LA BATALLA DE CANCÙN: BALANCE DE UNA
VICTORIA
Hèctor de la Cueva*
Son pocas las veces en que el movimiento social puede cantar victoria. Cancún
es ya una de ellas. Junto con Seattle, la batalla de Cancún forma ya parte de
los hitos del movimiento global de resistencia. El "colapso" (según
las propias palabras oficiales) de la V Cumbre Ministerial de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), con un desenlace que ni en los cálculos más
optimistas imaginábamos, y el saldo positivo de la gran diversidad de acciones
desplegadas en Cancún adentro y afuera de la Cumbre, incluyendo el sacrificio
del compañero Lee que la dejaría marcada tempranamente y para siempre,
representaron un triunfo en toda la línea para quienes convocamos a la
movilización para descarrilar el tren de la OMC --porque ciertamente éste se
descarriló estrepitosamente en Cancún. Claro, como se dice comúnmente, para no
caer en triunfalismos, se ganó una batalla, no la guerra, pero el hecho queda
ahí para celebración y estímulo del movimiento global. Intentarán encarrilar de
nuevo a la OMC, no hay duda, y los dueños del poder y el dinero del mundo lo
siguen teniendo, pero el panorama se les ha complicado, tendrán que partir de
este fracaso.
Ciertamente, el desenlace no es sólo mérito del movimiento
social. Éste, no sólo en Cancún sino antes y en su dimensión global, jugó un
papel fundamental --sin la presión social los gobiernos podrían haber tenido
más comodidad para arreglar sus diferencias. Pero, en realidad, detrás del
naufragio de la OMC en Cancún se encuentra la combinación de un conjunto de
factores, entre ellos las contradicciones entre las grandes potencias y, sobre
todo, el surgimiento de un bloque de países del Sur que por primera vez en mucho
tiempo no se alinearon ciegamente a la agenda y los designios de las grandes
potencias.
La unilateralidad se empantana en Cancún
En efecto, un elemento determinante para el fracaso de la OMC en Cancún fue la
aparición de un bloque de países "pobres" de África, Asia y el
Caribe, y del llamado grupo de los 20 (que terminó en 23) encabezado por Brasil
que, muy limitadamente y sin cuestionar el fondo de las reglas del "libre
comercio", se resistieron sin embargo a aceptar que se pasase de lado el
tema de los subsidios agrícolas y se avanzase en abrir una ronda de
negociaciones sobre los temas de servicios y propiedad intelectual, así como
sobre los llamados "nuevos temas" o "temas de Singapur"
(inversiones, compras gubernamentales, políticas de competencia y facilidades
al comercio) sobre los cuales además crecían también las controversias.
Si bien las divergencias entre Estados Unidos y la Unión
Europea sobre los subsidios agrícolas, y entre ambos y algunos países en
desarrollo sobre éste y otros temas, presagiaban la posibilidad de que no se
avanzara en abrir una nueva ronda de negociaciones en Cancún, no se esperaba un
rol tan decisivo del bloque del Sur y un desenlace tan abrupto. Todavía la
noche del 13 de septiembre el gobierno mexicano, que presidía la cumbre y que
estuvo jugando un doble juego "aliándose" al grupo de los 20 y al
mismo tiempo empujando la agenda de los países ricos, se decía seguro de que el
texto de declaración que presentaría al día siguiente y que principalmente reflejaba
la visión norteamericana, sería aprobado. Las grandes potencias no dejaron de
presionar para imponer su agenda e incluso se hablaba de prolongar la cumbre
hasta el 15 para llegar a acuerdos. El 14 a las tres de la tarde la cumbre se
colapsaba ante la negativa definitiva de países en desarrollo de llegar a un
"consenso". Es decir, la OMC fracasaba en su intento de adquirir
nuevos temas y más poderes para regir la economía mundial, pues era esto y no
sólo el intercambio comercial lo que estaba en juego.
