Tomado de: Perfil, La Jornada, 26 de septiembre de
2003
Los
caracoles zapatistas
Redes de resistencia y autonomía
(Ensayo
de interpretación)
Pablo
González Casanova
UNA NUEVA FORMADE PENSAR Y HACER
De las ricas aportaciones que el movimiento zapatista ha hecho a la
construcción de una alternativa, el reciente proyecto de los caracoles
desembrolla muchos falsos debates de políticos e intelectuales. El proyecto de
los caracoles "abre nuevas posibilidades de resistencia y de
autonomía de los pueblos indígenas de México y del mundo, una resistencia que
incluye a todos los sectores sociales que luchan por la democracia, la libertad
y la justicia para todos", según palabras del comandante Javier.
En España, alguien comenta: "El zapatismo se ha vuelto una herramienta
que puede ser usada por todas las rebeldías que navegan el mar de la
globalización. Nos invita a materializar la construcción comunitaria y autónoma
con la paciencia y la tranquilidad del caracol."
La idea de crear organizaciones que sean herramientas de objetivos y valores
a alcanzar, y hagan que la autonomía y el "mandar obedeciendo" no se
queden en el mundo de los conceptos abstractos ni de las palabras incoherentes,
es una de las aportaciones más importantes de los caracoles. Sus
creadores están conscientes de las limitaciones y posibilidades que el proyecto
tiene.
El subcomandante Marcos reconoce con una mezcla de modestia y de
entusiasmo que los caracoles constituyen "una pequeña parte de ese
mundo a que aspiramos, hecho de muchos mundos. Serán -afirma- como puertas para
entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas
para vernos dentro y para que veamos fuera; como bocinas para sacar lejos
nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está. Pero sobre todo para
recordarnos que debemos velar y estar pendientes de la cabalidad de los mundos
que pueblan el mundo". Con sus palabras están los hechos.
Cuando el gobierno incumplió los acuerdos de San Andrés y se negó a
reconocer los derechos de los pueblos indios, faltando así a sus compromisos,
los zapatistas no llamaron a las armas. Se pusieron a construir la autonomía en
los "territorios rebeldes", según comunicado del l9 de julio de 2003.
Las comunidades zapatistas decidieron construir "municipios
autónomos" (un objetivo, por cierto, que habían "enarbolado"
desde principios de la insurgencia). Las comunidades nombraron a sus
autoridades locales y a sus delegados para que cumplieran sus mandatos en los
distintos niveles a sabiendas de que si no los cumplían serían revocados. Al
mismo tiempo siguieron impulsando medidas prácticas del "mandar
obedeciendo". También fortalecieron los vínculos de solidaridad especial
entre las comunidades locales de distintas etnias. Además, articularon unidades
mayores que comprendían varios municipios y que fueron conocidas como los Aguascalientes, hoy sustituidos por los caracoles.
El cambio tiene varios significados, pero entre los más importantes parece
encontrarse la transformación de zonas de solidaridad entre localidades y
comunidades afines en redes de gobiernos municipales autónomos, que a su vez se
articulan en redes de gobierno que abarcan zonas y regiones más amplias. Todas
las comunidades construyen las organizaciones de redes mínimas de gobierno, así
como las redes de alianzas mayores. En todos los casos practican el
conocimiento y manejo de la política interna y externa, de barrio y de poblado,
de conjunto de poblados que se integran en un municipio, de poblados y
autoridades que articulan varios municipios...
La dimensión y profundidad que alcanza el nuevo proyecto zapatista
corresponde a la capacidad que ha mostrado este movimiento para redefinir su
proyecto rebelde en los hechos y también en los conceptos, manteniendo al mismo
tiempo sus objetivos fundamentales de un mundo con democracia, libertad y
justicia para todos.
Es más, en sus reflexiones y elaboraciones, el Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN) continúa usando ese estilo tan original de pensar y
hacer que combina la narrativa del viejo Antonio -quien desde el ahora
recuerda el pasado para construir el futuro- con las utopías y firmezas
dialécticas de Durito, el escarabajo que es un caballero andante moderno
y posmoderno, antisistémico.
En realidad, gran parte de lo que se propone el planteamiento de los caracoles
ya había sido expresado desde los inicios del movimiento zapatista como la
lucha por "los municipios autónomos en rebeldía". Pero ese y otros
conceptos fundamentales fueron objeto de olvidos e incomprensiones entre
compañeros, hermanos, simpatizantes, adversarios y enemigos.
