La Jornada, México D.F. Domingo 18 de enero de 2004

 

Latinoamérica, ejemplo de que el neoliberalismo profundiza la injusticia: OIT

La globalización busca destruir los estados nacionales: altermundistas

El combate a esas políticas debe ser "recuperando" al Estado y creando un "contrapoder"

LUIS JAVIER GARRIDO ENVIADO

Mumbai, India, 17 de enero. El aspecto político del neoliberalismo, que fue poco abordado en las tres ediciones anteriores del Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, Brasil, emergió hoy en Mumbai como uno de los temas capitales de la crisis actual, que hay que abordar de manera urgente.

La cuestión relativa al impacto de las políticas neoliberales en las instituciones apareció hoy, en este segundo día de sesiones del FSM, como uno de los ejes articuladores de la reunión, que debe mantenerse y ampliarse en ediciones ulteriores.

La globalización, dijo Aijaz Ahmed, de India, presidente de ese panel, al abrir la sesión, "es también un proceso que nos habla de la constitución del poder imperial y del abandono de un principio que hoy a muchos parece obsoleto: el de la igualdad de los estados". El nuevo poder multinacional tiene entre sus objetivos acabar con los estados-nación que sustentaron el orden internacional en el pasado y nos sitúa ante una nueva realidad política.

La reflexión, por consiguiente, tiene que situarse, precisó el reconocido intelectual indio, en lo que están siendo las nuevas relaciones entre las empresas multinacionales y los estados nacionales. El papel "destructivo" del capital multinacional no ha sido analizado de manera suficiente, agregó, y ha sido central para culminar el proceso que se está desarrollando y que ha llevado a una situación que era inimaginable hace algunos años: los estados nacionales ya no tienen poder para regular el papel del capital ni para definir sus propias políticas.

Esta situación, añadió, es mucho más dramática en Asia que en otras latitudes, pues aquí la prioridad de las trasnacionales ha sido destruir a los antiguos estados benefactores, cuyo papel histórico fue construir nuevas formas de organización social, que constituyeron una barrera a las ambiciones desmedidas del capital. El capital financiero ha penetrado organizaciones sociales, sindicatos, medios de información y partidos políticos, y desde ahí busca destruir el anterior orden jurídico.

India, liberada del colonialismo muy tardíamente, que buscó una vía propia desde 1946 construyendo un nuevo Estado con mayores dificultades que otros países por sus múltiples contradicciones internas, ahora se halla inmersa en ese proceso regresivo, y esto ha sido posible por una circunstancia: la burguesía está incorporada de manera abierta en el nuevo proyecto. Concluyó: el desafío actual está, por consiguiente, en tener la capacidad de resistir desde ahí, en el interior de los propios estados, y evitar que se sigan transformando las políticas que tomó tantos años edificar.

En Mumbai ha estallado de nuevo la inconformidad. Un aspecto significativo de los cambios que se han producido al organizarse por vez primera el FMS en Asia es que se ha aceptado, a pesar de la oposición de muchos, discutir de manera más intensa que en Porto Alegre la vertiente política del neoliberalismo, reconociéndose que el proceso de globalización es también un proceso político, lo que impactará, sin duda, las agendas de los múltiples foros sociales regionales que hoy se organizan en el mundo.

Juan Somavia, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sostuvo que el neoliberalismo es el nuevo fundamentalismo de nuestro tiempo, que no ha hecho otra cosa que lograr que la situación del mundo actual sea cada vez más injusta, como lo muestra el caso latinoamericano.

De 1980 a la fecha, afirmó con datos oficiales en la mano, en América Latina la economía informal ha crecido 50 por ciento, la seguridad social tiene una cobertura 30 por ciento menor y el poder adquisitivo del salario mínimo se ha desplomado 25 por ciento, inclusive 50 por ciento en muchos países. Y esto no ha sido accidental, subrayó, pues la OIT reconoce que el crecimiento de la informalidad, por ejemplo, es propiciado desde el poder político por una circunstancia: el consentimiento de las cúpulas empresariales que se han apoderado en nuestros países de los aparatos estatales. ¿Por qué, entonces, no puede haber una unión de los de abajo para enfrentar esta situación?, destacó. El movimiento social global va a emerger con gran fuerza, pero hay que crear nuevas condiciones.

