La Jornada, México D.F. Domingo 18 de enero de 2004
Latinoamérica, ejemplo de que el
neoliberalismo profundiza la injusticia: OIT
La
globalización busca destruir los estados nacionales: altermundistas
El combate a
esas políticas debe ser "recuperando" al Estado y creando un
"contrapoder"
LUIS JAVIER GARRIDO ENVIADO
Mumbai, India, 17 de enero. El aspecto político del neoliberalismo, que fue poco
abordado en las tres ediciones anteriores del Foro Social Mundial (FSM) en
Porto Alegre, Brasil, emergió hoy en Mumbai como uno de los temas capitales de
la crisis actual, que hay que abordar de manera urgente.
La cuestión relativa al impacto
de las políticas neoliberales en las instituciones apareció hoy, en este
segundo día de sesiones del FSM, como uno de los ejes articuladores de la
reunión, que debe mantenerse y ampliarse en ediciones ulteriores.
La globalización, dijo Aijaz
Ahmed, de India, presidente de ese panel, al abrir la sesión, "es también
un proceso que nos habla de la constitución del poder imperial y del abandono
de un principio que hoy a muchos parece obsoleto: el de la igualdad de los
estados". El nuevo poder multinacional tiene entre sus objetivos acabar
con los estados-nación que sustentaron el orden internacional en el pasado y
nos sitúa ante una nueva realidad política.
La reflexión, por consiguiente,
tiene que situarse, precisó el reconocido intelectual indio, en lo que están
siendo las nuevas relaciones entre las empresas multinacionales y los estados
nacionales. El papel "destructivo" del capital multinacional no ha
sido analizado de manera suficiente, agregó, y ha sido central para culminar el
proceso que se está desarrollando y que ha llevado a una situación que era
inimaginable hace algunos años: los estados nacionales ya no tienen poder para
regular el papel del capital ni para definir sus propias políticas.
Esta situación, añadió, es mucho
más dramática en Asia que en otras latitudes, pues aquí la prioridad de las
trasnacionales ha sido destruir a los antiguos estados benefactores, cuyo papel
histórico fue construir nuevas formas de organización social, que constituyeron
una barrera a las ambiciones desmedidas del capital. El capital financiero ha
penetrado organizaciones sociales, sindicatos, medios de información y partidos
políticos, y desde ahí busca destruir el anterior orden jurídico.
India, liberada del colonialismo
muy tardíamente, que buscó una vía propia desde 1946 construyendo un nuevo
Estado con mayores dificultades que otros países por sus múltiples
contradicciones internas, ahora se halla inmersa en ese proceso regresivo, y
esto ha sido posible por una circunstancia: la burguesía está incorporada de
manera abierta en el nuevo proyecto. Concluyó: el desafío actual está, por
consiguiente, en tener la capacidad de resistir desde ahí, en el interior de
los propios estados, y evitar que se sigan transformando las políticas que tomó
tantos años edificar.
En Mumbai ha estallado de nuevo
la inconformidad. Un aspecto significativo de los cambios que se han producido
al organizarse por vez primera el FMS en Asia es que se ha aceptado, a pesar de
la oposición de muchos, discutir de manera más intensa que en Porto Alegre la
vertiente política del neoliberalismo, reconociéndose que el proceso de
globalización es también un proceso político, lo que impactará, sin duda, las
agendas de los múltiples foros sociales regionales que hoy se organizan en el
mundo.
Juan Somavia, director general de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sostuvo que el neoliberalismo
es el nuevo fundamentalismo de nuestro tiempo, que no ha hecho otra cosa que
lograr que la situación del mundo actual sea cada vez más injusta, como lo
muestra el caso latinoamericano.
De 1980 a la fecha, afirmó con
datos oficiales en la mano, en América Latina la economía informal ha crecido
50 por ciento, la seguridad social tiene una cobertura 30 por ciento menor y el
poder adquisitivo del salario mínimo se ha desplomado 25 por ciento, inclusive
50 por ciento en muchos países. Y esto no ha sido accidental, subrayó, pues la OIT
reconoce que el crecimiento de la informalidad, por ejemplo, es propiciado
desde el poder político por una circunstancia: el consentimiento de las cúpulas
empresariales que se han apoderado en nuestros países de los aparatos
estatales. ¿Por qué, entonces, no puede haber una unión de los de abajo para
enfrentar esta situación?, destacó. El movimiento social global va a emerger
con gran fuerza, pero hay que crear nuevas condiciones.
