Masiosare 345,
domingo 1 de agosto de 2004
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Elecciones en EU Naomi Klein* La autora llama a los estadunidenses a
votar por John Kerry, "no porque vaya a ser
distinto, sino porque en la mayoría de las áreas clave –Irak, la "guerra
contra las drogas", Israel/Palestina, el libre comercio, los impuestos
empresariales– será igual de malo. La principal diferencia será que Kerry parecerá "inteligente, cuerdo y
maravillosamente aburrido". EL MES PASADO,de mala gana me uní al campamento Cualquiera menos
Bush. Fue el “Bush en la Caja” lo que me convenció, un regalo que mi hermano
le dio a mi padre en su cumpleaños 66. Bush en la Caja es un Bush de cartón
con una serie de frases que se le pueden adherir para que diga las bushadas de siempre: “¿Está (sic) nuestros
niños aprendiendo?”, “Me malsubestimaron”, de venta
en Wal-Mart y hecho en Malasia. Sin embargo, Bush en la Caja me llenó de
tristeza. No porque el presidente sea tonto, sino porque nos hace a nosotros
tontos. No me tomen a mal: mi hermano es un chico excepcionalmente brillante,
encabeza un centro de investigación que publica documentos sobre los errores
de la extracción de recursos orientada a la exportación y los falsos ahorros
de los recortes al sistema de bienestar social. Pero Bush en la Caja resume el nivel de
análisis que proviene de la izquierda estos días: la Casa Blanca fue
secuestrada por una dudosa pandilla de fanáticos que están locos o estúpidos
o ambos cosas. Vota por Kerry y haz que el país
vuelva a la cordura. Pero los fanáticos en la Casa Blanca de
Bush no están ni locos ni estúpidos ni particularmente dudosos. En vez,
abiertamente sirven con terca eficacia a los intereses de las empresas que
los llevaron al puesto. Su atrevimiento no proviene del hecho de que sean un
nuevo tipo de fanáticos, sino de que la vieja raza se encuentra en un nuevo
clima político sin restricciones. Sabemos esto, pero la combinación de
ignorancia, devoción y arrogancia de Bush provoca en los progresistas algo
que podría ser como una Ceguera Bush. Cuando llega, provoca que perdamos de
vista todo lo que sabemos sobre política, economía e historia, y que nos
enfoquemos exclusivamente en las curiosas personalidades de la gente en la
Casa Blanca. Otros efectos secundarios incluyen emocionarse con los
diagnósticos de los psicólogos de la pervertida relación con su padre y las
buenas ventas de “la goma de mascar Bush para tontos”. Esta locura debe terminar, y el modo más
rápido de que ocurra es votando por John Kerry, no
porque vaya a ser distinto, sino porque en la mayoría de las áreas clave
–Irak, la “guerra contra las drogas”, Israel/Palestina, el libre comercio,
los impuestos empresariales– será igual de malo. La principal diferencia será que mientras Kerry lleva a cabo estas políticas brutales parecerá
inteligente, cuerdo y maravillosamente aburrido. Por eso me uní al campamento
Cualquiera menos Bush: sólo con un aburrido como Kerry
en la cima podremos finalmente poner fin al acto de patologizar
la presidencia y podremos enfocarnos de nuevo en los asuntos importantes.
Claro, la mayoría de los progresistas ya
pertenecen al campamento Cualquiera menos Bush, convencidos de que ahora no
es momento de señalar las similitudes entre los dos partidos controlados por
empresas. No estoy de acuerdo: necesitamos enfrentar esas decepcionantes
similitudes y luego preguntarnos si tenemos una mejor oportunidad de luchar
contra la agenda empresarial impulsada por Kerry o
por Bush. Desaparece la ilusión No guardo ninguna ilusión de que la
izquierda tenga “acceso” a la Casa Blanca Kerry/Edwards. Pero vale la pena recordar que fue bajo la
gestión de Bill Clinton
que los movimientos progresistas en el Oeste comenzaron a fijar nuestra
atención de nuevo en los sistemas: la globalización empresarial, hasta (¡híjole!) el capitalismo y el colonialismo. Comenzamos a
entender al imperio moderno no como asunto de una sola nación, sin importar
lo poderosa que sea, sino como un sistema global de Estados, instituciones
internacionales y empresas entrelazadas, algo que permitió la construcción de
redes globales de respuesta, desde el Foro Social Mundial hasta Indymedia. Los líderes inocuos que declaman lugares
comunes liberales mientras recortan el sistema de bienestar y privatizan el
planeta nos empujan a identificar mejor estos sistemas y a construir
movimientos lo suficientemente ágiles e inteligentes para enfrentarlos. Con
el señor Gomas de Mascar para Tontos fuera de la Casa Blanca los progresistas
tendrán que volverse listos de nuevo, y eso sólo puede ser bueno. Algunos argumentan que el extremismo de
Bush tiene un efecto progresista porque unifica al mundo contra el imperio
estadunidense. Pero un mundo unido contra Estados Unidos no necesariamente
está unido contra el imperialismo. A pesar de su retórica, Francia y Rusia se
opusieron a la invasión a Irak porque era una amenaza a sus propios planes de
controlar el petróleo iraquí. Con Kerry en el
poder, los líderes europeos ya no podrán esconder sus planes imperialistas
tras un fácil golpeteo a Bush, algo que ya se ve venir en la odiosa política
iraquí de Kerry. Kerry
argumenta que necesitamos darle a “nuestros amigos y aliados... una voz y un
papel significativo en los asuntos iraquíes”, incluido el “acceso justo a los
contratos de reconstrucción multimillonarios. “También significa dejarlos participar en
la reconstrucción de la industria del petróleo en Irak”. Así es: los
problemas de Irak se resolverán con más invasores extranjeros, con Francia y
Alemania con una mayor “voz” y una mayor tajada de las ganancias del botín de
guerra. No se menciona a los iraquíes y su derecho a una “voz significativa”
en el manejo de su país, y mucho menos su derecho a controlar su petróleo o a
intervenir en la reconstrucción. Bajo el gobierno de Kerry,
la confortante ilusión de un mundo unido contra la agresión imperial se
desvanecerá y quedarán expuestas las maniobras para conseguir el poder, que
son la verdadera cara del imperio moderno. También tendremos que soltar la
arcaica idea de que derrotar a un solo hombre, o un “imperio” a la romana,
resolverá todos –ni siquiera alguno– nuestros problemas. Sí, la política será más complicada, pero
tendrá el añadido beneficio de ser cierta. Con Bush fuera del escenario,
perdemos el enemigo que nos movía a la acción, pero podemos afrontar las
políticas que están transformando a todos nuestros países. El otro día despotricaba con un amigo
sobre el apoyo de Kerry al muro del Apartheid
en Israel, sus ataques gratuitos a Hugo Chávez en Venezuela y su abismal
historial en el libre comercio. “Sí –tristemente asintió–, pero al menos cree
en la evolución”. Yo también –la muy necesitada evolución de
nuestros movimientos progresistas. Y eso no ocurrirá hasta que guardemos los
imanes del refri y los chistes de Bush y nos
pongamos serios. Y eso sólo ocurrirá una vez que nos hayamos deshecho de la
distracción en jefe. Así que Cualquiera menos Bush. Y luego
regresemos a trabajar. (Traducción: Tania Molina
Ramírez. Copyright Naomi Klein 2004. Una versión de este artículo fue
publicada en The Nation) |