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A 10 años del
colapso |
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José Luis
Calva |
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"ESTUDIAR
el pasado para aprender el futuro", reza el adagio japonés. A una década
de la crisis financiera y cambiaria que estalló el 22 de diciembre de 1994,
hay que tener presentes sus relaciones de causalidad para construir nuestro
futuro. El colapso de diciembre
de 1994 no es un suceso extrínseco a la estrategia puesta en marcha a partir
del Pacto de Solidaridad Económica (PSE), decretado en diciembre de 1987. Por
el contrario, fue el desenlace natural de dicha estrategia que erigió la
estabilización de precios en objetivo prioritario, utilizando como
instrumentos de política económica: 1) la aceleración de la apertura
comercial, de manera que los precios de los productos importados sirvieran de
techo a los precios internos; 2) una política cambiaria que utilizó el tipo
de cambio como ancla antiinflacionaria, primero
mediante la fijación de la paridad peso/dólar (durante 1987-1988) y después
mediante una banda de flotación en la que el peso se deslizaba frente al
dólar pero a un ritmo que resultó inferior (excepto en 1994) a la diferencia
entre la inflación mexicana y la estadounidense, lo que desembocó en la sobrevaluación de nuestra moneda; 3) una política fiscal
tendiente a eliminar la brecha ingreso-gasto público, a través del
achicamiento de la participación del Estado en la promoción del desarrollo,
lo que trajo consigo la reducción o supresión de programas de fomento,
contribuyendo al debilitamiento de numerosas ramas de la planta productiva
mexicana; 4) la moderación de la inercia inflacionaria mediante el mecanismo
de concertación-imposición hacia sectores económicos en el PSE, que incluyó
la orientación de expectativas inflacionarias a través de incrementos
preestablecidos al salario mínimo equivalentes a la meta inflacionaria (que
resultó rebasada, lo que produjo una continua pérdida de poder adquisitivo). Sin duda, el objetivo
prioritario de la estrategia puesta en marcha a partir del PSE fue
conseguido: la inflación se redujo de 159.2% en Para financiar estos déficit, sosteniendo a la vez las políticas comercial
y cambiaria, se recurrió a la captación de ahorro externo a través del
endeudamiento público y privado, de la inversión extranjera de portafolios
(acciones bursátiles y títulos de deuda pública "interna"), así
como de la ampliación de facilidades al ingreso de inversión extranjera
directa. Como resultado, los pasivos globales de México con el exterior, que
al cierre de 1987 ascendían a 128 mil 400 millones de dólares, saltaron a 254
mil 472 mdd al cierre del primer semestre de 1994.
Además, mientras en 1987 no existía inversión extranjera en dinero caliente,
al cierre del primer semestre de 1994 la inversión extranjera en estos
instrumentos ascendía a 74 mil 485 mdd, conformando
una bomba de tiempo. Como señalé en mi libro
El modelo neoliberal mexicano. Costos, vulnerabilidad, alternativas (Fontamara, México, 1993): "El déficit comercial, que
en 1992 ascendió a 20 mil 676 mdd, y el desbalance de la cuenta corriente, que alcanzó los 24 mil
804 mdd, colocan a la economía mexicana en una
situación vulnerable: los precarios equilibrios macroeconómicos pasaron a
depender de una variable exógena: el flujo de
ahorro externo y la retención del capital extranjero ingresado, colocado en
los mercados accionarios y de dinero. La vulnerabilidad externa es mayor
ahora que en los días previos a la crisis de la deuda que estalló el 20 de
agosto de 1982". Entonces, los pasivos globales de México con el
exterior ascendían a 88 mil 935 mdd: 78 mil 149 mdd de deuda externa (de los cuales 57 mil 400 mdd eran deuda pública y 20 mil 749 mdd,
deuda privada y bancaria) más 10 mil 786 millones de inversión extranjera
directa; mientras que en diciembre de 1993 los pasivos globales de México con
el exterior ascendían a 245 mil 642 mdd, de los
cuales 127 mil 146 mdd eran deuda externa (78 mil
747 mdd de deuda pública y 48 mil 398 mdd deuda privada y bancaria), 41 mil 930 mdd de inversión extranjera directa (sin incluir revaluación de activos), y 76 mil 567 mdd
de inversión extranjera en cartera. "Así, la economía advertíamos está
en riesgo de una crisis financiera más profunda que la de 1982, no sólo por
la magnitud de nuestros pasivos externos sino por la volatilidad de las
inversiones extranjeras de cartera, que no teníamos al principiar la década
pasada". La economía mexicana se
encontraba caminando en el filo del abismo. Para 1994, dada la renuencia
gubernamental a introducir modificaciones en la estrategia económica, dos
formidables escollos tenían que librarse: 1) retener en el país el dinero
caliente previamente ingresado; 2) atraer ahorro externo para financiar el
déficit corriente (cuya magnitud para 1994 era pronosticada en más de 28 mil
millones de dólares), a fin de evitar, por cualquiera de las dos vías, el
vaciamiento de las reservas internacionales del banco central. Por eso, alerté en el
citado libro: "El ingreso al país del ahorro externo en los volúmenes
requeridos por el actual modelo enfrenta dificultades crecientes, aun con la
ratificación del TLC de América del Norte (que entraría en vigor en 1994).