Rumbo a un nuevo imperio

La dramática situación actual, subrayó Elizabeth Gautier, de Francia, ex profesora que ahora ha organizado los Espacios Marx en Francia -dedicados a la discusión de la nueva situación-, requiere mejores y mayores precisiones para determinar cuál es la forma en que ahora el capital está organizado para destruir a los estados y crear un nuevo tipo de imperio, que centraliza los poderes políticos en quienes tienen el poder económico. El neoliberalismo, afirmó de manera contundente, es ante todo un proyecto político que afecta a todos los pueblos del mundo. Los gobiernos europeos, reconoció, no sufren esa ofensiva, sino que la apoyan. Y es la propia Unión Europea la que lo está impulsando, acusó, como lo muestra el proyecto de nueva constitución, elaborada por las elites, pues el neoliberalismo es también una ideología al servicio de esa hegemonía. "Nos quieren hacer creer que la preminencia del mercado es natural".

Esta ideología, insistió, ha rebasado las fuerzas de la derecha y penetrado en sindicatos y partidos de izquierda. Los estados nacionales son minados desde dos vertientes: a partir del "mercado" y sus exigencias, pero también desde su interior. De ahí las exigencias cada vez mayores de los pueblos ante la complicidad de los partidos políticos, que no dejan de agravar la situación. La política no responde ya, por lo mismo, al bien común, sino a los intereses del mercado. La confrontación entre globalización y estados nacionales es en realidad entre el neoliberalismo y la gente. El neoliberalismo ha destruido la soberanía popular, que es fundamento de la democracia, y la emancipación no debe surgir, por tanto, de la creación de un "contrapoder", sino también de recuperar y transformar el poder de los estados. La lucha debe ser también para cambiar al Estado y sus instituciones.

En esto último coincidió el español Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, quien insistió además en que dirigentes sociales e intelectuales deben escuchar mejor la voz del pueblo. El poder, señaló, evocando sus años al frente del organismo internacional, está ya del "otro lado", en manos de las corporaciones multinacionales que son todopoderosas. De manera que casi todos los gobiernos están sometidos a esas "invisibles" condiciones del "libre mercado", concluyó, buscando matizar sus afirmaciones al expresar que debe pasarse de una "cultura de la fuerza" a una "de diálogo y paz".

El FSM de Mumbai es también una explosión de entusiasmo y alegría, expresada en la música y el canto. No pareció ser, por ello, coincidencia que cuando Aminata Traoré, de Mali, insistía en que la crisis no sólo ha cancelado las condiciones para el bienestar social, sino destruido los aparatos estatales, una enorme manifestación musical, compuesta por hombres en caballos de madera y mujeres con turbantes, entrara en el foro cuatro para cantar en defensa de los derechos de los niños.

En los años 60 y 70, continuó Aminata Traoré, se creía que otra Africa era posible, pero hoy los africanos no tienen otra alternativa que la emigración o la sumisión al nuevo modelo.

El "no" de Cancún abre, sin embargo, nuevas perspectivas, y hay que entender que la prioridad debe ser la gente. Ante la dictadura global hay que reconstruir la democracia, concluyó, porque "otra Africa es posible".

Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y ex alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, presentó la cuestión desde otro ángulo: hacer una defensa a ultranza de los derechos de los pueblos y de los individuos.

Para reformar la forma en que está gobernado el mundo hay que defender esos derechos, que aun cuando no llamó "sociales", son vitales para la humanidad: el derecho al agua o el derecho a la alimentación son tan trascendentales como los de libertad de expresión y a la religión. Evocando los pasados 50 años de tratados, pactos y convenios que han pretendido defenderlos, reconoció que la realidad es muy diferente. Dio un ejemplo contundente: 120 millones de niños no tienen derecho a la educación. En Cancún se vio no sólo la injusticia del sistema mundial, sino la injusticia de una reunión en la que sólo deciden las cúpulas del Fondo Monetario Internacional, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y del Banco Mundial. Por ello, para cambiar las cosas, hay que llamar a los gobiernos a la rendición de cuentas. Cuando La Jornada le planteó el caso de los municipios autónomos de Chiapas, creados por campesinos indígenas zapatistas, manifestó que para ella lo fundamental era la defensa de los derechos, y que esperaba que en Chiapas, como lo había visto en su pasada visita, la prioridad fuera esa: la defensa de los derechos humanos. "Yo firmé para ello", recordó, "un acuerdo con el presidente Fox".

