OBSERVACIONES
METODOLOGICAS PARA EL ESTUDIO DE LA MUNDIALIZACION DIRIGIDA POR EL CAPITAL
FINANCIERO
Guillermo Almeyra[1]
1- Desgraciadamente, es
demasiado común, sobre todo entre los economistas, analizar la mundialización dirigida
por el capital financiero esencialmente como políticas impuestas por éste mediante sus instrumentos políticofinancieros (Organización Mundial del Comercio,
Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) y la presión de los gobiernos de
los países centrales aquéllos de los dependientes, como los latinoamericanos.
Dichas políticas y el
comportamiento de las cifras y estadísticas macroeconómicas son, por lo tanto,
la materia principal de los estudios. Además, muchas veces al hablar de Estados
se habla en realidad de los gobiernos, del aparato político de los mismos y no
propiamente de la relación estatal, o sea, de la interacción, acción-reacción,
que existe entre la sociedad civil y la sociedad política. Se excluye asì del análisis del comportamiento de la mundialización
dirigida por el capital financiero lo social, lo subjetivo.
Ahora bien, el capitalismo
no podría funcionar sin la dominación, sin llenar las mentes de los
subordinados con las ideas y valores que éstos aceptan e introyectan,
consideran propios del sentido común. Sin la sensación tan difundida de que la
política neoliberal no tiene alternativa, sin el fatalismo, la confusión, la
ignorancia de las mayorías el capital financiero no podría imponer sus
políticas sólo con el apoyo de un puñado de serviles en los gobiernos.
Lo primero de todo,
entonces, es ver las contradicciones en
los Estados los cuales, aunque sean capitalistas y tengan todos una
política similar, son muy diferentes,
dado que son el resultado de una relación social, profundamente marcada por las
historias, culturas y tradiciones de resistencia de las clases dominadas
locales tal como lo revela tan claramente, en estos mismos momentos, el
levantamiento insurreccional de los campesinos, obreros e indígenas bolivianos.
Para ver entonces la fuerza
relativa de las políticas del capital financiero mundial hay que medir su grado
de aceptación o la resignación ante las mismas. Desde Seattle crece sin cesar
la masa de quienes, en todos los continentes, buscan una alternativa, tienen
esperanza y no resignación fatalista. Como reflejo de esto, en los propios
gobiernos que aplican las políticas neoliberales, como el mexicano, nadie se
anima a presentarlas como una panacea y, por el contrario, comienzan las
críticas públicas a las mismas precisamente para poder seguir aplicándolas.
Es cierto que la inmensa
mayoría de la población mundial no se plantea aún cambios (en la Argentina, por
ejemplo, entre el menemismo y otras derechas se llega
a la mitad de los votantes y entre quienes se oponen a esos sectores hay una
buena porción que apoyó las políticas neoliberales y sienten añoranza por los
años en que ellas no afectaban sino a los trabajadores industriales).Pero se
han abierto brechas importantes en la dominación y los propios esfuerzos de los
gobiernos de los países industrializados para evitar la profundización de la
crisis actual, con sus medidas proteccionistas y estatalistas,
minan las bases teóricas mismas del neoliberalismo y debilitan aún más la
dominación.
Bajo los efectos combinados
de los movimientos sociales de masa y de las contradicciones entre las
distintas clases gobernantes y sus gobiernos, la visión totalitaria del mundo
(el ¨pensamiento único¨, el
Fin de la Historia de F.Fukuyama) está hecha pedazos.
Dado que el capitalismo es una relación de poder entre clases en conflicto, la
nueva visión de sí mismas y de sus explotadores-dominadores que puedan tener
las clases subordinadas, reduce el poder de las dominantes y establece nuevas
relaciones de fuerza. Puesto que la economía es una relación entre personas y
no entre cosas y la política es economía concentrada, los cambios subjetivos
son fundamentales para analizar tanto la economía como la política no como
registro de hechos consumados sino como tendencias en devenir.
2- Al error común de
analizar la economía y la política sin prestar mucha atención a lo que está
cambiando en la visión del mundo y el grado de decisión de los que,
aparentemente en forma espontánea, estallan luego y dan forma a los movimientos
sociales, se agrega el de los especialistas, gubernamentales o no, que hacen
proyecciones económicas como si su país estuviese en una probeta o en la Luna,
sin tener en cuenta el contexto internacional.
