Dos foros, dos mundos

Víctor Flores Olea
El Universal, domingo 25 de enero de 2004 

y domingo 1 de febrero de 2004

Durante la última semana se desarrolló en Bombay, India, el Foro Social Mundial (que tuvo lugar los últimos años en Porto Alegre, Brasil), y la próxima semana se realizará en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial. Como se sabe, esas reuniones anuales convocan, la primera, a los movimientos sociales que se han manifestado mundialmente en contra de la globalización neoliberal, mientras que la segunda reúne a las elites del poder político, de las finanzas y de las corporaciones internacionales.

Ambas son el exacto opuesto la una de la otra, y sus objetivos diametralmente encontrados. La reunión de Bombay asumió el nombre de "Foro Social por la Dignidad". La de Davos respondería a la iniciativa de crear un "gobierno global" anunciado en la Declaración del Milenio de Naciones Unidas (2000). Subrayemos un hecho que se viene acentuando año con año: el cónclave de Davos "parece" asumir también como preocupación importante las carencias de los pobres del mundo y se propondría urgir a los poderes y capitales de todas partes a trabajar intensamente para resolver los grandes problemas de la humanidad: hambre, educación, salud.

El discurso inaugural de la reunión de Bombay fue pronunciado por Arundhati Roy, la joven escritora india que ha hecho sensación con su única novela (El Dios de las pequeñas cosas , 1997). En su discurso Roy fue contundente: en el sur millones piensan que "otro mundo es posible", y en el norte unos cuantos miles, encabezados por George W. Bush, piensan lo mismo, aunque sea el exacto opuesto de la primera intención: que es posible un "Nuevo Siglo Estadounidense". Tales "nuevos misioneros desean orden a costa de la justicia, disciplina a costa de la dignidad y dominio a cualquier precio".

Seguimos mencionando este discurso porque, en opinión de muchos participantes, sintetizó magistralmente las tesis del variadísimo conjunto, multicultural, multirracial, multireligioso, que se dio cita en Bombay. "El nuevo imperialismo está sobre nosotros, y es una versión remodelada y dinamizada del que conocimos siempre. Por vez primera en la historia un único imperio, con un arsenal armado capaz de aniquilar al mundo en un momento, encarna la más completa hegemonía, unipolar, económica y militar... Los países pobres que tienen algún valor estratégico para el Imperio, o que poseen un mercado de cualquier dimensión, o una infraestructura que pueda privatizarse o, ¡Dios no lo quiera!, recursos naturales valiosos (petróleo, oro, diamantes, cobalto, carbón), deben hacer lo que se les ordena o se convierten en potenciales objetivos militares". Entre otra información que proporciona Roy nos dice: "El Centro por la Integridad Pública de Washington registra que nueve de los 30 miembros de la Junta de Defensa de la Administración Bush están conectados con compañías que obtuvieron contratos por 76 billones de dólares entre 2001 y 2002".

Y todavía: "Siempre, a todo imperio, le ha interesado que sus guerras se consideren guerras justas. Y para esto reciben el apoyo de las corporaciones que controlan a los medios de comunicación masiva. Pero es importante entender que las corporaciones dueñas de los medios no sólo `soportan` el proyecto neoliberal sino que ellas mismos lo personifican: `son` el neoliberalismo. No es una posición moral que han asumido sino que es estructural. Es intrínseco a la manera en que funcionan los medios masivos".

Muchos otros puntos fueron tocados en esta intervención que también señaló el problema decisivo al que se enfrentan los movimientos sociales en el mundo: el de su eficacia política. Los 10 millones de hombres y mujeres que desfilaron en cinco continentes, el 15 de febrero del año pasado, repudiando la guerra a Irak, no detuvieron a Bush y a su clique.

¿Qué hacer entonces? No, desde luego, "bajar la guardia" y abandonar las demostraciones masivas, porque de todas formas ellas significan una poderosa pedagogía planetaria, creando conciencia universal de las raíces y razones de la agresión imperialista en contra de los pueblos y pobres del mundo. No debiera perderse de vista que los movimientos sociales iniciaron sus acciones hace apenas unos años, pronunciándose contra objetivos muy específicos: la discriminación racial y religiosa, la violación de los derechos humanos, las segregaciones sexuales, la devastación ecológica y muchos etcéteras más.