¿Cuál puede ser el futuro de este debate?

Cuando Bas de Gaay Fortman, de los Países Bajos, y Medha Patkar, de India, insistían en que el aspecto político del neoliberalismo es vital -tema que están abordando en foros alternativos al oficial-, el viento ondeaba una manta, como las que hay colgadas por todas partes y en varias lenguas: "Another world is possible".


Sigue la música y la danza en el Foro Social Mundial; la fiesta continúa

En Mumbai, los pobres hablan de los pobres

Preocupan los alimentos transgénicos y el deterioro de los mantos acuíferos por trasnacionales

LUIS HERNANDEZ NAVARRO ENVIADO

Mumbai, 17 de enero. Más que en las conferencias, mesas de trabajo y paneles en los que los ponentes hablan, la cuarta edición del Foro Social Mundial (FSM) tiene lugar en las calles y plazas de Bollywood. Unos 30 mil dalits, los intocables, cantan, bailan y marchan sin parar. Se comunican así con los demás con un lenguaje que expresa mucho mejor lo que quieren decir que el de los discursos. "Aquí estamos, esto somos", advierten al resto del mundo y a sí mismos, en esa especie de carnaval de la dignidad.

Si algo distingue a este foro de los tres anteriores es la pobreza extrema de la mayoría de sus asistentes. En Mumbai están los pobres hablando de los pobres; se encuentran los invisibles haciéndose visibles; los excluidos haciendo acto de presencia. No es que en Porto Alegre no hayan hecho acto de presencia, pero eran apenas unos cuantos al lado de la abrumadora asistencia de oenegeneros y académicos de izquierda.

Una encuesta efectuada el año anterior en Brasil concluyó que más de 73 por ciento de los delegados al FSM 2003 fueron a la universidad y casi 10 por ciento hicieron un posgrado. Nada de esto sucede hoy en el encuentro en India.

Aunque no lo sea, el himno del encuentro de Mumbai muy bien podría ser La internacional. Y es que, aquí, los parias de la Tierra se han levantado y los esclavos sin pan se han puesto de pie. Lo han hecho tocando sus tambores, panderos e instrumentos de viento. Danzando sus bailes tradicionales.

Si el agravio es el daño que no puede ser comunicado ante los demás porque el poder impide que se escuche, el foro se ha vuelto el lugar para hacerse oír, para que los demás se conviertan en testigos del perjuicio causado por los de arriba. La fiesta (música, baile, marcha) se convierte así en el ritual para pasar lista de asistencia, para decir "aquí estoy y esto es a lo que me enfrento".

En una sociedad tan segmentada y estratificada como la de India, la sociedad civil se expresa desde sus compartimentos. En un país con una tradición cultural y política tan diversa, la integración de los de abajo pasa por el reconocimiento de su diferencia.

En Mumbai la convicción de que otro mundo es posible no proviene sólo de los sectores ilustrados, sino que nace desde las raíces de la sociedad. Otro mundo es posible, por principio de cuentas, porque éste no lo es. La única garantía de futuro que tienen estos millones de sobrantes sociales depende de que acaben con el neoliberalismo.

Militarismo, guerra y paz

Los gestos pueden decir más que cualquier palabra. Por lo menos eso fue lo que sucedió durante la asamblea plenaria sobre militarismo, guerra y paz, efectuada como acto central del día de hoy. Al buen entendedor, po-cas palabras.