Un ejemplo claro de esto lo
dio el equipo de economistas del entonces candidato a presidente de México,
Vicente Fox, que predijo un crecimiento anual del PIB del 7% sin tener en
cuenta la alta dependencia del país de la economía de Estados Unidos, que
estaba ya en recesión. Como no se puede pensar que haber ofrecido crear un
millón de puestos de trabajo en un año o ese crecimiento era sólo cínica
demagogia electoral o ignorancia (nadie en su sano juicio miente descaradamente
si su mentira le caerá en la cara en pocos meses), la deducción obligada es que
el localismo provincial de esos economistas y su concepción atrasada de las
relaciones entre los Estados (como si se estuviera en la época de la Paz de Westfalia y cada Estado correspondiese a un mercado
claramente establecido en sus fronteras, dentro de las cuales podía hacer y
deshacer con instrumentos económicos propios) hizo que esos profesores
universitarios y banqueros y empresarios cometiesen errores de principiantes.
3- Estamos ante una
profundización de la recesión estadounidense y mundial y ante una reducción del
intercambio comercial mundial. Los acontecimientos bolivianos estimularán las
resistencias sociales y políticas en Brasil a la política neoliberal del
gobierno, tendrán repercusión en la Argentina en los movimientos rurales, harán más difícil la imposición del ALCA pero,
sobre todo, harán que la palabra América Latina sea sinónimo de inseguridad
para los inversores extranjeros. Ahora bien, un monto importante de inversiones
extranjeras frescas es fundamental para mantener una política neoliberal, basada
en la apertura a las importaciones y en el pago prioritario de la deuda.
Estamos pues en la víspera de cambios
obligados en las políticas de muchos gobiernos, a contrapelo de su disposición
y de su cultura política. No se puede analizar lo que le sucede a un país sin
colocarlo en su contexto mundial.
4-Dicho sea de paso, si la
invasión de Irak demostró que las transnacionales no ejercen un gobierno
mundial, que los Estados imperialistas subsisten y tienen contradicciones entre
sí, que lejos de desaparecer la necesidad para el capital imperialista de
invadir y ocupar otros territorios esa necesidad es aún más imperiosa cuando
los recursos son tendencialmente escasos y los
territorios en que están situados están en manos de Estados no controlables -¨canallas¨- los acontecimientos en Bolivia, como los
piquetes en Argentina, que son una expresión del movimiento obrero y de sus
tradiciones entre los obreros desocupados, demostraron a su vez que no es la
multitud informe e indistinta la
protagonista, el sujeto de los cambios sociales. Los errores de las
concepciones económicas de Toni Negri
no aguantan la prueba de los
acontecimientos. Ni la ley del valor puede ser arrojada a la basura sin
substituirla con otra teoría más adecuada ni se puede enterrar sin más la teoría del imperialismo sin quedar al
garete ante la crisis del capitalismo mundial. La supresión teórica del
conflicto entre las clases (que, por supuesto, no explica todo) lleva a una
visión subjetiva de las clases dominantes y de sus planes y posibilidades e
impide ver al capitalismo como una relación social cambiante,
5-Gramsci sintetizaba su
visión del Estado hablando de una suma de coerción y de consenso. Si el
consenso se debilita y se reduce la confianza en el aparato estatal (gobierno,
instituciones, aparatos de mediación, como los partidos y direcciones
sindicales) los gobiernos podrán ser más duros, pero son más frágiles. Joachim
Hirsch[2]
destaca cómo el debilitamiento del Estado, debido a la pérdida de consenso en
el plano nacional y a la subordinación al capital financiero internacional, en
el mundial, abre grietas en el aparato de dominación. Además, el retiro del
gobierno de las actividades productoras de consenso (destrucción del sistema
sanitario, educativo, jubilatorio y de la protección
legal a los trabajadores, etc) abre camino a la
substitución del gobierno por ONGs o por la autoorganización y la autogestión.
Por eso el reclamo de
autonomía es general en toda América Latina, sobre todo en el mundo rural y
entre los indígenas, y las experiencias de autoorganización y de autogestión de
todo tipo están por todos lados en el orden del día. Ellas, dicho sea de paso,
son el resultado de la defensa frente a la crisis y de la resistencia frente a
las políticas que provocan y agravan dicha crisis y, al mismo tiempo, sientan
las bases de poderes locales en germen y de una construcción horizontal y desde
debajo de nuevas relaciones estatales no piramidales, democráticas, que se
apoyan en la democracia directa y no en la delegación de la representación
política Cuando John Holloway[3]
encara ¨cambiar el mundo¨
(no crear otro nuevo) sin oponer al poder capitalista, en todos los campos,
ningún germen de poder contrapuesto, porque eso, según él, reproduciría la
dominación y la enajenación, se mueve en el campo de las abstracciones. Ni el
ejemplo zapatista confirma lo que plantea (por el contrario, la formación de
las Juntas de Buen Gobierno sobre base regional en las zonas zapatistas de
Chiapas, oponen al Estado central un poder propio) ni el ejemplo boliviano
abandona la tradición, vigente desde 1952, del desarrollo del doble poder. Holloway veía en el ¨que se vayan
todos¨ una consigna revolucionaria. En realidad, la
misma demostraba una desconfianza en el establishment
de miles de personas muchas de las cuales incluso habían votado por Menem y creído en la insostenible patraña de la
convertibilidad. Pero esa consigna era vacía y reflejaba impotencia pues dejaba
en manos de los repudiados la decisión
de ¨irse¨. La demanda boliviana de Asamblea
Constituyente, de un gobierno transitorio que convoque a elecciones generales
inmediatas y las reivindicaciones concretas obreras y campesinas no tienen
margen –como las del EZLN o las de los caceroleros- para ningún tipo de elucubración
interpretativa ambigua. Se entienden directamente a la luz de la Historia de
las luchas sociales y del marxismo.