Rumbo a un nuevo imperio
La dramática situación actual,
subrayó Elizabeth Gautier, de Francia, ex profesora que ahora ha organizado los
Espacios Marx en Francia -dedicados a la discusión de la nueva situación-,
requiere mejores y mayores precisiones para determinar cuál es la forma en que
ahora el capital está organizado para destruir a los estados y crear un nuevo
tipo de imperio, que centraliza los poderes políticos en quienes tienen el
poder económico. El neoliberalismo, afirmó de manera contundente, es ante todo
un proyecto político que afecta a todos los pueblos del mundo. Los gobiernos
europeos, reconoció, no sufren esa ofensiva, sino que la apoyan. Y es la propia
Unión Europea la que lo está impulsando, acusó, como lo muestra el proyecto de
nueva constitución, elaborada por las elites, pues el neoliberalismo es también
una ideología al servicio de esa hegemonía. "Nos quieren hacer creer que
la preminencia del mercado es natural".
Esta ideología, insistió, ha
rebasado las fuerzas de la derecha y penetrado en sindicatos y partidos de
izquierda. Los estados nacionales son minados desde dos vertientes: a partir
del "mercado" y sus exigencias, pero también desde su interior. De
ahí las exigencias cada vez mayores de los pueblos ante la complicidad de los
partidos políticos, que no dejan de agravar la situación. La política no responde
ya, por lo mismo, al bien común, sino a los intereses del mercado. La
confrontación entre globalización y estados nacionales es en realidad entre el
neoliberalismo y la gente. El neoliberalismo ha destruido la soberanía popular,
que es fundamento de la democracia, y la emancipación no debe surgir, por
tanto, de la creación de un "contrapoder", sino también de recuperar
y transformar el poder de los estados. La lucha debe ser también para cambiar
al Estado y sus instituciones.
En esto último coincidió el
español Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, quien
insistió además en que dirigentes sociales e intelectuales deben escuchar mejor
la voz del pueblo. El poder, señaló, evocando sus años al frente del organismo
internacional, está ya del "otro lado", en manos de las corporaciones
multinacionales que son todopoderosas. De manera que casi todos los gobiernos
están sometidos a esas "invisibles" condiciones del "libre
mercado", concluyó, buscando matizar sus afirmaciones al expresar que debe
pasarse de una "cultura de la fuerza" a una "de diálogo y
paz".
El FSM de Mumbai es también una
explosión de entusiasmo y alegría, expresada en la música y el canto. No
pareció ser, por ello, coincidencia que cuando Aminata Traoré, de Mali, insistía
en que la crisis no sólo ha cancelado las condiciones para el bienestar social,
sino destruido los aparatos estatales, una enorme manifestación musical,
compuesta por hombres en caballos de madera y mujeres con turbantes, entrara en
el foro cuatro para cantar en defensa de los derechos de los niños.
En los años 60 y 70, continuó
Aminata Traoré, se creía que otra Africa era posible, pero hoy los africanos no
tienen otra alternativa que la emigración o la sumisión al nuevo modelo.
El "no" de Cancún abre,
sin embargo, nuevas perspectivas, y hay que entender que la prioridad debe ser
la gente. Ante la dictadura global hay que reconstruir la democracia, concluyó,
porque "otra Africa es posible".
Mary Robinson, ex presidenta de
Irlanda y ex alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos,
presentó la cuestión desde otro ángulo: hacer una defensa a ultranza de los
derechos de los pueblos y de los individuos.
