Costos sociales del neoliberalismo

José Luis Calva
El Universal
Viernes 12 de marzo de 2004 

Los programas neoliberales de cambio estructural, ajuste y estabilización aplicados con singular perseverancia desde 1983 hasta el presente han generado una enorme deuda social. La política salarial regresiva y el abarrotamiento de los mercados de trabajo por la escasa generación de empleos remunerados provocaron una severa degradación de la participación de los salarios en el producto nacional: de 37.1% del PIB en el periodo 1970-1982 a 30.7% del PIB en el periodo 1983-2003, de manera que los asalariados de México tuvieron una pérdida acumulada de 413 mil 186.5 millones de dólares entre 1983 y 2003 (véase cuadro), al cercenarse brutalmente su participación en la riqueza efectivamente generada.

Este dramático empeoramiento de la distribución funcional del ingreso entre los factores de la producción no cayó del cielo: es un resultado intrínseco de la estrategia neoliberal. En particular, la política salarial en vez de ser utilizada como una herramienta para distribuir equitativamente los costos de las crisis, elevar paulatinamente el nivel de vida de los trabajadores y mejorar la distribución del ingreso fue sistemáticamente utilizada como un instrumento antiinflacionario (fijación adelantada de incrementos salariales iguales a las tasas de inflación proyectadas, casi siempre superadas por la inflación realmente observada); como una palanca deliberadamente contraccionista de la demanda interna agregada; y como un factor espúreo de competitividad internacional (bajos costos laborales).

Como resultado, los ingresos de los trabajadores asalariados sufrieron una brutal reducción durante los 21 años de experimentación neoliberal. Los salarios mínimos fueron reducidos a menos de la tercera parte del poder adquisitivo que tenían en 1982 (al descender de 32.72 pesos en 1982, a 9.95 en 2003, a precios de 1994). Más aún, la política salarial retrógrada situó estas percepciones por debajo de las prevalentes en 1946 (cuando el salario mínimo fue de 13.32 pesos, a precios de 1994). No se trata sólo de dos décadas perdidas en el bienestar de los asalariados más desvalidos, sino de una regresión de más de medio siglo.

Los salarios manufactureros, que habían visto incrementar su poder adquisitivo de manera prácticamente ininterrumpida desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los 70, con un incremento de 188% en su poder adquisitivo entre 1946 y 1975, al pasar de 44.40 pesos a 127.85 (a precios de 1994) durante ese lapso y que no obstante la política de topes salariales durante el gobierno de JLP mantuvieron casi intacto su poder adquisitivo logrado paso a paso durante los 30 años previos sufrieron un brutal deterioro bajo el modelo neoliberal, cuando perdieron 31.5% de su poder de compra (al descender de 127.25 pesos en 1982, a 87.18 en 2003), lo que representó una regresión de casi cuatro décadas, al situarse en 2003 en niveles inferiores a los de 1966 (cuando las percepciones diarias de los trabajadores manufactureros fueron de 93.11 pesos, a precios de 1994).

Los salarios contractuales promedio de las ramas de jurisdicción federal perdieron, bajo el modelo neoliberal, 59% de su poder adquisitivo, al caer de 51.79 pesos en 1982 a 21.22 en 2003, siempre a precios de 1994; y lo mismo ocurrió con los salarios medios de cotización del IMSS, que perdieron 47.3% de su poder de compra al caer de 76.61 pesos en 1982 a 40.36 en 2003, al tiempo que los salarios reales del sector formal de la industria de la construcción, se redujeron de 69.41 pesos en 1982, a 35.28 en 2003.

De acuerdo con los dogmas neoclásicos, se esperaba que los bajos salarios conducirían a un mayor nivel de empleo. Sin embargo, los mercados de trabajo no se comportaron conforme a los supuestos ortodoxos. Durante el sexenio 1983-1988, de acuerdo con el Sistema de Cuentas Nacionales de México Base 1980, en el conjunto de la economía mexicana sólo se generaron 508 mil de empleos remunerados (a causa, obviamente, del nulo crecimiento económico: el PIB sólo creció 0.2% anual).

