Masiosare 345, domingo
1 de agosto de 2004
|
Entrevista con Carlos Monsiváis Jesús Ramírez Cuevas "Mientras más lo critican, más se
refugia en la soledad; mientras más se concentra en el aislamiento, más lo
critican", resume el cronista Carlos Monsiváis
la relación entre el presidente Vicente Fox y el denominado círculo rojo.
En entrevista, el escritor examina el denonado
esfuerzo de Fox por dilapidar la enorme credibilidad y apoyo ciudadano de sus
inicios. "Se trata del primer autogolpe de Estado a cargo de la
incompetencia, el vacío conceptual, el capricho dinástico frustradito, el reaccionarismo que sólo sabe darle puestos bien
remunerados a los fundamentalistas, y el estupor ante el fracaso. Esto es
único, y ojalá, irrepetible".
ES YA UN LUGAR COMUN decir que el presidente Vicente Fox menosprecia la crítica y
descalifica la mala voluntad del círculo rojo, como se le llama a los
medios, analistas, periodistas y organizaciones civiles críticos de su
gobierno. El escritor Carlos Monsiváis
afirma que “nunca se ha vivido tanto y tan intensamente la libertad de
expresión, ni se ha ido tan a fondo en la crítica”. Esta verdad alimenta el proceso
complementario –apunta el escritor–, el del desencanto de la sociedad frente
a un Fox que combina la “astucia fallida” con la “ineptitud lograda”: primero
se le escucha con desconfianza; después con incredulidad; luego con el mayor
desaliento; al final se le deja de oír y “se renuncia a la búsqueda del humor
involuntario”. Al hablar de la relación del Presidente
con la crítica, el reconocido cronista explica que “en su imaginario los
críticos son aquellos que no captan su buena voluntad, que no soluciona nada
pero eso es lo que él tiene, así que lo soluciona todo”. El autor de Entrada Libre plantea
la paradoja de que “el periodo de gracia (de Fox) termina no como una
rebelión sino como un bostezo de arrepentimiento”. En ese tránsito de la
esperanza al fracaso, Monsiváis subraya los
propósitos inconfesados de los “Apóstoles del Voto Util”,
quienes buscaron afanosamente convencer a todos de las bondades de sufragar
por el “candidato de la derecha” (“muy su gusto”, anota): “el voto útil es en
muy buena medida distinto al simple voto por Fox, porque se quería conceptualizar la rendición de la izquierda. Eso fue
mezquino y pueril”. Damos paso a la entrevista con Carlos Monsiváis, miembro prominente de ese sector que,
proponiéndoselo o no, funciona como algo parecido a una conciencia crítica de
la sociedad. Pero como él mismo advierte, el papel de la crítica “no es
provocar cambios sino dialogar, de modo estimulante, con los que deciden los
cambios: los partidos, las asociaciones políticas, las ONG, la ciudadanía”.
En ese sentido, apunta el escritor, “uno
de los debates urgentes, que trasciende con mucho la idea casi cabalística
del círculo rojo, es el sentido de la memoria histórica”, para lo que
se requiere “una batalla cultural” que clarifique los crímenes del pasado y
explique lo sucedido esos años. –En 2001, cuando el presidente Fox
califica de círculo rojo a los
críticos, dispone de un gran respaldo de la sociedad o de la ciudadanía.
¿Cómo describes la relación de Fox con los medios y la opinión pública en
este periodo de "luna de miel", para usar una de sus expresiones
casaderas? –Entre 2000 y 2001 Fox dispuso de una
enorme credibilidad muy pronto vuelta recelo, luego incredulidad, más tarde
rechazo parcial y hoy tal vez situable como fuga
masiva de las esperanzas en él depositadas. Esto me parece injusto, en la
medida en que, sensatamente, no se debió confiar nunca en una persona tan
desprovista de conocimientos básicos sobre el país y el mundo, pero obró
milagros la necesidad de erradicar al PRI de Los Pinos, y por eso se invistió
a Fox de todas las cualidades. Esto tiene pros y contras, y no admite descripciones facilonas.
El que quería votar por Fox estaba en su derecho, como yo lo estuve al votar
por Cuauhtémoc Cárdenas. En lo que a opinión pública se refiere, el
problema no es el voto antipriísta o panista, sino
la suprema necedad de los Apóstoles del Voto util.
Si querían apoyar a un candidato de la derecha, muy su gusto; lo inconcebible
es su invitación (patética) a la izquierda para que apoyase a la derecha,
insistiendo en la desaparición de las distinciones entre izquierda y derecha.