El nuevo planteamiento de los caracoles no sólo redefine con claridad
conceptos que se prestaron a las más distintas interpretaciones, debates y
hasta oposiciones. Articula y propone un proyecto alternativo de organización
(a la vez intelectual y social) que, arrancando de lo local y lo particular,
pasa por lo nacional y llega a lo universal. En la salida y en la llegada deja
a sus integrantes toda la responsabilidad de cómo hacer el recorrido: si de lo
grande a lo chico o de lo chico a lo grande, o de las dos maneras, dividiéndose
el trabajo con una ruta para unos y otra u otras para los demás.
La concreción del proyecto se da al convertir las luchas por las autonomías
y la creación de autonomías en redes de pueblos autónomos. Se trata de un
programa de acción, de conocimiento, de perseverancia y dignidad para construir
un mundo alternativo, organizado con respeto a las autonomías y a las redes de
autonomías. Su propósito es crear con las comunidades, por las comunidades y
para las comunidades, organizaciones de resistencia que desde ahora formen
mallas a la vez articuladas, coordinadas y autogobernadas que les permitan
mejorar su capacidad de contribuir a que otro mundo sea posible.
Al mismo tiempo, el proyecto postula que desde ahora, en lo que se pueda,
las comunidades y los pueblos tienen que ejercitarse en la alternativa que
quieren para adquirir experiencia. No esperar a tener más poder para redefinir
el nuevo estilo de ejercerlo.
El proyecto de poder, por lo demás, no se construye bajo la lógica del
"poder del Estado" que aprisionaba a las posiciones revolucionarias o
reformistas anteriores, dejando ayuno de autonomía al protagonista principal,
fuera éste la clase obrera, la nación o la ciudadanía. Tampoco se construye con
la lógica de crear una sociedad ácrata, esa lógica que prevalecía en las
posiciones anarquistas y libertarias (y que subsiste en expresiones poco
felices, como la del "antipoder", que ni
sus autores saben qué quiere decir), pero que se renueva con los conceptos de
autogobierno de la sociedad civil "empoderada"
con una democracia participativa, que sabe hacerse representar y sabe controlar
a sus representantes en lo que sea necesario para el respeto de los
"acuerdos".
El de los caracoles es un proyecto de pueblos-gobierno que se
articulan entre sí y que buscan imponer caminos de paz, en todo lo que se
pueda, sin desarmar moral o materialmente a los pueblos-gobierno, menos en
momentos y regiones donde los órganos represivos del Estado y las oligarquías
locales, con sus variados sistemas de cooptación y de represión, están
siguiendo las pautas cada vez más agresivas, crueles y necias del
neoliberalismo de guerra, que incluyen el hambre, la insalubridad y la
"ignorancia obligada" de la inmensa mayoría de los pueblos, ya sea
para debilitarlos e incluso para diezmarlos o acabarlos si es necesario cuando
fallen los sistemas de intimidación, cooptación y corrupción de líderes y
masas.
El nuevo planteamiento de los caracoles combina e integra en la
práctica ambas lógicas, la de la construcción del poder por redes de pueblos
autónomos y la de integración de órganos de poder como autogobiernos de los que
luchan por una alternativa dentro del sistema. El planteamiento hace suyos
elementos antisistémicos en que la creación de
municipios autónomos rebeldes empieza por fortalecer la capacidad de
resistencia de los pueblos y su capacidad de creación de un sistema
alternativo. Ambas políticas -la de la construcción y la de integración del
poder- son indispensables para una política de resistencia y de creación de
comunidades y redes de comunidades que hagan del fortalecimiento de la
democracia, de la dignidad y de la autonomía la base de cualquier proyecto de
lucha.
Los caracoles corresponden a un nuevo estilo de ejercer el poder de
comunidades entramadas en la resistencia y para la resistencia, en que sus
comandantes se someten a las comunidades para construir y aplicar las líneas de
lucha y organización, sin que por eso dejen de decir "su palabra" ni
unos ni otras, pero siempre con respeto a la autonomía y dignidad de personas y
pueblos, que ven en cualquier actitud paternalista y en cualquier
"generosidad humanitaria" no sólo algo parecido a las "acciones
cívicas" de los enemigos sino a las acciones equivocadas de los amigos,
hermanos y compañeros que no han comprendido bien la importancia que tiene la
solidaridad comprometida y respetuosa.