Pero durante ese lapso, cada año tocaron las puertas del mercado laboral poco menos de un millón de jóvenes demandantes de empleo, de manera que 5.3 millones de mexicanos disponibles no encontraron un puesto de trabajo remunerado. Durante el periodo 1989-2001, según la última publicación del Sistema de Cuentas Nacionales de México Base 1993, sólo se generaron 7.6 millones de empleos remunerados (incluyendo los empleos en las maquiladoras), pero cada año arribaron a la edad de trabajar poco más de 1.1 millones de jóvenes, de manera que otros 6.7 millones de trabajadores más carecieron de una ocupación remunerada. Como resultado agregado, en el lapso 19832001, quedaron sin ocupación remunerada en México 12 millones de demandantes de empleo. Durante el periodo 2002-2003, cada año arribaron a la edad de trabajar 1.2 millones de jóvenes, pero a causa del casi nulo crecimiento económico, prácticamente no se crearon puestos de trabajo remunerados.

En consecuencia, el abarrotamiento de los mercados de trabajo que presiona los salarios a la baja, por efecto de la relación oferta/demanda de empleos sumado a la mano negra de la política salarial regresiva, provocó la caída de la participación de los salarios en el Producto Interno Bruto, al tiempo que la reforma neoliberal de la política agrícola provocó el severo deterioro de los ingresos campesinos (los productores de maíz perdieron 52.8% del poder adquisitivo de su grano, los trigueros perdieron 54.1%, etcétera). No es casual que el neoliberalismo económico haya resultado ser una eficiente fábrica de pobres.

El contraste es característico: durante los años de operación del modelo económico de la Revolución mexicana, la pobreza que en la época porfiriana afectaba a cerca de 95% de la población se redujo en forma significativa.

De acuerdo con el más destacado especialista en la materia, Julio Boltvinik, la proporción de mexicanos pobres disminuyó de 77% en 1963 a 48.5% en 1981 (J. Boltvinik, La insatisfacción de las necesidades esenciales en México, en J. L. Calva (coord.), Distribución del ingreso y políticas sociales, México, Juan Pablos Editor, 1995), magnitudes groso modo coincidentes con las estimadas por el Programa Nacional de Solidaridad, según el cual la proporción de mexicanos bajo la línea de la pobreza, que en 1960 era de 76.9%, descendió hasta 45% en 1981 (Consejo Consultivo del Pronasol, El combate a la pobreza, México, El Nacional, 1990).

Pero los logros alcanzados durante dos décadas de reducción de la pobreza bajo el modelo económico precedente, fueron completamente revertidos por el modelo neoliberal. De acuerdo con Boltvinik y Damián, la población pobre de México brincó a 69.8% en 1994, a 75.8% en 1994 y a 76.9% en 2000 (J. Boltvinik y A. Damián, La pobreza ignorada. Evolución y características, Mimeo, México, 2002).

Durante el trienio 2001-2003, con la economía mexicana en recesión, es probable que el número de pobres se haya incrementado en más de 2 millones de mexicanos. (La Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2002, del INEGI, introdujo cambios metodológicos sustanciales respecto de las ENIGH previas, de manera que sus resultados no son directamente comparables, como indicó oportunamente Boltvinik y ha sido reconocido por la Cepal: Panorama Social de América Latina 2002-2003. Síntesis, LC/G. 2218, Nov. /03. Previamente, la propia Cepal estimó en 1.2 millones de mexicanos el número adicional de pobres en 2001 respecto del año previo, como producto de la recesión: Panorama Social de América Latina 2001-2002). En suma: durante los 21 años de experimentación neoliberal alrededor de 30 millones de mexicanos cayeron en la pobreza.

En el futuro, si tercamente se mantiene la estrategia económica neoliberal en México, no obstante su fracaso en términos de crecimiento económico (véase EL UNIVERSAL, 27/II/04) y sus enormes costos sociales, los resultados sólo pueden ser más de lo mismo: más años perdidos para el desarrollo, mayor desigualdad en la distribución del ingreso, más pobreza y más sufrimiento humano.

Es tiempo de repudiar la estrategia neoliberal y rescatar la dignidad nacional. El desarrollo humano sustentado en el crecimiento sostenido del ingreso nacional es el fin esencial de toda cartera política económica. Es inadmisible el sacrificio de las generaciones presentes en aras de un paraíso neoliberal que advendrá en un futuro remoto e indefinido, es decir, de una utopía neoliberal tan incierta como la utopía comunista.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

 

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