Y que en un tiempo récord esa "difusa" batalla se ha convertido concretamente en una batalla contra el actual sistema de poderes. Reconociendo que el capitalismo, y peor aún en sus manifestaciones más agresivas, está en el origen de la explotación, degradación y marginación que vive la mayoría de la humanidad. Y que el capitalismo, en su forma actual de globalización neoliberal, funciona para incrementar el lucro de las corporaciones que tienen en sus manos los resortes de esa globalización, y a favor de la mayoría de los gobiernos del mundo, que se han convertido en parte del engranaje. Y que detrás de ellos está el gobierno de Estados Unidos, con su poderío militar y tecnológico, para que se recuerde siempre quienes son los verdaderos dueños del poder y los efectivos intereses en juego.

En los últimos cinco o seis años los movimientos sociales han vivido un formidable crecimiento. Pero su amplitud actual no sólo tiene un significado cuantitativo sino cualitativo: se han convertido aceleradamente en movimientos anticapitalistas.

Pero ¿qué hacer?, se preguntaron muchos en Bombay. Algunos, como Arundhati Roy, se pronunciaron por que los movimientos sociales se concentren en luchas particulares que puedan ganarse. ¿Ejemplo? "Convertirnos en la resistencia global en contra de la ocupación a Irak, oponiéndonos activamente a cualquier forma de reconocimiento de la legitimidad de esa ocupación". No deben dispersarse los esfuerzos sino concentrarse máximamente. ¿Otro ejemplo? Boicotear en todas partes a las empresas que se benefician criminalmente con los contratos para la "reconstrucción" de Irak.

Otros sostienen que los movimientos sociales deben ya plantearse la cuestión de participar cada vez más formal y directamente en la toma de decisiones de los gobiernos. No sólo ver reflejada su opinión en los aparatos gubernamentales o a través de los partidos, sino alcanzar la voz y el voto en una variedad de asuntos de interés general. Claro está que tal perspectiva implicaría reformas legislativas de gran alcance en la totalidad de los países. No importa, se sostuvo en Bombay, precisamente el derecho y las leyes que gobiernan a la sociedad se han transformado históricamente por la presión y exigencias de la misma sociedad.

El mundo está en continua evolución y ahora se trata de abrir los cauces de una democracia auténtica, sobre todo cuando se sabe que los tradicionales representantes en los aparatos del poder cada vez están más cooptados y subordinados a intereses espurios, opuestos al verdadero interés de los pueblos.

El "otro mundo que es posible" exige radicales transformaciones de tipo jurídico y político. La lucha es política y social en nombre de la dignidad humana, pero en un mundo que no deja de transformarse. La democracia o las democracias deben satisfacer las necesidades mayoritarias y no conformarse con servir de disfraz para la protección de unos cuantos financieros y capitanes corporativos que están arruinando al mundo.

En espera de que se abra propiamente el Foro de Davos, que se inicia el día de mañana, tiene lugar un foro abierto titulado ¿Globalización o desglobalización para el beneficio de los pobres? A este foro previo asiste Kofi Annan, secretario General de la ONU y otras personalidades (Bill Clinton; Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía; el primer ministro de Canadá Paul Martin, y parece que también Francisco Gil Díaz).

En ese foro paralelo se insiste en el cumplimiento de los objetivos de la Declaración del Milenio y, por ejemplo Kofi Annan, en su discurso inaugural sostuvo que la "guerra contra el terrorismo" y la invasión a Irak exacerban las tensiones mundiales y suponen un gigantesco desperdicio de recursos que se pierden para el bienestar de los pueblos.

Varias de las preocupaciones expresadas en Bombay están también presentes en el rincón turístico para millonarios de Davos. La necesidad de atenderlas es ineludible. En nuestra entrega de la próxima semana comentaremos la "tónica" básica del Foro Económico Mundial que se inicia mañana.