Para reformar la forma en que
está gobernado el mundo hay que defender esos derechos, que aun cuando no llamó
"sociales", son vitales para la humanidad: el derecho al agua o el
derecho a la alimentación son tan trascendentales como los de libertad de
expresión y a la religión. Evocando los pasados 50 años de tratados, pactos y
convenios que han pretendido defenderlos, reconoció que la realidad es muy
diferente. Dio un ejemplo contundente: 120 millones de niños no tienen derecho
a la educación. En Cancún se vio no sólo la injusticia del sistema mundial,
sino la injusticia de una reunión en la que sólo deciden las cúpulas del Fondo
Monetario Internacional, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos y del Banco Mundial. Por ello, para cambiar las cosas, hay que
llamar a los gobiernos a la rendición de cuentas. Cuando La Jornada le
planteó el caso de los municipios autónomos de Chiapas, creados por campesinos
indígenas zapatistas, manifestó que para ella lo fundamental era la defensa de
los derechos, y que esperaba que en Chiapas, como lo había visto en su pasada
visita, la prioridad fuera esa: la defensa de los derechos humanos. "Yo
firmé para ello", recordó, "un acuerdo con el presidente Fox".
¿Cuál puede ser el futuro de este
debate?
Cuando Bas de Gaay Fortman, de
los Países Bajos, y Medha Patkar, de India, insistían en que el aspecto
político del neoliberalismo es vital -tema que están abordando en foros
alternativos al oficial-, el viento ondeaba una manta, como las que hay
colgadas por todas partes y en varias lenguas: "Another world is
possible".
Sigue la
música y la danza en el Foro Social Mundial; la fiesta continúa
En
Mumbai, los pobres hablan de los pobres
Preocupan
los alimentos transgénicos y el deterioro de los mantos acuíferos por
trasnacionales
LUIS HERNANDEZ NAVARRO ENVIADO
Mumbai, 17 de enero. Más que en las conferencias, mesas de trabajo y paneles en
los que los ponentes hablan, la cuarta edición del Foro Social Mundial (FSM)
tiene lugar en las calles y plazas de Bollywood. Unos 30 mil dalits, los
intocables, cantan, bailan y marchan sin parar. Se comunican así con los
demás con un lenguaje que expresa mucho mejor lo que quieren decir que el de
los discursos. "Aquí estamos, esto somos", advierten al resto del
mundo y a sí mismos, en esa especie de carnaval de la dignidad.
Si algo distingue a este foro de
los tres anteriores es la pobreza extrema de la mayoría de sus asistentes. En
Mumbai están los pobres hablando de los pobres; se encuentran los invisibles
haciéndose visibles; los excluidos haciendo acto de presencia. No es que en
Porto Alegre no hayan hecho acto de presencia, pero eran apenas unos cuantos al
lado de la abrumadora asistencia de oenegeneros y académicos de
izquierda.
Una encuesta efectuada el año
anterior en Brasil concluyó que más de 73 por ciento de los delegados al FSM
2003 fueron a la universidad y casi 10 por ciento hicieron un posgrado. Nada de
esto sucede hoy en el encuentro en India.
Aunque no lo sea, el himno del
encuentro de Mumbai muy bien podría ser La internacional. Y es que,
aquí, los parias de la Tierra se han levantado y los esclavos sin pan se han
puesto de pie. Lo han hecho tocando sus tambores, panderos e instrumentos de
viento. Danzando sus bailes tradicionales.
Si el agravio es el daño que no
puede ser comunicado ante los demás porque el poder impide que se escuche, el
foro se ha vuelto el lugar para hacerse oír, para que los demás se conviertan
en testigos del perjuicio causado por los de arriba. La fiesta (música, baile,
marcha) se convierte así en el ritual para pasar lista de asistencia, para
decir "aquí estoy y esto es a lo que me enfrento".
En una sociedad tan segmentada y
estratificada como la de India, la sociedad civil se expresa desde sus
compartimentos. En un país con una tradición cultural y política tan diversa,
la integración de los de abajo pasa por el reconocimiento de su diferencia.
En Mumbai la convicción de que
otro mundo es posible no proviene sólo de los sectores ilustrados, sino que
nace desde las raíces de la sociedad. Otro mundo es posible, por principio de
cuentas, porque éste no lo es. La única garantía de futuro que tienen estos
millones de sobrantes sociales depende de que acaben con el
neoliberalismo.
Militarismo, guerra y paz
Los gestos pueden decir más que
cualquier palabra. Por lo menos eso fue lo que sucedió durante la asamblea plenaria
sobre militarismo, guerra y paz, efectuada como acto central del día de hoy. Al
buen entendedor, po-cas palabras.