Aún antes de la cumbre y especialmente ahora después de su
fracaso, los gobiernos han insistido en la versión de que Cancún era
simplemente una estación de paso, pero la verdad es que ha representado un
golpe importante a la OMC y a la institucionalidad global neoliberal de la que
forma parte. Así lo han tomado el FMI y el Banco Mundial en la reunión que
inmediatamente después sostienen en Dubai. Además del intento por reencarrilar
a la OMC en próximas reuniones y del chantaje que inmediatamente comenzarán a jugar
las grandes potencias, con las múltiples palancas a su disposición que se han
encargado de brindarles los propios países del "tercer mundo", las
potencias seguramente se enfocarán ahora en empujar sus intereses encubiertos
bajo el "libre comercio" en otros escenarios: los tratados de libre
comercio regionales y bilaterales. En América, Estados Unidos seguramente
presionará para avanzar en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y
en tratados bilaterales como el que negocia con Centro América, para los que
tiene un terreno muy avanzado desde el TLCAN. Falta ver, sin embargo, si las
dificultades enfrentadas en la OMC se trasladan también hacia escenarios como
el del ALCA.
Precisamente, la principal interrogante que nace de Cancún
es si el bloque, o los bloques mejor dicho, de países en desarrollo se
mantendrán en lo que sigue del proceso de la OMC y aun en otros escenarios
regionales. Hay que tomar en cuenta que la "oposición" de estos
gobiernos aun en temas como el de la agricultura era muy limitada,
pues se centraba en la cuestión de los subsidios y en el acceso a los mercados
del norte, soslayando el tema central de la protección de las economías
agrícolas propias, la soberanía y la seguridad alimentarias. Sobre todo está en
cuestión cuál será su actitud frente a la negociación de los nuevos temas, que
constituyen el corazón de la nueva ofensiva de las grandes corporaciones para
ir más allá del comercio: imponer reglas mundiales a su favor sobre inversiones
y limitar aún más la rectoría de los estados.
Habrá que analizar más detalladamente al mentado bloque para
prever su posible dinámica, pues en realidad está muy lejos de representar un
bloque homogéneo "tercermundista"o una convergencia profunda y de
mediano plazo en torno a un proyecto alternativo de globalización, de otro
modelo de intercambio entre naciones o de un nuevo multilateralismo; en él
coincidieron hasta ahora circunstancialmente una diversidad de razones e
intereses que está por verse si resistirán las nuevas presiones imperiales en
puerta. No hay que olvidar que la mayoría de esos gobiernos son de corte
neoliberal y, como ya dijimos, no cuestionan el fondo del llamado "libre
comercio". Sin embargo, sea por un mínimo gesto de dignidad, por simple
pragmatismo, por cálculos e intereses contradictorios en las negociaciones o
por un cierto renacimiento de una visión "tercermundista" -habrá que
diferenciar entre países- el hecho es que la existencia misma del bloque de
países en desarrollo -para seguir con la terminología en uso- significó un
tropiezo serio para los planes imperiales y, esto es lo más importante e
interesante, de mantenerse podría quizás estar dando paso a un nuevo escenario
mundial en el que el unilateralismo de las grandes potencias, especialmente la
norteamericana, no es tan incontestable, en el que el imperio desbocado
comienza a encontrarse con un contrapeso, así sea tímido y limitado, desde un
Sur que lo encara ciertamente no en una lógica anticapitalista,
antiimperialista o siquiera antineoliberal, sino simplemente de elemental
sobrevivencia. Para el movimiento social, para la resistencia global y aun para
la izquierda esta contradicción será materia de valoración obligada en su
estrategia.
Precisamente, existen redes internacionales que desde hace
años vienen trabajando en alimentar visiones alternativas que influyan en las
esferas oficiales o en sus contradicciones, y que ahora deberán replantearse
sus estrategias ante la posibilidad de un campo más fértil. Desde luego,
estuvieron presentes en Cancún y, junto con el movimiento o como parte de él,
contribuyeron a ganar esta batalla.
La Batalla de Cancún
Cualquiera que sea el peso que en el análisis de los resultados finales se le
asigne al movimiento, lo cierto es que éste logró con gran éxito desplegar una
diversidad de iniciativas de alto impacto tanto fuera como dentro de la cumbre
oficial, lo que consiguió poner a ésta en jaque, alcanzar gran visibilidad,
ganar la batalla de la legitimidad a pesar de las campañas de desprestigio y
también que al final no tuviese que concentrarse en recoger heridos y sacar
presos. Ciertamente también, como siempre, existen saldos positivos y
negativos, y sacar las lecciones de ambos es fundamental para el camino que
está por delante Veamos los primeros.
