La Jornada, Sábado 1
de noviembre de 2003
Silvia Ribeiro*
El ADN silencioso y los que no ven ni oyen
pero igual hablan
... la ambición desmedida y el afán de lucro de las pocas
multinacionales que la controlan, justificados por unos cuantos ¿científicos?
sin escrúpulos, financiados por ellas, los ha lanzado al mercado, contaminando
cultivos que a los campesinos e indígenas les llevó miles de años desarrollar para
provecho de la humanidad, como el maíz y muchos otros.
Las bases teóricas de la biotecnología y la
genética molecular están tambaleándose frente a las evidencias científicas de
que sus principios son insuficientes o incluso erróneos para explicar lo que
sucede en nuestros genes y los del resto de los seres vivos. Sobre esta
plataforma que se resquebraja se apoya la ingeniería genética. Aun así,
científicos que deberían alertar a la población sobre las incertidumbres y los
impactos que puede tener la liberación de transgénicos en nuestra vida,
cultivos y alimentos se dedican en cambio a asegurar que, como "todo en la
vida tiene riesgos", México, centro de origen del maíz, debería levantar
la moratoria que impide la siembra de maíz transgénico, y aprobar una
iniciativa de ley de bioseguridad que es una burla al principio de precaución.
Un artículo de W. Wayt Gibbs en la revista Scientific
American de noviembre 2003 da cuenta de
descubrimientos recientes sobre el comportamiento del material genético, que
revolucionan las concepciones existentes: "Cuando los científicos pensaban
que ya habían entendido el ADN, están descubriendo en los cromosomas dos
grandes capas de información, vastas pero básicamente ocultas, que afectan la
herencia, el desarrollo y las enfermedades".
En 2003 se celebraron los 50 años del
descubrimiento de la doble hélice del ADN, y el Proyecto Genoma Humano anunció
la culminación del "borrador final" de las secuencias genéticas del Homo
Sapiens. Todo en laboratorio. Sin embargo, al
comparar el ADN de especies muy distantes entre sí y al observar más
cercanamente cómo funciona el cromosoma en las células vivientes, notan efectos
que las teorías actuales no pueden explicar.
Hasta ahora, la noción corriente y más difundida es
que las secciones del ADN que codifican proteínas -que llamamos genes- son las
únicas responsables de la herencia y por tanto el plano básico de la vida. Sin
embargo, ahora se sabe que otras partes "oscuras" del genoma
intervienen en el desarrollo y los caracteres distintivos de todos los
organismos, desde bacterias a humanos. En esta zona "oscura" se encuentra
98 por ciento del ADN que hasta ahora se creía "silencioso" porque no
codifica ninguna proteína, interpretándolo erróneamente como material sobrante
o descartado por millones de años de evolución. Sin embargo, se comprobó que
muchas secciones de este ADN se han conservado intactas por millones de años,
lo que sugiere, según Scientific American, que tienen un rol indispensable. Una parte de
estas secuencias son transcriptas como variaciones de ARN (y se transforman en
una especie de "genes" de ARN), cumpliendo una serie de funciones,
algo que los biólogos hasta hace poco hubieran dicho que era imposible. Sin
embargo, algunos de estos "genes de ARN" tienen un rol fundamental en
la salud y el desarrollo de plantas y animales. "Algunos científicos sospechan
que mucho de lo que define que una persona y una especie sean diferentes de
otras, son las variaciones en nuestro ADN silencioso", continúa el
artículo.
Como si fuera poco, también se ha comprobado que
más allá de las secuencias del ADN, hay otra capa "epigenética"
de información, muy maleable e imbuida en una mezcla de proteínas y químicos
que rodean al ADN, operada por códigos y mecanismos hasta ahora desconocidos.
Se supone que las interacciones en esta capa estarían relacionadas con una
serie de defectos de nacimiento, cáncer y otras enfermedades. A diferencia de
los genes, este material se descarta, borra y reescribe
muchas veces durante el ciclo de vida del individuo. "Los investigadores
están empezando a darse cuenta de que casi todo lo que puede ocurrir en el
genoma, ocurre", dijo a Scientific American, Carmen Sapienza de
la Universidad Temple, especializada en la investigación de esta capa epigénetica.
Según Wyat Gibbs, "ya no queda ninguna duda de que se necesita
una nueva teoría que reemplace el dogma central que ha sido la base de la
genética molecular y la biotecnología desde la década de 1950."
Fascinante. Lo grave es que sobre este dogma
central ¿equivocado? se están produciendo a gran escala organismos transgénicos
que van a parar a nuestros alimentos, medicinas y a la biodiversidad que nos
circunda y sostiene. Sin la menor idea de los cambios e impactos que pueden
producir ni en las células ni en los organismos ni en la salud o el
medioambiente y con el alto riesgo de que éstos sean incoporados
en los genomas, por ejemplo del maíz nativo, y puedan producir alteraciones
irreversibles.
La manipulación genética está en un estadio más que
primitivo, como un puntito de luz en un enorme espacio oscuro. Pero la ambición
desmedida y el afán de lucro de las pocas multinacionales que la controlan,
justificados por unos cuantos ¿científicos? sin escrúpulos, financiados por
ellas, los ha lanzado al mercado, contaminando cultivos que a los campesinos e
indígenas les llevó miles de años desarrollar para provecho de la humanidad,
como el maíz y muchos otros. Esto es lo que hay que encarar urgentemente, en
lugar de favorecer aún más a las multinacionales aprobando una ley de seguridad
de sus inversiones y de "bioinseguridad" de
todos los demás, para que ellas puedan seguir experimentando -ahora legalmente-
con todos nosotros.
*Investigadora del Grupo ETC