 

 

Hay la opinión de que los dos foros mundiales que se celebraron en los últimos días: uno en Bombay, el otro en Davos, fueron en cierta forma insustanciales, como si hubiera sido enteramente previsible lo allí dicho y hecho.

Tal apreciación contiene un núcleo de verdad, lo cual no quiere decir que ambos escenarios hayan carecido de interés. En Bombay, dijimos en nuestra última entrega, se reveló una preocupación marcada por lograr mayor eficacia política en los movimientos sociales. En cambio, Davos se distinguió por la penetración cada vez mayor en su espacio de las voces de alarma de quienes se oponen a la globalización saqueadora que vivimos.

Y además, para decirlo en breve, por el aislamiento y papel casi solitario que, paradójicamente, desempeña el imperio estadounidense bajo la conducción de George W. Bush, en una variedad de temas entre los que resalta la decisión de apuntalar su dominación mundial incluso por el uso de la fuerza armada de manera unilateral, preventiva y genocida.

Y por ese autoconvencimiento narcisista de que es el campeón mundial de la democracia, los derechos humanos y el bienestar. Invención ideológica que lo "autorizaría", contra todo y contra todos, a actuar según su voluntad imperial.

Algunos botones de muestra: en su discurso inaugural, Kofi Annan, secretario general de la ONU, advirtió que el mundo "está deslizándose a una situación de bruta competencia basada en las leyes de la jungla, y que la `guerra contra el terrorismo` está exacerbando las tensiones globales y poniendo en grave peligro los derechos humanos y las libertades civiles".

Y todavía abogó "por la eliminación de los subsidios agrícolas, urgiendo a los capitanes de las corporaciones a apoyar los Objetivos del Milenio y a vencer la pobreza ampliando sus inversiones en los países en desarrollo, ayudando a esas naciones a ayudarse a sí mismas".

Algunos panelistas, como Kennet Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch, se lamentaron de que se haya evaporado tan rápidamente la enorme simpatía internacional que se levantó después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, debido principalmente a la guerra antiterror de Bush que no respeta derechos, ni individuos, ni naciones y que ha "convertido al presidente de Estados Unidos en el más eficaz recluta de Al-Qaeda y de otros terrorismos".

Aunque en su intervención Bill Clinton interpretó que los luchadores contra la globalización neoliberal desean volver al pasado, admitió que la batalla hoy se da "entre los que tienen y los que no tienen", y abogó por una globalización que implique una "real interdependencia capaz de producir al final de cuentas beneficios y responsabilidades para todos".

Podrían mencionarse otras intervenciones que, más allá de la cerrada defensa del sistema con hegemonía estadounidense, como la del vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, asumieron críticas severas al dominio de ese país y a su ruptura del orden legal internacional, y a sus presiones para romper el orden interno de los estados. (Por cierto, Dick Cheney se considera ya como uno de los fardos más pesados de la administración Bush, un inoportuno caso de corrupción que perjudica gravemente las aspiraciones reeleccionistas del actual presidente.

No sin razón Cheney es considerado por tirios y troyanos como uno de los más rapaces beneficiarios de la "reconstrucción" de Irak, con sus multibillonarios negocios a través de la empresa Halliburton, en la que ha trabajado largos y felices años).

Y al hecho de que, tal vez por primera vez en las reuniones de Davos, se escuchó el eco de reclamo de la mitad de la población de la tierra que vive en la pobreza y en la pobreza extrema.

En todo caso, se advierte que inclusive en este conciliábulo de capitanes del establishment se han dejado escuchar severas críticas al manejo imperial que efectúan el presidente Bush y su pandilla, en total desprecio de la legalidad mundial y nacional, y la preocupación por las desigualdades en el mundo de las que necesariamente se derivan inestabilidad e inseguridad.

Es lógico que en una reunión como la de Davos no se nombraran las consecuencias ineludibles de la perturbadora situación actual (como la necesidad de "Otro Mundo Posible"), ni las maneras en que se puede frenar a la potencia en manos de los archiconservadores de Washington, pero al menos se escuchan ya y reconocen las exclamaciones de protesta de los movimientos de lucha, aceptando de alguna manera su lógica y razones, y por eso mismo confiriéndoles algún grado de legitimidad.