La moderadora fue una mujer llena de sentido de la historia: la señora Nguyen Thi Binh, nombrada vicepresidente de la República Socialista de Vietnam después de enfrentarse y derrotar a dos potencias imperiales, Francia y Estados Unidos, y presa política entre 1951 y 1953, quien fungió como una de las oradoras principales.

Con lenguaje que recuerda al movimiento de los no alineados y al por la paz previo a la Caída del Muro de Berlín, la señora Binh explicó cómo se ha intensificado la carrera armamentista. Criticó al altermundismo por su falta de coordinación y carencia de objetivos generales, como luchar contra la carrera armamentista, promover el desarrollo nacional y auspiciar la democratización de las relaciones internacionales.

Dennis Brutus, conocido como la "voz cantante del movimiento de liberación de Sudáfrica", organizador de la campaña para excluir a este país y Rhodesia de los Juegos Olímpicos, fue el moderador. Señaló cómo en el mundo se ha venido formando un nuevo apartheid global.

El primer ponente fue el iraquí Abdul Amir al Rekaby, exiliado e integrante de la Coalición Democrática, quien dijo que en su país la guerra y el militarismo eran una realidad cotidiana desde hace muchos años. Crítico de la dictadura, mostró como ésta había abierto la puerta al militarismo, rota la cohesión social de su país e incapaz de organizar la resistencia en contra del invasor.

Un profesional de la salud palestino señaló que su pueblo sufre la más brutal ocupación de la historia, y la frustración de sus aspiraciones nacionales. Denunció la construcción del muro de la ignominia y aseguró que "al-gún día seremos libres. Triunfaremos."

La argentina Bervely Keene, representante de Jubileo Sur, dibujó el mapa de la otra guerra que vive América Latina: la de la miseria y el desempleo. Describió, también, el nuevo terrorismo: el del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El científico social Chandra Muzaffar, de Malasia, presidente del Movimiento Internacional por un Mundo Justo, llamó a hacer de Mumbai el punto de partida para provocar la caída, a manos de la gente, del imperio estadunidense, y hacer de éste el último de su ti-po. El coreano Keun Soo Hong, por su parte, insistió en la necesidad de reunificar Corea.

El altermundimo, acostumbrado a funcionar en clave de lucha contra los organismos multilaterales, las grandes empresas transnacionales o por la paz, se topó esta noche en Mumbai con la rotundidad de la geopolítica realmente existente.

La hora de las palabras

Imperialismo es aquí una palabra que no ha perdido actualidad. Esta viva. Es parte de la historia reciente de los pueblos que lucharon por su independencia. Ha adquirido, sin embargo, mayor actualidad con las nuevas guerras de conquista por el petróleo, el agua y el mando.

Las invasiones a Afganistán e Irak son un dato duro, un estímulo para recuperar la retórica antimperialista. Tanto es así que en el discurso de bienvenida a los asistentes al acto de parte de Shanti Patel, ex alcalde de Mumbai y sindicalista, comenzó señalando la conveniencia de celebrar el FSM en Mumbai, porque "posee una larga y orgullosa historia de lucha contra el imperialismo".

¿Qué tan viejo es lo nuevo y que tan nuevo es lo viejo a la hora de analizar la geopolítica del desorden mundial? No hay, entre los asistentes, homogeneidad en el uso de los conceptos. Para algunos, imperialismo, globalización y neoliberalismo no parecen ser términos intercambiables, mientras que para otros son prácticamente lo mismo.

Son muchos los oradores que hablan de globalización imperialista, no de globalización neoliberal. Las diferencias son evidentes, por ejemplo, entre quienes como Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, consideran que la globalización no tiene por qué ser sinónimo de inequidad e injusticia y no están de acuerdo con que es imposible que exista una globalización con rostro humano.

Este debate es, por mucho, reflejo del desafío de la coalición opositora al FSM llamada Mumbai Resistance 2004. Un reflejo que propicia la polémica al interior del foro.

Mientras que para algunos analistas la disidencia es muestra del éxito del encuentro oficial, para activistas como Vandana Shiva, ganadora del Premio Nobel Alternativo y una de las voces más escuchadas en la lucha contra los alimentos transgénicos, las expresiones radicales "reflejan el divisionismo y la violencia de las viejas formas de hacer política, que buscan erosionar las manifestaciones por la paz y la diversidad del movimiento altermundista".

