Mauricio Macossay Vallado
Marzo 2005
Tetiz[1] se ha transformado
rápida y profundamente; de una estable, pobre y pequeña comunidad rural, maya y
mestiza, campesina, henequenera, priísta, en los setenta, ha pasado a ser una
comunidad urbanizada a golpes, desgarrada, desdibujada, ante el derrumbe
campesino y henequenero, las granjas avícolas y la emigración hacia diversas
ciudades de la región y los EU, que cada 3 años vive disputas partidarias y
electorales intensas entre el PRI y el PAN, que se transforma y cambia sin
rumbo claro, a la deriva, aunque a la vez y contradictoriamente humanizándose y
resistiendo. De la callada resistencia de los ochenta se regresa, iguales y
diferentes a la vez, a la soterrada resistencia de los albores del siglo XXI,
resistiendo.
Los cambios de la mundialización, la
crisis henequenera, la proletarización, el establecimiento de decenas de
granjas avícolas, el empobrecimiento y la emigración, han modificado casi
completamente el panorama comunitario; ha habido profundos cambios en las
relaciones laborales, productivas, económicas, sociales, culturales, políticas
y familiares en todos los niveles, incluyendo por supuesto, cambios en los
imaginarios y subjetividades.
Las transformaciones constituyen un
verdadero terremoto social y cultural, que ha movido todo y destruido mucho,
aunque hay cuestiones que sobreviven, identitarias y del sentido de vida y
trabajo que aún se mantienen en sus rasgos esenciales.
Los grupos sociales populares de Tetiz,
como grupos mayas y mestizos con largas y hondas raíces sociales, culturales e
identitarias, recurren precisamente al cúmulo de tradiciones, costumbres y
maneras de vivir y trabajar, construidas a lo largo de décadas, aunque
adoptando otras formas, no sólo para sobrellevar los cambios tan drásticos que
les han atropellado, sino para enfrentarlos, tratando de adaptarse y resistir
al mismo tiempo, ante la avalancha de cambios, los desgarramientos y la
exclusión social que sufren.
En Tetiz el enfrentar los cambios ha
seguido varias formas, destacando principalmente entre las pasivas: la
emigración, con toda su cauda de desintegración social y cultural y de rupturas
locales, aunque también de reconstrucción de redes y solidaridades, y la
descampesinización y conversión en asalariados, contratándose crecientemente
fuera de Tetiz, por la escasez de fuentes de empleo en el área. Pero han
seguido otras formas, de resistencia activa, y esto los distingue en el
poniente y en todo Yucatán. Entre 1987 y 1994 desarrollaron un vigoroso
movimiento popular que los llevó a conquistar varias cosas muy importantes, además
de la dignidad y de la iniciativa social, un gobierno municipal y desde éste ir
cambiando las condiciones de vida y trabajo comunitarias, enfrentar en 1990 a
la Avícola Fernández, las cámaras patronales, el gobierno estatal y varios
medios de comunicación locales, en defensa de elementales derechos laborales y
por la transformación de duras e injustas condiciones de trabajo, dando una
batalla de importantes proporciones para luego, ante la imposibilidad de
triunfar, convertir esa energía en una cooperativa que funcionó especialmente
bien hasta 1993, pero que fue declinando hasta desparecer, junto con el propio
movimiento social en 1994 y durante la crisis nacional y regional de 1995.
Este enfrentar los cambios ha traído
consigo nuevas formas y relaciones sociales e intrafamiliares, haciendo que las
mujeres, y algunos hombres adultos mayores, carguen con mucho del peso de la
casa, de la economía familiar, de la reproducción de las unidades domésticas
familiares e importantes cambios en las relaciones patriarcales tradicionales,
viéndose obligadas a asumir roles y posiciones distintas, que las han llevado
en muchos casos, a tomar las cosas y las decisiones familiares y sociales, con
una nueva y mayor perspectiva, a ser más valientes y seguras. Esta nueva condición
parece ser de primera importancia en el panorama social comunitario en los
últimos 20 años.
En este capítulo se hace un recuento de
los principales hechos, cambios y relaciones ocurridos en Tetiz de 1980 al
2004, poniendo especial énfasis en las relaciones de poder y de dominación
prevalecientes, para destacar el cómo han resistido, particularmente en el
movimiento popular y obrero de
Tetiz
A partir de precisar los principales rasgos
generales e históricos que han conformado a Tetiz y su gente, se pasa a
describir y caracterizar la crisis henequenera en sus particulares expresiones
comunitarias y los cambios que se han venido verificando, para continuar con
una caracterización de las relaciones de poder en los ochenta y las formas en
que se armó y construyó la resistencia, el cómo se pasó del discurso oculto al
público, para luego hablar de los elementos centrales que darían pie a la
batalla de 1990, describiéndose con detalles las fases y vicisitudes de ella,
con una caracterización de los protagonistas populares y una valoración general
de la misma, que abre paso a un análisis y reflexión detallada de la
resistencia, sus bases, formas y recursos y el liderazgo y la conducción
durante la batalla. A continuación se caracteriza la transformación de la
energía social, producto de la lucha y la batalla, en una cooperativa, se
explica su funcionamiento y alcances, hasta su cierre y desaparición en 1994 y
1995, para concluir con la caracterización de la dominación, el poder y sobre
todo de la resistencia en los noventa y principios de este nuevo siglo XXI,
hasta las elecciones locales de mayo de 2004.
Rasgos generales y algo de historia
Tetiz es un pequeño poblado de
3,600 personas[2], cabecera del municipio del
mismo nombre, ubicado en el noroeste de Yucatán, a
Tetiz ha
venido creciendo poco a poco. En 1970 eran tan solo 1,900 personas, en 1980
2,720, en 1990 2,900 personas y en el 2000 3,600; la población creció en los
setenta a una tasa media anual del 4.3%, cuando la media estatal de crecimiento
poblacional fue de 4%; en los ochenta la tasa fue de 0.7% cuando la estatal fue
de 2.8%; y en los noventa la tasa fue de 2.02 % cuando la estatal fue de 1.99%.
Salta a la vista de inmediato el reducido crecimiento en los ochenta, producto
de la migración hacia Mérida y el caribe mexicano, ante el derrumbe henequenero
y la proletarización acelerada, ya que en los setenta el crecimiento
poblacional es mayor al promedio estatal, dada su condición eminentemente rural
y campesina; y en los noventa se estabiliza nuevamente el crecimiento
poblacional; aunque la migración persiste, cambia, ya que ahora migran
principalmente hacia los EU.
El promedio de hijos nacidos
vivos por mujer fue de 3.25 en 1990 y de 3.09 en el 2000, significativamente
por arriba de la media estatal, que se mantiene en 2.5 en 1990 y 2000; la edad
mediana subió de
El analfabetismo ha sido
históricamente muy alto, aunque se ha venido reduciendo; en 1970 era del 48%,
en 1980 fue del 45%, en 1990 fue del 35% y en el 2000 del 28%, más del doble de
las medias estatales; en el ámbito estatal los índices fueron 16% en 1990 y 12%
en el 2000.
En 1990 sólo dos tercios de los
niños (entre 6 y 14 años) asistían a la escuela, en el 2000 esto ya no es tan
grave, ya va el 88% de éstos; las medias estatales fueron 84% en 1990 y 93% en
el 2000; el bajo nivel de educación escolar se amplifica con la menor calidad
de los servicios educativos, comparados con los que se brindan en las ciudades.
La instrucción escolar sigue
siendo poco frecuente y presenta muy bajos índices. En 1970 sólo 28 personas
tenían instrucción post-primaria. En 1990 sólo el 1.47% de la población tenía
educación media superior o superior; en el 2000 subió a 3.61%, pero sigue
siendo muy baja cuando se le compara con las medias estatales, que andan en 19.80%
en 1990 y 24.77% en el 2000.
En 1970 había sólo 570 personas
económicamente activas, ocupadas el 85% (485) en la agricultura, principalmente
en el ejido y las parcelas henequeneras, el 3.5% (20) en actividades de
transformación y el 11.5% (65) en actividades de comercio y servicios.
En 1980 había 965 personas
económicamente activas, ocupadas el 82% (793) en la agricultura, principalmente
en el ejido y las parcelas henequeneras, el 3.5% (34) en actividades de
transformación y el 14.5% (138) en actividades de comercio y servicios.
En 1990 había 1,100 personas
económicamente activas, ocupadas el 73% (800) en la agricultura, incluidos los
200 obreros de las granjas de Fernández, el 10.5% (115) en actividades de
transformación y el 14% (150) en actividades de comercio y servicios.
Para el 2000 la situación cambió
muy significativamente, de 1,320 personas económicamente activas, estaban
ocupadas en la agricultura sólo el 46% (600), incluidos también unos 200
obreros en las granjas de Fernández, en actividades de transformación el 17%
(225) y en el comercio y servicios el 37% (490) De las cuales 2/3 (860) eran
asalariados; con sólo 30 jornaleros agrícolas; y poco menos de un tercio eran
trabajadores por su cuenta (420), principalmente campesinos subempleados (unos
370, más o menos).
Con estos datos puede apreciarse
la magnitud del proceso de proletarización que se ha vivido. En 1970 el 85 %
trabajaba en la agricultura y en el 2000 sólo lo hacen el 46%, incluidos unos
200 obreros en las granjas avícolas. En el 2000 sólo quedan unos 370
campesinos, subempleados y con muy bajos ingresos, apenas el 28% de los que
trabajan. Los demás, el 72%, unos 950, viven de sus bajos salarios.
En cuanto a los ingresos de los
hogares la situación es permanentemente crítica y ha ido empeorando:
En 1970, cuando el salario mínimo
promedio general[4] en el
país fue de 840 pesos mensuales, el 70 % de ellos tenía ingresos monetarios de
hasta 200 pesos mensuales – menos de 1/4 del salario mínimo- y el 22% de ellos
tenía ingresos de entre 200 y 500 pesos mensuales de aquel entonces – la mitad
del salario mínimo-.
En 1980, cuando el salario mínimo
promedio general fue de 1,420 pesos mensuales, 2/3 de los hogares tenía
ingresos monetarios de hasta 1,000 pesos mensuales –no alcanzaban siquiera un salario
mínimo.
En 1990 el 97% de la población
ocupada recibía hasta 2 salarios mínimos, se encontraba en situación de pobreza
y pobreza extrema material. Es en este momento cuando la mayoría de las
familias viven y dependen de salarios, de los ingresos monetarios, derivados
principalmente de vender su fuerza de trabajo y cada vez menos de sus ingresos
y complementos campesinos.
Y en el 2000 la situación se
mantuvo prácticamente igual, ya que el 95.5% son los que reciben hasta 2
salarios mínimos.
El deterioro del poder
adquisitivo de los salarios en todo el país, desde mediados de los setenta,
reconocido por propios y extraños, nos lleva a pensar que las condiciones de
vida han empeorado y la pobreza material ha crecido. Además esto se amplifica
por el hecho de que un número significativo de gente tiene que trasladarse
diario, o con mucha frecuencia a Mérida y otros lugares, para trabajar o
vender, con lo que sus gastos aumentan de manera significativa, a diferencia de
hasta principios de los ochenta, cuando trabajaban en el área.
Estos bajos niveles de ingreso
resaltan cuando se les compara con la media estatal: en 1990 poco más de ¾
partes de los trabajadores ocupados recibía hasta 2 salarios mínimos y en el
2000 poco menos de las ¾ partes de dichos trabajadores recibían un ingreso
similar. Si en Yucatán todo prevalece la pobreza, en Tetiz esto es más agudo.
Las familias de un buen número de
trabajadores migrantes que están en EU, reciben regularmente dinero de éstos y
con ello se mitiga la situación de pobreza generalizada.
Por otro lado la gran mayoría de
la gente es maya, católica devota[5]
y donde muchas antiguas tradiciones (incluso de raigambre prehispánica) se
mantienen en el hablar, el vestir, el comer y el festejar[6].
Tetiz
perteneció al cacicazgo de Ah Canul en la época prehispánica. El tamaño del
templo franciscano y su antigüedad (construido a fines de los mil seiscientos)
es una muestra de la regular importancia del poblado durante la época colonial.
Hubo una encomienda a cargo de Pablo de Aguilar y Alonzo Hernández entre 1700 y
1750. En 1825 formaba parte del Camino Real, del partido cuya cabecera era
Hunucmá. En 1874 se convierte en cabecera de su comarca, pero es hasta 1918
cuando se erige en cabecera del municipio del mismo nombre.
En
1999 Tetiz adopta un Escudo de Armas, que presenta dos gallos, por la
producción avícola, el campanario del templo y hace referencia a su pasado
histórico maya y a la religiosidad del lugar.
Dos edificios históricos destacan
en el centro actual de Tetiz: el templo franciscano dedicado a la Virgen María
Asunción, “la Pobre de Dios”, orientado hacia el poniente, como casi todos los
de Yucatán, y el Palacio Municipal. Ambos han sido objeto de importantes
restauraciones.
Tetiz fue parte de la llamada
zona henequenera yucateca, desde los años setenta del siglo XIX. La zona
henequenera se ha ido contrayendo sumida en una larga y desgastante crisis
desde los sesenta del siglo XX.
En los alrededores de la
comunidad pueden verse vestigios de varias antiguas haciendas, maicero ganaderas
durante el siglo XVIII y la primera
mitad del siglo XIX, henequeneras desde los 70 del siglo XIX, arruinadas y abandonadas actualmente:
Nohuayún, San Francisco, Bella Flor, Abal, Santa María, Chunyá, Kuxub y
Chicché, San Luis, San Antonio, Homote, Muxupilo, Toxix, Yulcá, Kooté y San
Antonio Viudas.
El flujo significativo de
migrantes inicia desde los setenta, se incrementa muy notablemente durante los
ochenta, aunque se trata de migración hacia Mérida y el caribe mexicano (sobre
todo Cancún); se redujo en los primeros años de los noventa, pero desde 1995 se
ha venido incrementando sensiblemente y teniendo a ciudades de los EU como
destinos principales.
Los familiares y los propios
migrantes calculan que hay más de 300 teticeños que viven y trabajan en EU,
poco más de 200 de ellos en Los Ángeles, California y alrededores, unos 100 en
Seattle, Washington y algunas decenas distribuidos en otras ciudades
estadounidenses (Denver, Chicago, etc.) Aproximadamente un 10% de la población
total de Tetiz ha emigrado a los EU y esto claramente tiende a incrementarse.
Un gran cambio en Tetiz fue la
instalación de las granjas avícolas de Fernández desde 1983; crecieron muy
rápidamente y en unos 2 años ya brindaban empleo a casi 200 personas, más del
10% de la población económicamente activa; se convirtió en una de las más
importante fuentes de empleo y de vida comunitaria, mientras las actividades
agrícolas y en especial la henequenera continuaban su caída.
Las tierras y el uso y usufructo
de ellas tienen en Tetiz orígenes remotos, que no se conocen bien a bien, desde
los antiguos mayas. Tetiz tenía a principios del siglo XX más de 500 hectáreas
en uso y usufructo común, que había logrado mantener a salvo de la codicia de
las haciendas henequeneras, que se habían expandido rápidamente en las décadas
anteriores.
En octubre de 1924 un grupo de
campesinos solicitó formalmente el reconocimiento de las tierras ejidales para
la comunidad. El gobernador interino yucateco de aquel entonces, José María Iturralde Traconis[7], dicta una resolución provisional
en enero de 1925, donde reconoce una dotación de 7,620 hectáreas de montes
incultos, afectando a 5 haciendas[8], terrenos nacionales y reconociendo 541
hectáreas que eran consideradas ya del pueblo.
Sin embargo la resolución definitiva,
la presidencial, se daría hasta septiembre de 1937 (publicada hasta noviembre
de 1939) durante la presidencia del Gral. Lázaro Cárdenas, pero reconociendo
una dotación mayor, de 14,593 hectáreas, de las cuales 14,059 eran de montes
incultos y 534 de henequenales, afectando a 9 haciendas[9],
aunque sólo a 4 con henequenales, además de otorgarles 665 hectáreas de
terrenos nacionales e incluir las 541 hectáreas que eran consideradas del
pueblo. Se incluyó a 435 ejidatarios, de los cuales sólo a 131 se les consideró
dotados, mientras a los 304 restantes se les consideró con derechos agrarios a
salvo, sujetos de una ampliación ejidal, que nunca se dio.
Actualmente son 412 los
ejidatarios reconocidos; número que coincide con el estimado del censo del 2000
de que habría unos 400 campesinos, trabajando por su cuenta, aunque
subempleados y teniendo que hacer una variedad de otras actividades para poder
subsistir.
El cultivo y
producción del henequén les ha marcado la vida desde los 70 del siglo XIX.
Desde aquel entonces y hasta 1937, cuando el reparto agrario cardenista, fueron
principalmente peones acasillados y jornaleros de las fincas del área, aunque
algunos se mantuvieron como campesinos libres. Luego fueron ejidatarios
henequeneros colectivizados e integrados en el gran aparato estatal del gran
ejido y de Henequeneros de Yucatán; desde 1955 pasarían a la tutela directa de
los bancos. Ese enorme aparato se fue desgastando y desmantelando poco a poco
en los 60 y 70, y es en 1978, cuando ante la prolongada y aguda declinación y
crisis, se da la primera gran depuración de las nóminas del banco rural, y se
acelera la declinación productiva, económica y social en los ochenta, que
culmina con la liquidación del ejido y los planteles ejidales en 1990 y con la
liquidación de los ejidatarios henequeneros en 1992.
Desde aquel
año quedan unos cuantos pequeños productores de henequén, parcelarios. La
agroindustria henequenera en el área, las plantaciones de henequén, las
desfibradoras, las fincas, el ejido, las parcelas y el conjunto de técnicas,
formas, maneras de producir, vender, relacionarse y asociarse, marcaron a la
población toda y especialmente a los campesinos y a los pobres de Tetiz en
todos los sentidos: laboral, productivo, económico, social, cultural y
político, incluso en el imaginario. Fue tal y tan grande la presencia e
influencia del henequén y sus relaciones, que hasta ahora todavía es
perceptible un cierto sentimiento de desprotección y desubicación generalizada,
ante el hundimiento y la casi desaparición del cultivo y todas sus relaciones
asociadas.
La
declinación productiva y económica del henequén en el área puede verse
claramente con los siguientes datos:
En 1983 había
1,700 hectáreas ocupadas con henequén, que produjeron 700 toneladas de fibra y
brindaban empleo regular, casi toda la semana aunque con ingresos bajos, para
unas 600 personas.
En 1992
quedaban 700 hectáreas en producción, que produjeron 210 toneladas de fibra y
dando poco empleo, en realidad subempleo, e ingresos muy bajos a unas 350
personas.
Y en el 2002
quedaban apenas 242 hectáreas en cosecha, que produjeron 156 toneladas de
fibra, ocupando en forma subempleada a unas 200 personas, con ingresos muy
bajos.
A principios
de los ochenta brindaba empleo, ocupación, ingreso y cierta certeza a 600
personas. En 2002 sólo para 200 y con ingresos muy bajos.