Durante meses, el movimiento internacional fue fraguando lo que
sería la cita que desde el 2002 fijó como la más importante en el escenario de
la lucha global de este período. Además de aprovechar los espacios de otras
citas internacionales, dos encuentros internacionales en la ciudad de México y
múltiples visitas a la propia ciudad de Cancún la precedieron. En México se
crearon para el efecto el Comité de Bienvenida a Cancún y el Espacio Mexicano
encargado de coordinar las actividades. Diversas organizaciones instalaron sus
"cuarteles generales" con antelación. Foros, seminarios y actividades
preparatorias tuvieron lugar en diversas regiones de México, así como una
importante campaña de propaganda. Se decidió convocar a un Foro de los Pueblos
como paraguas un tanto virtual de la diversidad de actividades que de manera
autónoma por parte de cada red y movimiento tendrían lugar (el foro campesino
decidió funcionar completamente de manera paralela). Asumiendo la nueva fase
del movimiento global, es decir, su capacidad no sólo de crear grandes
acontecimientos en un lugar determinado, sino de actuar simultáneamente en
diversas partes del mundo, se convocó a una semana de acción global del 7 al 14
de septiembre, con énfasis en las acciones del 9 y el 13.
Llegó finalmente septiembre El movimiento global mostró nuevamente
en Cancún su capacidad de darse cita para --por medio no sólo de actuar dentro
de los espacios oficiales como ya se ha señalado, sino de de organizar una
contracumbre y generar un acontecimiento social a partir de la diversidad de
sus acciones- librar una batalla política en el lugar mismo donde se reúnen los
poderes globales; ello se hizo en una lógica en primer lugar de resistencia,
punto de partida indispensable, pero cada vez más también de generación de
alternativas, las que contribuyen igualmente a ganar la batalla de la
legitimidad y a construir una mejor correlación de fuerzas.
En este último sentido, tuvieron lugar un amplísimo número
de actividades y foros. Para sólo mencionar a algunos, antes del inicio de la
cumbre oficial se realizaron la Convergencia de Medios Alternativos, el Foro
Campesino, el Foro Indígena, el Foro de Pescadores, el Foro de Mujeres y
el Foro Parlamentario ligado al Foros Social Mundial. A partir del 10,
continuaron algunos de los mencionados y se llevaron a cabo el campamento de la
juventud, el foro sobre macroproyectos, el foro de maquiladoras, el Foro
Sindical, la Feria de Comercio Justo, la mesa de solidadridad con Cuba,
seminarios sobre bosques, medio ambiente, guerra y libre comercio, y sobre los
temas mismos de la cumbre, además de lanzamientos de iniciativas como la del
Foro Social Americano y la campaña de Cancún a Miami, entre muchas otras
actividades y reuniones, como las que sostuvo la Red Internacional de Movimientos
Sociales y la Campaña Continental contra el ALCA. Estos foros alternativos
funcionaron también sin duda como colchón, referente o retaguardia -según se
les quiera ver-- de las acciones en la calle y adentro del perímetro de
seguridad.
Precisamente porque, tratándose de una cita que tenía lugar
de cara y simultáneamente a un evento gubernamental --a diferencia de
encuentros como el Foro Social Mundial que tienen una lógica propia o
autónoma-, el perfil de la protesta era más relevante que el de las
discusiones.
La primera movilización importante fue la convocada por la
Vía Campesina, a la que se sumaron todos los actores nacionales e
internacionales presentes en Cancún en ese momento. La marcha partió de la
conocida como Supermanzana 21, la zona en la que funcionaron muchos de los
foros y se instalaron los campamentos campesino, indígena, de jóvenes, de la
caravana de Chiapas y de diversas organizaciones civiles, zona que
deliberadamente se concibió como territorio propio del movimiento social
durante esos días.
Fue precisamente al final de esa marcha, al momento de topar
con la valla policíaca que se instaló nueve kilómetros antes del Centro de
Convenciones donde sesionaban los gobiernos, que el compañero Lee Kyung Hae de
Corea subió a la valla y se encajó en el pecho la navaja que horas después le
causaría la muerte, en un sacrificio que marcó desde ese momento a la cumbre y
a la movilización, cambiando por completo la dinámica de los acontecimientos,
colocándolos en el nivel más alto de la protesta. En medio de la sorpresa de
todos, incluyendo la de sus compañeros, e incomprendido y controvertido desde
la perspectiva de la cultura occidental judeocristiana en un principio, con el
paso de las horas la decisión tomada con toda conciencia y antelación por Lee
para sacudir al mundo con la imagen de las víctimas de la globalización
neoliberal, a costa de su propia vida, quedó como un hecho claro y contundente
que pesa sobre los gobiernos de la OMC. Ahora todos se pelean por adueñarse de
Lee, hasta el presidente municipal de Cancún, que se ha propuesto erigirle un
monumento en el lugar en que se inmoló.
