ALCA: ALCARAJO EN MIAMI Y LATINOAMERICA

Pedro Echeverría V.

            La juventud  globalifóbica, globalicrítica o altermundista, es decir, los heroicos luchadores sociales internacionalistas que defienden a los pueblos del mundo, se han reunido nuevamente. Se enfrentarán a las fuerzas militares armadas yanquis que cuidarán a gobernantes y empresarios que se reunirán en Miami del 19 al 21 de noviembre. Esos heroicos luchadores altermundistas buscan rajar, romper, agrietar a esa organización internacional llamada ALCA, creada por los Estados Unidos para someter y saquear los recursos naturales de los pueblos de América Latina. Hay que recordar que después del rotundo fracaso de la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMS) en Cancún, los imperialistas fijaron sus metas en Miami. ¿Cómo podrían los imperialistas permitir, sentirse derrotados por el campesino coreano Lee -que entregó su vida por la causa de los pueblos- y las protestas de más de 10 mil luchadores sociales que realizaron centenares de actos, enfrentándose a los poderosos militares mexicanos y extranjeros que bloquearon todos los accesos a la reunión?

            El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que nació en Miami y que desde hace nueve años impulsa Estados Unidos para su implantación en 2005, es una nueva expresión  del neocolonialismo. No es sólo un acuerdo comercial sino un proyecto integral que sólo busca el fortalecimiento de la economía estadounidense y de los grupos financieros internacionales. El ALCA es esencialmente la expansión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) –acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México, impuesto en 1994- que en la práctica ha profundizado la miseria de la población mexicana. Desde que el TLCAN entró en vigor, casi 400 mil empleos se han perdido en EEUU y sus salarios se ha reducido a 77 por ciento del que obtenían antes del acuerdo. En México, desde hace 10 años, el desempleo se ha agudizado, alrededor de 10 millones de trabajadores ganan menos del salario mínimo y 8 millones se han desplazado de la clase media a la baja.

            En los últimos tres años representantes de 34 países han trabajado en secreto planeando la expansión del TLCAN hacia Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Cuba se ha opuesto de manera abierta al proyecto yanqui y los gobiernos de Brasil, Argentina y Venezuela han manifestado muchas críticas a ese plan imperialista de dominación instrumentado por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional,  la Organización Mundial del Comercio y el Banco Interamericano de Desarrollo. El gobierno mexicano de Fox –dependiente de los miles de millones de dólares que envían los mexicanos que trabajan en EEUU, así como por la gigantesca deuda que tiene con ese país- ha jugado el triste papel de lacayo de los EEUU. Y, a pesar de ese vergonzoso papel, el gobierno mexicano no ha podido satisfacer los deseos del presidente Bush, pues la reunión de presidentes de Monterrey hace dos años y la de la Organización Mundial de Comercio realizada en Cancún hace unos meses, resultaron rotundos fracasos..

            Incluso datos conservadores de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) revelan que 228 millones de habitantes de los 34 países de la región están en la línea de la pobreza, y más de 95 millones caen en la categoría de indigentes. Así, 30 por ciento de los poco más de 530 millones de habitantes reciben sólo 7.5 por ciento del ingreso, y sólo 5 por ciento (los ricos) acapara el 24 por ciento del ingreso total (La Jornada 24/VIII/03) Por eso la Conferencia Continental de Productores Rurales realizada en México en agosto pasado, declaró un rotundo rechazo al ALCA por ser una nueva recolonización donde predominará el interés económico y político de los Estados Unidos. Dijeron: “No queremos ver a la patria grande de América Latina los mismos agobios y quiebras que viven los agricultores mexicanos por las concesiones que otorgaron al TLCAM”. Los campesinos no tememos a la globalización, dijeron, aunque sí a la globalización imperialista que es la que se ha puesto en práctica.

            Por eso los llamados “globalifóbicos”, que –como he dicho- no son otra cosa que luchadores internacionalista con una enorme conciencia política, se han lanzado contra la cumbre ministerial del ALCA con el fin de demostrar que los pueblos de América no están solos. Su consigna es: “El ALCA nació en Miami y será enterrado en Miami”. Estos batalladores contra la explotación mundial, organizados en todos los países, son calificados como anarquistas, ambientalistas, indigenistas, izquierdistas, incluso calumniados como “terroristas” y “provocadores” para justificar la salvaje represión a la que son sometidos por las fuerzas armadas, mismas que han declarado en esa ciudad estadounidense: “ Los agentes están bien entrenados y preparados para controlar las protestas. Llevamos año y medio preparando la cumbre ministerial, y la coordinación policial entre las autoridades  es impecable, pues debemos garantizar la seguridad de más de mil funcionarios y empresarios”.

            Es indispensable lograr una fuerte unidad de los pueblos en todos los países para resistir y para dar la batalla contra a la globalización imperialista. Los Estados Unidos se valen de todos los gobiernos sumisos y organismos internacionales para extender sus políticas intervencionistas. A partir del 9 de diciembre –según se ha anunciado- en Mérida, Yucatán se reunirá una cumbre internacional para analizar la corrupción. México, al ocupar un lugar prominente entre los países más corruptos del mundo, fue escogido sede del evento y Mérida, hasta ahora una de las ciudades más pacíficas y seguras, así como con la menor participación política, se convertirá en anfitriona de la reunión a la que asistirán presidentes y el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organización que se ha puesto al servicio del gobierno norteamericano. Los yucatecos más conscientes saldremos a protestar contra los presidentes sumisos y esa organización que no ha cumplido su papel con la paz y, por el contrario, ha apoyado la intervención yanqui en Afganistán e Irak.

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