La
economía, el trabajo y la vida de la gran mayoría de la población cambiaron
radicalmente en los ochenta. La avicultura en el área empieza desde mediados de
los setenta, cuando se establecen granjas avícolas de la empresa Campi, en los
alrededores de Hunucmá, pero no es sino hasta 1983 cuando se establece,
alrededor de Tetiz, la Avícola Fernández, para producir huevo fresco[10].
La
empresa avícola Fernández[11],
propiedad del empresario yucateco Jorge Enrique Fernández Martín y de
"algunos inversionistas de Cancún", se fundó desde los sesenta;
aunque creció muy rápidamente desde la segunda mitad de la década de los
ochenta. Así pasó también en Tetiz donde se estableció rápidamente, hasta
llegar a 45 granjas en 1990.
La vida
comunitaria y familiar pese a los grandes y profundos cambios en las últimas
décadas, gira todavía en torno a un conjunto de costumbres y tradiciones mayas
y mestizas entremezcladas, con manifestaciones religiosas devotas y profundas,
que sostienen en mucho la identidad y el sentido de pertenencia y las difíciles
condiciones de vida y trabajo prevalecientes en el área.
La profunda religiosidad
popular constituye una manera de vivir, trabajar y sobrevivir enfrentando
importantes dificultades, basados en la paciencia de los tiempos largos y los
designios divinos.
Es
en Tetiz donde se realizan las fiestas religiosas más importantes del área, en
virtud de que la patrona lo es en toda el área. En mayo, el llamado
religiosamente mes de María, y en agosto, cuando la fiesta de la virgen María
Asunción, la Pobre de Dios. Del 10 al 15 de agosto se realiza la celebración de
la fiesta en honor de la patrona, especialmente importante en el imaginario y
subjetividad de todos los pobladores, sobre todo en los grupos sociales y
clases trabajadoras y humildes.
Persisten
con cierta importancia todavía, festividades como la de los santos difuntos, el Hanal Pixan (comida de muertos), donde se mezcla lo maya y lo
cristiano, lo religioso y lo culinario, entre otras.
El potencial de resistencia y
resignación que brinda la religiosidad es no sólo contradictoria en si misma,
sino fuente de sentidos y trascendencias morales y éticas, que les ayudan en la
vida diaria y en los momentos importantes, de movilización y lucha, como
sucedió en el movimiento de 1990.
Resistencia, política y poder en los 80
La vida política de la comunidad,
el poder y la dominación, cuya base económica fue el henequén y el ejido,
estuvo ampliamente dominada hasta mediados de los ochenta, por pequeños grupos
familiares y corrientes dentro del PRI, que cada tres años competían por
quedarse con el ayuntamiento, con el comisariado ejidal y manejar los recursos
de éstos; en muchas ocasiones con beneficios directos, contantes y sonantes,
personales y familiares. Había un cierto rejuego político que se daba dentro
del PRI, a través de los grupos y corrientes internas, en tanto la política
nacional priísta era nacionalista y más o menos redistributiva.
Cuando la crisis henequenera
arreció y se aceleró la declinación del ejido y la producción henequenera, con
los cambios nacionales del gobierno de Miguel de la Madrid, la situación
económica y social fue empeorando rápidamente y el rejuego político se fue
reduciendo y complicando. Las estructuras del poder y sus mecanismos tenían que
cambiar; las nuevas situaciones obligaban. Había unos cuantos opositores
políticos poco organizados; algunos simpatizaban con el PAN y lo veían como la
única opción de cambio, no sólo de oposición política y partidaria.
Hasta 1987 el
PRI era el único partido y opción política, la política se jugaba dentro de ese
partido o no se jugaba; sólo hubo una experiencia partidaria y electoral
distinta en 1967, cuando un movimiento comunitario postuló por el PAN a un
candidato para las elecciones municipales de aquel año, que dieron una amplia
batalla electoral y parece que ganaron, pero no les fue reconocido el triunfo,
se anularon y se instaló un concejo, encabezado por el priísta Alberto Canto,
que gobernó el municipio todo el trienio; esto coincide en el tiempo que el
panista Correa Rachó ganó y gobernó el municipio de Mérida.
En 1970 el
PRI restauraría su dominio partidario y electoral, que se prolongaría intocado
hasta 1987, basado en mucho en el control corporativo del ejido henequenero y
la relativa estabilidad comunitaria.
El derrumbe
henequenero generaría crisis en todos los sentidos, también en el político
partidario y el PRI se iría debilitando. En 1987 la situación cambió de manera
muy importante.
Cuadro 8. Elecciones locales en Tetiz, Yucatán, 1981-1987
|
|
1981 loc1 |
1984 loc2 |
1987 loc1 |
|
PRI |
847 |
1179 |
448 |
|
PAN |
0 |
0 |
487 |
|
PRD |
0 |
0 |
0 |
|
Otros |
0 |
0 |
0 |
|
Votos |
847 |
1179 |
935 |
|
Padrón |
1331 |
1404 |
1815 |
|
% votantes |
63 |
84 |
51 |
Fuentes: Instituto Electoral
del Estado de Yucatán, página web http://www.ieey.org.mx
Centro de Información para el Desarrollo, AC, página
web http://www.cidac.org/espaniol_politica-2000.htm
Loc1 Locales, para Presidentes Municipales,
Diputados locales y Gobernador
Loc2 Locales, para Presidentes Municipales y
Diputados locales
Gráfico 1. Tetiz, Yucatán, votos
de los principales partidos, 1981-1987

Los grandes cambios económicos y sociales
en todos los órdenes no se verían reflejados políticamente sino hasta 1987,
cuando un amplio e importante movimiento popular surge aparentemente de la
nada, y logra el triunfo en las elecciones municipales, superando múltiples
obstáculos internos y en el área. El dominio político, partidario y electoral
del PRI muestra sus limitaciones, entra en crisis y en 1987 no puede conservar
el gobierno municipal.
El movimiento social comunitario en Tetiz
de 1987 y 1988, fue una movilización popular política y electoral que fue
creciendo rápidamente de manera insospechada y con una energía desbordante, que
se propuso obtener el ayuntamiento, a través del registro del PAN, donde se
organizaron centenas de teticeños, cansados de la corrupción y del manejo del
gobierno que hacían los grupos priístas, muy desgastados e identificados con la
Avícola Fernández y el conjunto de sus imposiciones e injusticias.
Fue un amplio movimiento que inició desde
mediados de 1987 y se prolongó hasta febrero de 1988, porque las elecciones
ordinarias municipales de noviembre de aquel año fueron anuladas, ante la
movilización popular y el cúmulo de irregularidades, convocándose a elecciones
extraordinarias para febrero de 1988, donde se ratifica el triunfo popular; el
movimiento comunitario no disminuyó, por el contrario creció, enfrentó muchas
maniobras y el triunfo electoral les fue finalmente reconocido.
Se instala entonces, desde el 10 de marzo
de 1988, un gobierno municipal diferente, popular, encabezado por Timoteo
Canché Tinal[12],
Bonifacio Tuyub[13]
y Jacinto Ek. Las mujeres teticeñas, organizadas y movilizadas espontáneamente,
fueron uno de los pilares básicos del movimiento comunitario por la conquista
del gobierno municipal, como luego lo serían del movimiento sindical y popular
de 1990.
El carácter popular y diferente del
gobierno municipal se pudo ver desde la campaña misma, que se organizó y
realizó mediante reuniones, mítines y concentraciones, donde los dirigentes
hablaban de hacer las cosas de manera nueva, diferente y a favor de toda la
gente, con la opinión y participación efectiva de todos, no sólo de los ricos y
poderosos del área; primero fue una campaña interna rápida, donde resulta
electo por amplio margen Timoteo Canché, para luego concentrarse en la campaña
municipal, frente al PRI, sus grupos y muchos años de usos, costumbres e
inercias políticas y partidarias, sin recurrir a la entrega de regalos, carne,
licor, gorras y sabucanes, haciendo una política popular, con y desde los
grupos sociales más humildes, asumiéndose como representantes y portavoces de
la voluntad popular.
El discurso oculto de la resistencia, de
los grupos populares teticeños fue creciendo desde principios de los ochenta,
alimentándose del deterioro social y económico que se estaba viviendo, se
acrecentó a partir de 1983 cuando se instalan en el área las granjas de
Fernández, se contrata a cientos de teticeños y se cometen todo tipo de
tropelías, injusticias, humillaciones e indignidades.
Se va constituyendo un sujeto social
popular amplio, político, ante la conjunción de circunstancias del deterioro
económico y social comunitario y cambios en las subjetividades populares, que
se van armando en torno a la necesidad de establecer un gobierno popular,
distinto, con grupos e individuos diferentes, que representen el sentir amplio
comunitario y permitan que las necesidades y los cambios giren hacia el interés
popular. Se va construyendo el discurso oculto de los dominados durante el
camino y el proceso de constituirse como opción política electoral, con varias
influencias regionales, como la existencia y funcionamiento del sindicato
independiente y democrático de Campi en Hunucmá, y la persistencia de un importante
sentido de comunidad y redes de solidaridad familiar comunitaria, que con los
cambios ven y sienten la necesidad de hacer algo frente a éstos.
Y es en septiembre de 1987 cuando el
discurso oculto de los dominados aparece en la escena pública reivindicando su
derecho a cambiar al gobierno municipal. La base material del profundo cambio
en las subjetividades populares fue el pasar de ejidatarios henequeneros
colectivizados y corporativizados, en una estructura que les daba bajos
ingresos, con jornadas de trabajo medias y los trataba no tan mal, a obreros
asalariados, con ingresos igualmente bajos, extenuantes jornadas de trabajo y
malos tratos y humillaciones cotidianas, que los llevaría a buscar y encontrar
una salida política para las nuevas condiciones, por medio de obtener el
control del gobierno municipal.
La infrapolítica de los dominados fue
creciendo durante toda la primera mitad de la década de los ochenta, para en
1987 dar el salto cualitativo hacia una política abierta, con la fuerza
suficiente para disputar elecciones municipales.
Durante 1988 y 1989 con el triunfo
electoral popular, aun cuando fue por medio de las siglas del PAN y este venía
ejerciendo una creciente influencia política e ideológica, a través de su
dirección estatal y algunos de sus cuadros, la política popular que se iba
aplicando en las decisiones y formas de gobernar la comunidad y el propio
municipio, fue afianzando el proceso de cambio político y de crecimiento del
discurso de la resistencia y de la dignidad. Esto se expresaría con toda
claridad en el movimiento de 1990, que analizamos a detalle en las siguientes
partes.
A fines de los ochenta la mayoría
de la gente se dedicaba al cultivo del henequén y cítricos, a sus solares
familiares (amplios y diversificados bajo una lógica de subsistencia) y al
trabajo en las granjas de la empresa avícola Fernández; unos pocos eran
comerciantes y taxistas; un número creciente y significativo de personas se
trasladaba todos los días, o con mucha frecuencia, a trabajar a Mérida como albañiles,
obreros y vendedores; otros habían migrado a Cancún, Cozumel, Celestún y EU y
regresaban, al menos una vez al año, a mediados de agosto, cuando la
tradicional fiesta de la patrona de la comunidad.
En 1989 había un conjunto particular de
elementos y características que le daban los rasgos fisonómicos al entorno
directo en el cual se daría la batalla sindical y popular de 1990; elementos y
circunstancias que permiten entender la profundidad, amplitud e importancia de
la resistencia, del conflicto sindical y de la batalla. Entre éstos destacan
especialmente 5:
-
Las
experiencias y papel regional que desempeñaba el sindicalismo independiente
yucateco, especialmente el sindicato avícola de Campi en Hunucmá y una
intersindical que funcionaba en aquellos años.
-
El
movimiento social comunitario de Tetiz que venía desde 1987 y daba sustento y
base al gobierno municipal popular.
-
Las
condiciones salariales, de trabajo y trato que recibían los obreros que
trabajaban en las granjas.
-
La
experiencia del despacho Macossay, de asesoría a sindicatos y organizaciones
populares independientes, que asesoraría y se integraría de lleno al
movimiento, durante todo el conflicto sindical.
-
La
política laboral y sindical que prevalecía en la región y en el país en aquel
año, a inicios del régimen salinista, y los rasgos específicos en la región del
modelo de inserción de México en la mundialización neoliberal.
El sindicalismo independiente yucateco
El sindicalismo independiente en Yucatán de
larga y rica historia, fue un factor importante en la resistencia popular y en
la lucha sindical. En los setenta había surgido una nueva camada de sindicatos
independientes, que habían dado importantes batallas. Movimiento sindical
insurgente cuyo abogado y asesor legal y político principal Efraín Calderón
Lara, el “Charras”, fue asesinado en febrero de 1974, cuando el gobierno de
Loret de Mola. A pesar del asesinato del abogado asesor y de la represión
contra los dirigentes, asesores y los nacientes sindicatos, se mantuvo cierto
auge y flujo en las luchas sindicales hasta fines de los setenta, aunque
desgastado y disminuido.
En los ochenta los viejos sindicatos
obreros, como los de cerveceros, portuarios y cordeleros, se desdibujarían en
muchos sentidos y su declarado apoliticismo, en cuanto a los partidos, los
llevaría a la casi inmovilidad, al anquilosamiento y a plegarse a los patrones
y al gobierno en turno. Sin embargo en esta década hubo varias importantes
batallas sindicales, como la del surgimiento del sindicato de obreros salineros
de Las Coloradas en 1980, la democratización del sindicato avícola de Campi en
Hunucmá y Baca en 1981, la democratización del sindicato de obreros de la
Siderúrgica de Yucatán en 1982 y 1983, en el sindicalismo bancario y de varios
fideicomisos en 1982 y 1983; de empleados de una distribuidora de la Cervecería
Modelo en 1984; de costureras de la maquiladora coreana Textil Maya en 1987 y
de obreros porcícolas de la empresa Noreña, en 1989, entre los principales.
A fines de los ochenta se mantenía un
reducido grupo de sindicatos y delegaciones sindicales, que conformaban una
pequeña, aunque ruidosa y combativa intersindical, que trataba de rescatar la
rica memoria histórica obrera y sindical regional; de ella formaba parte destacada
el sindicato de trabajadores avícolas de la empresa Campi, que desde 1981
habían logrado rescatar su sindicato de la CTM y
convertirlo en un eficaz instrumento de defensa colectiva, con salarios
adecuados, condiciones aceptables de trabajo y un buen contrato colectivo[14]. Desde
1981 se fueron desarrollando cuadros sindicales democráticos, con el apoyo y
asesoría del despacho Macossay y de algunos grupos regionales de la izquierda
social, lo cual influyó en un funcionamiento democrático y eficaz, que fue
formando sindicalistas y dirigentes, con un nivel medio de conciencia política
y sindical. Algunos de ellos eran teticeños que trabajaban en dichas granjas y
formaban parte de este sindicato[15], algunos
fueron delegados y dirigentes sindicales también. La experiencia alcanzada y el
ejemplo serían factores importantes a favor de la organización del sindicato en
las granjas Fernández y en la lucha sindical que se daría en 1990. El sindicato
avícola de Campi y la intersindical pusieron al servicio del movimiento
teticeño su experiencia, capacidad, historia, recursos políticos y económicos
durante la batalla obrera de Tetiz en 1990.
El movimiento social comunitario y el gobierno
municipal popular
El movimiento social comunitario popular
que había conquistado un gobierno municipal diferente, se consolidó en la
medida que el movimiento no se desmovilizó y el gobierno respondía a las
expectativas de la gente, desarrollando un conjunto amplio de acciones sociales,
con la activa y amplia participación de casi todos los grupos sociales de la
comunidad. Esto y la fidelidad del gobierno municipal al sentir del propio
movimiento le dieron una especial fuerza y cohesión interna, que de mucho
serviría en la batalla de enero a junio de 1990. Es por esto que cuando el
sindicato se forma y la batalla se lleva a cabo, recibe un gran apoyo del
gobierno municipal en todo momento, que no hacía más que responder a las
necesidades del propio movimiento social comunitario.
Las reuniones barriales y comunitarias
eran nutridas, con cientos de personas, que efectivamente participaban y
tomaban las decisiones importantes municipales.
Las relaciones laborales predominantes en las granjas
Los obreros de las granjas eran en su
mayoría ex-campesinos henequeneros sub-empleados, que encontraron un trabajo
menos mal pagado que en el campo henequenero, con niveles educativos promedio
de 3° de primaria e incluso muchos analfabetos totales, habituados al trabajo
duro, que recibieron capacitación como caseteros.
Las condiciones de trabajo y de
relaciones laborales predominantes en las granjas para
los 200 obreros que laboraban en las 45 granjas de Tetiz, así como los 50
obreros en las 12 granjas de Hunucmá, eran malas, no se respetaba derechos elementales; no se pagaba
el salario mínimo profesional, sino el mínimo general; se obligaba a trabajar
jornadas diarias de 10 horas, 6 días a la semana, sin pago de horas extras, se
utilizaba el trabajo de niños (de entre 8 y 12 años) a quienes los obreros
debían pagarles 8 o 10 mil viejos pesos semanales de su propio sueldo, para
poder cubrir la carga de trabajo; no se respetaban las incapacidades médicas
del IMSS; muchos obreros no estaban afiliados al IMSS ni al INFONAVIT; se violentaba
frecuentemente el
derecho al reparto de utilidades, al aguinaldo y a las vacaciones; y se daban
frecuentes y arbitrarios despidos, con pago de indemnizaciones muy bajas.
El ingreso promedio de un casetero
era de apenas 66 mil viejos pesos semanales[16], de los cuales le
quedaban sólo unos 56 mil, una vez pagando al niño que "le ayudaba",
por una jornada semanal cercana a las 60 horas; además tenían que laborar en
malas condiciones de higiene, expuestos a múltiples enfermedades y
padecimientos.
Todo ello configuraba una situación
de sobre-explotación obrera, agravada por el despotismo de los empleados de
confianza y del mismo propietario de la empresa, quien manejaba todo de manera
unipersonal y con altos niveles de discrecionalidad, maltratando incluso a los
empleados de confianza.
Todo
esto fue originando una alta movilidad de los obreros y altos niveles de
descontento, sobre todo porque algunos teticeños trabajaban en Hunucmá y podían
constatar que las condiciones salariales, de trabajo y de trato que tenían los
obreros en las granjas de Campi eran muy superiores, y en buena medida producto
del sindicato que tenían. El despotismo y los malos tratos fueron un factor
especialmente importante y fuente permanente de malestar obrero.
Durante
los ochenta se dieron varios intentos de sindicalización, frenados con
amenazas, despidos, detenciones y maniobras patronales, muchas de ellas fuera
de la ley, con el apoyo de la Junta Local de Conciliación y la CTM. Fernández
contrató a un sindicato cetemista (manejado por el entonces diputado local
priísta y directivo estatal cetemista José Pacheco Durán[17]),
a quien pagaba por un contrato colectivo de los llamados “de protección”[18],
negándole a los trabajadores en los hechos el ejercicio legal del derecho a la
libre sindicalización y a la contratación colectiva bilateral.