Pero más allá del impacto del sacrificio del Sr. Lee (como
lo nombran sus propios compañeros), definitivamente lo más destacado del
movimiento en Cancún fue sin duda la participación de la delegación coreana.
Primero porque como nadie hizo el esfuerzo para que casi 200 compañeros de un
país tan alejado como Korea --entre campesinos, sindicalistas de la KCTU,
organismos civiles y políticos agrupados en la coalición KOPA-- llegaran hasta
México, precedidos por muchas actividades en Korea mismo y sorteando todos los
obstáculos. Segundo, porque fueron permanentemente, desde el primero hasta el
último día que estuvieron en Cancún, un ejemplo de combatividad, organización y
disciplina como venido de otros tiempos. Esa
disposición, y aún más después del sacrificio del Sr. Lee, les ganó una autoridad moral y política que fue la clave para el
éxito de la manifestación final, como veremos.
Lo importante, sin embargo, no fueron sólo las
manifestaciones. Diversas acciones callejeras fueron realizadas diariamente por
la caravana de jóvenes, otros de los principales protagonistas. Conforme pasó
el tiempo, de más en más los jóvenes también incursionaron dentro de la zona
restringida, traspasando y resistiendo los desproporcionados dispositivos
policíacos (con la asesoría de la policía internacional, incluyendo a Sctodland
Yard) hasta el mismo frente del Centro de Convenciones.
Mención aparte merece el Centro de Convergencia (de
colectivos por afinidad) que, como en otras citas del movimiento global de
resistencia, estuvo presente con una actividad intensa desde días antes de la
cumbre con toda su imaginación y creatividad, con sus cientos de efectivos nacionales
e internacionales, algunos veteranos de otras batallas. De ahí salieron los
jóvenes de Argentina y Estados Unidos que tomaron de madrugada una grua de
construcción de sesenta metros de altura que se encontraba exactamente frente a
la sede oficial para colgar una manta gigante en la que le decían a los
gobiernos de la OMC "que se vayan todos" y en la que estuvieron más
de 24 horas frente al temor del Estado Mayor que controlaba la seguridad de que
se fueran a tirar --tuvimos que aclararle a las tres de la mañana que no se
pensaban tirar a menos que fueran por ellos-para después retirarse sin ser
detenidos. De ahí salieron los que protestaron desnudos en la playa, o la banda
que venida desde Seattle animó las manifestaciones, de ahí muchas otras iniciativas
hasta la marcha final en la que también contó su alto grado de organización.
Y no hay que olvidar que hasta adentro del propio recinto
oficial redes de ong's -destacadamente de Nuestro Mundo no Está en Venta-
realizaron protestas y desobediencia civil, con un mecanismo de coordinación
"adentro y afuera" que mostró que no iban sólo a cabildear. Total que
el cerco se rompió aunque las manifestaciones hayan sido detenidas kilómetros
atrás. Y no se diga de otras acciones "colaterales", como la del barco
de Green Peace que simultáneamente impidió la salida de un barco cargado de
transgénicos del Puerto de Veracruz.
Así se llegó a la manifestación del 13. Mientras que algunas
organizaciones, principalmente sindicales, decidieron permanecer en el llamado
Km 0, la mayoría de los manifestantes continuaron hasta la valla que la policía
había recorrido 500 m. adentro de la Av. Kukul Kan que comunica a la ciudad con
la zona hotelera. Con pinzas para cortar alambre y con enormes cuerdas tejidas
por los coreanos jaladas por cientos, se derribó la
doble valla metálica que nos separaba del cordón policiaco. Al frente mujeres,
principalmente indígenas y jóvenes de distintos países. Rodeados por los cuatro
costados por la policía, cuando todos temían el enfrentamiento, se realizó
únicamente un acto simbólico de quema de muñecos de la OMC, se les entregaron
flores a los policías y se retiró ordenadamente la manifestación. Aun los
grupos que iban listos para todo, con cascos, mascaras antigas e incluso
palmeras que habían derribado para ser usadas como arietes, se replegaron. Lo
más "agresivo" que ocurrió fue una cubetada de mierda que le tiraron
a la policía. Todo mundo, empezando por el gobierno y la policía, quedó
sorprendido. El grado de organización y disciplina, al que se plegaron aun los
grupos más inclinados al enfrentamiento, para mostrar que se podía traspasar la
valla que coartaba el derecho a manifestación pero al mismo tiempo guardar la
calma y retirarse en orden antes de propiciar una confrontación fue posible
como decíamos en buena medida por la autoridad moral que había ganado la
delegación coreana en varios días de lucha común. La repercusión mediática fue
inmediata y la opinión pública respondió positivamente valorando al final de
cuentas la disposición y entrega mostrada por quienes llegaron a protestar a
Cancún pero también su inteligencia.