La moderadora fue una mujer llena
de sentido de la historia: la señora Nguyen Thi Binh, nombrada vicepresidente
de la República Socialista de Vietnam después de enfrentarse y derrotar a dos
potencias imperiales, Francia y Estados Unidos, y presa política entre 1951 y
1953, quien fungió como una de las oradoras principales.
Con lenguaje que recuerda al
movimiento de los no alineados y al por la paz previo a la Caída del Muro de
Berlín, la señora Binh explicó cómo se ha intensificado la carrera
armamentista. Criticó al altermundismo por su falta de coordinación y
carencia de objetivos generales, como luchar contra la carrera armamentista, promover
el desarrollo nacional y auspiciar la democratización de las relaciones
internacionales.
Dennis Brutus, conocido como la
"voz cantante del movimiento de liberación de Sudáfrica", organizador
de la campaña para excluir a este país y Rhodesia de los Juegos Olímpicos, fue
el moderador. Señaló cómo en el mundo se ha venido formando un nuevo apartheid
global.
El primer ponente fue el iraquí
Abdul Amir al Rekaby, exiliado e integrante de la Coalición Democrática, quien
dijo que en su país la guerra y el militarismo eran una realidad cotidiana
desde hace muchos años. Crítico de la dictadura, mostró como ésta había abierto
la puerta al militarismo, rota la cohesión social de su país e incapaz de
organizar la resistencia en contra del invasor.
Un profesional de la salud
palestino señaló que su pueblo sufre la más brutal ocupación de la historia, y
la frustración de sus aspiraciones nacionales. Denunció la construcción del muro
de la ignominia y aseguró que "al-gún día seremos libres.
Triunfaremos."
La argentina Bervely Keene,
representante de Jubileo Sur, dibujó el mapa de la otra guerra que vive América
Latina: la de la miseria y el desempleo. Describió, también, el nuevo
terrorismo: el del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
El científico social Chandra
Muzaffar, de Malasia, presidente del Movimiento Internacional por un Mundo
Justo, llamó a hacer de Mumbai el punto de partida para provocar la caída, a
manos de la gente, del imperio estadunidense, y hacer de éste el último de su
ti-po. El coreano Keun Soo Hong, por su parte, insistió en la necesidad de
reunificar Corea.
El altermundimo,
acostumbrado a funcionar en clave de lucha contra los organismos
multilaterales, las grandes empresas transnacionales o por la paz, se topó esta
noche en Mumbai con la rotundidad de la geopolítica realmente existente.
La hora de las palabras
Imperialismo es aquí una palabra
que no ha perdido actualidad. Esta viva. Es parte de la historia reciente de
los pueblos que lucharon por su independencia. Ha adquirido, sin embargo, mayor
actualidad con las nuevas guerras de conquista por el petróleo, el agua y el
mando.
Las invasiones a Afganistán e
Irak son un dato duro, un estímulo para recuperar la retórica antimperialista.
Tanto es así que en el discurso de bienvenida a los asistentes al acto de parte
de Shanti Patel, ex alcalde de Mumbai y sindicalista, comenzó señalando la
conveniencia de celebrar el FSM en Mumbai, porque "posee una larga y
orgullosa historia de lucha contra el imperialismo".
¿Qué tan viejo es lo nuevo y que
tan nuevo es lo viejo a la hora de analizar la geopolítica del desorden
mundial? No hay, entre los asistentes, homogeneidad en el uso de los conceptos.
Para algunos, imperialismo, globalización y neoliberalismo no parecen ser
términos intercambiables, mientras que para otros son prácticamente lo mismo.
Son muchos los oradores que
hablan de globalización imperialista, no de globalización neoliberal. Las
diferencias son evidentes, por ejemplo, entre quienes como Shirin Ebadi, premio
Nobel de la Paz, consideran que la globalización no tiene por qué ser sinónimo
de inequidad e injusticia y no están de acuerdo con que es imposible que exista
una globalización con rostro humano.
Este debate es, por mucho,
reflejo del desafío de la coalición opositora al FSM llamada Mumbai Resistance
2004. Un reflejo que propicia la polémica al interior del foro.
Mientras que para algunos
analistas la disidencia es muestra del éxito del encuentro oficial, para
activistas como Vandana Shiva, ganadora del Premio Nobel Alternativo y una de
las voces más escuchadas en la lucha contra los alimentos transgénicos, las
expresiones radicales "reflejan el divisionismo y la violencia de las
viejas formas de hacer política, que buscan erosionar las manifestaciones por
la paz y la diversidad del movimiento altermundista".
