La Jornada, Ojarasca 83, marzo de
2004
Reunión
de Congreso Nacional Indígena Región Centro-Pacífico
A
contrapelo de la clase política
Ramón Vera Herrera, San Pablo Oztotepec,
Milpa Alta, DF. Desde que el Congreso
Nacional Indígena (CNI) decidió regionalizar esfuerzos impulsando desde abajo
la organización de las muchas comunidades que se reconocen en ese espacio y le
dan vida, se abrieron cauces para las historias antes borradas. Con vasta experiencia,
los pueblos comienzan a fortalecer espacios de reflexión y gobierno propios, la
defensa de su territorio, lengua y sistemas tradicionales, su visión integral
de la vida y la lucha. Detallan así, paso a paso, una autonomía de facto, a
contrapelo de la muerte que la clase política, las transnacionales y los
funcionarios les tienen destinada.
Asistir a una reunión del CNI, región Centro Pacífico, como
la celebrada en el museo cuartel zapatista en San
Pablo Oztotepec, los días 6 y 7 de marzo, es constatar
la finura de multitud de pensamientos y el grado de información que las
autoridades comunales y tradicionales de los pueblos acumularon en los últimos
años, por el simple hecho de darse razón propia. En estas reuniones periódicas,
los pueblos adquieren perspectiva histórica y un horizonte de cotejo mutuo que
hace doce años era impensable. No que antes fueran ignorantes, pero en el
aislamiento-encierro al que los sometiera la relación desigual que aún pesa, no
sabían que su sentir lo compartían millones. Se pensaban solos.
Hoy, a nivel local y regional, se teje un intercambio de
experiencias concreto, crudo, sin idealizaciones, la posibilidad de acciones
conjuntas. La memoria de los sabios, mujeres y hombres mayores, comienza a
pesar en el ímpetu y la lucidez de los jóvenes. Son juntos. La gente de antes,
mañana.
Los pueblos indios de México saben que ese puente es el que
podrá encender las velas de vida --el encuentro entre los varios cuidados del
mundo-- que tanto nombran los sabios wixaritari.
Algunos acuerdos
En las urgencias que identificaron los participantes, figura ejercer la
autonomía en los hechos. La reunión saludó las Juntas de Buen Gobierno zapatistas en Chiapas, Suljaa-Xochistlahuaca en Guerrero, Unión Hidalgo, en el Istmo
oaxaqueño, Tlalnepantla en Morelos, Zirahuén en Michoacán, Atlapulco
en Edomex, Coyutla en
Veracruz. Todos los municipios y comunidades en resistencia donde se
reivindique la asamblea como máxima instancia de gobierno propio a la que
obedecen unas autoridades agrarias y tradicionales fortalecidas. Se ratificó la
vigencia de los Acuerdos de San Andrés como "marco constitucional que
nuestros pueblos reconocen", rechazando, por ende, las reformas
legislativas estatales y nacionales en materia de derechos indígenas "en
tanto no se plasmen los Acuerdos de San Andrés en la Constitución".
Para fortalecer los intercambios de experiencias de todo
tipo entre los integrantes del CNI, se acordó convocar un próximo encuentro
nacional en defensa de la medicina indígena tradicional, un encuentro de los
pueblos originarios del Anáhuac y defender los saberes
tradicionales, las variedades de maíz nativas y los recursos naturales. Se
exigió enfáticamente el cese a la represión, de proporciones alarmantes, que
desata detenciones, amenazas, asesinatos, desapariciones.
Conciliación autónoma
En noviembre pasado, el CNI acordó reunirse, originalmente, en San Francisco
Tlalnepantla, en Xochimilco, Distrito Federal (no
confundirlo con Tlalnepantla, Morelos, muy discutida en la prensa nacional por
la represión brutal que sufrió a manos del seudo gobernador Estrada Cajigal).
Entre noviembre y marzo, San Francisco vivió la
confrontación de dos grupos, cada uno ligado a un representante de bienes
comunales que se reivindicaba legítimo. La impugnación y la descalificación
eran recíprocas. Creció el distanciamiento. Cuando el CNI llegó a sesionar a la
comunidad se topó con que cada grupo --reconociendo su pertenencia al CNI--
había preparado su propia reunión.
Ante semejante situación, los participantes nahuas y wixaritari de Jalisco, amuzgos de
Guerrero, purépechas de Michoacán, zapotecos del Istmo oaxaqueño, ñuhú
de Veracruz, ñañhúes del Estado de México y nahuas de
los pueblos del Anáhuac en el DF no podían sesionar en una u otra reunión sin
lesionar el tejido comunitario de San Francisco, y tomaron la decisión de
sentar a las partes a dialogar considerando la posibilidad de unir las
reuniones en una sola, en un espacio neutral. Era la primera vez que los grupos
se acercaban a parlamentar. Las pullas y querellas obstaculizaban un consenso
que no desgarre la comunidad aún más.
