YUCATAN: AÑOS DE ESTABILIDAD Y DE
INESTABILIDAD POLÍTICA
Pedro Echeverría V.
22 febrero 2004
Yucatán,
como la mayoría de los estados del país, se ha desarrollado con un alto grado
de subordinación hacia las políticas presidenciales. Mantuvo mucha independencia
de los gobiernos centrales mientras los transportes y medios de comunicación no
se desarrollaban, pero desde hace poco más de 50 años el PRI, como partido
oficial; la secretaria de Hacienda, como cobradora de impuestos, y el ejército
federal como fuerza militar, garantizaron un centralismo real y “necesario”
contra el federalismo proclamado por la misma Constitución.
Yucatán
mantuvo contacto con la ciudad de México por barco, vía Progreso-Veracruz,
desde la época colonial; a partir de 1929 por avión; a partir de 1957 por
ferrocarril y, dos años después, por autobús. Carlota llegó a Yucatán por Sisal
en barco (1865), Porfirio Díaz por Progreso (1906) y Madero (1909) por el mismo
puerto. Al parecer fue el gobernador García Correa el primero en utilizar el
avión México-Mérida, aterrizando en El Fénix; y el ferrocarril, aunque se
inauguró en 1883 en Yucatán, sólo llega a Coatzacoalcos a partir de 1957.
Con
base en ese centralismo presidencialista puede decirse que la estabilidad
política que vivió el estado de Yucatán durante 24 años –de 1958 a 1982, cuatro
sexenios completos de gobierno- fueron fiel reflejo de la estabilidad del
gobierno nacional, pero no fue exactamente así. Por el contrario, la
inestabilidad política que vivió Yucatán de 1982 a 1995 –con cinco gobiernos-
sí fueron reflejo de la situación política nacional presididas por De la
Madrid, Salinas y Zedillo. Como podrá verse, en
Yucatán en 24 años hubo 4 gobernadores y en los13 años siguientes, cinco.
La
realidad es que en 1960 Yucatán apenas contaba con 614 mil habitantes y Mérida
tenía 171 mil; veinte años después ya el censo reportó un millón 64 mil para el
estado y 400 mil para la ciudad capital. Si bien la producción henequenera desde 1965 había comenzado a declinar, todavía
perduraría 15 años más ese declive para tocar fondo. Los gobiernos de entonces:
Franco Aguilar, Torres Mesías, Loret de Mola y Luna Kan
pudieron completar sus sexenios, a pesar de las dificultades económicas
nacionales surgidas desde 1970 y las provocadas por la guerra sucia.
Pero
las grandes dificultades económicas se hicieron más evidentes a partir de 1982,
acrecentadas con la implantación del modelo neoliberal que fue destruyendo el
poderoso papel del Estado en la economía para entregarlo al sector privado y a
los capitales internacionales. En Yucatán se conjugó en ese año la enorme
ineptitud del gobernador Alpuche Pinzón con la
abierta intervención del gobierno federal de De la Madrid que buscaba enterrar
para siempre la destruida producción henequenera y dar
paso a un modelo económico privatizador que descansara en una mayor
“modernización”.
El
viejo militar, seleccionado para ser gobernador por el presidente López
Portillo, no tuvo la menor capacidad para instrumentar la nueva política;
además que sus pifias estaban provocando el crecimiento del PAN en el estado.
Sólo pudo gobernar dos años (1982-1983)
porque Cervera Pacheco fue nombrado para sustituirlo en los cuatro que
le faltaban. Este, con mano en la cintura, instrumentó lo que se necesitaba y
recuperó todo el terreno político que el PRI había perdido. No debe olvidarse
que después del gobernador Marentes Miranda, que
renunció en 1953, fue Alpuche Pinzón el renunciante
30 años después.
Pero
en el siguiente sexenio las cosas volvieron a repetirse. El viejo Manzanilla Scháffer, un eterno aspirante a la gubernatura,
fue seleccionado por el presidente De la Madrid. Sus conocimientos teóricos de
la política eran amplios pero casi no había vivido en el estado; lo conocía por
datos estadísticos y no contaba con equipo político en la entidad. En medio de
grandes escándalos por su desgobierno se vio obligado a renunciar a la mitad de
su sexenio. Fue sustituido en 1991 por la habilidosa Dulce María Sauri, quien
fue objeto de una enorme campaña de desprestigio.
Fueron
doce años de gran inestabilidad política, conducidos por dos gobernadores
electos que no conocían directamente los problemas del estado ni tenían equipo
político, y por dos gobernadores interinos que provocaron, o fueron llevados a,
una gran confrontación con el Diario de Yucatán y un poderoso sector de
empresarios. Para prolongar ese absurdo período de crisis política se inventó
un período gubernamental de 18 meses para adecuar el sexenio estatal al
presidencial. 13 años de crisis que retrasaron al estado o que, por lo menos,
impidieron que se aprovecharan adecuadamente los escasos recursos disponibles.
Los
cambios materiales que se observan hoy en el estado son realmente pocos, aunque
la ciudad de Mérida se haya transformado en una urbe comercial y turística. La
realidad es que del millón 800 mil habitantes en la entidad y de los 800 mil de
la capital, más del 70 por cientos sufre condiciones de pobreza y miseria. Se
han creado obras como el puerto de altura, la extensión del servicio del
transporte, el eléctrico y la telefonía, pero las fuentes de empleo se han
reducido y los salarios son cada vez más mínimos. El gobierno panista de la
ciudad en vez de preocuparse porque no sean más miserables las condiciones de
vida de la población se ha dedicado a satisfacer programas turísticos.
Después
de 24 años de estabilidad política y 13 de evidente inestabilidad, el gobierno
del PRI encabezado otra vez, ahora por seis años, por Cervera Pacheco logró
consolidar algunas obras pendientes, sobre todo apoyar el programa maquilador que fue sólo un paliativo que sirvió durante
algunos años a varios miles de trabajadores. Pero a partir de 2001 el PRI, que
mantuvo el poder durante siete décadas, perdió la gubernatura
entregándosela al PAN. La situación ha empeorado desde entonces para la inmensa
mayoría de la población, aunque hay un poderoso sector de empresarios que ha
continuando acumulando gigantescas riquezas. El gobierno panista de la
República ha demostrado una gran ineptitud para gobernar, idéntica situación se
refleja en la entidad. ¿Hasta cuánto aguantará el pueblo explotado?