6-Los movimientos indígenas
se fusionan con los movimientos campesinos desde México hasta Argentina,
pasando por todo el continente.
En México 100 mil campesinos
llenaron las calles de la capital organizados por la alianza de pequeños productores llamada “El Campo no
Aguanta Más” que plantea la renegociación del capítulo agroganadero del Tratado
de Libre Comercio Norteamericano (TLCAN) y exige al Estado créditos, protección,
una política de desarrollo. En realidad su proyecto nacionalista esboza otro
país, basado en el mercado interno, las necesidades sociales, la alianza con
los pequeños productores estadounidenses y canadienses contra las
transnacionales y las empresas agroquímicas. Aunque los dirigentes zapatistas
ignoraron ese movimiento (acusándolo de estar dirigido por oportunistas) la
fuerza de la manifestación y de la
organización zapatista, campesina e indígena (la Confederación Nacional Plan de
Ayala, anterior al EZLN), obligó a éste a hablar ahora de organizar los
campesinos y de responder a sus reivindicaciones concretas (todos los 300 mil
pequeños cafetaleros, hundidos por los
precios mundiales del café, son indígenas). El movimiento campesino
sacudió al anquilosado EZLN. La constitución de las cinco regiones autónomas
chiapanecas en parte se debió a esta necesidad de moverse. Aunque el EZLN,
organización militar verticalista, decidió la
constitución de las Juntas de Buen Gobierno y quiénes las integrarían y
mantiene su control y vigilancia sobre las mismas, estas JBG administran
justicia, ejercen funciones de policía, controlan la economía y el comercio de
sus zonas respectivas.
Son, en resumen, órganos de
poder paralelo que, además, se sobreponen a la tendencia étnica, esencialista, de muchos municipios zapatistas a organizarse
en torno a una etnia dominante (separando tojolobales
zapatistas de tzeltales zapatistas, como en el ex
municipio único Flores Magón)
Para las JBG y el EZLN no
está claro si la autonomía es sólo para los municipios indígenas que coinciden
con una comunidad étnicamente homogénea y se parece a la autarquía o si, por el
contrario, es sinónimo de autorganización democrática
local y no excluye las relaciones con el resto de la sociedad. No está claro
tampoco si es el resultado no exportable del cerco militar y de10 años de
resistencia en Chiapas o un modelo que se ofrece a todos los indios (o
zapatistas) del país. Pero es indudable que las JBG expresan un innegable
progreso del EZLN y la continua fragmentación del poder estatal central.
En la Montaña, en la Costa
Chica del estado mexicano de Guerrero, los indígenas, sobre todo amuzgos, pero en estrecha relación con los otros grupos
étnicos, han creado su policía comunitaria. Esta vigila, detiene, condena a los
delincuentes y les impone penas comunitarias. Reconoce formalmente al poder del
estado local, a su justicia y su policía, pero depende de asambleas, que
nombran los policías y sus jefes, y no
se subordina a las autoridades e instituciones estatales (incluso las armas son
de la comunidad). También allí se ha decidido aplicar la autonomía, al igual
que en otras 18 comunidades de Michoacán, sin definir muy bien qué se entiende
por autonomía, pero sabiendo muy bien que quiere decir no al Estado opresor al
servicio de los explotadores.
En Ecuador, la Confederación
de Naciones Indígenas de Ecuador (CONAIE) derribó ya dos presidentes de la
República (Abdala Bucaram y
Jamil Mahuad), tomó
efímeramente el gobierno en alianza con grupos militares y civiles y participó
en el actual gobierno del Coronel Lucio
Gutiérrez mediante su partido, Pachakutik. Esta
experiencia de ruptura con su autonomía del gobierno y del Estado le creó una
crisis interna entre los ¨participacionistas¨ y los
que privilegian la independencia de la organización, que se retiró del gobierno
en el que militaban más de 200 cuadros indígenas. La facilidad con que se
dejaron de lado las tradiciones y experiencias, buenas y malas, de la izquierda
ecuatoriana, el pragmatismo que sustituyó la política, las ilusiones de cambiar
el aparato estatal desde dentro del mismo y la carencia de una política común
clara y coherente dio un golpe muy duro a Pachakutik
y a la misma CONAIE.