Más que una ideología del poder de los pueblos-gobiernos, los caracoles
construyen y expresan una cultura del poder que surge de quinientos años de
resistencia de los pueblos indios de América, y que se inserta en la cultura
universal para la construcción de un mundo tan variado como el que implica
cualquier alternativa multinacional, multicultural, con civilizaciones
distintas y también con características y valores comunes de los constructores
de la misma.
Los cambios que llevan a la concreción y a la precisión del pronunciamiento
zapatista sobre los caracoles corresponden a un método muy novedoso, que
debemos hacer explícito para nosotros mismos sin temor a equivocarnos y a que
nos corrijan quienes le encontraron o dan otro sentido. También debemos hacer
de ese método de pensar, hoy identificado con el zapatismo, una especie de
sentido común en el que aparezcan nuestras distintas formas de pensar, de
expresar, de actuar, a sabiendas de que el necesario diálogo aclara afinidades
y diferencias, y permite lenguajes comunes y consensos cada vez más amplios,
capaces de un accionar multicultural por un mundo alternativo.
Claros de que "el método de pensar" no es todo y que a él se
añaden las "verdades del corazón", fundamentales en la cultura maya,
necesitamos irlo precisando para nosotros y los demás en diálogos e intertextos que recojan su uso desde que los zapatistas
planearon un nuevo proyecto universal en sus comunicados insurreccionales
y en los que emitieron a lo largo de los diálogos de San Andrés y de la lucha
por los derechos de los pueblos indios, hasta ahora en que asumen esos derechos
que formalmente les fueron negados. Los zapatistas construyen en una nueva
etapa de su historia una alternativa pacífica de transición a un mundo viable,
menos autoritario, menos opresivo, menos injusto, que tenga la capacidad
práctica de seguir luchando para la paz con democracia, justicia y libertad.
El método, o manera más o menos constante de hacer y pensar, parece tener
siete características principales: La PRIMERA consiste en usar las
combinaciones más que las disyuntivas. En lugar de decir y hacer "esto o
esto" se dice y hace "esto y esto". El conjunto es mucho más que
la suma de las partes: es la articulación de las partes. El problema entre
hermanos es doble: ni restar ni desarticular. La fuerza de resistir aumenta
cuando los pueblos indios no sólo se articulan entre sí, sino con los pueblos
no indios que luchan por los mismos objetivos, siempre con respeto a las
diferencias personales o religiosas o culturales o tácticas. La SEGUNDA
característica consiste en generalizar los conceptos al tiempo que se
generalizan las redes de comunidades. Cuando se generaliza el pensar, tomando
en cuenta a los actores sociales pensantes que se integran a las redes de la
resistencia y las alternativas, se pueden precisar con más facilidad los problemas
de la unidad en la diversidad y la posibilidad concreta de que varios actores
den las mismas luchas de la misma manera o de distinta manera: así, por
ejemplo, si la generalización se hace en relación a la unión de distintos
pueblos mayenses y de allí se pasa a generalizar
incluyendo a pueblos de indios nahoas, mixtecos, tarascos..., las generalizaciones se enriquecen
con las experiencias particulares de la resistencia y las autonomías que los
otros pueblos viven y expresan. La fuerza de la generalización actual es
todavía mayor cuando se incluye como actores a los campesinos, a los
trabajadores, a los estudiantes que piensan y actúan en función de los mismos
objetivos éticos, culturales y sociales de la resistencia y del mundo
alternativo, pero que pueden tener varias estrategias y tácticas para
alcanzarlos, algunas sólo válidas en la situación puntual de que parten y otras
que pueden adaptarse para combinar experiencias que fortalecen y amplían a las
redes. En TERCER lugar, el método permite la elaboración de conceptos cada vez
más profundos, como cuando se percibe quién está por aumentar la resistencia y
quién está por debilitarla, por corromperla o destruirla, ya sea de una manera
deliberada o no. El concepto y la fuerza de las redes se profundiza (y ésta es
una CUARTA característica) cuando tanto en la acción como en la reflexión se
pasa de la lucha contra el cacique a la lucha contra el gobernador que apoya al
cacique y de allí se sube a toda una "especie" o "clase" de
"ricos y poderosos" que apoyan no sólo al cacique contra el que se
está luchando, sino aun a otros caciques, políticos y empresarios que apoyan a
una compañía trasnacional de las que dominan o buscan dominar grandes
territorios con proyectos como el Plan Puebla-Panamá. De pronto se aclara uno
mismo, como persona o colectividad, que la lucha contra el cacique no es lucha
nada más de un pueblo sino de varios, y que todos los "hombres del poder y
del dinero" no sólo apoyan al cacique o a los caciques cuando se sienten
amenazados, sino hasta desatan una guerra encubierta o abierta con fuerzas
convencionales y no convencionales, militares y paramilitares, destinada a
defender sus intereses y valores o a conquistar nuevas riquezas, territorios y
poblaciones a cuyos habitantes ven como futuros "desplazados",
"enterrados" o "asalariados informales". QUINTA: Para
resistir el embate de "la especie" o "clase" de los ricos y
poderosos, que se repite una y otra vez desde hace quinientos años, se siente
en el corazón (con el significado mayense) y en la
conciencia (con la redefinición crítica de la teoría de la praxis) que es
necesario ir ampliando las articulaciones de las fuerzas hermanas que actual o
potencialmente luchan por los mismos objetivos en los altos o las selvas de
Chiapas, o donde quiera que sea de México y el mundo.