En fin, que éstas fueron algunas de las múltiples caras que
tuvo la batalla de Cancún. El 14 se colapsaba la cumbre y las acciones
terminaban con una manifestación impactante y aleccionadora, con un símbolo de
lucha encarnada en el compañero Lee y con un saldo blanco sin presos y heridos.
El movimiento puede celebrarlo, ha salido de Cancún con una victoria y muchas
lecciones cargando en sus mochilas.
Algunos otros saldos y lecciones
Si el saldo global es positivo, no todo es miel sobre hojuelas, sin embargo. De
los errores también se tiene que aprender. Y no me refiero a aquellos que sólo
ven los organizadores, que siempre los hay, sino a los saldos políticos
negativos de los que también tiene que partir el movimiento en la siguiente
etapa.
Para empezar, no todo salió conforme a lo planeado. Se llamó
a una acción global y, aunque se realizaron diversas acciones en varias
regiones de México y el mundo, éstas estuvieron muy lejos de lo que se esperaba
a partir de las múltiples convocatorias y compromisos que se hicieron en
diferentes espacios internacionales. La capacidad del movimiento de conectar la
agenda global a lo local y de actuar simultáneamente en el plano internacional
no se mostró del todo. Pueden existir diversas explicaciones, incluso
prácticas, para ello, pero ahí está un déficit sobre el que es necesario
reflexionar.
Cierto, el hacer transcrecer al movimiento en ese plano no
resta importancia a la necesidad de continuar concentrando esfuerzos en citas
como las de Cancún, no por perseguir las reuniones de los poderosos como
objetivo central que puede terminar desgastándose, pero sí como un elemento
estratégico en la batalla política por cambiar la correlación de fuerzas.
Victorias como la de Seattle y la de Cancún fortalecen la lucha contra la
globalización neoliberal en todas partes. Pero hay que librarla en todas partes
si se quiere realmente ganar.
El problema fue, sin embargo, que tampoco llegaron a Cancún
todas las fuerzas internacionales que se esperaba. ¿Qué las detuvo, además de
los obstáculos migratorios que interpuso el gobierno mexicano, los calendarios
regionales y los aspectos financieros, que sin duda pesaron pero que no lo
explican del todo? Tampoco llegaron todos los miles de mexicanos que se
esperaban. Sin duda pesó en buena medida la falta de recursos para transportar
a muchísima gente que quería ir y no tenía posibilidades de pagarse el viaje y
su manutención en Cancún. Pero tampoco lo explica del todo. Lo cierto es que el
movimiento social mexicano no atraviesa por su mejor momento. Sería largo
entrar a analizarlo a detalle en este artículo. Lo que sí se puede decir en
general --más allá de la desarticulación, atonía o perspectivas confusas que
pueden existir en el movimiento mexicano-- es que en la medida en que sí se
vienen dando luchas importantes y masivas, su falta de expresión en Cancún
revela la todavía gran desconexión entre las luchas reivindicativas o defensivas
específicas y la agenda global. Pero esto es quizás también cierto en el plano
internacional. Existe una diferencia notoria, sin embargo, entre el desarrollo
del movimiento sobre temas globales en Europa, por ejemplo, y el de América
Latina, lo que quedó claro incluso durante las movilizaciones contra la guerra
de intervención en Iraq. Queda ahí para la reflexión y el debate.