Un Apóstol del Voto util llegó a escribir en La
Jornada que el PAN no era derechista. El voto útil es en muy buena medida
distinto al simple voto por Fox, porque se quería conceptualizar
la rendición de la izquierda. Eso fue mezquino y pueril. Vuelvo a tu pregunta. La necesidad de
tener razón de los votantes no derechistas de Fox le dio una “tregua”, el
“vale por dos años de errores adjudicables a la
inexperiencia”. Y lo que sucedió en ese periodo es impresionante: el tiempo
transcurrió a favor de la profundización de la inexperiencia. Lo que el
gobierno de Fox no sabía se transformó en lo que nunca podría saber. Y “la
luna de miel” se disipa entre asombros, desilusiones y frustraciones, pero,
no está de más aclararlo, un sector amplísimo no se desilusiona de Fox, se
desilusionó de su credibilidad al suponer que el desconocimiento
enciclopédico de México es la garantía del buen gobierno. Así, el “periodo de
gracia” termina, no con una rebelión sino con un bostezo de arrepentimiento.
–¿Cómo se ha dado la evolución de Fox con el círculo rojo? –Los reflejos políticos del Presidente
son, por lo que se refrenda a diario, escasos y de corta duración. Y en su
imaginario los críticos son aquellos que no captan su buena voluntad, que no
soluciona nada pero es lo que él tiene, así que lo soluciona todo. Al
principio, Fox cree que la crítica va en contra de los regímenes del PRI y no
se dio por enterado. “Ahí te hablan”. Al advertir que las críticas sí lo
aludían y lo cercaban, se indignó y despotricó pero, hay que admitirlo, sin
energía visible. A veces da la impresión de alguien tan dolido con la
ingratitud que se promete ser un anacoreta díscolo en su próxima rencarnación. Mientras más lo critican, más se refugia en
la soledad; mientras más se concentra en el aislamiento, más lo critican. Al
fin y al cabo no lo eligieron para que pregonase milagros en sus giras para
el extranjero. –¿Te parece que ve en las giras sus momentos ideales
de gobierno? –En los banquetes y las visitas
protocolarias no se cuestiona a los visitantes. No hay postres antiautoritarios. –La mayoría de los medios apoyó al
gobierno de Fox al principio, pero el círculo rojo nunca fue un refugio de
resentidos, sino la constancia de los hechos que se amplía a diario. ¿Qué
sucede con el desencanto generalizado? –Fox no le ha cumplido a nadie, quizá porque
ya no se acuerda de lo que prometió. Y el periodo del “disculpar al novato”
ha dado paso a la atención crítica de lo que Fox actúa, y dice. Fox quiere
engatusar, distraer, persuadir por la astucia. Algo así, no los conceptos
sino los reflejos condicionados. Más que ningún otro elemento, lo suyo es la
combinación de astucia fallida con ineptitud lograda, y esto intensifica la
crítica. Y se suceden vanas etapas: —Se oye a Fox con desconfianza, y se
atribuye su lenguaje y sus actitudes a las décadas del PRI que desarmaron
conceptualmente a la oposición. —Se oye a Fox con prevención por su habla
fundamentalista y su deseo de quedar bien con los obispos. —Se oye a Fox con incredulidad porque no
puede decir en serio su cadena de improvisaciones, ni puede prometer
simplemente porque le gusta. —Se oye a Fox con el mayor desaliento,
porque ya se sabe que, así se contradiga belicosamente, por lo común lo que
dice lo está queriendo decir en serio. —Se deja de oír a Fox, salvo con
propósitos de escudriñamiento divertido de los textos. —Se renuncia a la búsqueda del humor
involuntario. –¿Se ha producido en algún otro momento de la
historia mexicana el derrumbe de un gobierno como el ahora presentado?
–No, porque aquí se trata del primer
“autogolpe de Estado” a cargo de la incompetencia, el vacío conceptual, el
capricho dinástico frustradito, el reaccionarismo
que sólo sabe darle puestos bien remunerados a los fundamentalistas, y el
estupor ante el fracaso. Esto es único y, ojalá, irrepetible. –¿Cuál es el papel de la crítica en el cambio
democrático? ¿Cómo puede la crítica promover cambios de percepción y de
comportamiento de gobernantes y gobernados? –No tengo tanta confianza en la crítica,
su papel no es provocar cambios sino dialogar, de modo estimulante, con los
que deciden los cambios: los partidos, las asociaciones políticas, las ONG,
la ciudadanía. Estoy más que convencido: atribuirle a la crítica periodística
e intelectual las transformaciones es en el mejor de los casos simplificar en
demasía el proceso de politización o de radicalización. La crítica sí tiene
resonancias pero casi nunca son de corto y mediano plazo o de causa-efecto.