La chispa de la vida
Los manifestantes exclaman:
"hay Coca-Co-la pero no hay agua, se la están entregando a las
empresas". Su queja no es parte de una diatriba ideológica contra
"las aguas negras del imperialismo yanqui" ni porque se trata de una
bebida que no alimenta.
Su malestar nace de algo más
elemental: el deterioro de un recurso natural básico. Según los organizadores
del Foro Popular contra la Coca-Cola, "las plantas embotelladoras están
devastando y contaminando los mantos acuíferos de comunidades aledañas".
Cien po-blados han sido severamente afectados.
Para enfrentar esta adversidad se
encontrarán en Mobai con el sindicalista colombiano Javier Correa,
representante del gremio que en su país agrupa a los trabajadores de esa
trasnacional, que han sido víctimas de todo tipo de represión por parte de
paramilitares.
El asunto, sin embargo,
trasciende lo sucedido en la empresa refresquera. Hoy se debatió -en una de las
conferencias matutinas- acerca de la relación entre tierra, agua y soberanía
alimentaria. Participaron dirigentes de Vía Campesina, como José Bové y Rafael
Alegría, quienes anunciaron el co-mienzo de una campaña en contra de las
trasnacionales agroalimentarias y en favor de las semillas criollas.
La señal de alerta ha sonado. El
líquido vital en todo el planeta está cada vez más en pocas manos. Empresas
como Vivendi hasta Pepsi Cola controlan su extracción, embotellamiento y
distribución. El fluido para beber escasea y cada vez es de peor calidad. La
disputa entre el agua como bien público y como mercancía privada ha dejado de
ser un asunto a resolver en el futuro para formar parte central de la agenda
del presente.
Simultáneamente, en otros dos
paneles se reflexionó acerca de la globalización, gobernabilidad, Estado-nación
y OMC, mientras que en multitud de seminarios se analizaron asuntos que iban
desde la condición de la mujer hasta el futuro del FSM.
En esta última mesa de análisis,
el sociólogo portugués Boaventura de Souza analizó con lucidez las
contradicciones que enfrenta la convergencia social nacida en Porto Alegre.
¿Es el Estado amigo o enemigo de
los mo-vimientos sociales? ¿Cuál es la relación que debe haber entre la acción
institucional y la acción directa para hacer realidad otro mundo? ¿El futuro
por el que se lucha es socialista o solamente poscapitalista? ¿Hasta dónde es
legítimo el uso de la violencia contra la propiedad? Sin responder estos
interrogantes, el lusitano indicó que el movimiento tendrá necesariamente que
responderlas.
Mientras, los delegados parecen
incansables. En Mumbai, la música y la danza si-guen; la fiesta continúa.
La Jornada, México D.F. Sábado 17 de enero de 2004
Con coincidencias y divergencias comenzó
en India el Foro Social Mundial
Reconquistar
la utopía y reinstalarla en mentes y corazones,
piden altermundistas
Nueve
oradores inauguraron el encuentro.
Llamado a luchar contra la ocupación de Irak
LUIS HERNANDEZ NAVARRO ENVIADO
Mumbai, 16 de enero. Dos ideas centrales atravesaron la inauguración del cuarto
capítulo del Foro Social Mundial (FSM). La primera es que el movimiento
antiglobalización neoliberal debe rechazar con firmeza la invasión
estadunidense a Irak. La segunda es que el altermundismo, el reunido en
Mumbai, es un nuevo poder que ha emergido, el único capaz de construir otro
mundo.
Tan inteligente como hermosa o
tan hermosa como inteligente, con voz menuda pero palabra fuerte, la escritora
india Arundathi Roy dijo, en una pieza oratoria de lujo que reconcilió la
política con la literatura, que si se está verdaderamente contra el imperialismo,
la globalización y el neoliberalismo se necesita oponerse a la intervención del
imperio en la antigua Mesopotamia. Otros y otras más lo aseveraron también,
pero no con tanta claridad y precisión.