En
el contrato de protección entre Fernández y el sindicato cetemista sólo
incluían a los obreros de las granjas. Estaban conscientes que era en las
granjas donde había el mayor riesgo de lucha sindical.
El despacho Macossay
El despacho Macossay de asesoría a
sindicatos y organizaciones populares políticamente independientes, había
asesorado a muy diversos grupos de obreros, fundamentalmente en luchas
sindicales, aunque también a grupos campesinos y de colonos urbanos. Mantenía
de alguna forma, parte de la memoria histórica reciente de las luchas
sindicales, experiencias organizativas e ideológicas.
Con 18 años de trayectoria en aquel
entonces, 5 en Campeche y el DF y 13 en Yucatán. Había participado en
importantes luchas sindicales, independientes casi todas ellas, que se habían
dado en Campeche y Yucatán desde mediados de los setenta y tenía relaciones y
contactos con varias organizaciones sindicales independientes del DF y otras
partes del país.
Tenía experiencia directa en luchas de
trabajadores universitarios, madereros, del ayuntamiento, obreros refresqueros,
salineros de Las Coloradas, empleados de comercios y supermercados,
trabajadores telefonistas, obreros avícolas (asesorando al sindicato de Campi,
desde que se democratiza en 1981), obreros siderúrgicos, empleados bancarios y
de fideicomisos, costureras de maquiladoras, obreros porcícolas, obreros de las
desfibradoras y obreros cerveceros, entre otros. Así como también participó en
la construcción de frentes sindicales, como aquella intersindical de 1988-1990.
Brindó toda la asesoría legal,
organizativa y política, integrándose plenamente al movimiento y la batalla.
Estaba formado por una decena de activistas voluntarios, encabezado por Julio
Macossay Vallado, Isela Rodríguez Alonzo y Mauricio Macossay Vallado.
La política laboral y sindical prevaleciente
La política laboral y sindical que prevalecía en la región y
en el país en 1989-1990, los primeros años del régimen salinista, cuando las negociaciones
para la firma del TLC con EU y Canadá, respondía al particular modelo de
inserción de México en la mundialización neoliberal; aplicada por el gobierno
federal y estatal priístas en estrecha coordinación con las cámaras patronales
y en respuesta casi directa a las presiones del gobierno de EU y los organismos
financieros multilaterales, para ir "reformando",
"modernizando" y "homologando" los procesos productivos y
las prácticas laborales con las de EU, por encima, y en ocasiones en abierta
violación, a la legalidad laboral mexicana vigente; que no era pertinente
reformar directamente, para acercar más a México a las necesidades del gran
capital financiero internacional e insertarlo plenamente en los circuitos de
acumulación.
Era una política de desconocimiento en los hechos, de los
derechos legales y políticos colectivos de los trabajadores asalariados y sus
organizaciones, para abaratar al máximo los costos laborales, mientras se
fomentaba la industria maquiladora de exportación sin ningún tipo de sindicato,
ni siquiera los cetemistas y croquistas, mucho menos de organizaciones
independientes que se movilizaran y lucharan por mejores salarios y condiciones
laborales, de trabajo y vida dignas.
Funcionaba en la práctica y negada en los dichos y declaraciones,
entre otras, una política laboral federal de control puntual y represión
al sindicalismo independiente, no oficial, y en especial centrada contra los
dirigentes, abogados y asesores no sobornables[19].
Tal política, por su dureza, encendió los ánimos y los
mantuvo especialmente altos; se consideraba inaceptable que el gobierno y los
patrones actuaran con completa impunidad, en la imposición de sus objetivos y
sus formas, sin respetar la legalidad, ni la dignidad de quienes luchaban por
sus derechos.
La batalla sindical y
popular de 1990
La batalla sindical y popular duró 5
meses (del 10 de enero al 2 de junio de 1990) y tuvo 3 fases: la primera, que
arranca el 10 de enero y culmina el 4 de febrero, con el reconocimiento del
sindicato independiente y de la titularidad del contrato colectivo de trabajo;
la segunda, que abarca del 5 de febrero al 4 de abril; y la tercera (la más
aguda) que duraría 55 días, va del 5 de abril al 2 de junio; el 30 de mayo
liberan a los presos políticos del sindicato y concluye la confrontación
directa. El 2 de junio se cerraría la fase 3, con una misa y un baile popular.
Los mecanismos tradicionales de
dominación y de poder económico, social y político estaban rotos, ya no eran
efectivos, habían perdido consenso y crecientemente se mantenían por medio de
la represión. Influye también y de manera importante el que el Estado abandone
el papel de mediador entre los diversos intereses sociales existentes y se
cargue del lado patronal[20].
La resistencia oculta se vuelve pública, los
obreros avícolas primero y luego casi toda la población, se suman e involucran
en la batalla, pasa de ser una batalla sindical, obrera, a ser una batalla
popular con base obrera, frente a las maniobras patronales y gubernamentales.
Pasa de ser una batalla localizada, sindical, en una mediana empresa avícola, a
ser una batalla popular y sindical local, con la participación de actores
sociales y políticos locales, estatales y nacionales.
Ver el anexo documental de la batalla, al
final de este estudio, donde se muestran documentos del movimiento, de la
prensa local y nacional, que ilustran muchas de las cuestiones que aquí se
narran y analizan.
La fase 1, del 10 de enero al 4 de febrero
En diciembre de 1989 3 obreros de la
Granja San Jorge, de Tetiz, son violentamente detenidos, acusados de robar
huevo y despedidos, obligados a firmar un finiquito y recibir una liquidación
muy baja; este episodio se constituye en el detonador del movimiento por
sindicalización. Unos 10 obreros se dan a la tarea de volver a intentar la
formación de un sindicato que les permitiera la defensa de sus derechos
colectivos, reconocidos legalmente, y recurren al despacho Macossay, por
consejo de Timoteo.
El 10 de enero con una muy concurrida
reunión "clandestina" en Tetiz, casi todos los 250 obreros de las
granjas de Tetiz y Hunucmá, inician la lucha por sindicalización. Deciden
utilizar la forma legal de afiliarse como Sección II, al sindicato avícola de
Campi (Sindicato de Trabajadores de la Industria Avícola en Yucatán, Similares y
Conexos).
El 16 de enero, con la masiva afiliación
de los trabajadores al sindicato independiente, se mete un Juicio por
Titularidad del Contrato Colectivo, ante la Junta Local de Conciliación y
Arbitraje; el patrón se sorprende, no se lo esperaba; sus espías fallaron. Por
los antecedentes patronales y la situación en las granjas, la asesoría legal le
pide expresamente al patrón y a las autoridades laborales que se ajusten al
procedimiento y al camino legal, que los trabajadores estaban siguiendo. El patrón
responde con amenazas y despidos, lo cual provoca que el 24 de enero el
sindicato estalle un paro en las granjas de Tetiz y de Hunucmá. Huelga que
duraría 12 días y concluiría con un arreglo totalmente favorable para los
trabajadores.
A pesar de la escasa experiencia sindical
se organizan rápidamente las guardias obreras y se tensan las fuerzas. No hay
marcha atrás.
El 25 de enero por la tarde, un centenar
de policías antimotines estatales y obreros eventuales llevados por Pacheco
Durán (realmente esquiroles cetemistas) intentan romper la huelga y sacar la
producción en la granja Santa Cecilia, una de las más alejadas de la población,
a un lado de la carretera de va de Hunucmá a Tetiz, pero son rechazados por los
trabajadores y centenares de pobladores, encabezados por el Presidente
Municipal Timoteo Canché, quienes los obligan a retirarse precipitadamente.
Habían sido convocados con las campanas
de la iglesia, cientos de mujeres, niños, hombres e incluso ancianos, ante la
tensión en el área y la necesidad de defender al naciente sindicato y su
huelga.
Este hecho inauguró el apoyo popular
generalizado en Tetiz y disparó el apoyo sindical y popular en Mérida y las
poblaciones del área. El sindicato avícola de Campi, apoya decididamente,
brinda solidaridad y consejos, que contribuirían a acumular una gran fuerza del
lado de los trabajadores.
La organización sindical y popular en los
campamentos que se establecieron ante el intento de ruptura fue importante
factor de unidad, organización creciente y fortalecimiento del movimiento
sindical y popular. En los campamentos, en asambleas masivas, se informaba,
discutía y se decidían todas las cuestiones importantes, invariablemente. Se
ejercía una nueva forma de hacer política y daba seguridad, confianza y
fortaleza al movimiento.
La huelga concluyó en la noche del 4 de
febrero, después de arduas negociaciones, con la mediación del Secretario
General de Gobierno estatal Martínez Zapata, quien presionó al patrón para que
se apegara a los mínimos establecidos en la legislación laboral. Se firmó un
convenio legal entre patrón y sindicato, donde el primero reconocía plenamente
los derechos de los trabajadores, respetaba su organización y firmaba un
Contrato Colectivo de Trabajo (exactamente en los mismos términos que el contrato
de protección que tenía con CTM). Convenio que se depositó y ratificó ante la
Junta Local de Conciliación el 6 de febrero.
Con una huelga de 12 días y apenas a 26
días de iniciada la lucha, los obreros obtenían una contundente victoria,
gracias al alto grado de unidad y combatividad, al nivel de organización y
confianza alcanzado, a la nueva manera de hacer y vivir la política sindical y
al gran apoyo popular y sindical regional obtenido. Claro que las demandas eran
moderadas, justas y elementales. Querían que se les reconociera la organización
sindical que ellos habían formado y se les respetaran las prestaciones,
salarios y condiciones de trabajo que el contrato de protección establecía, sin
ningún aumento o mejoría adicional.
La fase 2, del 5 de febrero al 4 de abril
Durante todo febrero, con problemas y
fricciones, se fue normalizando la producción y las relaciones laborales, bajo
nuevas condiciones, con el respeto a los derechos obreros.
El 15 de febrero el naciente sindicato
independiente, reconocido ya legalmente y de hecho, con el Convenio del 4 de
febrero, se desiste del juicio de titularidad que promovió el 16 de enero
anterior.
El problema laboral principal, el de las cargas
de trabajo, se resolvió rápidamente (era el causante de las jornadas diarias de
10 horas y de la utilización necesaria de niños ayudantes), bajando la carga de
trabajo de 25-27 cajas de huevo diarias de recoja, a la media nacional de
productividad avícola de 15 cajas diarias; aunque en medio de fricciones
constantes. Asimismo se iban corrigiendo paulatinamente las violaciones a las
prestaciones mínimas, al salario profesional y a las condiciones de trabajo. Al
bajar las cargas de trabajo el patrón tuvo que contratar a decenas de
eventuales por medio del sindicato, para cubrirlas.
Al mismo tiempo se trabajó en la
construcción de la estructura sindical, del Comité Ejecutivo, delegados,
asambleas, reuniones, finanzas, estatutos, formas democráticas de funcionamiento
sindical, información, discusión, toma de acuerdos y ejecución de los mismos;
se siguió el ejemplo del sindicato de Campi y sus avances en materia
democrática, lográndose una vida sindical democrática y ampliamente
participativa en corto tiempo. Se estableció firmemente el principio de que
todas las decisiones importantes tenían que tomarse e implementarse a partir de
asambleas generales y de delegados sindicales, reduciendo al mínimo el margen
de decisión y maniobra de los dirigentes, ejerciendo formas de democracia
directa principalmente, mientras las formas de la democracia representativa se
limitaban a algunas cuestiones de poca trascendencia sindical y política.
Hacia inicios de marzo las fricciones
aumentaron. El 8 de marzo la empresa despide a dos dirigentes sindicales de
Hunucmá y el sindicato estalla un paro, que duraría sólo siete y media horas,
ya que se lograría la reinstalación de los despedidos y un nuevo acuerdo
verbal, de respeto al sindicato.
Sin embargo la empresa desataría una
campaña de amenazas e intentos de soborno, dirigida contra el abogado asesor
Julio Macossay, el Alcalde teticeño Timoteo Canché y los dirigentes sindicales.
Campaña instrumentada por medio de los empleados de confianza, los cetemistas
de Pacheco Durán, radio, televisión y algunos periódicos. Campaña[21] que fue
planeada y acordada entre el patrón Jorge Fernández y el cetemista Pacheco
Durán con el Secretario General del gobierno estatal Martínez Zapata; este
personaje había mediado en febrero, pero a estas alturas había cambiado
radicalmente de actitud.
A mediados de marzo el patrón despide a
72 trabajadores (entre eventuales, trabajadores de base y dirigentes
sindicales) a la vez que esconde grandes cantidades de huevo, aumentando el
precio, aún cuando todavía era controlado y fijado oficialmente.
Del 17 al 26 de marzo el sindicato
mantiene las granjas bajo control obrero, permitiendo la salida normal del
huevo, pero sin permitir la entrada del personal de confianza, a la vez que
denunciaba públicamente las maniobras y el ocultamiento patronal.
Se pide e insiste por la mediación
gubernamental para resolver las crecientes tensiones; finalmente el 26 de
marzo, con un mediador del gobierno estatal (Álvaro López Soberanis, diputado
priísta y Presidente del Congreso local), se llega a un aparente arreglo, el
patrón reinstala a los despedidos y se compromete a volver a respetar al
sindicato. Unos días después se vería que sólo fue una maniobra para ganar
tiempo y continuar preparando la ofensiva del 5 de abril.
Hacia fines de marzo la empresa y el
sindicato cetemista meten a la Junta Local de Conciliación un padrón inflado de
socios, con fecha de noviembre de 1989. La Junta lo acepta y le da entrada,
como si realmente lo hubieran metido desde esa fecha. Así mismo la Junta
declara "ilegal" el convenio del 4 de febrero, negando la
personalidad jurídica del sindicato avícola, en una maniobra para justificar
los actos de la empresa y de la CTM.
Mientras tanto, los personeros del
empresario Fernando Fernández y José Pacheco Durán, contrataban esquiroles,
golpeadores y pandilleros en Mérida, para tomar por asalto las granjas. Todo
ello con el conocimiento y anuencia del gobierno estatal, al más alto nivel,
como luego se sabría y se confirmaría. La agresión pretendía asestar un golpe
demoledor y sorpresivo al sindicato, para destruirlo o por lo menos debilitarlo
gravemente.
La fase 3, del 5 de abril al 2 de junio
Ataque, defensa, confrontación y denuncias
El 5 de abril poco antes del amanecer,
trasladan en decenas de camionetas de la empresa a unos 200 esquiroles y
golpeadores armados con palos, tubos, cadenas y algunas escopetas, para asaltar
y tomar el control de las granjas de Tetiz.
Mientras unos 250 esquiroles y golpeadores hacían lo mismo en las
granjas de Hunucmá.
En Tetiz casi todos los 200 trabajadores
y cientos de teticeños, alertados por empleados de confianza, salieron a las
calles, se encaminaron a las granjas y rechazaron la agresión, expulsaron a los
esquiroles, detuvieron y escarmentaron[22] a 11
personas, que encabezaban a los agresores; así como 9 camionetas de la empresa,
que fueron entregadas al presidente en el palacio municipal, para el
procedimiento penal correspondiente. En la confrontación resultaron 7
trabajadores del sindicato lesionados (uno de ellos de consideración).
En Hunucmá los 50 trabajadores del
sindicato fueron rechazados y replegados, defendiéndose con piedras; finalmente
huyeron a Tetiz a refugiarse.
El mismo día 5 de abril, informado por
teléfono de lo que había sucedido, Julio Macossay, como asesor legal del
sindicato y Timoteo Canché, como presidente municipal, quien había ido a Mérida
en cuanto se controló la agresión patronal, precisamente a denunciarla
penalmente, se presentan al medio día al ministerio público a iniciar un
procedimiento penal contra los agresores (a petición expresa e insistente de
Álvaro López Soberanis -presidente del congreso local- quien garantizó
verbalmente que se procedería contra los responsables; luego se constataría la
mentira y la doble cara gubernamental) Ahí secuestran virtualmente a Julio[23] y no lo
dejan salir del edificio judicial, ante la presión de unos 200 cetemistas
encabezados por Pacheco Durán y personeros de Fernández, quienes se mantuvieron
a las puertas de dicho local todo el 5 de abril y parte del 6 de abril, hasta
que Julio fue “aprehendido legalmente" y trasladado al Penal. Mauricio
Macossay iría a Tetiz desde la tarde del 5 de abril, integrándose totalmente al
movimiento, compartiendo la suerte del mismo y apoyando en todo lo que se
necesitara; permaneció en Tetiz hasta el fin del conflicto.
En la noche del 5 de abril Timoteo
regresa a Tetiz, seguido de decenas de policías antimotines, judiciales y
agentes del ministerio público, para decidir junto con el pueblo qué hacer, en
medio de una gran tensión y de la exigencia popular de no entregar a los 11 que
encabezaban a los agresores, en tanto no dejaran libre a Julio. Se improvisó
una de las más emotivas y grandes asambleas populares para decidir al respecto;
se discutió con gran pasión, delante de los policías y algunos panistas[24] que
acudieron también, donde incluso participó Julio en la asamblea por medio de un
radio; finalmente con toda racionalidad, la asamblea decidió actuar de acuerdo
a la ley, comportarse honestamente y ordenó a Timoteo que consignara a los 11 y
los entregara al ministerio público, para iniciar contra ellos el procedimiento
penal correspondiente, aunque advirtiendo que no tolerarían con los brazos
cruzados, el que Julio fuera apresado.
Con toda prisa arman un voluminoso
expediente penal contra Julio y Mauricio Macossay, el secretario general del
sindicato Carlos Caamal, miembros del comité ejecutivo y delegados y libran
rápidamente 25 órdenes de aprehensión. El 6 de abril, a las 3 de la tarde,
aprehenden a Julio y se lo llevan a la Penitenciaría estatal. Julio se
declararía en huelga de hambre desde el mismo 6 de abril. Huelga de hambre que
duraría 50 días.
El 6 de abril por la tarde, cuando se
recibe la noticia de que Julio había sido detenido y trasladado al penal
estalla la indignación, muchas gentes claman por medidas duras, varios
enfurecidos trabajadores y pobladores proponen quemar algunas granjas; cuesta
mucho trabajo retomar la calma, esperar a la asamblea nocturna donde se
analizaría a detalle y se tomarían las medidas necesarias. La asamblea sindical
y popular nocturna, con casi toda la población de Tetiz, cientos de hunucmenses
y algunos de Mérida, conoce toda la información, discute, analiza y llega a una
serie de acuerdos por consenso: mantener y fortalecer los campamentos y
guardias instaladas espontáneamente desde la mañana del 5 de abril, mantener y
mejorar el control obrero total de las granjas, retener el huevo hasta que una
nueva asamblea decidiera al respecto, lanzar una gran campaña de movilización y
de difusión por todos los medios posibles a nivel regional, estatal y nacional,
informando a toda la población y llamando a la solidaridad, mantener la calma,
“el corazón caliente y la cabeza fría”, no caer en provocaciones, exigir la
liberación de Julio, el castigo a los responsables de la agresión y el pleno
reconocimiento de su sindicato y los derechos obreros.