La crítica ha sido, y sigue siendo, la gran referencia de salud mental, de
uso generoso de la inteligencia, de los poderes del razonamiento. ¿Pero
cuántos leen y cuántos razonan simultáneamente con los críticos, y cuántos se
adhieren o se apartan de una causa por ideología específica? –Pero en el caso de la pareja
presidencial, la crítica sí ha tenido consecuencias. –Es un fenómeno curioso. A propósito de
las ambiciones de doña Marta Sahagún ya todo se
había señalado muy ampliamente, pero como de costumbre, lo determinante fue
la intervención de alguien de dentro (Alfonso Durazo) y de alguien de fuera (The
Financial Times). Nadie sabe el bien que tiene
hasta que lo ve confirmado por otras fuentes. Aquí el círculo rojo no
importó, la destrucción minuciosa de las aspiraciones de la señora Sahagún vino de todos lados y muy especialmente del
sentido común. Y el impulso ha sido tan fuerte que alcanza y devasta al PRD
por la decisión inconcebible del gobernador de Tlaxcala
y de su señora esposa de contender electoralmente. El fallecimiento político
de la señora Marta anticipó el desastre moral del PRD, y esto exhibe el poder
de la masa crítica, el de los razonamientos cuyo tiempo ha llegado. Este sí
es el círculo rojo al que deberían temerle los políticos que no
consiguen ni intentan el diálogo: el clima de opinión pública que es ya una
conclusión sin escapatoria. La señora Sahagún no
debe aspirar al cargo para el que no está calificada/ La pareja gubernativa
juega con Tlaxcala como si fuera su banquete de
bodas de plata/ Provida, Luis Pazos y la Secretaría
de Salud han despojado a la lucha contra el sida de un dinero que les
pertenecía. –Si lo que se conoce como círculo rojo (medios, ensayistas, ONG,
articulistas) ha cumplido con su tarea, ¿por qué se insiste tanto, y según
creo justamente, en la ausencia de debate que tanto se necesita ante el vacío
de poder? ¿Cuál sería el estado de salud de la crítica en la República?
–No tengo respuesta ni siquiera
aproximada. Desde luego, nunca se ha vivido tanto y tan intensamente la
libertad de expresión, ni se ha ido tan a fondo en la crítica (que lo digan
Fox, López Obrador, Elba Esther Gordillo, los diputados, los senadores,
Roberto Madrazo, la verdosa niñez del PVEM, el PAN, Provida,
los jerarcas eclesiásticos, las antiguas figuras reverenciadoras, obispos
como Onésimo Cepeda, Juan Sandoval Iñiguez,
etcétera). Sin embargo, la falta de consecuencias de la crítica es uno de los
obstáculos mayores para esa democratización tan profetizada y tan dada por
hecho. Todo se ha dicho pero nada cambia. –¿Efectivamente nada cambia? Allí está por ejemplo la
remoción de la directora de la Lotería Nacional. Falta la auditoría
que compruebe sus apoyos irregulares a la derecha, Provida,
etcétera, pero se le hizo caso a la crítica. –A la crítica y, sobre todo, a las
denuncias sistemáticas de los senadores del PRI, que no son exactamente círculo
rojo, como prueba su apoyo a Luis Echeverría y su blancura en medio de la
guerra sucia. Y luego de la salida de una funcionaria tan inepta en el
mejor de los casos, se nombra a un priísta para afianzar las alianzas del
saqueo, o cualquiera que sea el término aplicable en el caso de las cajas
chicas de Fox y su ultraderecha. Pero vuelvo a tu pregunta. En efecto,
todo el cúmulo de la crítica no constituye el debate esperado, porque se
acumulan –y muy justamente– denuncias y exigencias, pero falta la batalla
interpretativa, el encuentro de juicios y puntos de vista que clarifiquen
hasta donde se pueda las situaciones. “Desde luego, las consignaciones de
Echeverría, Moya Palencia, Díaz Escobar y Mendiolea
Cerecedo son una parte del asunto, la judicial,
indispensable si se quiere rencauzar la vida
nacional a partir de los frenos a la impunidad. Pero también hace falta el
debate sobre la memoria histórica, y allí se avanza muy lentamente, porque la
explicación de lo ocurrido apenas alcanza unos cuantos sectores. Hace falta
que los escasamente enterados de lo ocurrido en esos años (la mayoría)
conozcan la naturaleza estricta de la Fiscalía Especial, que no es un
instrumento de venganza del régimen contra el PRI ni mucho menos, sino el resultado
de la presión de muchos años de grupos, de figuras como Rosario Ibarra, Raúl Alvarez Garín y Jesús Martín
del Campo, de periodistas y escritores, de publicaciones. Uno de los debates
urgentes, que trasciende con mucho la idea casi cabalística del círculo
rojo, es el sentido de la memoria histórica. Otro, para situar el
conflicto del IMSS, el sentido histórico y el presente del sindicalismo (lo
que no obsta para entender las actuales maniobras como la gana de privatizar
el IMSS). Otro, el apoyo de Fox y su gobierno a la ultraderecha, que es como
decir, la reconciliación consigo mismos. –¿Tienes algún pronóstico en relación a las
consignaciones de Echeverría y su grupo? –Al momento de responderte no se ha dado a
conocer el fallo del juez, que obligará a un replanteamiento, cualquiera que
sea su sentido. Sin embargo, para que rindan los resultados convincentes,
deben ir acompañados de una batalla cultural, muy específicamente, en torno a
la clarificación de la memoria histórica. No explicar lo que ha sucedido, es
regalarles a los impunes la oscuridad que su ámbito natural.
|