Una SEXTA característica se presenta como sigue: El subir de lo abstracto o
formal a lo concreto o actual, corresponde a la expresión "ir más allá
de..." que a menudo alude a etapas superadas. Pero aquí la expresión de
"ir más allá" recoge la necesidad simultánea de superar aquello que
manifestó debilidad en el pasado y de mantener al mismo tiempo lo que en el
pasado dio fortaleza a la resistencia y a la construcción de una alternativa,
eso sí, con las debidas adaptaciones y redefiniciones que la experiencia exige
y que los cambios aconsejan, propias de la narrativa del viejo Antonio.
Una SEPTIMA y última característica, en esta lista incompleta, está
relacionada con las utopías que se expresan y se realizan entre
contradicciones. Corresponde a la necesidad de superar "las ideas de los
caballeros andantes" que buscaban "desfacer entuertos" para
construir ("haciendo camino al andar", como dijo el poeta) relaciones
personales, relaciones sociales, culturales, sistemas sociales que faciliten,
entre tropezones, practicar y concretar determinados objetivos como "la
democracia, la justicia, la libertad". Esa es la característica de los
sueños y de las impertinencias de Durito, de esos sueños e
impertinencias bien y mal hablados, idealistas y picarescos que se nutren en la
imaginación del mundo entero, maya o no maya, occidental o no occidental,
clásico o moderno, o posmoderno.
Aquí parece necesario aclarar que en todos los casos se juntan los métodos
del viejo Antonio y de Durito. Ambos plantean la dignidad de
personas y colectividades como un elemento de fuerza inquebrantable, no
negociable, esto es, como el arma más feroz contra la dictadura del mercado y
la colonización mercantil de la vida. Para ser efectiva, la dignidad se
articula a la autonomía de la persona y de las colectividades. No sólo se
vuelve incluyente, recogiendo la mejor tradición de los liberales de respeto a
todas las creencias, religiones, razas, nacionalidades, civilizaciones, sino
que anima a todos aquellos que sean indios y no indios, mexicanos y no
mexicanos, y que quieran construir otro mundo posible, a que se organicen en
redes de autonomías allí donde vivan, incluyendo a sus vecinos cercanos y
lejanos, conversando con ellos, intercambiando sueños fracasados y realizados,
y yendo mucho más allá de la solidaridad, de por sí valiosa, pero insuficiente,
hacia la construcción y organización de redes de pueblos autónomos y de otras
fuerzas en lucha por un mundo donde tienda a prevaler la democracia, la
justicia y la libertad.
El proyecto de los caracoles es la síntesis de muchos planteamientos
anteriores de los zapatistas, aquéllos que el mundo empezó a conocer hace diez
años y que ahora se articulan con los que descubrieron en el camino de rescatar
el mundo para la humanidad de indios y no indios. Si luchan por la democracia,
la libertad y la justicia empiezan por practicarlas y fortalecerlas en su
propia tierra.
El nuevo proyecto zapatista se junta a todas las fuerzas que luchan contra
el neoliberalismo, contra la guerra económica y militar que hace estragos en
los países sujetos a los sistemas de endeudamiento y saqueo que imponen el
Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de
Comercio, las grandes potencias encabezadas por el gobierno de Estados Unidos,
y sus aliados y subordinados locales, como el actual gobierno de México, y
todos los partidos que en el Senado y la Cámara de Diputados de México les
negaron y quitaron a los pueblos indígenas los derechos que se habían
comprometido a reconocerles.