Fernández, Pacheco Durán y todo el
aparato del gobierno estatal se mostraban en completo acuerdo, clamaban contra
asesores, trabajadores, Alcalde y pueblo de Tetiz y de Hunucmá por haberse
defendido y expulsado a los agresores; pretendían hacer creer que los agresores
eran los agredidos, que defenderse era un crimen, que rechazar a los esquiroles
era "ilegal".
El patrón metería 3 denuncias penales en
contra de asesores, Alcalde teticeño y dirigentes del sindicato, acusándolos de
múltiples delitos, con el abierto apoyo de la Procuraduría de Justicia, del
gobierno estatal, radio, televisión y algunos periódicos y revistas. Denuncias
que son rápidamente tramitadas y achacadas, casi en su totalidad, a Julio
Macossay preso. Mientras afirman que están "apegándose a la legalidad y al
estado de derecho".
Julio Macossay como asesor legal del
sindicato y Timoteo Canché como Alcalde teticeño, meten una denuncia penal el mismo
5 de abril, contra los agresores y los autores intelectuales directos: Jorge
Fernández y José Pacheco Durán. Como parte de la misma denuncia el Alcalde
remite a los 11 detenidos en la agresión en Tetiz, con abundantes pruebas y
testimonios de su culpabilidad, al ministerio público en Mérida. Los liberarían
sin cargos el 7 de abril, mientras archivaban la denuncia. Posteriormente Julio
Macossay interpuso otra denuncia desde la cárcel, por conspiración contra el
patrón y los más altos funcionarios del gobierno estatal, a la cual tampoco
dieron ningún curso legal.
Control obrero de las granjas
A partir del 5 de abril por la mañana, el
sindicato impone el control obrero total en las granjas de Tetiz, sin permitir
que nadie de confianza o de la empresa o que no esté autorizado por el propio
sindicato, entre a las granjas, mantiene el trabajo y la producción en ritmos
más o menos normales, pero no permite la salida del huevo, en tanto la empresa
no pague salarios. En Hunucmá desde el 5 de abril las granjas quedarían en
manos del patrón y sus gentes, como hasta el fin del conflicto.
El 10 de abril la empresa paga los
salarios atrasados y por decisión expresa de la asamblea sindical y popular se
permite la salida de decenas de cajas de huevo. El 22 de abril se impide nuevamente
que salga el huevo, porque la empresa vuelve a dejar de pagar los salarios. El
3 de mayo volvería a permitirse la salida del producto con el pago de los
sueldos que se adeudaban. El 16 de mayo se impediría nuevamente la salida del
huevo, con motivo de las detenciones que realizó tal día la policía judicial.
El 18 de mayo, con el pago de los sueldos, volvió a salir el producto, como
hasta el final del conflicto, en forma más o menos normal.
Ultimátum del gobernador y las cámaras patronales
Los días 14 y 19 de abril se realizan
reuniones con el gobernador Manzanilla, tratando de abrir negociaciones, pero
el 19 de abril, el gobierno estatal en pleno, con el patrón, la CTM, las
cámaras patronales y los medios de comunicación, se cierran a negociar y exigen
la rendición del sindicato. El gobernador da abiertamente su apoyo al patrón y
fija un ultimátum de 24 horas, amenazando al sindicato con tomar medidas
severas si no se da marcha atrás y se rinde.
La asamblea general sindical reunida
largamente, como acostumbraba, conoce la información, discute, analiza la
situación y toma la decisión prácticamente unánime de continuar, ya que se
estima que el movimiento está fuerte y que el gobierno tendría que reprimir
duramente para salirse con la suya, teniendo que asumir un costo que, se
piensa, sería demasiado alto para ellos; se acuerda mantener las medidas y
afrontar lo que venga. Se informa la decisión a cientos de teticeños reunidos
en la plaza principal, quienes apoyan entusiastamente la determinación y
fortalecen el movimiento.
El patrón, la CTM, el gobierno del
estado, las cámaras patronales, la radio, la televisión y algunos periódicos
coordinados, aunque cayendo en ocasiones en contradicciones, emprenden una
fuerte campaña propagandística en los medios contra los asesores, el Alcalde,
los trabajadores y la gente solidaria de Tetiz y Hunucmá, en el afán de
desmoralizar y derrotar al sindicato, buscando infundir temor y desánimo. No se
cae en la trampa, se continúa, conscientes de las maniobras.
Se realizan en el palacio municipal de
Tetiz, casi todas las noches, reuniones y asambleas populares de información,
análisis, discusión y acuerdos, que permiten al movimiento una gran
transparencia, fuerza y flexibilidad. Asimismo se llevan a cabo un gran número
de plantones, marchas y mítines en Mérida y Hunucmá.
Las demandas son: solución justa,
favorable a los trabajadores, del conflicto y la liberación incondicional del
asesor preso, que se resume en el grito “queremos justicia”. Demandas que van
creciendo de tono al prolongarse la huelga de hambre del asesor.
La tensión social en la zona y en todo
Yucatán crece por la magnitud y alargamiento del conflicto. El patrón y el
gobierno estatal amenazan con asaltar y tomar violentamente las granjas. Se
rompen los contactos; el patrón, las cámaras patronales y el gobierno exigen la
rendición. El sindicato y el pueblo teticeño se mantienen firmes, conscientes
de los riesgos, decididos a resistir y con cierto nivel de preparación para
defenderse ante un eventual ataque violento. Resisten, desgastados, cansados,
pero ni se rinden, ni se quiebran.
El 24 de abril, por la noche, policías
judiciales y gente del patrón, intentan detener a dirigentes sindicales; son
descubiertos, cuando se hallaban agazapados y perseguidos por decenas de
enfurecidos teticeños. En su precipitada huida realizan varios disparos con
armas de fuego, al parecer pistolas, en una provocación que pudo ser de
trágicas consecuencias y estuvo a punto de desatar la violencia.
Acción policial, enfrentamiento y movilización general
El 26 de abril, a las 9 de la mañana,
irrumpen en Tetiz cientos de policías antimotines, para llevarse los 9 vehículos
que la autoridad municipal tenía retenidos desde el 5 de abril. Se los llevaron
con grúas de la policía. Decenas de sorprendidas mujeres y niños, incluso
algunos varones adultos, reaccionan rápidamente, se organizan, insultan y
apedrean a los policías, quienes huyen precipitadamente sin confrontar.
El gobierno estatal volvía a violentar la
autonomía municipal, como hizo el 25 de enero anterior, con la intervención
policial desautorizada expresamente por el Alcalde.
La cúpula empresarial yucateca exige al
gobernador Manzanilla que mantenga en la cárcel a Julio Macossay, porque
"representa un serio peligro para los inversionistas nacionales y
extranjeros", y que restablezca el "orden y la legalidad" en
Tetiz para resolver, por la vía represiva y a favor del patrón, el conflicto
avícola. Hubo una reunión en Los Pinos en aquellos días, donde la cúpula
empresarial nacional, encabezada en aquel entonces por Goicoechea Luna (que en
2005 es secretario particular del presidente Fox), pidieron a Salinas y a Manzanilla
reprimir el movimiento teticeño y mantener en la cárcel a Julio (“por lo menos
10 años” decían)[25].
El 1º de mayo se realizarían actos de
apoyo al movimiento en Mérida, Hunucmá y el propio Tetiz. Concurridas marchas y
mítines de sindicatos y organizaciones independientes e importantes sectores
populares que apoyaban al movimiento.
El 2 de mayo se reiniciarían pláticas
directas entre el sindicato y el patrón, con la mediación del párroco de
Hunucmá y Tetiz, Álvaro Carrillo Lugo (que había estado brindando ayuda
humanitaria y apoyo moral al movimiento y a los trabajadores). Estas pláticas
se inician con el pago de salarios adeudados, se permite la salida de 18,000
cajas de huevo acumuladas en los últimos 10 días y se disminuye un poco la gran
tensión acumulada en esos momentos.
La empresa había amenazado con cerrar
"definitivamente" las granjas, aunque luego reconocería que no las
cerraría, sino que su intención era despedir a todos los trabajadores.
Una “salida justa”
Sin embargo a partir de las pláticas del
2 de mayo se veía la posibilidad de una salida negociada al conflicto. El
patrón presionado, empezaba a ceder, pero los dirigentes patronales le impiden
que ceda[26].
Se vuelven a romper las pláticas el 6 de mayo, dando marcha atrás a los
acuerdos parciales y verbales a los que se estaba llegando.
A inicios de mayo el sindicato y la gente
de Tetiz, así como quienes apoyaban en Hunucmá se mantenían firmes, unidos y
organizados, aunque desgastados. De los 250 obreros que iniciaron la lucha
sindical, se mantenían 216 (como hasta el final) trabajando con relativa
normalidad en las 45 granjas de Tetiz, mientras las 12 granjas de Hunucmá se
mantenían en poder del patrón, aunque con un altísimo costo económico y
político para la empresa, ya que esta situación fue uno de los principales
factores que mantuvo alto el apoyo de los pobladores de Hunucmá.
Aunque desgastada y presionada, la
empresa mantenía su posición de no negociar[27],
insistían que la única salida posible para ellos era la rendición sindical y
popular. El gobierno estatal bajo la presión de los dirigentes patronales, se
mantenía en la posición de aplicar lo que llamaban “el estado de derecho".
Los medios de comunicación se mantenían, en su gran mayoría, a favor del
patrón, aunque con baja credibilidad.
El 8 de mayo se daría la última reunión
directa entre patrón y sindicato. Este día la empresa intenta nuevamente
"convencer" a los trabajadores de que abandonen la asesoría (ya que
según ellos eran los "únicos y verdaderos" responsables del
conflicto, su magnitud y alargamiento). En por lo menos 2 ocasiones anteriores
habían intentado lo mismo. El patrón pretende con esto presionar a los
trabajadores para que se rindieran. La respuesta de la asamblea general es
contundente: no se cambia de asesores y se continúa la lucha hasta el
reconocimiento de sus legítimos derechos y que Julio fuera liberado sin cargos.
Cuando el patrón se entera de la decisión rompe los precarios contactos y
prepara nuevas medidas. La situación vuelve a un punto muerto y la tensión vuelve
a crecer.
El 11 de mayo se realiza un mitin en
Mérida, con la asistencia y participación de unos 800 pobladores de Tetiz y
Hunucmá, exigiendo la solución del conflicto. El 13 de mayo se realizaría otro
mitin, también en Mérida, con la participación de personas de diversas
organizaciones solidarias, trabajadores y pobladores de Tetiz y Hunucmá.
Desde el 12 de mayo habían estado
rondando por las calles de Tetiz y de Hunucmá, varios vehículos con policías
judiciales, mientras el patrón y sus portavoces urgían en los medios, por la
utilización de "medidas judiciales". Las presiones sindicales, la
presión de la huelga de hambre de Julio (que el 16 de mayo llegaba a los 40
días), la creciente solidaridad y difusión nacional del problema y la firmeza
del sindicato y el pueblo, mantenían un alto de nivel de fuerzas del lado
popular.
Detenciones
Así las cosas, el 16 de mayo, entre las
9.30 y las 10 de la mañana, varias decenas de judiciales armados, en vehículos de
la empresa que simulaban ir a buscar huevo, se escurren dentro de las granjas
más alejadas y detienen a 9 trabajadores del sindicato, trasladándolos a la
penitenciaria de Mérida y acusándolos de varios delitos. A dos de ellos los
liberarían sin cargos el mismo 16 y el 17 de mayo, quedando 7 presos. El mismo
día 16 de mayo, alrededor de las 4 de la tarde, unos 250 policías antimotines
en decenas de camionetas llegan a Tetiz, a quitar un bloqueo que la gente del
movimiento había hecho en la entrada norte del poblado, pero al ver la
movilización popular, especialmente de las mujeres, se retiran.
La indignación popular vuelve a estallar,
algunos proponen quemar granjas; a duras penas prevalece la calma y se espera a
la asamblea nocturna, que decide mantener las medidas y el control de las
granjas, sin desesperarse ni caer en provocaciones; en tanto se bloquean de
nuevo las granjas y se fortalece la vigilancia popular en toda la comunidad.
Lejos de atemorizarse y pensar en rendirse, el sindicato reafirma su posición y
se prepara para resistir nuevos ataques. Se apuesta a la solidez del movimiento
y al apoyo y solidaridad regional y nacional, que iba en aumento.
Igor Macossay (hermano menor de los
asesores y colaborador), se declara en huelga de hambre indefinida en la plaza
principal de Mérida el 16 de mayo en la tarde. El 17 de mayo en la mañana lo
detienen. Ante la escalada represiva Julio radicaliza su huelga de hambre,
ingiriendo sólo agua y negándose a toda revisión de los médicos del gobierno
estatal.
Con la detención de los trabajadores y de
Igor, la patronal y el gobierno estatal reiniciaban sus ataques, a la vez que
desataban una fuerte persecución policial en Hunucmá y en los alrededores de
Tetiz (no se atrevían a entrar a Tetiz). Al mismo tiempo incrementaban su
campaña de amenazas en los medios de comunicación contra los asesores, los
dirigentes sindicales y contra el Ayuntamiento teticeño. Paralelamente las
cámaras patronales felicitaban entusiastamente al gobierno "por aplicar la
ley y restaurar el orden".
El mismo 16 de mayo inician otra maniobra
legal contra el Ayuntamiento teticeño, por medio de una demanda ante el
Congreso Local, para el desconocimiento, desafuero y desaparición del cabildo;
demanda que se sabe, elabora el abogado de Fernández, utilizando a dos
diputados locales priístas; el Congreso Local le da entrada inmediatamente e
inician los trámites con rapidez.
Intervención de la Secretaría de Gobernación y
“acuerdo”
Junto con el endurecimiento patronal, el
apoyo y la solidaridad regional y nacional, incluso internacional, creció
significativamente día a día, presionando directamente a la Secretaría de
Gobernación federal para que interviniera, ante la actitud del gobierno local.
Finalmente tales presiones fructifican y la Dirección General de Derechos
Humanos de tal Secretaría envía a Mérida, a un agente para que medie en el
conflicto y se encuentre una solución; se trató de Jorge De la Vega, asesor del
entonces Director General de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación,
Luis Ortiz Monasterio.
El agente de Gobernación federal llega a
Mérida el 17 de mayo y habla con el gobierno local, con el patrón y con los
dirigentes y asesores del movimiento. Para el 18 de mayo propone la firma de
compromisos de ambas partes (por un lado el patrón y el gobierno estatal, por
el otro el sindicato, con sus asesores). Compromisos realmente de mediación,
donde todos cedían algo. El sindicato, después de una larga asamblea general, y
de consultarlo con la asamblea popular, acuerda aceptar el despido y liquidación
de 25 dirigentes y 22 trabajadores eventuales, a cambio de la liberación de los
presos, salvaguardando su organización sindical y su vida futura.
El 19 de mayo el gobierno local daría
conocer el acuerdo y el agente de Gobernación regresaría al DF. El despido y
liquidación se concreta el 21 y 22 de mayo, el sindicato cumple con los
compromisos firmados, pero la empresa sólo con algunos y a regañadientes. El 21
de mayo el gobierno estatal, por medio de la procuraduría de justicia local,
libera a 3 de los trabajadores encarcelados. El 22 de mayo liberan también sin
cargos, a Igor Macossay, quien libre continuó 2 días más su huelga de hambre.
Pero se niega a liberar a los demás, mientras la empresa se rehúsa a normalizar
las relaciones laborales con el sindicato.
Ruptura del acuerdo, confrontación
Incluso se llega a negociar con
representantes patronales la forma de cubrir las plazas de los despedidos, pero
no se logra que se concreten los compromisos y se resuelva el conflicto. El
patrón da marcha atrás en sus compromisos y acusa al sindicato. Se niegan a
liberar a los demás presos, a Julio quien cumplía ya 47 días en huelga de
hambre, y a los 4 trabajadores que aún permanecían encarcelados. Insisten en el
desmantelamiento del sindicato y en mantener a Julio preso por muchos años.
Ante el incumplimiento de la empresa y
del gobierno estatal y ante las fuertes presiones de las cámaras patronales, el
conflicto se aviva nuevamente. El agente de Gobernación regresa a Mérida el 23
de mayo, "a constatar el incumplimiento del sindicato y de los
asesores" y a apoyar ahora si abiertamente, a la patronal y al gobierno
local.
Ultimátum de Gobernación, repliegue, fin de la huelga
de hambre del asesor y “acuerdo final”
Todo el día 24 de mayo se darían intensas
y difíciles "negociaciones", con la "mediación" del agente
de Gobernación, quien finalmente propuso un "nuevo acuerdo firmado".
Planteó que el sindicato aceptara el despido de otros 43 trabajadores y los que
quieran (aunque liquidándolos como si se tratara de retiros voluntarios), la
renuncia a la asesoría y la salida física de Mauricio Macossay de Tetiz, con la
desaparición definitiva del sindicato, amenazando con tomar Tetiz y las
granjas, con el ejército.
Ante el ultimátum se reúne la asamblea
general de trabajadores con el pueblo solidario de Tetiz, a las 7 de la mañana
del 25 de mayo, para conocer, discutir y decidir sobre la amenaza, que se
estima, va en serio.
Los trabajadores y el pueblo, cientos de
hombres y mujeres teticeños, analizan a todo detalle la "propuesta"
del "mediador". Conscientes de que después de casi 5 meses de lucha,
de haber enfrentado todo tipo de presiones, con 5 presos políticos, a quienes
usaban claramente como rehenes, deciden por unanimidad: la desaparición del
sindicato, la salida y liquidación de todos los trabajadores, pedirle a Julio
que levante su huelga de hambre, para terminar con el conflicto, salvaguardando
su dignidad; a cambio de que se libere a los presos y desaparezcan todos los
procedimientos penales.
Se firmaría el "acuerdo" el 26
de mayo, a las 10 de la mañana en el palacio del gobierno estatal. Acuerdo que
se dio a conocer inmediatamente a los medios de comunicación, con la promesa de
liberar "pronto" a los presos del sindicato. Las liquidaciones de los
trabajadores (al 100 % para los 43 dirigentes y sólo con prima de antigüedad y
proporcionales para el resto) se realizarían el mismo 26 de mayo, concretando
la desaparición del sindicato. Julio suspendería su huelga de hambre también el
26 de mayo, después de 50 días.
De esta forma quedarían fuera de las
granjas y liquidados todos los trabajadores del sindicato (90 con
indemnizaciones regulares y 126 con montos bajos, que totalizan los 216 que se
mantuvieron hasta el fin del conflicto).
Desde el 26 de mayo ya no se presentaron
a las granjas, con lo que la empresa pasó grandes apuros para contratar otros
trabajadores, que las atendieran. Sólo quedaba pendiente el que la empresa retirara
las denuncias penales y el gobierno estatal liberara a los 5 presos.
Liberación de los presos y fin del conflicto
Finalmente el 30 de mayo liberan a los 5.