Ataviada con un elegante vestido
blanco, la autora de El dios de las pequeñas cosas explicó cómo mientras
en Porto Alegre, Brasil, una multitud se juntó para vislumbrar la posibilidad
de otro mundo, en Washington George W. Bush se reunió con un pequeño grupo de
colaboradores para diseñar, también, otro mundo posible: el del nuevo siglo
estadunidense.
Por primera vez en la historia,
añadió la también promotora de la lucha en contra de la construcción de una
megapresa en India occidental, en la intervención más aplaudida de la noche,
una sola potencia tiene la fuerza para destruir, prácticamente sin contrapeso,
a toda la humanidad.
Explicó cómo en la era del nuevo
imperialismo ser pobre y terrorista se han convertido en sinónimos, y la
pobreza tiende a ser considerada como delito, al tiempo que se ha puesto en
marcha un nuevo racismo y un nuevo genocidio.
Irónica, desmenuzó la manera en
que, mientras organismos como el Banco Mundial y la Organización Mundial del
Comercio presionan para abrir los mercados de las naciones pobres, países como
Bangladesh deben pagar hasta 20 veces más de lo que hacen Inglaterra o Italia,
por exportar a Estados Unidos las mercancías que producen.
Cultura y política
La plenaria de inauguración del
FSM comenzó, pasadas las 18 horas, en una enorme explanada, después de la realización
de varios actos artísticos.
Con un mapa del planeta pintado
en blanco y negro y un mural en que se representaba la explosión de una bomba
atómica a su lado derecho, nueve oradores intervinieron ante miles de personas
sentadas en el suelo para explicar los retos y el sentido del Foro Social
Mundial. Provienen de distintas regiones del mundo.
Chico Whitaker, de Brasil,
activista social que desempeñó un papel clave en la fundación del FSM, habló de
la necesidad de reconquistar la utopía y reinstalarla en las mentes y los
corazones. Puso como uno de los principales desafíos de la reunión avanzar en
la unidad, relacionándose con respeto a las diferencias y la no competencia.
Beligerante, el activista y
escritor iraquí, Abdul Amir al Rekaby, llamó a luchar frontalmente contra la
ocupación estadunidense. Recordó cómo la presencia extranjera está matando a
gente inocente.
Puso como ejemplo de lo que hay
que hacer en este momento la visita de José Bové a Palestina, en la que sirvió
de escudo humano durante una de las más fuertes ofensivas israelíes
contra el presidente Yasser Arafat. Llamó a intensificar a la presencia civil
internacional en Bagdad.
Jeremy Corbyn, legislador
británico perteneciente al Partido Laborista y promotor de la campaña inglesa
para extraditar a Augusto Pinochet, puntualizó que el movimiento no está en
contra del pueblo de los Estados Unidos sino de un gobierno que pone por
delante sus intereses imperiales. Fue él quien con mayor precisión habló de la
transformación de la sociedad civil en un poder alternativo.
Shirin Ebadi, la iraní que obtuvo
el Premio Nobel de la Paz de este año, abogada y defensora de los derechos
humanos, primera mujer juez en su país, obligada a renunciar después de la
revolución islámica de 1979, insistió en la necesidad de democratizar la
globalización, en considerar la extrema pobreza como una violación a los
derechos humanos, en la crítica del patriarcado y en la ruptura que Estados
Unidos ha hecho de la legislación mundial.
La presencia de Ahmed Ben Bella,
primer presidente de Argelia (1963-1965), promotor de la independencia de su
país y fundador del Frente de Liberación Nacional, mostró la importante
vinculación que en África y Asia tiene el movimiento altermundista con
las antiguas luchas contra el colonialismo.
Al sonar del tambor
El retrato de la sede del Foro
Social Mundial bien podría ser una versión ampliada de una de las más
concurridas estaciones del Metro mexicano a la hora pico. A la entrada del
recinto se concentran conglomeraciones de asistentes, flotillas de vehículos de
transporte colectivo que no avanzan y distribuidores de propaganda que
distribuyen todo tipo de octavillas.
Nada más traspasar la puerta de
entrada, ríos humanos marchan acompañados por el sonido de tambores y cánticos
entonados en más de 15 lenguas y se mezclan con una multitud de puestos de
artesanías y comida.