La chispa de la vida

Los manifestantes exclaman: "hay Coca-Co-la pero no hay agua, se la están entregando a las empresas". Su queja no es parte de una diatriba ideológica contra "las aguas negras del imperialismo yanqui" ni porque se trata de una bebida que no alimenta.

Su malestar nace de algo más elemental: el deterioro de un recurso natural básico. Según los organizadores del Foro Popular contra la Coca-Cola, "las plantas embotelladoras están devastando y contaminando los mantos acuíferos de comunidades aledañas". Cien po-blados han sido severamente afectados.

Para enfrentar esta adversidad se encontrarán en Mobai con el sindicalista colombiano Javier Correa, representante del gremio que en su país agrupa a los trabajadores de esa trasnacional, que han sido víctimas de todo tipo de represión por parte de paramilitares.

El asunto, sin embargo, trasciende lo sucedido en la empresa refresquera. Hoy se debatió -en una de las conferencias matutinas- acerca de la relación entre tierra, agua y soberanía alimentaria. Participaron dirigentes de Vía Campesina, como José Bové y Rafael Alegría, quienes anunciaron el co-mienzo de una campaña en contra de las trasnacionales agroalimentarias y en favor de las semillas criollas.

La señal de alerta ha sonado. El líquido vital en todo el planeta está cada vez más en pocas manos. Empresas como Vivendi hasta Pepsi Cola controlan su extracción, embotellamiento y distribución. El fluido para beber escasea y cada vez es de peor calidad. La disputa entre el agua como bien público y como mercancía privada ha dejado de ser un asunto a resolver en el futuro para formar parte central de la agenda del presente.

Simultáneamente, en otros dos paneles se reflexionó acerca de la globalización, gobernabilidad, Estado-nación y OMC, mientras que en multitud de seminarios se analizaron asuntos que iban desde la condición de la mujer hasta el futuro del FSM.

En esta última mesa de análisis, el sociólogo portugués Boaventura de Souza analizó con lucidez las contradicciones que enfrenta la convergencia social nacida en Porto Alegre.

¿Es el Estado amigo o enemigo de los mo-vimientos sociales? ¿Cuál es la relación que debe haber entre la acción institucional y la acción directa para hacer realidad otro mundo? ¿El futuro por el que se lucha es socialista o solamente poscapitalista? ¿Hasta dónde es legítimo el uso de la violencia contra la propiedad? Sin responder estos interrogantes, el lusitano indicó que el movimiento tendrá necesariamente que responderlas.

Mientras, los delegados parecen incansables. En Mumbai, la música y la danza si-guen; la fiesta continúa.

 

 

La Jornada, México D.F. Sábado 17 de enero de 2004

 

Con coincidencias y divergencias comenzó en India el Foro Social Mundial

Reconquistar la utopía y reinstalarla en mentes y corazones,

piden altermundistas

Nueve oradores inauguraron el encuentro.  Llamado a luchar contra la ocupación de Irak

LUIS HERNANDEZ NAVARRO ENVIADO

Mumbai, 16 de enero. Dos ideas centrales atravesaron la inauguración del cuarto capítulo del Foro Social Mundial (FSM). La primera es que el movimiento antiglobalización neoliberal debe rechazar con firmeza la invasión estadunidense a Irak. La segunda es que el altermundismo, el reunido en Mumbai, es un nuevo poder que ha emergido, el único capaz de construir otro mundo.

Tan inteligente como hermosa o tan hermosa como inteligente, con voz menuda pero palabra fuerte, la escritora india Arundathi Roy dijo, en una pieza oratoria de lujo que reconcilió la política con la literatura, que si se está verdaderamente contra el imperialismo, la globalización y el neoliberalismo se necesita oponerse a la intervención del imperio en la antigua Mesopotamia. Otros y otras más lo aseveraron también, pero no con tanta claridad y precisión.