A los 4 trabajadores a las 3 de la tarde y a Julio (que se encontraba desde el
22 de mayo en el Hospital General O Horán) a las 7 de la tarde. El mismo 30 de
mayo, por la noche, se organiza una emotiva recepción en Tetiz a los
encarcelados, con marcha, cientos de teticeños y algunos compañeros solidarios
de Mérida, desde la entrada noreste del pueblo hasta la plaza principal, que
culmina con un emotivo mitin.
El procedimiento en el Congreso Local
contra el Ayuntamiento teticeño se paró prácticamente a partir de ese momento.
El 1 de junio se realizó una muy
concurrida misa ofrecida por los obreros que habían estado encarcelados. El 2
de junio se realizó otra misa de Acción de Gracias, todavía más concurrida,
también en la Parroquia de Tetiz (oficiada conjuntamente por los sacerdotes
Álvaro Carrillo Lugo -párroco de Hunucmá y Tetiz- y Pastor Escalante Marín
-párroco de la Iglesia de Fátima de Mérida--) e inmediatamente después se llevó
a cabo un gran baile popular, en un ambiente festivo que parecía de triunfo,
pero donde realmente se festejaba el que la dignidad se mantuvo a salvo.
Participaron en el baile cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos de
Tetiz, Hunucmá y decenas de compañeras y compañeros solidarios de Mérida. Fue
una gran fiesta por la dignidad salvaguardada.
Los protagonistas populares, una caracterización
Aunque pudiera parecer obvio conviene
precisar cuáles fueron los principales grupos protagónicos populares y sus
rasgos definitorios. Fueron cinco: 1. el sindicato, con sus bases y dirigentes
(comité ejecutivo y delegados), 2. el pueblo en general, donde destacan
especialmente las mujeres, 3. el ayuntamiento, 4. los asesores y 5. el
sindicato de Campi, como el principal aliado e importante soporte.
También hubo un conjunto de otros
aliados, cuyo apoyo resultó especialmente importante en ciertos momentos de la
batalla, como las parroquias de Hunucmá y Tetiz, sindicatos y delegaciones
sindicales, parroquias de Mérida, organizaciones regionales y nacionales, así
como personas en lo individual.
El sindicato, conformado por 250 obreros,
200 en Tetiz y 50 en Hunucmá, obreros de primera generación, donde casi todos
habían sido campesinos o jornaleros rurales, con poca experiencia sindical,
logró constituir a pesar del poco tiempo, una amplia estructura democrática,
que parecía salida de la nada, pero que tenía profundas raíces históricas,
sociales y políticas en el área; estructura conformada por un comité ejecutivo
de 8 miembros y delegados por cada una de las granjas, que se reunía en una
instancia llamada pleno de delegados y comité ejecutivo y donde se presentaba
la información, se analizaba y se elaboraban propuestas de diversas medidas,
que se llevaban a las asambleas generales donde eran ampliamente discutidas,
votadas y acordadas, para luego regresar al pleno para su ejecución. El pleno
sólo decidía sobre cuestiones de relativa poca importancia. Todas las
decisiones importantes fueron tomadas invariablemente en asambleas generales.
Los dirigentes, del comité y delegados, desde su elección tenían un carácter de
portavoces y ejecutores de las decisiones colectivas; su margen de maniobra y
de decisión era realmente poco. Esto como garantía de una democracia directa y
efectiva en el manejo de los asuntos sindicales.
El pueblo teticeño, cientos de
pobladores, de hombres, mujeres, niños y ancianos, mayas, con un gran número de
rasgos y costumbres culturales indígenas, como el hablar en maya, ver la vida,
el mundo, las posibilidades y los sueños en maya, con una gran humildad,
hospitalidad y generosidad, con mucha paciencia y un aparente conformismo, que
les dan muchos años de dominación y subordinación; pobres y subempleados, casi
todos tenían parientes obreros en las granjas, sabían de las condiciones de
trabajo y malos tratos, bajos salarios y humillaciones, por lo que hicieron
plenamente suya la lucha y las reivindicaciones sindicales.
La tan amplia y plena participación
popular fue factor decisivo para acumular y mantener una gran fuerza del lado
obrero e impidió que el movimiento fuera derrotado totalmente. Aquí destacaron
muy especialmente las mujeres teticeñas, que se unieron con entusiasmo al
movimiento y lo animaron, apoyaron en todo momento y circunstancia e incluso,
en los momentos de mayor tensión y de peligro de represión, eran las más
valientes y arrojadas; ellas fueron quienes principalmente confrontaron a la
policía y a los esquiroles el 24 de enero, cuando el patrón trató de romper el
paro, el 5 de abril cuando la empresa agredió con cientos de esquiroles, aquel
26 de abril cuando se llevaron las camionetas retenidas en Tetiz y la tarde del
16 de mayo cuando con su presencia y combatividad frenaron y orillaron a
retirarse a la policía antimotines. Fueron el alma del movimiento, de los
campamentos, de las movilizaciones, de las asambleas casi diarias, de muchas de
las más importantes decisiones.
El ayuntamiento en pleno y especialmente
quienes lo encabezaban: Timoteo Canché, Bonifacio Tuyub y Jacinto Ek, apoyaron
totalmente el movimiento y al sindicato, respetando las decisiones que se iban
tomando y aportando también elementos de información y opiniones. Era un
ayuntamiento popular electo y sostenido por un muy amplio movimiento social
comunitario; no sólo no defraudó, sino que respondió a las expectativas creadas
en torno suyo. Resistieron una gran cantidad de presiones gubernamentales e
incluso del PAN y en todo momento estuvieron con el pueblo y el movimiento. Aun
cuando el gobierno municipal había llegado con el registro y respaldo del PAN,
no permitieron influencia de éste en el movimiento sindical y popular. El PAN,
su dirigencia estatal, se mantendría al tanto del movimiento, pero sin
intervenir, ni apoyar, salvaguardando sus cuestiones partidarias y electorales,
ya que a fines de 1990 habría elecciones municipales y de diputados locales.
El despacho Macossay, de los escasos
despachos en la región que atendía a sindicatos y organizaciones populares,
políticamente independientes, participó en el movimiento no sólo asesorando,
sino integrándose, a petición de Timoteo y del grupo promotor del sindicato,
que llegarían a ser los principales dirigentes sindicales. Los asesores
principales, Julio Macossay e Isela Rodríguez (quienes eran pareja) eran los
encargados de asesorar en todas las cuestiones legales y de negociación con el
patrón y el gobierno, y Mauricio Macossay[28] se
encargaba de asesorar en las cuestiones organizativas, políticas e ideológicas;
actuaban en estrecha coordinación entre ellos y con las asambleas, delegados y
comité ejecutivo, siguiendo el mismo principio de los dirigentes sindicales, de
ser portavoces, de elaborar propuestas, juntar y presentar información
sistematizada, aportar elementos tácticos y estratégicos y ejecutar los acuerdos
colectivos. También participaron desde el despacho, una decena de compañeras y
compañeros que aportaron sus esfuerzos y talentos para los fines del
movimiento. Entre otros compañeros destacaron María Eugenia Castillo, Nacho y
Judith, Felipe, Humberto Sosa.
El sindicato avícola de Campi, una
organización democrática con casi 10 años de experiencias exitosas, conformado
por unos 200 obreros avícolas, con una importante tradición de organización y
funcionamiento sindical y político independiente, cuya base principal era de
obreros de Hunucmá, fue también factor importante y protagonista de la lucha y
el movimiento; no solo aportó su registro sindical, sino también su
experiencia, su trayectoria, sus recursos políticos, económicos y
organizativos, se sumó a las movilizaciones e incluso algunos de sus dirigentes
sufrieron persecución y acoso. Aportaba también opiniones, consejos y
propuestas y respetó en todo momento la dinámica y decisiones de los obreros y
el pueblo de Tetiz.
Los demás aliados fueron muy variados y
cumplieron papeles importantes en ciertos momentos y circunstancias del
movimiento. Las parroquias de Hunucmá y Tetiz, así como varias parroquias de
Mérida, brindaron apoyo y soporte moral, económico y en víveres. Diversos
sindicatos, delegaciones sindicales y otras organizaciones en Yucatán, Campeche
y el DF dieron importantes apoyos, como el sindicato Morelos de desfibradores
de Cordemex, las delegaciones sindicales de Chapingo, del Cinvestav, del
INAH,
Por ejemplo la Asociación Nacional de
Abogados Democráticos, con el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y varias personas
en lo individual, impulsaron una efectiva campaña de prensa y medios para
difundir lo que pasaba en Yucatán y ejercieron en el DF, una significativa
presión hacia la Secretaría de Gobernación para que interviniera y se
reabrieran las negociaciones. La prolongada huelga de hambre de Julio generó
una fuerte presión regional y nacional, que sirvió para difundir el movimiento
y despertar simpatías y solidaridades de todo tipo. Finalmente la intervención
del gobierno federal resultó favorable al patrón y sus intereses.
El sindicato y el pueblo teticeño se
convirtieron durante el movimiento en un actor social unificado, con una nueva
identidad social que incluía a todo el pueblo, con todas sus variantes y con el
desarrollo de la autogestión y la autonomía, tendiendo a la construcción de una
relación estatal basada en la participación ciudadana, ya no de súbditos. Esto
cambió profundamente el panorama social y político del área, al menos durante
varios años. Como Almeyra afirma, esto es parte de los efectos y nuevas
realidades que genera la mundialización[29].
Una valoración general de la batalla
De un conflicto obrero-patronal por
sindicalización, se convirtió en un enfrentamiento pleno de clases;
enfrentamiento laboral, económico, político e ideológico, ante la negativa
patronal para reconocer y respetar el derecho a la sindicalización y la
decisión obrera y popular de no dejarse.
“... la
reivindicación de reformas democráticas radicaliza y polariza las estructuras
sociales, empujando a las minorías dominantes hacia la intransigencia dictatorial
y racista y a las mayorías hacia un nuevo sistema social basado en la
solidaridad, la equidad, la ética”[30]
De enero a inicios de abril los
trabajadores acumularon una gran fuerza sindical y popular, que les permitió
imponer su razón e intereses, ante la impotencia patronal, acostumbrada a la
eficacia de sus medidas y recursos "normales", cotidianos: el ser
patrón y empleador, el cúmulo de mecanismos cotidianos de control del proceso
productivo y de los trabajadores, el papel y trabajo como correa de transmisión
patronal de los empleados de confianza, el apoyo real, más allá de la ley, de
los organismos gubernamentales, como la junta de conciliación, la procuraduría
de justicia y la policía, y cuando esto no funcionaba entonces se recurría a la
amenaza, la intimidación, el soborno y los despidos; pero al darse plena cuenta
de que esto no bastaba recurrió a "otros" recursos más poderosos,
incrementando su fuerza y contraatacando; pasó a la ofensiva, mientras el
sindicato resistió con el apoyo del pueblo teticeño y de importantes sectores
populares de Hunucmá.
Hasta el 4 de abril el sindicato tuvo la
ofensiva y contó con la mayor fuerza; desde el 5 de abril las cosas serían
diferentes.
Del lado patronal estuvieron: la
Asociación de Avicultores del Sureste; casi todas las fracciones del PRI
(incluida la encabezada por Cervera Pacheco, que era en aquel entonces
Secretario de Reforma Agraria y que encabezaba el golpeteo contra la fracción
de Manzanilla Schaffer, para debilitarla y hacerla a un lado, como sucedió en
febrero de 1991, cuando le quitaron la gubernatura); la fracción local de la
CTM encabezada por Pacheco Durán; el gobernador Manzanilla y todo el aparato
del gobierno estatal, especialmente la Junta Local de Conciliación y Arbitraje
y la Procuraduría General de Justicia, con la policía judicial y la policía
antimotines; la cúpula empresarial encabezada por la Junta Coordinadora
Empresarial, la Cámara de Comercio, el Centro Empresarial y la Cámara de la
Industria de Transformación; la Barra y el Colegio de Abogados; las
radiodifusoras (especialmente del Grupo Rivas); la televisión local, con los
canales 3 y 13; periódicos locales, principalmente el gubernamental Diario del
Sureste y algunas revistas de circulación local, entre otros participantes. También
del mismo bando actuó, y en forma decisiva, la Secretaría de Gobernación
Federal, por medio de la llamada Dirección General de Derechos Humanos.
La empresa emprendió a partir del 5 de
abril una fuerte ofensiva encaminada a destruir al naciente sindicato y a
destruir al Despacho Macossay, tratando de encarcelar a los dirigentes del
mismo; durante el fragor del combate sumó dos objetivos más: derrotar al pueblo
teticeño, que estaba dando "mal ejemplo" y destruir al Ayuntamiento
popular de Tetiz, destituyendo al Alcalde Timoteo Canché Tinal, mientras de
pasada debilitaba al PAN.
Para lograr sus objetivos la empresa
utilizó todos los recursos posibles a su alcance (los que le brinda la
legalidad, las autoridades y los acostumbrados de la acción directa patronal),
sin escrúpulo, ni consideración moral alguna, afirmando públicamente lo
contrario. Sus principales recursos fueron: las trampas, la intransigencia, las
amenazas, la mentira, los sobornos, los despidos, espías, esquiroles,
golpeadores, pandilleros, judiciales, antimotines, golpes a traición,
persecuciones policiales, encarcelamientos y procesos penales oscuros, entre
otros. Lo único que no utilizaron (y
obviamente por el alto costo político que representaba) fue la represión
masiva y la intervención militar.
El movimiento sindical y popular por su
parte, pretendía originalmente: el respeto a su derecho a la sindicalización
efectiva y por lo tanto, a su organización independiente, y a su derecho a la
titularidad y administración del contrato colectivo de trabajo vigente (igual
al contrato de protección que firmaron el patrón y la CTM).
Conforme el conflicto se alargaba y
complicaba se fueron considerando otros
objetivos: la liberación de Julio Macossay, parar la persecución contra
los asesores Isela Rodríguez y Mauricio Macossay, contra los principales
dirigentes sindicales del comité ejecutivo y delegados y contra algunos
compañeros solidarios, que se destacaron en el apoyo y la solidaridad con el
movimiento, así como el respeto al Ayuntamiento de Tetiz.
Los recursos que el movimiento utilizó,
junto con las organizaciones solidarias, se apegaron siempre a los acuerdos
expresos de las asambleas generales, sindicales y populares, quienes decidían
por consenso. Se trató de utilizar los caminos legales, aunque siempre fueron
cerrados una y otra vez, lo cual obligó a utilizar frecuentemente, la acción
directa obrera y popular.
El vaciamiento de la política
institucional y en los marcos del Estado, uno de los efectos de la mundialización,
se vieron con especial claridad en el conflicto. El sindicato y el movimiento
trataron de usar los mecanismos legales y políticos fijados en los marcos del
Estado mexicano, manifestando con ello cierto nivel de confianza en éstos, pero
les fueron cerrados y negados sistemáticamente, con lo cual, para continuar la
lucha, tuvieron que brincárselos y recurrir a la lucha directa y el control
directo del territorio, en sentido político y físico, haciendo de lado a los
partidos y las formas tradicionales de la política, ejerciendo una nueva
política y ciudadanía.
Era tal la decisión de lucha y de
resolver los graves problemas laborales que los aquejaban, que no se iban a
detener ante las maniobras, legales y no legales, del patrón. Sin proponérselo
deliberadamente, la empresa orilló al sindicato a combatir en el terreno de la
acción directa, de los hechos.
De esta forma el sindicato recurrió a
múltiples mecanismos en la defensa de sus demandas, guiados por la ética; entre
sus armas no estuvo ninguna de las que la patronal usó. Todos los recursos
utilizados se basaban en la unidad, organización y combatividad del conjunto
del movimiento y en función de lo que convenía en el momento, según los
análisis de correlación de fuerzas, que se hacían casi a diario.
La línea política general de mantener
siempre, aunque sea un pié en la legalidad, por más tergiversada y manipulada
que estuviera por la empresa y el gobierno estatal, fue decidida y ejecutada
por razones estratégicas y tácticas al mismo tiempo, ante los cambios y en
general desfavorable correlación de fuerzas. Los aparatos y mecanismos de la
dominación y el control fueron rotos, pero aun así conservaban todavía un gran
peso e influencia en la situación.
Las reivindicaciones del movimiento se
ubican claramente en el terreno general de la lucha por la democracia y las
conquistas mínimas civilizatorias, pero en medio de un contexto mundial y
general sumamente desfavorable para los trabajadores y las fuerzas populares.
Los principales recursos utilizados por
el movimiento obrero-popular fueron: los paros y el control obrero de las
granjas, los volanteos y boteos amplios y masivos; el bloqueo de las granjas en
momentos de agresión; la combinación permanente negociación-movilización,
tratando de nunca romper por lo menos los contactos, la más amplia difusión
posible por conducto de los medios de comunicación o cualquier otro camino, los
plantones, marchas y mítines para difundir la lucha y tensar las propias
fuerzas y la resistencia pacífica en caso de represión masiva, entre otros.
Conscientes de que se contaba con la
razón y con la fuerza sindical y popular necesaria para luchar, se desarrolló
el combate por iniciativa propia y no solo por defenderse ante las agresiones
patronales y oficiales. Se logró mantener un alto nivel de conciencia en torno
a la correlación de fuerzas y más o menos separar las emotividades de las
acciones políticas, evitando que fueran las primeras quienes decidieran el
rumbo y las formas concretas.
El hecho de que el sindicato y el pueblo
utilizaran la vía de la acción directa, aun cuando los caminos legales les
fueron vedados reiteradamente, provocó en muchas ocasiones la ira patronal y
gubernamental, base para una fuerte y prolongada campaña publicitaria “contra
las ilegalidades" de los trabajadores, responsabilizando a los asesores
sindicales y al Alcalde teticeño, acusándolos de "agitadores
profesionales", a la vez que apostaban a la eficacia de tal campaña para
amedrentar y quebrarlos, pensando que con ello "descabezarían" al
movimiento, que sería fácil presa de sus engaños y trampas.
La empresa y sectores del gobierno, así
como del PRI, del PAN y de algunas organizaciones de “izquierda”, parten de la
idea de que los trabajadores no luchan por sí mismos, no tienen o tienen muy
poca iniciativa propia, que son agitados por agentes externos a ellos, quienes
a su vez son las cabezas del movimiento, por lo que neutralizándolos, por
cualquier vía (amenazas, chantaje, soborno, encarcelamiento o asesinato) se
puede derrotar al grupo en lucha.
Las formas de hacer política por parte de
estos actores, verticales, autoritarias, sin ética ni moral, en defensa de
intereses particulares y en defensa general de los poderosos y el capital, les
hacen creer que son las únicas formas posibles y por lo tanto, consideran que
todos los actores sociales y políticos actúan de la misma manera y bajo las
mismos resortes y motivaciones. Lo cual es evidentemente incorrecto, por decir
lo menos.
Si bien es cierto que los dirigentes
tienen un papel importante y en algunos momentos decisivos, aun en movimientos
democráticos horizontales y directos, como en este caso, también es cierto que
el movimiento es social, producto de grupos sociales actuando, no simples
piezas de ajedrez movidas al antojo y las maniobras de los dirigentes. Las
maneras de hacer política, de las formas de la representación y gestión, son
las que definen tipos de dirigencias y de dirigentes, que mandan obedeciendo o
que imponen al movimiento sus designios e intereses.