El saldo más preocupante, sin embargo, fue el hecho de que,
a pesar de los buenos resultados y de que no explotó frente a la opinión
pública a costa del hígado de muchos, antes y durante Cancún se produjeron
divisiones y falta de coordinación que hicieron peligrar por momentos la buena
marcha de las cosas. Hubo un renacimiento preocupante de visiones
sectorialistas, hegemonistas, sectarias, anti ong's (aunque el que esto escribe
comparte muchas de las críticas a algunas ong's), de desprecio a otros actores
o de plano de "agandalle" (en buen mexicano) y mezquindad que se
habían venido superando en los diferentes espacios del movimiento global con un
espíritu de alianzas multisectoriales, de unidad sobre consensos, de
horizontalidad y de respeto por el otro, lo que significó un retroceso. Una
cosa es el indispensable fortalecimiento de las coordinaciones sectoriales, de
su autonomía, de su natural protagonismo (en el buen sentido), y otra el querer
imponerse por encima de los demás y vulnerar la necesaria unidad sobre todo en
momentos críticos frente a los gobiernos, como era el caso en Cancún. Tal
situación se reflejó incluso en el hecho de que no todos los participantes
coincidieron en la marcha "central" del 13, pues la mayor parte de
los contingentes campesinos e indígenas se habían retirado ya, y algunos otros
como los sindicalistas, que llegaron hacia el final de la semana, lo hicieron
mermadamente al parecer por sus reservas ante el "clima de
enfrentamiento". Aunque esta marcha fue mayor que la del 10 podría
haber sido más grande en otras circunstancias. Y también queda para la
reflexión la cuestión de si es conveniente realizar foros alternos antes de los
eventos oficiales y retirarse cuando éstos están en su apogeo, pues esto había
venido siendo superado por el movimiento que ha tendido a actuar
simultáneamente. Así que a pesar del triunfo, el movimiento sale un poco lastimado
de Cancún. Y de esto también hay que partir para las luchas futuras.
De Cancún a Miami
La siguiente cita importante para el movimiento, al menos en América, es la que
tendrá lugar en Miami del 19 al 21 de noviembre. Ahí estarán reunidos los
ministros de economía y comercio que negocian el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). La cita cobra mayor importancia después del fracaso de la OMC
en Cancún, pues como ya señalamos Estados Unidos intentará presionar más
beligerantemente y avanzar en sacar en el plano regional las ventajas que no
pudo obtener aún en el marco global. Para ello cuenta con el terreno avanzado
por medio de los tratados bilaterales que ha venido imponiendo desde el TLCAN,
los que contienen ya candados más graves a favor de las corporaciones que lo
que se discutía en la OMC. Seguir afirmando su hegemonía en el continente
americano por medio de estos tratados bilaterales y macroproyectos
subregionales (como el PPP) adquiere ahora aún más relieve en la estrategia
norteamericana, incluso en la perspectiva de la competencia global exacerbada
con los otros bloques económicos. Pero no deja de tener importancia para EU el
contar con un marco formal estratégico en el cual acomodar estas piezas del
rompecabezas que viene armando, es decir, el ALCA como constitución económica
continental bajo la hegemonía norteamericana.
Por otro lado, ciertamente el tropiezo de Cancún coloca al
mismo tiempo mayores dificultades para las pretensiones estadunidenses, pues
los países latinoamericanos cuentan a su favor con las objeciones levantadas
por los países en desarrollo en el marco de la OMC. Si la lógica del bloque de
países en desarrollo que se dio en Cancún se traslada al escenario del ALCA,
podríamos estar viendo en Miami también su descarrilamiento o al menos un
estancamiento que podría poner en cuestión el plazo de enero del 2005 para la
aprobación del ALCA.
Por lo pronto, las organizaciones norteamericanas se
preparan ya con grandes esfuerzos para llegar a la cita de Miami, en un país
que continúa sometido deliberadamente al espectro del 11 de septiembre y en una
ciudad especialmente difícil para las protestas sociales. Estarán acompañadas
desde luego por la Alianza Social Continental (ASC) y por la Campaña Continental
contra el ALCA, no sólo para ayudar a organizar y estar presentes, sino también
como ya lo han acordado para acompañar las actividades de Miami con una jornada
continental de movilizaciones. La experiencia acumulada durante estos años por
la ASC y por la campaña contra el ALCA en el terreno de la construcción de la
unidad y la acción ayudará también sin duda a no repetir los errores de Cancún.
El camino de Cancún a Miami y a las siguientes luchas parte
entonces de una victoria; el movimiento global enfrenta sus próximos retos con
este acervo y con sus lecciones, buenas y malas, y con formas de articulación
valederas. Permitámonos, entonces y por un momento, pecar un poco de optimismo.
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* Artículo escrito para el No. 11 de la publicación del Observatorio Social de
América Latina (OSAL) del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
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