Como ocurre siempre en la historia: los cambios futuros se anuncian por disidentes que son rechazados y desconocidos, para terminar a la postre aceptándose y reconociéndose tales argumentos como base de una nueva organización del mundo. Así se ha originado siempre el avance de la humanidad, y hoy parece vivimos en el alba de un tiempo de cambios importantes.

Algunos por ejemplo el investigador social argentino Atilio Borón han llamado posliberalismo a esta transición hacia un nuevo modelo de organización más radical. La visión es que hoy mismo serían más dinámicas las economías capitalistas que se han apartado de las recetas del Consenso de Washington, como ha ocurrido con algunas del sudeste asiático. El premio Nobel Joseph Stiglitz coincidiría con esta reflexión.

Una reflexión que descansa en la idea de que el neoliberalismo ha agotado sus posibilidades y de que cada vez son más abrumadoras sus ruinas en todos los aspectos de la vida. Y en dos observaciones esenciales: la primera refuta la tesis de que existen sistemas sociales "eternos" (el fin de la historia) y, por tanto, que el capitalismo es inmutable. ¿Su mayor aire en los últimos tiempos?: la formidable expansión geográfica del sistema y la apertura de nuevos y enormes mercados, como consecuencias de la caída del "socialismo realmente existente". La segunda observación alude al hecho de que el neoliberalismo fracasó rotundamente en su pretensión de eliminar las mayores "irracionalidades" del capitalismo.

No pueden olvidarse, entre muchas de sus irracionalidades, que destruye cosechas mientras mantiene en el hambre a buena parte de la población del planeta, un capitalismo depredador y del desperdicio, un capitalismo con 38 millones de desempleados dentro de la OCDE, que es el conjunto de países más productivo del mundo. Y, claro, la permanente transferencia de riquezas de las zonas pobres del mundo a las más ricas, vía la explotación del trabajo humano (Atilio Borón, El posneoliberalismo: un proyecto en construcción).

Y todavía peor, una de las mayores aberraciones político-culturales de los dos últimos siglos: el estrangulamiento de la democracia como forma de vida y organización política, por la práctica eliminación de los ciudadanos como sujetos de decisión y el traspaso de sus derechos a manos de los grupos en el poder. Naturalmente, tal despojo se lleva a cabo con la ayuda de los medios masivos de comunicación, que condicionan la voluntad ciudadana y la determinan en favor del interés de los sectores económicos más fuertes.

Tal es la raíz efectiva de la llamada crisis del Estado liberal e inclusive de los partidos políticos: que han sido marginados y altamente excluidos de las decisiones que realmente importan en la sociedad contemporánea. Los estados nacionales y los partidos políticos, en infinidad de casos, han sido vaciados de su función real y reducidos al papel de meros figurines que ocultan y "justifican" la sustancia exacta de los centros de poder.

El "proyecto de construcción posneoliberal" supondría, en trazos gruesos, la vuelta a un papel más dinámico del Estado como factor de desarrollo, a una apertura controlada y gradual del comercio exterior y de las inversiones, protegiendo e impulsando a las industrias nacionales (inclusive a través de políticas planificadas de desarrollo industrial), evitando los saqueos de la especulación y, por supuesto, a una política económica orientada privilegiadamente a impulsar el mercado interno y el empleo. No un cambio copernicano de la situación, pero sí un esfuerzo nuevo para orientar la economía en beneficio de la sociedad y no sólo de la acumulación desmedida en unas pocas manos.

¿En la última reunión de Davos comenzaron a filtrarse estas correcciones sustanciales al Consenso de Washington? Algunos círculos del capitalismo mundial reconocen ya su necesidad, inclusive para evitar "desequilibrios" e "inestabilidades" mayores que pudieran a la larga poner en peligro al conjunto del sistema. Pero eso se verá en los próximos años. Así como el juego que seguirá desempeñando el pesadísimo factor Estados Unidos, gobierno y sociedad. Mientras dure el gobierno Bush las probabilidades del freno tajante a cualquier cambio son mucho mayores. El juego, sin embargo, no está cerrado y continúa…

 

 

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