La Jornada, México D.F. Domingo 2 de noviembre de
2003
Guillermo Almeyra
Negri, la autonomía y los movimientos sociales
Toni Negri
pasó por Buenos Aires. Pude escucharlo en una fábrica ocupada -Grisinopoli- en la que funciona un importante centro
cultural. Fuera de afirmaciones de principio -"multitud es un concepto de
clase", "multitud se opone a pueblo, porque este concepto es una
creación de la burguesía para afirmar la nación y la unidad nacional bajo su
mando"- no pudo responder a preguntas concretas sobre hechos contundentes
que contradecían sus teorías.
Por ejemplo, dijo que la invasión a Irak había sido
"un golpe de Estado de Estados Unidos contra el imperio" (o sea, el
gobierno de las trasnacionales) y no una enésima expresión del imperialismo y
de la utilización del Estado por el capital, y no respondió a preguntas sobre
las clases, la lucha de clases, la conciencia histórica y la organización
social y partidaria a la luz de los acontecimientos en Bolivia.
Dio también como ejemplo de su concepción de la
autonomía el "¡qué se vayan todos!", de la rabia contra el establishment de los movimientos sociales urbanos
argentinos de diciembre de 2001 y hasta septiembre de 2002, sin hacer ningún
balance del hecho de que las asambleas populares prácticamente han dejado de
existir, la población votó masivamente por los "todos" que habrían
debido irse y el "¡qué se vayan todos!" no se escucha más desde finales
de 2002.
Negri, en Grisinopoli,
dio su conferencia sobre todo ante dirigentes de grupos autonomistas y de
sectores piqueteros (obreros desocupados organizados) que también juran
por su concepción de la autonomía, pero después habló también con altos
funcionarios del gobierno, muchos peronistas ex Montoneros, entre los cuales se
contaba, chupando su habano, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que fue
secuestrado en su ministerio por piqueteros autónomos, a los que
denunció ante la justicia y a los cuales pretendía reprimir creando una brigada
policial antipiquetera especial (encargada del
servicio de inteligencia y de la cooptación de dirigentes sociales en función
"preventiva").
Como Voltaire, que
asesoraba a Federico El Grande de Prusia o a Catalina La Grande, Negri asesora en autonomía a los peronistas, pero también
dice que lo hará con dirigentes del Partido de los Trabajadores y del gobierno
de Lula y con Lula mismo, así como con dirigentes estatales y socialistas
chilenos.
Así como en Bolivia no se ve la multitud y se ven
en cambio las clases y la lucha de clases, en Argentina, lo que subsiste de los
movimientos sociales -o sea, los desocupados organizados- es una expresión del
movimiento obrero, que ha marcado la historia del país en todo el siglo pasado.
Entre otras cosas, por eso la conciencia y los métodos de esos obreros
desocupados y ex dirigentes militantes sindicales corresponden también al
peronismo, por el cual votaron aplastantemente, dicho sea de paso, inclusive
los piqueteros organizados en grupos dirigidos por maoístas (los de la
Corriente de Clase y Combativa), seudotrotskistas
(los del Bloque Piquetero), socialcristianos (como el dirigente de la CTA, D´Elia). Los que, según ellos, optaron por el
"éxodo" del capitalismo y pretenden instalarse en una nueva identidad
de desocupados permanentes, y se llaman piqueteros y no trabajadores
desocupados, no sólo son subsumidos por el capital, al cual se subordinan como
marginados, sino también dependen del gobierno, al cual exigen bolsas de comida
y subsidios mensuales de 150 pesos (cerca de 600 pesos mexicanos mensuales)
para algunos miles de sus integrantes.
La autonomía, en este sentido, no la tienen frente
al gobierno ni frente a los partidos o sectas y grupos políticos. Sobre todo,
no la tienen clara en su cabeza ni en sus escritos. El control de los Planes
Jefas y Jefes del Hogar, que permiten sobrevivir a cientos de miles de
personas, fue obtenido cuando los jefecitos y jefecitas barriales peronistas
perdieron el control de su clientela debido a la crisis económica y del
gobierno de la provincia de Buenos Aires y del verdadero jefe de ese aparato,
el ex gobernador de esa provincia y ex presidente provisional, Eduardo Duhalde.
Los planes y los subsidios que esa gente distribuía
a su clientela pasaron a ser arrancados por la presión de los desocupados
organizados, que ahora tienen su propia clientela sui generis que el
gobierno les quiere disputar al concentrar esos planes de trabajo y esas ayudas
en el Ministerio de Trabajo, suprimiendo así el poder político de los
dirigentes piqueteros.
Negri propuso a los funcionarios
dar un aumento de salarios y una reorganización del peronismo: ambas
reforzarían la dependencia de los movimientos sociales al aparato estatal y la
esperanza en los salvadores en el poder, en vez de desarrollar, como en
Bolivia, el poder de abajo.
La teoría, se sabe, tiene sus
consecuencia prácticas. La de Toni Negri, que olvida las clases y las luchas de clases, lleva
a ver en la política de George W. Bush sólo un golpe de Estado y una excepción,
y a no ver lo que pasa y pasará en Bolivia y las verdaderas vías, en la
autogestión y en la creación de poder, para la autonomía política de los
trabajadores argentinos, los cuales aún deben superar el peronismo.