Lo que siguió es una muestra de que --pese a la división
acicateada por los funcionarios gubernamentales, las inmobiliarias y los
coyotes agrarios--, las comunidades pueden hallar vías autónomas para resolver
sus conflictos internos.
Ante la falta de un espacio neutral consensado
por las partes en conflicto, y por no lastimar el tejido comunitario, los
representantes regionales del CNI decidieron mover la reunión del CNI a San
Pablo Oztotepec, donde la representación comunal
ofreció el museo cuartel zapatista para el evento. Se
propuso que en el marco de la reunión, se abriera una mesa de diálogo entre los
confrontados grupos de San Francisco, con el ánimo de hallar por lo menos dos
acciones comunes que amainaran el encono y abrieran salidas al conflicto. La
comunidad aceptó. El CNI designó a siete personas para facilitar el diálogo e
impedir que los reclamos mutuos desfondaran el esfuerzo conciliatorio. Cada
grupo confrontado nombró una comisión de diez participantes.
Los facilitadores enfatizaron a
ambas partes que el CNI no fungiría de árbitro ni otorgaría a ninguna la razón,
algo contrario al espíritu de ese espacio de confluencia. Era importante que la
comunidad resolviera su conflicto por sí misma. Que cualquier avance hacia una
solución autónoma fortalecería no sólo la comunidad sino la misma existencia
del CNI. Entonces, propusieron a las partes un ejercicio donde no existían
grupos con versiones propias sino un solo pueblo al que invitaban a
reflexionar, entre todos, sobre la historia de San Francisco. Eso propició que
en vez de dos versiones enconadas privaran las muchas versiones de la memoria
colectiva, que tejidas rearman lo que de común y digno comparten todos los sanfrancisqueros.
Fue casi mágico. Entre todos surgió la historia de las
luchas en defensa de su territorio, participando con Zapata en la revolución,
contra los despojos del club Monte Sur, contra la venta ilegal de terrenos, por
la defensa del bosque y el agua, la pugna con San Salvador Cuauhtenco,
Topilejo y San Mateo Xalpa
por miles de hectáreas que San Francisco reivindica con sus títulos
primordiales. Sin darse cuenta, afloraron propuestas que todos aceptaban. No a
los partidos políticos, frenar la injerencia de extraños, buscar una asamblea
general como máxima autoridad en San Francisco, informes transparentes de los
representantes en lo económico y lo jurídico de sus gestiones, dar valor a la
diversidad existente en la comunidad, reivindicar la memoria histórica y de
identidad, controlar el asentamiento para que asuma la naturalidad del
crecimiento interno de sus familias primeras.
Que estas propuestas surgieran sin importar qué grupo las
pronunciara, distendió el ambiente en las siete horas de diálogo y se lograron
compromisos fuertes. El más espectacular es que los representantes en pugna se
comprometieron a renunciar, previo informe a la comunidad, dejando en libertad
a la asamblea de elegir un nuevo órgano de representación (la propuesta es que
sea colectivo) donde el cargo de bienes comunales sea uno más en ese colectivo
de autoridades al servicio de la asamblea. Se propuso que al elegir a los
candidatos, los grupos se abstengan de buscar alguien del propio grupo y
propongan en cambio a alguien del grupo contrario, enfatizando así el
compromiso de reconocerse mutuamente, algo que en la Sierra Norte de Veracruz
funciona muy bien al desactivar conflictos.
Los veinte delegados de San Francisco se constituyeron en comisión transitoria
que promoverá un gobierno colectivo de unidad, la asamblea como mecanismo de
decisión permanente, y un ambiente de paz.
En San Pablo Oztotepec, antiguo
cuartel zapatista, una comunidad, irreconciliable
siete horas antes, se abrió una vereda para distender su conflicto interno y
pasó a construir un espacio de auto gobierno --con los problemas y esfuerzos
que implica-- sin haber recurrido a los tantos funcionarios oficiales que nunca
pudieron o quisieron resolver los conflictos de la comunidad.
Sin pecar de optimistas, y sabiendo que la inercia de un
conflicto no se detiene en siete horas de diálogo, parecería que los candados
asumidos por ambas partes, las propuestas consensadas,
abren un camino comunitario, real y legítimo, de reflexión y unidad en San
Francisco. Tal vez sea factible impulsar este tipo de mecanismos de
conciliación autónoma en otros espacios, desde abajo y sin permiso. El CNI sale
fortalecido por la generosidad comunitaria de San Francisco Tlalnepantla y
seguirá, a través de representantes de otros pueblos aledaños, como acompañante
y testigo de su posible conciliación.