La política vista como el quehacer de
pequeños grupos, la clase política, que decide prácticamente todo, es la que
sustenta la visión referida anteriormente. En el movimiento sindical popular de
Tetiz de 1990 no se siguió de manera alguna esa visión y enfoque de la
política, como se muestra en la narración de los acontecimientos y en los
análisis y caracterizaciones que se hacen en el presente documento.
Si bien es cierto que los trabajadores
finalmente no pudieron lograr el pleno respeto a sus derechos de libre
sindicalización y de contratación colectiva bilateral, también resulta cierto
que la patronal y el gobierno, tampoco salieron bien parados.
Visto en términos sindicales no se pudo
ganar y todos los trabajadores de Tetiz abandonaron las granjas, aunque los
nuevos trabajadores que han entrado desde entonces, tienen mejores condiciones
salariales, de trabajo y trato.
Visto en términos amplios, políticos e
ideológicos, e incluso económicos y productivos, resultó en un triunfo en el
mediano plazo, ante el surgimiento de una cooperativa que tuvo gran éxito
productivo y económico algunos años, hasta que problemas internos y la crisis
nacional de 1995 la acabaron.
El alto costo económico y político que
tuvieron que pagar el patrón, las cámaras patronales, el gobierno y los medios
de comunicación, así como el significativo desprestigio que acumularon,
compensó en términos comparativos la desaparición del sindicato y el desempleo
de los trabajadores. Lo compensó en tanto se hicieron a un lado algunas de las
más difundidas ilusiones legalistas y economicistas de la lucha obrera y
popular.
El movimiento tuvo un carácter
especialmente subversivo porque humanizó a la gente, a los obreros y al pueblo,
buscaba ampliar las conquistas de civilización, como son el respeto a los
derechos obreros, a contrapelo del capital y de sus mayores niveles de
explotación, porque usó y antepuso la ética en la lucha y en el hacer política,
porque rebasó los marcos de los partidos políticos y generó nuevas formas de
participación y de identidad social y política[31].
La magnitud del conflicto, de la batalla
de clases, y las enormes fuerzas pro-patronales que se conjuntaron (como no
sucedía desde 1974, cuando el gran movimiento popular y estudiantil de protesta
frente al asesinato de Efraín Calderón Lara[32])
parecían indicar que el resultado final sería la derrota total y el
aplastamiento. No resultó así. Las fuerzas de la patronal y del gobierno
estatal, actuando conjuntamente, no pudieron imponerse, tuvieron que
retroceder, replegarse y aceptar cargar con un alto costo económico, político e
ideológico.
Lo que sí cambió para mejorar y muy
sensiblemente, fueron las condiciones salariales, de trabajo y trato hacia los
trabajadores al interior de las granjas. Los nuevos trabajadores tienen
condiciones mucho mejores, humanas, aunque sin sindicato propio, tienen que
aceptar un sindicato fantasma y un contrato de protección, pero desde entonces
sí se respetan los mínimos establecidos en la Ley Federal del Trabajo. Después
de 1995 un significativo número de teticeños han vuelto a trabajar en las
granjas de Fernández, pero en condiciones completamente distintas a las de
1990.
La lucha, en el sentido del movimiento de
enero a junio de 1990, se quedó en el plano productivo y económico, en los
marcos de la cooperativa, no tuvo continuidad en el plano político e
ideológico, donde el PAN logró imponerse y jugar a la política de acuerdo a sus
intereses, usos y costumbres.
A mediados de 2004 concluyeron su periodo
en el gobierno municipal de Tetiz un grupo de panistas cuya manera de gobernar
y ejercer la política fue muy similar a la de los gobiernos priístas de los
últimos tiempos[33];
respondiendo a los grupos políticos municipales y a sus intereses como grupos,
no a los intereses amplios del pueblo teticeño.
La resistencia obrera y popular en Tetiz
en esta batalla, transformó la historia local y regional, a las personas y a
los grupos sociales participantes e involucrados, movilizó fuerzas sociales
adormecidas, levantó organizadamente a un pequeño pueblo casi por entero, los
humanizó, los volvió seres dignos y combativos, muy diferentes a los teticeños
de años anteriores.
La fragmentación social que la crisis
general del derrumbe henequenero traía consigo encontró un camino de respuesta
social colectiva, diferente a la individualización y destrucción del tejido
social que la crisis provocaba por todos lados. En Tetiz la respuesta colectiva
fue la reconstrucción en un sentido positivo de sus identidades colectivas como
pueblo y como trabajadores asalariados, con derechos y las maneras de pelear
por ellos. El denso tejido social comunitario en aquellos años, sujeto a
fuertes ataques en su contra que obligaba a cientos de ellos, a buscar trabajos
asalariados y a migrar para subsistir, fue factor importante en las condiciones
y posibilidades que les permitieron dar esa respuesta colectiva.
Durante el movimiento y la batalla
sindical la reconstrucción de las identidades se dio a partir de la
reconstrucción de una subjetividad colectiva, solidaria, que retomaba antiguas
costumbres y tradiciones comunitarias e iba incorporando con sorprendente
rapidez y eficacia nuevas maneras, como las sindicales. Los campamentos
populares en defensa de las granjas y las asambleas masivas eran parte de esas
antiguas tradiciones, pero en cambio el funcionamiento por delegados, comité
ejecutivo y reuniones sindicales, fueron parte de las nuevas maneras, que
encajaron sin mayor problema.
La resistencia popular creció como la
espuma al encontrar caminos, formas y fuerzas que la misma gente intuía que
tenía, pero que no sabía a ciencia cierta, surgió de la entraña de aquel sujeto
social, medio difuso, que logró ganar las elecciones municipales y cambiar la
política pública y las maneras de gobernar en el área, surgió el sindicato avícola
como un nuevo sujeto social, que desde el inicio tuvo que enfrentar duras y
sumamente hostiles condiciones, pero que ante las dificultades fue creciendo,
agigantándose, ante la sorpresa de propios y extraños, los trabajadores, la
gente, los asesores y aliados. No podía ser de otra manera, ante la dureza, la
inflexibilidad empresarial y el apoyo gubernamental.
La batalla fue iniciativa obrera y
popular, ante las intolerables condiciones que prevalecían y que tenían que ser
modificadas, fue producto de la conjunción de varias circunstancias explosivas,
grupos, experiencias y personas que lograron cambiar la historia de Tetiz y del
poniente yucateco actual. Dejar de aceptar las humillaciones, malos tratos y
bajos salarios, convertirse en un sujeto colectivo y emprender una trascendente
y ejemplar, en muchos sentidos, lucha reivindicativa.
La infrapolítica popular que había tomado
la escena pública en 1987, que se había vuelto abierta, creció con el
establecimiento del nuevo gobierno municipal en marzo de 1988 y durante el
resto de ese año y en el transcurso de 1989 con el gobernar a favor de los
grupos sociales populares y en forma participativa, se propondría ahora
modificar algo especialmente sustancial de su entorno, las relaciones laborales
y económicas con la principal fuente de empleo en el área: las granjas
avícolas, para el respeto y salvaguarda de los derechos laborales, conscientes
de que esto se lograría tan solo con un sindicato independiente.
Los triunfos y avances logrados de 1987 a
1989 fueron importantes en los niveles de autoconfianza que los grupos sociales
populares tenían en ese momento y parte fundamental de su iniciativa de lucha
sindical emprendido en enero de 1990.
El sindicato y el pueblo de Tetiz
movilizados lograron cambiar la situación social y política en el área tras
acumular una gran fuerza, gracias a varios factores, entre los que destaca en
primer lugar el anhelo emancipador de recuperar la dignidad perdida y
ninguneada de manera bárbara en las granjas, que junto con los demás factores
analizados en los párrafos precedentes dieron como resultado un alto nivel de
unidad y organización internas, junto con su decisión de lucha y de cambio, de
rebelión y acción social; pilares fundamentales fueron el ayuntamiento, los
asesores y el sindicato de Campi, no tanto por ellos mismos, como por la forma
como se condujeron y participaron en el movimiento, por las formas y contenidos
políticos de su accionar; de igual manera fueron importantes los apoyos y la
solidaridad local, regional y nacional que se recibió; se afrontó una gran
fuerza patronal y gubernamental conjunta y no pudieron imponerse.
Ese complejo e intrincado conjunto de
factores racionales e irracionales que impulsaron a los obreros teticeños y a
los grupos populares en su apoyo no pueden ser explicados más que en el nivel
colectivo, social, de los propios grupos, aunque éstos tengan expresiones
individuales.
Hubo momentos en que se veía cercana la
posibilidad de una derrota profunda y la destrucción total y ejemplar del
sindicato, la organización del pueblo teticeño, el ayuntamiento y el despacho,
incluso para el sindicato de Campi. Las fuerzas populares y sus aliados
impidieron esto.
Un factor clave en especial fue la
conducción de la lucha, las formas y las maneras, la serenidad y el apego a la
ética, que generaron un alto nivel de autoconfianza en los participantes y de
simpatías, apoyos y solidaridades diversas, durante todo el movimiento.
Fue un conflicto con expresiones étnicas
y clasistas casi al mismo nivel de importancia, de un lado combatió el pueblo
trabajador de Tetiz, mayas, pobres, asalariados, ninguneados, casi analfabetos,
desnutridos, temerosos, del otro la patronal unificada y el gobierno estatal,
mestizos y criollos, ricos, empresarios, estudiados, bien nutridos, soberbios,
prepotentes, racistas. Los disfraces de los dominados y la dominación cayeron,
se abrieron paso formas, maneras, palabras, ideas fuerza, desde el pasado
remoto pero con nuevos bríos.
Las diversas formas de resistencia
cotidianas y las que se aplicaron durante el movimiento y sus relaciones con
las demandas de fondo, la correlación entre los medios y los fines, juegan un
papel especialmente importante en movimientos sociales y luchas como las de
este tipo.
Tetiz como una pequeña comunidad maya
rural, sumida en la profunda y larga crisis henequenera, tiene una serie de
formas de vida y trabajo cotidiano tradicionales, mayas y mestizas, como la
existencia de familias amplias, unidas, cohesionadas y con grandes apegos culturales
y religiosos, donde todos los miembros de la familia participan en el trabajo y
manutención del conjunto, combinando algunas actividades agrícolas, pecuarias,
de sus solares y pequeños huertos familiares, con la fabricación de hamacas,
algunas artesanías y prendas de vestir y con la venta de lo que producen, o
bien jornaleando en Mérida y en el área. Todo ello en una lógica de
subsistencia, vida y trascendencia social, no de lucro o de ganancia. El
trabajar fuerte, de sol a sol, para ganar honestamente lo necesario para vivir
dignamente, con austeridad y en sus costumbres, comidas, fiestas, festejos y
devociones, aunque dándose ocasionalmente algunos lujos.
Pero como esto no se puede por la
marginación y la exclusión económica y social que la crisis henequenera ha ido
generando, así como por los bajos precios de los productos agropecuarios que
generan y los bajos salarios que reciben, es que viven en permanente tensión
por alcanzar estos objetivos. Estas tensiones se aprecian sobre todo en
momentos de crisis o cuando algún miembro de la familia se enferma y no hay los
suficientes medios para que reciba los servicios médicos y los medicamentos
necesarios y suficientes para sus dolencias.
El que sean mayas y pobres es clave para
entender el cómo viven y trabajan, cómo se conforman sus identidades. El hablar
y pensar y verse como mayas pobres los caracteriza y es fuerza y debilidad al
mismo tiempo. Es orgullo histórico y razón de pertenencia e identidad, el ser
mayas los identifica y los une, los hermana y unifica en un objetivo común,
como el del movimiento de 1990, aunque también, contradictoriamente, es motivo
de vergüenza, por el racismo y la discriminación que son objeto en la sociedad
yucateca, racista y crecientemente urbanizada, que ningunea lo indio y lo rural
casi por igual.
Hay una cantidad significativa de rasgos
culturales e identitarios mayas, que apenas se esbozaron, pero que sin duda
alguna son parte muy importante del sustrato cultural e ideológico que los
motiva y mueve en lo profundo, que viene desde los antiguos mayas, pero sobre
todo de los siglos de dominación y sometimiento, del lenguaje histórico
ancestral, de la concepción del tiempo, de la ética, de la dignidad y la gran
importancia que ésta tiene para la vida[34]. No
pudieron verse con toda claridad, como en el caso del EZLN y del levantamiento
maya de Chiapas de 1994 y en el discurso público de éstos; pero en el discurso
público del movimiento, sobre todo cuando las asambleas sindicales y populares,
esos vestigios, tal vez no muy conscientes, se dejaban ver, aunque no lograron
crecer, tal vez por el poco tiempo que el movimiento duró y su transformación
posterior en la cooperativa.
La desnutrición, enfermedades
gastrointestinales, parasitosis, malas condiciones higiénicas y generales de
salud, dominan ampliamente el panorama social comunitario, como en muchas otras
comunidades henequeneras y yucatecas. La muerte infantil y de jóvenes es un
acompañante casi cotidiano.
Un significativo número de hombres y
mujeres han ido migrando hacia Mérida, la riviera maya (Cancún, Cozumel e Isla
Mujeres, Quintana Roo) y los Estados Unidos; desde los ochenta es importante el
flujo migratorio, pero desde la segunda mitad de la década de los noventa el
destino principal es EU. La migración genera empleos e ingresos para las
familias teticeñas, que se apoyan con los envíos de dinero que hacen quienes
migran.
Casi todos los teticeños migrantes añoran
su terruño, su pueblo, regresan frecuentemente; muchos en agosto, cuando se
realiza la fiesta de la santa patrona, la virgen María Asunción. Mantienen el
orgullo de ser yucatecos y teticeños, que es identidad y un profundo sentido de
pertenencia.
Cuando el conflicto no pocos migrantes,
enviaron cantidades adicionales de dinero y mensajes de aliento para apoyar el
movimiento; se mostraban orgullosos ante el despertar de su gente.
La democracia directa comunitaria que se
expresó con todo su esplendor durante el movimiento, viene de su raíz maya, con
los siglos de dominación, con su carácter subordinado, con las humillaciones
que han tenido que soportar, a la espera de mejores tiempos. Se venía gestando
desde el movimiento de 1987, cuando la conquista de su ayuntamiento. El tiempo
de la organización, de la lucha, de levantar la cabeza llegó y así lo hicieron.
El decir y actuar de los asesores
respecto a la importancia de la democracia directa, de la participación masiva,
del papel de las asambleas para decidir todo lo importante, el de los
dirigentes como portavoces del movimiento, el mandar obedeciendo, encajó perfectamente
en las formas de lucha y de representación política de los obreros y del pueblo
teticeño. No fue una coincidencia, fue la confluencia de formas y tácticas de
lucha y gestión obrera y campesina regional, que en muchas ocasiones han
mostrado sus cualidades y efectividad en la acción social. Aun cuando se les
ningunea y minimiza intencionadamente para evitar que el ejemplo cunda y la
defensa de los intereses obreros y populares sea más efectiva.
La acendrada religiosidad es otro rasgo
especialmente importante para entender las formas y la profundidad de la lucha
y la combatividad que mostraron durante todo el movimiento. Prácticamente todos
los teticeños son devotos católicos, en una interesante, flexible e intrincada
mezcla de rasgos indígenas mayas, posiblemente prehispánicos, y católicos.
La virgen María Asunción, la “Pobre de
Dios”, es especialmente venerada en Tetiz y en toda el área, incluso en Hunucmá[35], que es
la población más importante del poniente yucateco. Durante todo el conflicto la
veneración a la virgen y la solicitud de sus favores fueron motivación primaria
para los miembros del sindicato y los cientos de teticeños y hunucmenses que
participaron en el movimiento. Muchos de ellos afirmaron que fue
El apoyo de las parroquias de Hunucmá y
Tetiz, como tales, como parroquias, y especialmente de los presbíteros
encargados de éstas, Álvaro Carrillo Lugo y Manuel López, así como otras
parroquias y presbíteros de Mérida, que fue velado al principio, fue creciendo
hasta alcanzar proporciones muy significativas, aunque siempre se mantuvo
discreto; fue apoyo material, en víveres, aunque también en consejos y ánimos,
reforzando las certidumbres populares de que no sólo tenían la razón y que
estaba bien lo que hacían y cómo lo hacían, sino que también contaban con la
anuencia y apoyo de
Cuando el conflicto termina, las misas
como ceremonias solemnes, muy importantes en el imaginario social popular, son
precisamente para agradecer los favores recibidos de la Virgen. Muchos afirman
enfáticamente que la Virgen los acompañó en todo momento e influyó de gran
manera en la salvaguarda de la dignidad popular.
El sindicato y el movimiento recurrieron
a una variedad de recursos, armas y mecanismos en la lucha, algunos legales y
otros, los más, de la acción directa obrera y popular[36], aunque
todos dentro de la ética. Esto se evidencia claramente por la gran simpatía y
apoyo que se recibió de grupos y personas de todo el poniente yucateco, de
Mérida y de otras partes de Yucatán, Campeche y el DF, así como de varios
periódicos nacionales (como
Los recursos legales son sumamente
limitados, porque están diseñados para controlar a los trabajadores y mantener
el ejercicio pleno de sus derechos en estrechos marcos que favorecen a los
patrones. Durante el movimiento se decidió en muchas y reiteradas ocasiones que
había que usar primeramente los recursos legales, por limitados que fueran,
pero que si el patrón y el gobierno no se apegaban a la legalidad, aunque les
favorecía en casi todo, ellos tampoco tenían por qué hacerlo. La acción directa
no sólo fue respuesta a la acción directa patronal y gubernamental, sino una
táctica de lucha, que permitiera la acumulación y el uso de la mayor fuerza
posible del lado del movimiento.
Tal variedad de recursos fueron pensados,
discutidos, votados, decididos y ejecutados con la certeza y la seguridad del
alto nivel de unidad, organización y combatividad del conjunto de los
trabajadores y del pueblo participante, así como con la confianza del apoyo
solidario regional y nacional que se fue recibiendo.
Se iban aplicando en función de la
conciencia que se iba ganando día a día y de los consejos y frecuentes análisis
de la correlación de fuerzas en la batalla.
Los principales recursos utilizados
fueron: las asambleas, negociaciones a partir del binomio
negociación-movilización, campamentos y guardias populares, difusión en los
medios masivos de comunicación, mítines, plantones, marchas, volanteos y
boteos, paros, control obrero de las granjas y huelgas de hambre; así como la
preparación de medidas ante la represión y la persecución.
Las asambleas fueron sindicales y populares.
En las primeras únicamente participaban los miembros del sindicato, los
asesores y algunos invitados especiales. En las populares eran abiertas a todo
el pueblo y todos aquellos que quisieran asistir; aunque en momentos de
tensión, de represión y de persecución, la misma gente no permitía que se
acercaran a las asambleas gente desconocida o de quien desconfiaban.
Invariablemente en todas las asambleas, se informaba con todo detalle, se
discutían las posibilidades y opciones, se votaba, aunque casi siempre se
decidía por consenso y se acordaban los mecanismos y formas concretas de llevar
a cabo los acuerdos.