A la diversidad de idiomas que se
escuchan le corresponde, fielmente, una variedad de vestidos y colores asombrosa
en la ropa. Castas, regiones y países se muestran en la ropa. Los asistentes
son, en su mayoría, hindis, aunque el número de delegados provenientes de otras
naciones asiáticas es notable. Pertenecen a 2 mil 660 organizaciones de 132
países.
Alrededor de las 15 horas
arribaron las caravanas de los paravanes, los intocables, los dalits.
Salieron desde el pasado 6 de diciembre de toda la geografía del subcontinente
indio para mostrar al resto de la sociedad el drama de su existencia.
Son los excluidos de los
excluidos, los miserables entre los miserables en un país con millones de
pobres. Los que no han encontrado reconocimiento, ni integración, inclusive en
las regiones que son gobernadas por los comunistas.
Los asistentes suman ya más de 80
mil. Bollywood, terreno de una de las industrias fílmicas más productivas del
planeta, es la sede de su encuentro. Para trabajar, los organizadores han
levantado, literalmente de la noche a la mañana, recintos de utilería,
construidos con bambú, recubiertos de papel periódico y yute, techados con
lámina de zinc.
Su presupuesto ha sido exiguo:
apenas 2.4 millones de dólares, pasajes incluidos. Se trata, pues, de una
iniciativa sostenida, básicamente, por sus convocantes y adherentes.
Centenares de mantas, la mayoría
en inglés, unas más de idiomas locales y unas cuantas en español adornan las
paredes del recinto oficial. Las hoces y martillos no son aquí expresión de
nostalgia alguna por épocas pasadas, sino una realidad política viva.
Pero a pesar de los llamados a
sumar esfuerzos, en el campo del movimiento altermundista no todo es
unidad. Las diferencias son fuertes. Al menos cinco convergencias más efectúan
reuniones alternativas.
Frente al recinto oficial del FSM
una coalición de 350 organizaciones radicales, la mayoría de India, llamada
Mumbai Resistance, instaló un campamento independiente. Juzgan que el foro
tiene orientación reformista, y que ha sido tomado por una corriente de la que
es expresión el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.
Señalan que no ha asumido una
posición claramente antineoliberal, antiglobalización y antimperialista, y que
las organizaciones no gubernamentales disfrutan de una influencia que no tiene
nada que ver con su escasa representatividad social. Han llenado de pintas los pasos
a desnivel y muros del rumbo con consignas como "La globalización no puede
ser humanizada" y "El imperialismo no puede ser reformado".
Este espíritu de confrontación no
es gratuito en India. La enorme pobreza y discriminación del sistema de castas
crean un clima favorable a la radicalización de las luchas sociales. En este
país existen hoy día 14 conflictos armados internos y no es poca la fuerza de
quienes desde la izquierda reivindican (y practican) la lucha armada.
Quizás por eso uno de los delegados
chinos presentes señaló: "China hizo una revolución, ahora requiere de una
reforma. En India se hizo una reforma, ahora se necesita una revolución".
Vía Campesina, también reunida
aparte del foro, ha buscado acercar las distintas posiciones en conflicto. El
15 y el 16 de enero promovió encuentros en los que participaron seis diferentes
convergencias, el FSM incluido.
Feliz por la derrota que la
Organización Mundial del Comercio recibió en Cancún, José Bové, uno de los
principales voceros de la agrupación rural internacional, advirtió la
importancia de promover la unidad de los movimientos sociales, auspiciar su
autonomía e independencia e impedir que la lucha popular sea cooptada por los
partidos políticos.
La fiesta
Pero más allá de las diferencias
políticas, el tono del encuentro es, antes que nada, festivo, celebratorio.
Ciertamente también lo fueron los tres anteriores efectuados en Porto Alegre.
Pero éste es distinto. Aunque parezca difícil superar a los brasileños en este
terreno, India parece haberlo logrado.
Tanto es así que la ceremonia de
inauguración, realizada al filo de las 16 horas, incluyó un programa con
espectáculo de danza adivasi, tamborileros de Kerala, percusiones,
conciertibanda de rock sufi paquistaní Junoon, espectáculo de danza teatral
Siwela Sonke, de Sudáfrica, y música y video temático.
En Mumbai la cultura se ha hecho
política, y es uno de los lenguajes principales de la resistencia.