Incluso el esencialismo indio (nada con los mestizos) reapareció con
fuerza. Pero la vida de las comunidades indígenas, que controlan los municipios
que de ellas depende, es garantía de autonomía, de control sobre los dirigentes
y de renovación de los mismos. La relación entre la comunidad indígena y el resto
de la población así como entre ella y las instituciones deben ser aún
discutidas a fondo, pero la autonomía está fuera de cuestión.
En Bolivia, también, se
plantea el problema del gobierno y del enfrentamiento entre el poder oficial y
el de los trabajadores. Y entre los quechuas cocaleros que antes eran mineros
(o sea, lo más avanzado del continente desde el punto de vista político) y los
campesinos aymaras hay un abismo político. Mientras
los últimos hablan de Kollasullo y siguen a su mallcu, planteando una república india, los primeros hacen
política de alianzas y tienen un programa político y social de cambios de
estructuras a nivel nacional. Es temprano aún para ver cómo se resolverá la
lucha entre los dos poderes, si con una terrible masacre y una dictadura
militar proimperialista o por una salida de
transición, favorecida por la división en las clases dominantes bolivianas y en
las propias fuerzas armadas, que consista en la renuncia del neoliberal Gonzalo
Sánchez de Lozada y el fin de sus planes de exportar
gas por Chile –o sea, con una victoria popular incompleta que prepararía una
nueva prueba de fuerzas, pero dividiría aymaras y
quechuas, a Quispe y a Morales.
A los movimientos sociales
hay que juzgarlos por su dinámica, no sólo por las posiciones de sus dirigentes
o sus documentos. Por ella y por sus
movilizaciones, pesan en la política económica y también en la formación de la
conciencia política de las clases
subordinadas.
7- En nuestros países no
faltan en cambio los gurúes que confunden movilizaciones
con movimientos sociales duraderos, que ven en toda lucha de los campesinos la
revolución social (como hace J. Petras) y que miden lo que sucede en cada país
por las posiciones de los gobiernos (Lula sería un ¨traidor¨y
el Brasil iría a un empeoramiento del neoliberalismo, o Gutiérrez, también ¨traidor¨ sería mucho más que la CONAIE). A los que se
desilusionan porque antes, contra toda lógica, se ilusionaron, a los que creen
que los gobiernos y no los pueblos hacen la historia, se suman los neodependentistas que esperan de caudillos, Hugo Chávez o
Néstor Kirchner o quien sea, pues podría ser incluso
un Evo Morales, mucho más sólido teóricamente pero que tendría que lidiar con
la realidad de un país mucho más pobre que Argentina o Venezuela. El neodependentismo va unido a un nacionalismo o localista que
impide ver los problemas reales y combatir la falta de preparación política de
las grandes masas. Se necesita sin duda más protagonismo y peso del Estado en
la defensa del mercado interno, pero se necesita aún más otro Estado y otro
gobierno del mismo, que redistribuya los recursos que existen –en Argentina,
por ejemplo, encarando el problema del control de la economía rural por la
oligarquía, pues sin hacerlo no hay solución financiera ni plan de empleo, ni
reconstrucción y defensa del territorio y de los recursos ambientales, ni hay
fin de la corrupción. Eso exige economistas y profesionales socialistas,
integrantes de los movimientos sociales, ajenos al dogmatismo, el sectarismo y
el radicalismo impresionista e infantil. Si en muchos países latinoamericanos
hay que construir una izquierda, para hacerlo hay que construir un pensamiento
coherente, ligado a la realidad y a los movimientos sociales, creativo en las
propuestas económicas y políticas.
Buenos Aires, 13 de octubre del
2003
Ponencia para el III Coloquio de Economistas
Políticos de América Latina, 16-18 de octubre del 2003,
Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina
[1] Doctor
en Ciencias Políticas (Univ. París VIII), profesor-investigador de la
Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, de México, profesor de
Política Contemporánea de la
Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.Campo
de investigación: movimien tos sociales,
mundialización.
[2] Joachim
Hirsch, El Estado Nacional de Competencia, UAM-X, México, 2001
[3] En su
libro Cómo cambiar el mundo sin tomar el poder, Buenos Aires, Herramienta-BUAP,
2002. Ver la crítica mía El dificultoso no asalto al no cielo, Memoria, México,
2002.