La miopía o ceguera de las fuerzas dominantes es tal, y su soberbia o
capacidad de engañarse tan obcecada, que no alcanzan a ver la inmensa
posibilidad que se abre con la marcha de los caracoles, para imponer un
cambio histórico pacífico mediante la negociación sin cooptación ni
mediatización de líderes y fuerzas que luchan por sobrevivir y por un mundo
alternativo. Los zapatistas ofrecen, otra vez, un novedoso camino de paz a
México, con las puertas y ventanas abiertas a la humanidad.
UNA NUEVA ESTRUCTURACION DEL PODER
La fundación de los caracoles en los antiguos Aguascalientes
realiza varias contribuciones a la restructuración
del poder en forma pacífica y dentro de los marcos de la Constitución. Al mismo
tiempo que mantiene su convicción rebelde genera una nueva lógica legislativa
que viene de la sociedad civil y cuyo carácter innovador muy probablemente se
extienda como la "espiral de trazo firme", que en la corteza de un
árbol grabó el viejo Antonio.
De la explicación concisa del comandante Brus Li (09.08.03) y de otros textos que sintetizan lo que
los caracoles son, se derivan algunas prioridades en la acción política
para la restructuración del poder y para la creación
de caminos a un mundo alternativo. Esas prioridades van a difundirse
seguramente entre muchos movimientos alternativos sistémicos y antisistémicos, en un diálogo universal, actual y no sólo
virtual, a distancia y presencial, que ya se realiza a través de los
"sitios" y periódicos electrónicos y de encuentros y manifestaciones
que van desde la propia Lacandona y el "Otro Davos"
hasta Seattle y Cancún.
Precisar lo que las prioridades de los caracoles significan para
concretar o actualizar en distintas partes del país y el mundo la restructuración del poder desde abajo y por los de abajo,
plantea dificultades y posibilidades de traducción de una lengua a otra, de un
lenguaje metafórico a otro más o menos directo y de una realidad
histórico-social y cultural propia a una distinta. También plantea el hallazgo
de las simpatías y diferencias concretas que en realidades diversas descubren
los actores colectivos, rurales y urbanos, asiáticos, africanos o americanos
del norte y el sur, europeos y australianos. Las generalizaciones se aparecen
en vivo, las explicaciones universales también, y eso permite precisar más las
diferencias que se respetan y conservan y las que se llevan al necesario
diálogo del universo de actores. Las buenas traducciones conceptuales,
racionales y emocionales facilitan el conocimiento de lo que los zapatistas se
proponen con la fundación y organización de los caracoles, esa rara
metáfora que tiene algo de la cultura mesoamericana y algo del pensamiento
crítico más profundo y actualizado. "Los muchos" tendrán que hacer
análisis, que renovar (o concretar) conceptos comunes aplicables y variaciones
universales. Tendrán que priorizar, como géneros, el diálogo y el debate, la
argumentación exacta que acerca a los objetivos más queridos hasta cuando tiene
uno que retroceder y que, deseosa de hacerse entender, precede ese deseo por el
de entender uno, mediante la observación, la reflexión y la expresión aclarada,
las "palabras fundamentales" que logran consensos y efectos en la
resistencia y la autonomía articuladas.
De las palabras del subcomandante Marcos sobre la organización de los
caracoles se desprende que éstos corresponden al conocimiento de lo
interior y de lo exterior, de la visión de quien no sólo se mira, sino mira a
los demás; del que se anima y anima a otros, por lejos que estén y por dormidos
que se hallen en sus escapes y sus sueños, a participar con acciones cada vez
más eficaces para lograr los objetivos propuestos. Los caracoles se
organizan para no perderse en las partes, para ver el conjunto y para actuar en
el conjunto articulado de los pueblos de su propia "tierra" y del
mundo.
Saber oír y hablar para pensar y actuar corresponde a un conjunto de
acciones organizadas cuyo punto de partida aparece en la evocación de los
dioses mesoamericanos que dejaron encargado a uno de sostener el cielo. Para
cumplir su cometido, "el sostenedor del cielo" se puso "en el
pecho colgado un caracol y con él escucha los ruidos y silencios del mundo para
ver si todo está cabal, y con el caracol llama a los otros sostenedores para
que no se duerman o para que despierten" (O4.O8.03).