Ataviada con un elegante vestido blanco, la autora de El dios de las pequeñas cosas explicó cómo mientras en Porto Alegre, Brasil, una multitud se juntó para vislumbrar la posibilidad de otro mundo, en Washington George W. Bush se reunió con un pequeño grupo de colaboradores para diseñar, también, otro mundo posible: el del nuevo siglo estadunidense.

Por primera vez en la historia, añadió la también promotora de la lucha en contra de la construcción de una megapresa en India occidental, en la intervención más aplaudida de la noche, una sola potencia tiene la fuerza para destruir, prácticamente sin contrapeso, a toda la humanidad.

Explicó cómo en la era del nuevo imperialismo ser pobre y terrorista se han convertido en sinónimos, y la pobreza tiende a ser considerada como delito, al tiempo que se ha puesto en marcha un nuevo racismo y un nuevo genocidio.

Irónica, desmenuzó la manera en que, mientras organismos como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio presionan para abrir los mercados de las naciones pobres, países como Bangladesh deben pagar hasta 20 veces más de lo que hacen Inglaterra o Italia, por exportar a Estados Unidos las mercancías que producen.

Cultura y política

La plenaria de inauguración del FSM comenzó, pasadas las 18 horas, en una enorme explanada, después de la realización de varios actos artísticos.

Con un mapa del planeta pintado en blanco y negro y un mural en que se representaba la explosión de una bomba atómica a su lado derecho, nueve oradores intervinieron ante miles de personas sentadas en el suelo para explicar los retos y el sentido del Foro Social Mundial. Provienen de distintas regiones del mundo.

Chico Whitaker, de Brasil, activista social que desempeñó un papel clave en la fundación del FSM, habló de la necesidad de reconquistar la utopía y reinstalarla en las mentes y los corazones. Puso como uno de los principales desafíos de la reunión avanzar en la unidad, relacionándose con respeto a las diferencias y la no competencia.

Beligerante, el activista y escritor iraquí, Abdul Amir al Rekaby, llamó a luchar frontalmente contra la ocupación estadunidense. Recordó cómo la presencia extranjera está matando a gente inocente.

Puso como ejemplo de lo que hay que hacer en este momento la visita de José Bové a Palestina, en la que sirvió de escudo humano durante una de las más fuertes ofensivas israelíes contra el presidente Yasser Arafat. Llamó a intensificar a la presencia civil internacional en Bagdad.

Jeremy Corbyn, legislador británico perteneciente al Partido Laborista y promotor de la campaña inglesa para extraditar a Augusto Pinochet, puntualizó que el movimiento no está en contra del pueblo de los Estados Unidos sino de un gobierno que pone por delante sus intereses imperiales. Fue él quien con mayor precisión habló de la transformación de la sociedad civil en un poder alternativo.

Shirin Ebadi, la iraní que obtuvo el Premio Nobel de la Paz de este año, abogada y defensora de los derechos humanos, primera mujer juez en su país, obligada a renunciar después de la revolución islámica de 1979, insistió en la necesidad de democratizar la globalización, en considerar la extrema pobreza como una violación a los derechos humanos, en la crítica del patriarcado y en la ruptura que Estados Unidos ha hecho de la legislación mundial.

La presencia de Ahmed Ben Bella, primer presidente de Argelia (1963-1965), promotor de la independencia de su país y fundador del Frente de Liberación Nacional, mostró la importante vinculación que en África y Asia tiene el movimiento altermundista con las antiguas luchas contra el colonialismo.

Al sonar del tambor

El retrato de la sede del Foro Social Mundial bien podría ser una versión ampliada de una de las más concurridas estaciones del Metro mexicano a la hora pico. A la entrada del recinto se concentran conglomeraciones de asistentes, flotillas de vehículos de transporte colectivo que no avanzan y distribuidores de propaganda que distribuyen todo tipo de octavillas.

Nada más traspasar la puerta de entrada, ríos humanos marchan acompañados por el sonido de tambores y cánticos entonados en más de 15 lenguas y se mezclan con una multitud de puestos de artesanías y comida.