Así como se discutía y decidía, se
realizaban masivamente las acciones acordadas. La transparencia en la
información y el poner todas las cartas sobre la mesa, aun cuando fueran más o
menos delicadas, fueron claves para mantener la confianza y la unidad internas
en el sindicato y en el pueblo y factor de fortaleza y cohesión. Nunca se tomó
ninguna decisión importante fuera de las asambleas. Durante abril y mayo las
asambleas fueron casi a diario. El pleno de delegados y de comité ejecutivo
sindical fue un mecanismo complementario para las asambleas, sobre todo para la
ejecución de las decisiones.
En varios momentos especialmente
difíciles, críticos, cuando hubo que tomar importantes y graves decisiones, los
dirigentes y los asesores se negaban a dar su opinión personal, sobre cuál de
los caminos y formas usar, para evitar influir en la decisión que se tomara,
para evitar frenar y/o acelerar artificialmente el movimiento y la lucha y que
fuera el conjunto de los participantes los que, plenamente conscientes de los
riesgos y posibilidades, tomara las decisiones, asumiendo todas las
responsabilidades; se concretaban a presentar la información sistematizada con
algunos elementos de análisis y reflexión, precisando las posibilidades y los
riesgos de cada una, pero tratando de no inclinarse por ninguna de ellas. Esto
fue sumamente efectivo para mantener alto el nivel de autoconfianza y de
combatividad del movimiento.
Otro importante recurso del movimiento
fue estar siempre abiertos a negociar, a buscar y llegar a acuerdos y
respetarlos, combinando los recursos legales y los de la acción directa, para
alcanzar la concertación y tratando de nunca romper por lo menos los contactos,
aunque no hubiera negociaciones. Así como tratar en todo momento de ser
realistas y no exigir en la mesa de negociaciones, nada que no pueda ser
realmente alcanzado, de acuerdo a las fuerzas y condiciones del momento.
Los campamentos y guardias populares para
salvaguardar las granjas y al movimiento, así como a los dirigentes tuvieron
una gran utilidad. Estos campamentos servían también para tensar fuerzas y
demostrar el apoyo y el nivel de la movilización popular. Fueron armas muy poderosas
en la lucha y el movimiento, aunque, debe reconocerse, muy desgastantes. Hubo
por ejemplo un momento en mayo de 1990, que se corrió la voz de que el patrón
ofrecía dinero a los judiciales que detuvieran a Mauricio Macossay y alguno de
los principales dirigentes del comité ejecutivo, como el Secretario General
Carlos Caamal; hubo guardias especiales muy discretas para protegerlos y se
corrió la voz también, de que estaban bajo protección especial; lo cual por lo
menos, desalentó a los judiciales a intentar detener a alguien. Sólo hubo un
intento fallido.
La difusión más amplia posible de las
demandas, acciones e intenciones sindicales y populares fueron parte de las
tácticas de lucha y acción, conscientes de que se contaba con la razón, de que
las demandas eran mínimas y justas y que los caminos que se usaban eran
honestos y éticos; se recurrió a todos los medios posibles para difundir el
movimiento; a los medios masivos de comunicación, radio, periódicos, revistas y
televisión, mediante boletines de prensa, conferencias de prensa y entrevistas.
Aun cuando la mayoría de los medios locales y regionales se pusieron del lado
patronal y tergiversaban la información, nunca se cerró el movimiento a
informar y tratar con los medios, pero se designaron portavoces[37], para
que sólo ellos trataran con los medios y se evitaran trampas y manipulaciones.
También se usaron otras formas de
difusión e información amplias, que a la vez eran formas de presión, de
captación de solidaridad y simpatía, de movilización y de tensar fuerzas, con
buenos resultados, que fueron particularmente útiles cuando los medios locales
y regionales sólo informaban lo que le interesaba al patrón y sus voceros;
tales formas fueron los mítines, plantones, marchas, volanteos y boteos en
Tetiz, Hunucmá, Mérida –en la plaza principal, frente al palacio del gobierno
estatal y frente al penal- y otras poblaciones de Yucatán; se realizaron
decenas de ellos durante todo el movimiento, particularmente durante los dos
últimos meses, abril y mayo.
Los paros, huelgas fundamentadas
directamente en la Constitución Política del país, consistían en la suspensión
del trabajo en sus ritmos normales, reducidos a su mínima expresión, para
mantener vivas y en buen estado a las aves (recuérdese que se trataba de gallinas
ponedoras), tener el control total de las granjas, permitir la entrada de
alimento y de los veterinarios, así como el impedir que la producción de huevo
saliera, para generar una fuerte presión y lograr avanzar en las negociaciones
y soluciones. Se estaba plenamente consciente de la peligrosidad de esta arma y
se usó cuando no hubo otro remedio. Se hicieron dos paros: el primero de 12
días, al inicio del movimiento, del 24 de enero al 4 de febrero, y el segundo
el 8 de marzo –de sólo 7 y media horas- que se levantaron de inmediato en
cuanto se logró lo que se pretendía.
El control obrero de las granjas
consistió en tomar el control total de las mismas, mantener más o menos normal
el trabajo y la producción, pero sin permitir la entrada de personal de confianza
(excepto veterinarios, aunque regulados estrechamente) y permitiendo la salida
de la producción en función del pago de salarios y de la situación del momento
en que se aplicó; incluido el bloqueo completo de las granjas en momentos de
agresión. Esto sólo fue posible por el gran apoyo popular y los campamentos
para defender las granjas. Alrededor de 2 mil personas, hombres, mujeres,
niños, participaban y se rotaban en los campamentos. El control obrero se
aplicó en 2 ocasiones, del 17 al 26 de marzo y del 5 de abril al 25 de mayo –
51 días- Sin duda alguna esta arma fue la más poderosa[38] que
tuvo el movimiento y mantuvo en vilo al patrón y al gobierno, quienes no podían
recuperar las granjas, más que con el uso de violencia represiva, con un alto
número de efectivos de la fuerzas públicas, que seguramente hubiera sido de
trágicas consecuencias.
Las herencias culturales mestizas, maya y
española, se expresaron e influyeron de maneras distintas y contradictorias
muchas veces. Las tradiciones centralistas, burocráticas, jerárquicas, de
desigualdad, de patriarcalismo, de caudillismo y de profunda religiosidad, de
un catolicismo basado en los santos, en esta caso en la virgen María Asunción,
“la Pobre de Dios”, impulsaban y frenaban casi al mismo tiempo al movimiento y
la lucha, pero finalmente pudo más la lógica de los oprimidos y explotados, que
los esquemas culturales de la dominación, haciendo de lado el centralismo y el
caudillismo casi totalmente y dándole a la religiosidad un sentido movilizador
y liberador, que los apoyaría subjetivamente durante el movimiento y la fase
aguda del conflicto.
Las evidencias ciertas de elementos de
una cultura de resistencia y de rebelión presentes en el imaginario colectivo
de los grupos populares de Tetiz, están en el principio del mandar obedeciendo,
el liderazgo amplio y horizontal, la participación masiva de toda la gente,
mujeres, niños y ancianos, junto a los hombres adultos y jóvenes que
conformaban el sindicato y las armas y recursos concretos que se usaron.
Los referentes simbólicos de la gran
mayoría de la gente del movimiento, si bien contenían y reflejaban ideas de
legitimidad de la dominación, como no eran del todo acordes con éstas y las
cuestionaban de muchas maneras, también cambiaron desde 1987, pero sobre todo
desde el inicio de la batalla de 1990, ante los enormes cambios materiales,
económicos y sociales vividos y ante las humillaciones e insultos en contra de
la dignidad, que transgredieron los límites tolerables de la dominación e
impulsaron el desafío y la protesta.
El control del pensamiento social, de las
maneras de ver y pensar de los grupos populares de Tetiz, con la rapidez y
profundidad de los cambios se vio roto con la trasgresión de los límites, ya
que si bien es cierto que la conciencia popular es una conciencia dominada y
escindida casi siempre (entre su quehacer práctico y lo que piensan) es también
cierto que es una conciencia contradictoria, que cuando se conjuntan
circunstancias favorables y detonantes, los impulsa al cambio social y a mejorar
sus condiciones de vida y trabajo, no siempre genera pasividad moral y
política, sino que en ocasiones genera movilización y lucha. El esquema básico
de percepción y pensamiento duradero de lo social, interiorizado en los
individuos y aprendido de manera no consciente, que normalmente funciona para
la dominación y el control social, también y en algunos momentos funciona para
la resistencia y el movimiento, como lo fue en esta batalla, precisamente por
ser portador de las contradicciones sociales y sus distintas tendencias.
Las huelgas de hambre fueron armas y
formas de presión que sólo usaron dos personas, un asesor y un colaborador del
movimiento, de clase media ambos, pero que nadie más del movimiento quiso usar.
Julio Macossay preso, sostuvo su huelga de hambre durante 50 días[39] e Igor
Macossay durante 9 días. Éstas fueron también importantes armas del movimiento,
que aunque riesgosas para la salud de quienes las hacen, representan una gran presión
pública, con un fuerte componente ético, para llamar la atención sobre la
justeza de la lucha y de los fines que se persiguen. Aunque también presionaron
al movimiento, la mayor presión fue contra el patrón y el gobierno y fue parte
de la batalla en los medios. Lo prolongado de la huelga de hambre de Julio
logró llamar la atención sobre la lucha y el movimiento a nivel regional y
nacional y provocó una mayor solidaridad, incrementando la fuerza popular.
Ante las posibilidades de represión
masiva, de que las fuerzas públicas tomaran las granjas, que se vieron como
posibles en varios momentos del conflicto, se prepararon diversas medidas de
resistencia pacífica. Tales medidas fueron impulsadas sobre todo por las
mujeres. Consistían básicamente en interponerse con sus niños, entre los
trabajadores y la policía, para impedir con sus cuerpos, pacíficamente, que la
policía tomara las granjas y/o golpeara y detuviera a trabajadores. No hubo
necesidad de hacerlo, pero el acuerdo estaba tomado y de ser necesario se
hubiera hecho sin duda alguna.
Durante la batalla se transformó ese
amplio sujeto social colectivo, que se había formado desde 1987, y se reforzó
en torno al sindicato y la lucha sindical emprendida en 1990, para dar una
magnífica y ardua batalla. La identidad colectiva de dicho sujeto social no
existía antes, como condición previa y necesaria para el movimiento, fue
función de éste y fue transformándose, construyéndose y reconstruyéndose
también, con las vicisitudes, altas y bajas del mismo.
El conflicto social en Tetiz fue una
expresión del irreconciliable conflicto entre el trabajo, como trabajo alienado
y principio de realidad, y el principio del placer. Conflicto que impulsa
cambios sociales y que encuentra sus raíces profundas en la subjetividad de los
individuos y los colectivos, en sus talentos y emotividades, en sus pasiones,
deseos, demonios y esperanzas.
La gran energía social liberada y
organizada que se expresó en el movimiento fue canalizada a la organización de
una empresa social cooperativa; que alcanzó su auge productivo y económico en
1992 y 1993.
El liderazgo y la conducción
En movimientos de protesta y
reivindicativos como éste los dirigentes y personas destacadas juegan un papel
importante, no decisivo pero influyente, sobre todo en los momentos críticos.
Su presencia, conocimientos, habilidades, estilos y carismas ayudan a despertar
al colectivo y a moldear las demandas, las formas, las maneras.
El liderazgo y la conducción del
movimiento sindical y popular corrió a cargo de un amplio grupo de personas,
del comité ejecutivo y delegados sindicales y un conjunto de hombres y mujeres
del pueblo, autoridades y asesores, con formas estructurales amplias,
horizontales y flexibles, que se encargaban de coordinar y llevar el registro
de la información, las asambleas, discusiones, decisiones y acuerdos, así como
para la ejecución e implementación de los mismos. Así como para preparar y
llevar a cabo las pláticas, negociaciones y la firma de acuerdos.
Los asesores fueron parte de este
conjunto de personas que condujeron la lucha y el movimiento. Como personas
carismáticas y de clase media, con su labor y esfuerzo, frenaron el uso de la
fuerza contra el movimiento, ya que la clase patronal y el gobierno yucateco
son más reacios a utilizar la represión contra personas de esta posición social
que contra personas de las clases populares, ya que el costo político y
simbólico es mayor. Son parte de una tendencia mundial muy actual que da origen
a una intelectualidad comprometida con el pueblo y con otro proyecto social,
que constituye un nuevo sector militante en los movimientos sociales
alternativos, que crecen fomentados por la mundialización. Esta nueva
intelectualidad se reconoce en las causas sociales y en los movimientos, pero
no en los partidos, porque éstos se integran más a las instituciones estatales
que pierden rápidamente consenso[40].
El principio del mandar obedeciendo indio
y comunitario, de largas y profundas raíces, fue aplicado en todo el movimiento
y le dio una gran fortaleza y cohesión, en la medida que los participantes,
eran parte importante y decidían efectivamente sobre el rumbo y formas del
movimiento, no eran simples participantes o una pieza más de una gran engranaje
movido, dirigido y decidido por la cúpula dirigente, como sucede con mucha
frecuencia en la política partidaria y en muchos movimientos populares.
Aunque el liderazgo mantuvo siempre el
principio enunciado anteriormente, se trató de un liderazgo fuerte, claro, no
titubeante, que analizaba y presentaba propuestas y líneas de acción precisas,
que trataba en todo momento considerar y sopesar lo interno y lo externo, la
fuerza propia y la solidaridad con la fuerza patronal y gubernamental, que
siempre llamaba a la calma y la mesura en momentos de crispación e indignación,
que proponía acciones debidamente sopesadas, con todos los riesgos que
implicaban. Tal liderazgo fue un factor positivo decisivo para el desarrollo
del movimiento y del resultado alcanzado.
La línea política seguida fue claramente
fijada por el propio movimiento, en razón de los acontecimientos y de los
frecuentes análisis de correlación de fuerzas, no impuesta ni manipulada por
los dirigentes. Esto representa un claro rasgo distintivo de este movimiento y
se cree que fue una de las claves para el desenvolvimiento del movimiento y la
acumulación de la gran fuerza que alcanzó, así como de la profundidad y
amplitud de la solidaridad que recibió, que frenaron e impidieron la derrota.
El discurso oculto de la resistencia de
los obreros avícolas y del pueblo teticeño, el que no podía decirse claramente,
explícitamente, en los años anteriores, el de la dignidad y el respeto a los
derechos salariales, laborales y políticos, no sólo para vivir y trabajar
materialmente mejor, sino con dignidad y justeza, se expresó con toda fuerza y
claridad durante el movimiento, se volvió público y estentóreo,
sorprendiéndolos a ellos mismos, que se descubrían importantes, fuertes,
poderosos, que podían cambiar las cosas, que los impulsó a emprender y sostener
la lucha y recuperar la dignidad y el respeto ninguneados; este discurso
público llegó a muchos lados del área y de Yucatán, concitando las más variadas
simpatías y solidaridades.
Algo destacable de este movimiento fue el
cómo la gente vio a los asesores y el papel que desempeñaron. Dadas sus
características[41],
al principio les sorprendió a los trabajadores y al pueblo teticeño y
hunucmense la forma cómo ellos se integraron e involucraron en el movimiento,
el que no buscaran fines personales ni pago por sus servicios, el que se
concretaran a ser asesores, consejeros y ejecutores de los acuerdos de las
asambleas, sin tratar de usar, al menos conscientemente, la privilegiada
posición que les daba sus conocimientos, experiencias y habilidades personales.
La gente apreció sobremanera, tal vez de más, la disposición, la entrega y el
compromiso de los asesores; el que Julio dedicara todos sus talentos y
arriesgara la vida con una larga huelga de hambre por el movimiento, el que Isela
se dedicara exclusivamente al movimiento, con pasión y entrega, soportando
persecución y presiones de todo tipo, el que Mauricio se fuera a vivir a Tetiz
y se dedicara exclusivamente al movimiento durante los dos meses de la fase
aguda del conflicto, el que las demás compañeras y compañeros del despacho y
organizaciones solidarias apoyaran con desinterés el movimiento, sumándose a
él.
Cuando los asesores informaban, proponían
caminos y formas de lucha, aconsejaban, cuando decían que no había porqué
encadenarse a las formas legales, sobre todo cuando el patrón y el gobierno no
lo hacían, cuando le decían a los trabajadores, al pueblo, al movimiento, que
tenían la razón, que podían y debían luchar y ganar y que tenían la fuerza para
hacerlo y obtener lo que les correspondía y además estaban realmente con ellos,
arriesgándose con ellos, la gente sentía entonces que estaban en lo cierto,
pero no porque los asesores lo dijeran, sino porque el decir de los asesores
con el respaldo de sus hechos, era una confirmación de sus certezas; de manera
similar a cuando los sacerdotes solidarios les apoyaban, reafirmando sus
convicciones y certezas. Al final del conflicto mucha gente decía que los
asesores se habían ganado el ser teticeños; ellos así se sentían.
La mejor y mayor garantía de que los
dirigentes y asesores servirán al movimiento, que no se servirán de él, que
mandarán obedeciendo, no son sólo las características personales de ellos, que
sí influyen, sino sobre todo las estructuras democráticas de vida y funcionamiento
del movimiento mismo, las líneas políticas que se sigan. La buena voluntad
personal, la ética, la entrega, las habilidades y experiencias, así como el
compromiso personal son importantes, pero no deben ser el factor principal del
que dependa un movimiento social, sino parte de una nueva manera y forma de
hacer y ejercer la política, de tomar los espacios públicos y ejercerlos amplia
y abiertamente, de manera incluyente, abarcando todas las diversidades y
fuerzas sociales e individuales, en beneficio de los intereses sociales y no de
los grupos y cúpulas dirigentes.
La correlación de fuerzas habría de
cambiar y las energías dedicadas a la formación y consolidación de la
cooperativa, en tanto medio de producción de propiedad social, habrían de
resultar insuficientes ante la crisis económica nacional y regional de 1995 y
finalmente el movimiento popular, que venía desde 1987, se diluyó; no se sabe
bien a bien si para desaparecer o para reaparecer en otro momento.
La cooperativa
Las pretensiones empresariales y
gubernamentales de derrotar totalmente al sindicato y destruir al despacho
Macossay no pudieron concretarse. El sindicato, sin desbandarse, se replegó
transformándose en una cooperativa, que incorporó a decenas de jóvenes,
mayoritariamente mujeres, de Tetiz y Hunucmá que apoyaron el movimiento, pero
no formaron parte del sindicato; así como el despacho continuó su labor[42].