A esa evocación mesoamericana se añade otra que vincula a los
"enseñadores antiguos" de los mayas con el corazón de Pascal, y con
una nueva filosofía de los "chavos", a la
vez emotiva y tecnológica, que aparece en la llamada "Era de la
Comunicación" y que plantea el saber como poder alternativo.
A decir de los "enseñadores", "mientras la palabra camine el
mundo (sic) es posible que el mal se aquiete y esté el mundo cabal..."
"Así dicen" -comenta el subcomandante-, y añade: "Por eso
la palabra que no duerme, del que está pendiente del mal y sus maldades, no
camina directo de uno a otro lado, sino que anda hacia sí misma, siguiendo las
líneas del corazón, y hacia fuera, siguiendo las líneas de la razón..."
(Un comentario: Durito le hizo ver al sub que mejor
"pusiera": "que anda hacia sí misma y hacia fuera siguiendo las
líneas del corazón y de la razón..." ¡Sin la disyuntiva que en el pasado
privó a la autocrítica del corazón... y hasta de la razón...! Aún no se sabe
por qué el subcomandante mantuvo esa redacción...)
Una lectura correcta de los principios del pensar-hacer de las nuevas
organizaciones zapatistas no sólo obliga a incluir la amplia gama que va del
conocimiento de sí mismo hasta los procesos históricos que entre vueltas logran
alcanzar puntos cada vez más altos. Una lectura cuidadosa de los textos
metafóricos, narrativos, reflexivos, increpatorios,
convincentes del EZLN, sólo logra una mayor comprensión si cada una de sus
expresiones y figuras se liga a la enorme capacidad de resistencia que han
mostrado los zapatistas en todos estos años de asedio y dolor, de pobreza y
engaños, sin que les hayan destruido ni la esperanza, ni la decisión de seguir
luchando, ni la inmensa capacidad de buscar nuevas formas de construir otro
mundo que sea posible en las palabras y en los hechos.
Con ese mismo espíritu cabe esbozar algunas prioridades de los caracoles
y relativizar lo que se dice a veces de ellos,
aclarando lo obvio, que ésta es sólo una lectura de las mismas y que puede
haber otras, incluso de sus propios autores:
1. Dentro del marco legal y nacional crear la autonomía ejercitada, y no
depender de que el Estado la reconozca para organizarla, lo que significa darse
a uno mismo la tarea y el ejercicio de construir y practicar la autonomía y el
autogobierno. El autogobierno se responsabiliza de llevar a la práctica los
principios de democracia, justicia y libertad, y de hacerlos explícitos con la
comunidad o las comunidades que constituyan el autogobierno y de las personas
que lo integren, cuya autonomía de pensamiento y crítica deberá también
respetarse.
2. Combinar la democracia participativa con la democracia electoral siempre
que se dé a la democracia su sentido actual de gobierno del pueblo, para el pueblo
y con el pueblo, y a ese sentido se añadan los agregados esenciales de la
lúcida propuesta de que los autogobiernos sean pluriétnicos
y respetuosos de las distintas creencias y filosofías así como del espíritu
laico en la educación, la investigación y la difusión de la cultura.
3. Pasar de "los espacios de encuentro" crítico y contestatario,
generador de esperanzas y planes de acción, a las juntas de buen gobierno que
escuchan, hacen, deciden y mandan, obedeciendo a las comunidades y sus organizaciones
territoriales.
4. Asumir el papel y "la lógica del legislador de la alternativa" para hacer efectivos los derechos de los pueblos indios en la organización de su autonomía. El buen gobierno de los caracoles debe ser el primero en reconocer y ejercer los derechos para no actuar con arbitrariedad como lo hace el mal gobierno. En caso de que algunas reglas resulten en la práctica inconvenientes, el buen gobierno las modificará previa consulta a las comunidades. En caso de que el buen gobierno se vuelva mal gobierno, será destituido por las comunidades. (Costumbre por lo demás muy experimentada en las culturas mesoamericanas y que hoy se enriquece con las experiencias de otras culturas y organizaciones políticas que se propusieron el autogobierno y no lo lograron por errores o populismos y caudillismos no superados, no controlados, y cuyos efectos autodestructivos no estaban en la conciencia concreta de quienes querían construir verdaderos autogobiernos.)