A la diversidad de idiomas que se escuchan le corresponde, fielmente, una variedad de vestidos y colores asombrosa en la ropa. Castas, regiones y países se muestran en la ropa. Los asistentes son, en su mayoría, hindis, aunque el número de delegados provenientes de otras naciones asiáticas es notable. Pertenecen a 2 mil 660 organizaciones de 132 países.

Alrededor de las 15 horas arribaron las caravanas de los paravanes, los intocables, los dalits. Salieron desde el pasado 6 de diciembre de toda la geografía del subcontinente indio para mostrar al resto de la sociedad el drama de su existencia.

Son los excluidos de los excluidos, los miserables entre los miserables en un país con millones de pobres. Los que no han encontrado reconocimiento, ni integración, inclusive en las regiones que son gobernadas por los comunistas.

Los asistentes suman ya más de 80 mil. Bollywood, terreno de una de las industrias fílmicas más productivas del planeta, es la sede de su encuentro. Para trabajar, los organizadores han levantado, literalmente de la noche a la mañana, recintos de utilería, construidos con bambú, recubiertos de papel periódico y yute, techados con lámina de zinc.

Su presupuesto ha sido exiguo: apenas 2.4 millones de dólares, pasajes incluidos. Se trata, pues, de una iniciativa sostenida, básicamente, por sus convocantes y adherentes.

Centenares de mantas, la mayoría en inglés, unas más de idiomas locales y unas cuantas en español adornan las paredes del recinto oficial. Las hoces y martillos no son aquí expresión de nostalgia alguna por épocas pasadas, sino una realidad política viva.

Pero a pesar de los llamados a sumar esfuerzos, en el campo del movimiento altermundista no todo es unidad. Las diferencias son fuertes. Al menos cinco convergencias más efectúan reuniones alternativas.

Frente al recinto oficial del FSM una coalición de 350 organizaciones radicales, la mayoría de India, llamada Mumbai Resistance, instaló un campamento independiente. Juzgan que el foro tiene orientación reformista, y que ha sido tomado por una corriente de la que es expresión el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

Señalan que no ha asumido una posición claramente antineoliberal, antiglobalización y antimperialista, y que las organizaciones no gubernamentales disfrutan de una influencia que no tiene nada que ver con su escasa representatividad social. Han llenado de pintas los pasos a desnivel y muros del rumbo con consignas como "La globalización no puede ser humanizada" y "El imperialismo no puede ser reformado".

Este espíritu de confrontación no es gratuito en India. La enorme pobreza y discriminación del sistema de castas crean un clima favorable a la radicalización de las luchas sociales. En este país existen hoy día 14 conflictos armados internos y no es poca la fuerza de quienes desde la izquierda reivindican (y practican) la lucha armada.

Quizás por eso uno de los delegados chinos presentes señaló: "China hizo una revolución, ahora requiere de una reforma. En India se hizo una reforma, ahora se necesita una revolución".

Vía Campesina, también reunida aparte del foro, ha buscado acercar las distintas posiciones en conflicto. El 15 y el 16 de enero promovió encuentros en los que participaron seis diferentes convergencias, el FSM incluido.

Feliz por la derrota que la Organización Mundial del Comercio recibió en Cancún, José Bové, uno de los principales voceros de la agrupación rural internacional, advirtió la importancia de promover la unidad de los movimientos sociales, auspiciar su autonomía e independencia e impedir que la lucha popular sea cooptada por los partidos políticos.

La fiesta

Pero más allá de las diferencias políticas, el tono del encuentro es, antes que nada, festivo, celebratorio. Ciertamente también lo fueron los tres anteriores efectuados en Porto Alegre. Pero éste es distinto. Aunque parezca difícil superar a los brasileños en este terreno, India parece haberlo logrado.

Tanto es así que la ceremonia de inauguración, realizada al filo de las 16 horas, incluyó un programa con espectáculo de danza adivasi, tamborileros de Kerala, percusiones, conciertibanda de rock sufi paquistaní Junoon, espectáculo de danza teatral Siwela Sonke, de Sudáfrica, y música y video temático.

En Mumbai la cultura se ha hecho política, y es uno de los lenguajes principales de la resistencia.

Hosted by www.Geocities.ws

1