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La lucha
pasa por atender lo sagrado Uno de esos sabios antiguos, marakame cantador, Pedro de Haro, autoridad moral entre
los wixaritari --que desde su casa en Ocota de la
Sierra, Jalisco, sigue en su radio de onda corta la guerra de Irak o
Palestina, los prospectos electorales y la represión en Estados Unidos, las
novedades culturales en Europa--, vino a la reunión de la Región
Centro-Pacífico a comentar la condición del mundo actual y a hacer ver que,
para que México salga bien librado y se pueda defender el maíz, los pueblos
indios del país deben emprender una serie de ofrendas, la más importante en Teotihuacán, en el mes de mayo. Y puntualiza: El mundo está
muy descontrolado. Viene un desequilibrio que se sufrirá si no se paga a la
Tierra lo que se le debe. Vendrán avisos para la conciencia, pero la gente no
quiere entender: tal vez un temblor o las tantas lluvias que arrasan
siembras, labores, casas. Al gobierno le convienen esas
catástrofes porque de ahí mete sus programas. Para el gobierno la catástrofe
es negocio y aprovecha para meter sus papillas, las semillas transgénicas,
pura basura. A eso se debe que haya más desobediencia de la gente. Nomás van
a lograr que esa desobediencia se venga más fuerte. El gobierno que hay ahora no es gobierno
--va contra la corriente-- y se va en la tentación del dinero, o a la pura
venganza. Pero no se dan cuenta que todo el dinero es prestado. El día en que
la Tierra les levante la canasta ya no van a hallar cómo hacerle. Los que ahora se sienten poderosos
comenzaron por la droga que llegó al mundo hace unos años e hizo aparecer de
repente mucho dinero, pero todo ese dinero se debe. ¿Cómo se sostiene la
ciudad, así tan grande como es?, pues gastando. No produce nada qué comer. En
el campo la gente come lo que cultiva. A ver, cómo se van a mantener en la
ciudad cuando no haya quién produzca qué comer. Estados Unidos está con la misión de
acabar con todo para tenerlo todo. Son los amos de la destrucción, del gasto,
del consumo, pues. Por eso siempre están peleando por lo ajeno. El verdadero
terrorista ahorita es Estados Unidos. En México los políticos andan en un
zarzal y no saben cómo hacerle. La nación no tiene directriz. Dicen que
quieren defender a los pueblos pero qué van a defender --si están queriendo
venderlo todo. Realmente se le hizo un mal a las leyes con la reforma al
artículo 27 constitucional. Hace cincuenta años, Pedro de Haro luchó
por la resolución presidencial de Bienes Comunales de San Sebastián Teponahuaxtlán, junto a varios otros sebastianeros
que todavía recuerdan. Fueron y vinieron en los trámites. Denunciaron las
anomalías de la venta de terrenos que los militares de entonces quisieron
imponer cuando el presidente Ruiz Cortínez decretó
la ley de terrenos nacionales. Emprendieron campaña contra los rancheros de
Puente de Camotlán que desde 1927 habían llegado a
la región en la desbandada cristera a rentar e invadir tierras huicholas. San Sebastián logró la resolución presidencial
y don Pedro fungió como primer comisariado de
bienes comunales. Pero los rancheros cobraron venganza y con mañas lo
metieron a la cárcel. Pasó casi dos años recluido, pero es la
hora en que no le pesa porque con el movimiento de entonces los wixaritari reinauguraron una defensa de su territorio que
continúa hoy y data por lo menos de mediados del siglo xix,
cuando junto con coras y tepehuanos
formaron ejército con Manuel Lozada en una rebelión
(paralela a la guerra de castas en Yucatán) que estuvo a punto de tomar
Guadalajara, en defensa de la tierra y contra la desamortización que diezmó
territorios indígenas en todo el país. Hoy, como mandan las asambleas huicholas, Pedro de Haro sigue en resistencia. Pero en su
lucha social propone también atender a lo sagrado. Para él, los pueblos
tienen que revivir sus orígenes. Esa es la principal ofrenda que dice la
Tierra le está pidiendo en pago de lo que se le debe. Todos los pueblos deben
hacer ofrendas simbolizando sus orígenes, tomar de ese rito aunque sea una
fotografía y juntarlas todas para ofrendarlas. Para él, como para otros
sabios wixaritari, es claro que los ritos no
bastan. Simbolizan un compromiso de cuidar el mundo, la vida. En la reunión del CNI en San Pablo,
Pedro de Haro fue escuchado, como otros viejos campesinos presentes, porque
su palabra pesa y mueve. Uno de los acuerdos fue realizar las ofrendas que él
sueña urgentes. |