Recuérdese que entre 1990 y 1992 la afluencia de capitales no sólo se produjo
por las expectativas del TLCAN, sino principalmente por hechos reales: los
elevados rendimientos que arrojaron las inversiones en valores mexicanos de
renta variable ( Estas advertencias,
expuestas desde 1992 en artículos y programas radiofónicos y televisivos,
fueron desdeñadas por el gobierno de Salinas, e incluso tratadas de silenciar
por el Presidente (como lo ha informado José Gutiérrez Vivó, en su programa
Monitor). Otros economistas mexicanos y extranjeros principalmente los
profesores Rudiger Dornbusch
y Paul Krugman señalaron
también los riesgos que traía consigo la sobrevaluación
del peso y sugirieron adoptar medidas correctivas. Pero sus señalamientos
fueron igualmente desdeñados por el gobierno de Salinas. De haberse realizado
los ajustes pertinentes en política cambiaria y otros instrumentos correctivos
en comercio exterior y políticas de fomento sectorial, el abatimiento de la
inflación se habría detenido (probablemente en un rango de variación anual
del nivel general de precios situado entre 10% y 20%), pero tales golpes de
timón era convenientes para corregir los desequilibrios en balanza de pagos y
reducir los requerimientos de ahorro externo, a la vez que para restaurar la
competitividad de nuestra planta productiva y acelerar el crecimiento
económico. Sin embargo, la
modificación de la estrategia económica era incompatible con el objetivo
gubernamental de bajar la inflación a un nivel cercano al de EU. De hecho, la
estrategia que erigió la estabilización de precios en objetivo a ultranza
sacrificaba la competitividad de la planta productiva, el crecimiento
económico y los equilibrios, en aras del abatimiento de la inflación
convertido en dogma macroeconómico. Una vez logrado, el objetivo
inflacionario de un dígito se convirtió en carta de triunfo del gobierno de
Carlos Salinas. Así, en su balance de la
transformación económica durante la administración de Salinas de Gortari,
publicado en junio de 1994, Pedro Aspe afirmó: "Permítanme mencionar los
15 puntos principales. Primero: hemos abatido [...] la inflación [...] En 1993,
la inflación fue de sólo 8%, la menor en más de 20 años. Este año continuará
el proceso de convergencia de la inflación hacia la de nuestros principales
socios comerciales". Todavía en el umbral del
colapso, en su sexto Informe de Gobierno, Salinas sostuvo orgulloso: "En
materia económica el reto que asumí al iniciar mi mandato fue claro: reducir
la inflación y recuperar el crecimiento sobre bases perdurables. Hoy, al
realizar un balance [...] podemos sentirnos alentados por la solidez de
nuestros logros [...]. Comenzamos una etapa de crecimiento económico gradual
y sostenido [...]. Atrás quedaron los problemas de deuda, de déficit, de
inflación y de crisis". Días después estallaría la crisis financiera, la
macrodevaluación cambiaria, la inflación galopante
y la peor crisis de la economía real que haya padecido México desde Investigador del
Instituto de Investigaciones Económicas de |