio de la violencia represiva podían derrotar a los combativos
siderúrgicos, cuando ninguna de sus otras medidas les funcionó (una fuerte
campaña de prensa anti-obrera, las supuestas “negociaciones”, con el gobierno
de dizque “mediador”, amenaza a dirigentes y asesores y otras más). Sólo con la
aguda violencia anti-obrera, violando todos los derechos humanos, que dicen
respetar y hasta dizque proteger, podían doblegar a los obreros siderúrgicos; y
aún así no les resultó fácil.
Aunque el gobierno estatal
utilizó toda su fuerza represiva (más de 300 policías anti-motines, preventivos,
bomberos y judiciales) aquella tarde del 11 de mayo de 1983, contra los compañeros
siderúrgicos, éstos resistieron la agresión y respondieron con golpes a los
golpes, a pesar de ser tan sólo unos 80 obreros en el momento de la represión; aunque
finalmente fueron derrotados ante la superioridad numérica de los “valientes”
represores. Fueron detenidos una docena de obreros y compañeros solidarios que
se encontraban en la puerta de la fábrica cuando se dio la represión. Detenidos
que fueron liberados dos días después, sin cargos, cuando la patronal impuso el
despido, sin indemnizaciones, de la mayoría de los trabajadores y un “nuevo
sindicato” controlado y manipulado directamente por el patrón, con el apoyo de
la CROC nacional y local, a la manera de sindicato de protección. La persecución
contra los asesores del sindicato se detuvo dos semanas después, con la
solidaridad de organizaciones nacionales y ante el clima de tensión local que
se vivió.
Unos 5 días antes de la
represión (el 6 de mayo) el patrón Erosa contrató a unos 200 golpeadores de la
CTM, para que desalojaran a los huelguistas, pero al toparse con la sólida
unidad obrera desistieron del intento de romper la huelga. El patrón con ello,
demostraba de nueva cuenta su ilegalidad y arbitrariedad, así como su decisión
de imponer por la fuerza sus intereses, pasando por encima de los trabajadores.
Ese mismo día 6 de mayo iniciaron las “negociaciones”, en las que todo el
aparato patronal, periódicos, TV, radio, gobierno estatal y cámaras patronales,
intentaron quebrar la combativa unidad interna de los compañeros. Y como no se
quebraron a pesar de la fuerte campaña, presiones, calumnias, amenazas y
mentiras, recurrieron a la fuerza, a la agresión violenta. La represión del 11
de mayo fue cuidadosamente preparada y respaldada con los medios de
comunicación locales, aunque después con todo cinismo, afirmarían que los
obreros fueron los provocadores.
Después de que los
policías reprimieron, con lujo de violencia, a los compañeros siderúrgicos el
11 de mayo de 1983, el gobierno yucateco desató una fuerte campaña de amenazas
contra el sindicato y persiguió a dirigentes y asesores sindicales, con el afán
de acallar cualquier protesta ante la cobarde represión. La gran lucha de los
siderúrgicos y la represión que sufrieron, no tenía antecedentes en Yucatán
desde 1937, cuando masacraron a un grupo campesino en la Plaza Grande de
Mérida.
La derrota obrera impuesta
por medio de la violencia represiva, mostró varias cuestiones importantes: la
ilegalidad y prepotencia del aparato patrones-gobierno-charros, el pisoteo de
los derechos obreros por la vía violenta y arbitraria y la falta de una
suficiente unidad y solidaridad del conjunto de trabajadores. La experiencia
demostró que no basta con tener la razón y la fuerza de la unidad combativa,
democrática e independiente de un grupo obrero, sino que también hace falta cubrir
de apoyo y solidaridad sindical y popular las luchas legítimas que los trabajadores
den. La derrota de los siderúrgicos no fue culpa de ellos; al arriesgarse a
luchar, se arriesgaban a ganar o perder; y fueron derrotados, pero sólo con la
cobarde violencia represiva del gobierno. Si el gobierno de Alpuche no hubiera
reprimido la lucha de los compañeros ellos, sin duda alguna, hubieran triunfado.
Solo a fregadazos podían derrotarlos. El gobierno yucateco mostró su verdadera
cara represiva y patronal, así como la televisión, las difusoras de radio y los
periódicos, principalmente el Diario de Yucatán. De esta forma terminaron las jornadas
de lucha de los obreros independientes de la Siderúrgica de Yucatán, mientras
el ambiente sindical y obrero se oscurecía con las amenazas y persecuciones que
desataron el gobierno y los patrones.
Hacia fines de mayo de
1983, a unas semanas de la represión a los siderúrgicos, los trabajadores administrativos
de la UAdY estallaron una huelga demandando aumento salarial de emergencia. La
estallaron a pesar del clima represivo que prevalecía en aquel tiempo. Con
firmeza y decisión decidieron el estallido en una combativa asamblea general,
realizada en el local del Sindicato de Cordeleros. La huelga duró siete días y
la tuvieron que levantar sin obtener ningún aumento salarial (aunque sí con el
100% de los salarios caídos) por las amenazas y calumnias desatadas en su
contra y ante el escaso apoyo sindical y popular.
En diciembre de ese mismo
1983 se apagarían dos sindicatos más: la desaparición del sindicato democrático
y la liquidación de todos los trabajadores del FOCC, después de una ruidosa
huelga y movilizaciones de dos meses y la virtual rendición política del
sindicato del Banrural, con el despido de dos dirigentes y una campaña de
amenazas. Ambos sindicatos habían surgido impetuosamente como organizaciones
legítimas y democráticas en septiembre de 1982, cuando se abre el espacio político
nacional y local para la organización sindical de los trabajadores al servicio
de los bancos y de los fideicomisos. Poco más de un año después el sindicato
del FOCC desaparece y el del Banrural es domesticado y sometido al control
charro.