Tampoco pudieron apabullar al pueblo teticeño, ni destruir al Ayuntamiento
popular, que aunque desgastados persistieron; pero a fines de 1990 los grupos
priístas logran recuperar el ayuntamiento, mediante maniobras de todo tipo y la
inversión de grandes sumas de dinero en la campaña (se comentó ampliamente en
el pueblo que Fernández aportó fuertes cantidades de dinero)
La
cooperativa se empezó a organizar inmediatamente después de finalizado el
conflicto sindical. Se constituiría legalmente en septiembre de 1990, bajo la
forma legal de una Sociedad de Solidaridad Social, llamada “Dzocu Yahá U Cají
Tetiz” (que significa en español “ya despertó el pueblo que estaba en el
rincón” según los dirigentes de la cooperativa); maquilaba artesanías de barro,
palma y madera y tuvo un programa agrícola, que después de varios intentos y 1
año de esfuerzos no levantó el vuelo y tuvo que desaparecer.
Se
trataba de construir una empresa social para dar empleo e ingreso a los
despedidos y ser una opción para los jóvenes, encaminando esa enorme energía
social desatada durante el movimiento, en crear medios de producción de
propiedad social. Inició sus esfuerzos con talleres de maquila de pintura para
productos de barro y con el programa agrícola ese mismo año de 1990.
A través de la organización y
el trabajo colectivo voluntario tanto en Tetiz como Hunucmá, de
alrededor de varios cientos de personas, la coordinación con algunos
empresarios que colaboraron, destacadamente Carlos Millet y Angelo Frattini,
así como con recursos del Programa Nacional de Solidaridad –PRONASOL- la
fundación danesa Solvergfonden, la Fundación Inter Americana –IAF por sus siglas
en inglés- y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, así como con
algunos apoyos de la Universidad de Chapingo, se logró armar un entramado de 6
talleres en Tetiz y 3 en Hunucmá, que generaron empleos con salarios de más del
doble del salario mínimo en promedio, con plenas prestaciones económicas,
durante poco más de año y medio, durante 1992 y 1993, que llegaron a ocupar a
unas 300 personas en Tetiz y 150 en Hunucmá, en su mejor momento. Aunque los
talleres fueron en realidad maquiladores de la comercializadora de Carlos
Millet, llamada "Capriccio", y de la empresa italiana La
Perla.
Los 6 talleres, con la capacitación de
los trabajadores, fueron los principales recursos que la cooperativa llegó a
tener.
La crisis nacional que estallaría en
diciembre de 1994 y 1995 generó un aceleramiento en la caída y declinación de
la cooperativa, que se redujeran sus contratos y fuera reduciéndose y
desapareciendo. Para el 2004 sólo quedan un taller de artesanías de madera en
Hunucmá y una pequeña carpintería en Tetiz.
La
idea principal era un tanto utópica, crear una economía social, autogestiva y
comunitaria, que funcionó bien casi dos años, pero que finalmente no pudo
consolidarse, permanecer ni trascender.
El
móvil ideológico de autogestión cooperativa fue intenso y honesto, aunque
insuficiente, ya que permitió construir a la cooperativa y los talleres, pero
ante las dificultades para mantener los contratos se fueron generando problemas
organizativos internos que colaboraron en mucho en la caída y declive de ésta.
Los
avatares cíclicos del mercado, la falta de estructuración coherente (en
términos de alcanzar y mantener niveles de rentabilidad duraderos) del sector
social, con inconsistencias en los niveles de conciencia e insuficiencias
ideológicas, aunado a la baja disponibilidad de capital e insuficiente
acumulación originaria, no permitieron que el proyecto pudiera
consolidarse. Su enorme fragilidad se hizo presente, creció y terminó por
hundirla.
Como
todo proyecto productivo, económico y social alternativo, enfrentó muchos
obstáculos y frenos externos e internos, que finalmente lo acabaron. Problemas
internos organizativos, desconfianzas, tensiones, egoísmos, que se vieron
magnificados en un ambiente local y estatal particularmente desfavorable para
las empresas sociales, y que con la crisis nacional de 1995 le dieron la
puntilla y prácticamente desapareció. Apagándose y desapareciendo con ella, el
vigoroso movimiento popular teticeño, que venía desde 1987.
La
emigración, que se había frenado en los años 1990-1994, se reinicia con ímpetu,
sólo que ahora hacia EU, cuando decenas de jóvenes y gente madura, dirigen la
mirada hacia el norte y deciden migrar, por una diversidad de causas
específicas, personales y familiares, pero todos ellos en el afán de obtener
empleo e ingreso, que les permita ahorrar y retornar a la comunidad en la
mayoría de los casos; casi todos los migrantes se van con esa idea aunque
muchos, es cierto, cambian en el camino, los retos y situaciones que enfrentan
son sumamente complejos, contradictorios y los cambian en muchos sentidos. Hay
varias historias personales de este tipo, dramáticas algunas de ellas.
Ciertos lazos
comunitarios de apoyo y solidaridad se mantienen y renuevan, ahora para la
emigración. Una buena cantidad de migrantes reciben el apoyo y préstamos en
efectivo de teticeños que están trabajando en EU, en Los Ángeles y en Seattle,
que les permiten pagar su viaje desde Tetiz y cubrir el pago a los polleros que
los guían en su entrada a EU, con el compromiso moral, casi inviolable, de
devolver el préstamo a la brevedad, con los primeros sueldos devengados y
apoyar a otros amigos y compañeros del terruño.
La migración
modifica fuertemente y en sentidos múltiples, las identidades sociales y
políticas. Aunque no todos sus rasgos son negativos, algunos son positivos,
como la reconstrucción de los mecanismos de la solidaridad comunitaria, que
hacen posible cierta regularidad y seguridad en el flujo migratorio.
En las elecciones de noviembre de 1990,
para municipios y diputados locales, se presentaron graves irregularidades.
Grupos priístas financiados por Fernández y coordinados por el dirigente
sindical taxista cetemista, Nerio Torres Ortiz (candidato priísta a diputado
local por el IV Distrito, el que corresponde a esa área) violentaron las
elecciones en el distrito y en toda el área, en Tetiz y Hunucmá sobre todo;
Timoteo Canché era candidato a diputado local por ese mismo distrito por el PAN
y contaba con un gran apoyo popular en todo el poniente yucateco, precisamente
por su papel en el conflicto de unos meses atrás; fue golpeado y herido de
gravedad en la cabeza, el día de las elecciones, por un grupo de taxistas,
cuando intentaba impedir que se llevaran las urnas de la comisaría teticeña de
Nohuayún; el resultado oficial final fue el triunfo priísta por sólo 13 votos;
el PAN como partido, lo dejó prácticamente solo y no impugnaría ni el conteo
electoral en el distrito. La agresión quedó impune. No se sabe bien a bien qué
pasó[43].
En Hunucmá y Tetiz también violentarían
las elecciones municipales; en Tetiz contendía Demetrio Koyoc por el PAN, uno
de los principales dirigentes sindicales del movimiento; ahí sí se impugnaría y
se lograría la anulación y la convocatoria a elecciones extraordinarias ante la
amplia indignación y la movilización popular frente a las maniobras priístas y
a la agresión contra Timoteo.
Pero en febrero de 1991, cuando se
realizan las elecciones extraordinarias, las maniobras e irregularidades se
hicieron presentes nuevamente, con el apoyo de Fernández y de Nerio Torres,
Dulce María Sauri, recién instalada como gobernadora interina relevando a
Manzanilla Schaffer, impuso el triunfo priísta. El PAN ya no impugnaría esta
elección y aconsejaría calma. Se perdía el ayuntamiento y el movimiento se
refugiaba en la cooperativa.
El análisis y la formación en cuestiones
políticas e ideológicas, que tal vez hubieran permitido procesar, asimilar y
capitalizar mejor la experiencia ganada en el movimiento hasta 1990, se
trabajaron poco en la cooperativa, que se enfocó casi exclusivamente a la
cuestión productiva y económica.
Los avances políticos y organizativos
obtenidos durante el movimiento se concentraron en la cooperativa y poco se
usaron para mantener un gobierno popular local, un ayuntamiento que pensara
primero en los diversos grupos populares y canalizara prioritariamente sus
demandas y necesidades, por una combinación compleja de factores y
circunstancias, entre las que destacan:
1.
El
desgaste y cansancio, producto de la tensión y la duración de las campañas,
tanto para la elección ordinaria, como para la extraordinaria. Las campañas
iniciaron en septiembre de 1990 y durarían hasta febrero de 1991.
2.
Las
maniobras priístas y de
3.
Se
usaron poco y en forma no sistemática los avances políticos y organizativos
alcanzados en el movimiento y se fue imponiendo la manera de hacer política
partidaria, del PAN y de algunos resquicios de las maneras políticas priístas.
4.
Se
impusieron casi totalmente las formas y manejos políticos propios del PAN,
donde los dirigentes deciden casi sin consultar a sus bases y cuadros medios,
en negociaciones cupulares, asumiendo posiciones de poder en razón primera del
propio partido y sus dirigentes y cediendo posiciones a cambio de otras. Hay
evidencias públicas de que el PAN priorizó el que les fuera reconocido el
triunfo electoral en el municipio de Mérida, con Ana Rosa Payán como alcaldesa,
que claramente obtuvieron en las urnas, a cambio de no pelear o de pelear
débilmente el IV distrito y los municipios de Hunucmá y Tetiz[44].
Cuadro 9. Elecciones en Tetiz,
Yucatán, 1990-2004
|
|
1990 loc2 |
1993 loc1 |
1994 fed1 |
1995 loc1 |
1997 fed2 |
1998 loc2 |
2000 fed1 |
2001 loc1 |
2003 Fed2 |
2004 loc2 |
|
PRI |
774 |
655 |
664 |
740 |
599 |
880 |
810 |
819 |
576 |
836 |
|
PAN |
744 |
530 |
682 |
945 |
479 |
579 |
721 |
1005 |
604 |
792 |
|
PRD |
0 |
12 |
11 |
0 |
84 |
326 |
68 |
74 |
11 |
428 |
|
Otros |
0 |
7 |
|
1 |
|
16 |
|
10 |
40 |
108 |
|
Votos |
1518 |
1219 |
1374 |
1686 |
1198 |
1801 |
1620 |
1908 |
1231 |
2164 |
|
Padrón |
2257 |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
2400 |
2400 |
2776 |
|
% votantes |
67 |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
n.d. |
79 |
51 |
78 |
Fuentes: Instituto Electoral
del Estado de Yucatán, página web http://www.ieey.org.mx
Centro de Información para el
Desarrollo, AC, página web http://www.cidac.org/espaniol_politica-2000.htm
Instituto
Federal Electoral, página web http://www.ife.org.mx/estadisticas2003/diputados_mr/municipio/31.html
Loc1 Locales, para Presidentes Municipales,
Diputados locales y Gobernador
Loc2 Locales, para Presidentes Municipales y
Diputados locales
Fed1 Federales, para Diputados federales,
Senadores y Presidente
Fed2 Federales, para Diputados federales y
Senadores
Gráfico 2. Tetiz, Yucatán, votos
de los principales partidos, 1990-2004

Ahora resulta claro que faltó visión
política estratégica de mediano plazo y ante la debacle económica y organizativa
que provocó la desaparición de la cooperativa, se diluyó el movimiento y sus
posibilidades de capitalización política.
A partir de la imposición de un gobierno
priísta en 1991, importantes tensiones y pugnas se repiten en cada elección
local; tanto el PAN y los grupos populares, como el PRI, están bien conscientes
de la importancia y papel que el gobierno municipal tiene; el priísmo local ha
contado con el apoyo reiterado económico y político de grupos estatales
(especialmente de la fracción cerverista, por medio de los taxistas y de Nerio
Torres) y de la Avícola Fernández, dando fuerte pelea en cada elección.
Mientras el PAN local y los grupos populares pocos apoyos externos han tenido
en estas coyunturas, confrontándose con sus adversarios en condiciones
desiguales y desfavorables. El PRI se ha impuesto varias veces, con todo tipo
de maniobras, fundamentalmente la compra abierta y generalizada de votos,
regalando aguardiente, carne y víveres, a vista y paciencia de las autoridades
electorales, sin enfrentar ninguna sanción o amonestación.
El PRI recuperó el gobierno municipal de
Grupos populares, bajo el registro del
PAN, han ganado varias veces las elecciones municipales, en 1987-1988 (anuladas
y extraordinarias donde sí les reconocen el triunfo), en 1990-1991 (anuladas y
extraordinarias donde no les reconocen el triunfo), en 1995 (aunque el
presidente municipal electo Félix Xool se alejó del grupo que lo postuló por el
PAN y regresó al PRI en 1996) y en 2001-2004. Han gobernado de
Desde 1995, cuando había desaparecido la
cooperativa y el movimiento popular se había diluido, las disputas políticas se
quedan en los estrechos y reducidos marcos partidarios sin ir más allá.
Al interior del PAN local se han ido
generando grupos y corrientes que se disputan las candidaturas cada trienio. En
el 2001 el candidato panista ganador de la elección Juan Koyoc[45] hizo una campaña partidista
y luego municipal, utilizando varios de los mecanismos de compra de votos,
regaló aguardiente y carne y con el apoyo velado del alcalde priísta saliente.
Cuando estuvo en el gobierno municipal se le acusó de favorecer a su grupo
cercano de colaboradores y simpatizantes y de haberse alejado de los intereses
populares que lo llevaron al ayuntamiento e incluso de apoyar a uno de los
precandidatos panistas para el 2004, que finalmente no pudo quedar como
candidato local del PAN y parece haber sido factor importante en la división
interna del panismo.
En la elección de 2004 el panismo se
dividió en el municipio y no pudo hacer ganar a su candidata Heriberta Canché
Tinal (hermana de Timoteo) perdiendo la elección por sólo 44 votos, mientras en
el municipio ganaba el candidato panista a diputado local. Se dio un voto
diferenciado que los perjudicó con la pérdida del gobierno municipal. Parece
que la división del panismo originó que parte de los votos se fueran hacia el
perredismo.
Es evidente que la competencia real
partidaria y electoral se ha dado entre el PRI y el PAN, el PRD aunque
presente, ha tenido poca influencia.
En elecciones
federales el PRD aparece en Tetiz hasta 1991, pero sólo logra unos cuantos
votos; en 1994 obtiene sólo 11, en 1997 84, en el 2000 68 y 11 en el 2003.
En elecciones
locales, estatales y municipales, el PRD obtiene 12 votos en 1993, ninguno en
1995, 326 en 1998, 74 en 2001 y 428 en 2004 (el 20% de la votación total). La
relativamente alta votación en las elecciones locales de 1998, ya que fue el
18% de la votación total, se debió a que el candidato perredista fue el priísta
Federico Poot[46],
que no obtuvo la candidatura por el PRI y se pasó al PRD e hizo campaña como se
acostumbra en el PRI, mediante la compra de votantes y la entrega de regalos.
Aunque en 2004 el candidato perredista fue Olegario Canté, con una trayectoria
no ligada el PRI, quien parece haber cosechado votos de los jóvenes y panistas
descontentos.
Hay una clara
diferenciación entre la participación y votos en las elecciones federales y las
locales; son éstas últimas las que concitan una amplia y apasionada
participación, aunque con altibajos. Se cree que es en las elecciones locales
donde se tiene realmente influencia, además que es donde se definen las
autoridades que la gente nombra y trata directamente.
La elección
federal del 2000 generó una amplia participación electoral, en cambio en la
elección federal de medio sexenio del 2003, la abstención se hizo presente,
votó la mitad del padrón y se alcanzó un nivel de votos similar a la elección
federal intermedia de 1997, ante una decepción y desencanto generalizados, el
PRI perdió casi el 30% de los votos que logró en 2000 y el PAN perdió el 16% de
los votos del 2000, pero comparándolo con la votación local del 2001 el efecto
es más evidente, de casi el 80% de votantes respecto del padrón, se cae a
la mitad de éste; el PRI pierde el 30%
de los votos del 2001 y el PAN pierde el 40 % de sus votos, aunque sigue arriba
del PRI.
Sin embargo
en la elección local del 2004 los niveles de participación vuelven a ser altos,
gana con muy escaso margen el priísta Malaquías May y se evidencia un fuerte
desgaste en el PAN, con importantes divisiones y diferencias internas, entre la
fracción que había ido armando el saliente presidente municipal Juan Koyoc con
el precandidato que apoyó, Melesio Canché, y el grupo que encabezan Heriberta y
Timoteo Canché. En la elección interna panista aunque se presentaron 6
precandidatos, sólo 2 eran los que tenían mayores posibilidades: Heriberta Canché
quien obtuvo 159 votos (menos de un tercio de los sufragios) y Melesio Canché
quien obtuvo 123, de casi 500 votantes, mientras los restantes se dividieron
entre los otros 4 precandidatos, de un padrón partidista de casi 600 personas.
Divisiones que le costaron al PAN local la presidencia municipal.
Por otro lado
se observa un crecimiento del PRD local, que habrá que ver si continúa y crece
o desaparece en la coyuntura. En esto sin duda alguna está influyendo el
desgaste del gobierno de Fox y de Patricio Patrón, en el plano nacional y
estatal, aunque también el desgaste de la política panista y sus formas en el
área.
La estructura
de la dominación local ha sufrido mutaciones, ante los grandes cambios, sobre
todo en los noventa, el avance de la exclusión social y de la emigración, ha
quedado restablecida en muchos sentidos.
La
desaparición del movimiento social comunitario en 1994, con el hundimiento y
desaparición de la cooperativa, y el que la política local esté dominada y
entrampada en las formas partidarias, constituyen las principales
circunstancias de que Tetiz haya vuelto al redil del control social en que está
inmerso todo Yucatán y a que la resistencia popular haya vuelto a enterrarse, a
recurrir al discurso oculto y la infrapolítica.
La dominación
renovada, es cada vez más parte de circuitos regionales, nacionales e
internacionales, mientras la dominación local, desdibujada, continúa basada en
unas cuantas familias de taxistas y comerciantes, algunas ligadas a la avícola
Fernández, acotada por el éxodo y en la medida que la resistencia popular se
entierra y libera algo de presión social en la emigración y en algunas
actividades de corte campesino, en solares y pequeñas parcelas. “Así como nos fastidiamos
de los malos tratos y mentadas de los patronales en las granjas y peleamos por
un sindicato independiente, ya no nos dejamos, mucha gente sale a trabajar a
otros lados, a ganarse la vida, sin dejar de pensar en lo nuestro y los
nuestros…”[47]
Colofón
Tetiz todo y especialmente
los grupos sociales populares, campesinos, obreros, empleados y pequeños
comerciantes, en su carácter de grupos subordinados, han sufrido toda una cauda
de cambios y modificaciones laborales, productivas, económicas, sociales,
políticas, culturales e ideológicas, en el contexto del derrumbe y la
demolición henequenera regional y de la atropellada diversificación
comunitaria, que les llevó a una fuerte caída en sus niveles de vida y de
trabajo e importantes agravios y ninguneos, respondiendo con viejas, nuevas e
imaginativas maneras, no sólo defensivamente, rescatando tradiciones mayas
comunitarias, ejerciendo nuevas formas de hacer política y ciudadanía, con
intensas experiencias de democracia directa política, económica y productiva,
que les humanizaron y transformaron positivamente, aunque en algunos casos
perdiendo formas de vida y relaciones comunitarias solidarias, al grado que son
los mismos y distintos a la vez, dignos, peleoneros, orgullosos de lo que son.
El discurso oculto de la resistencia popular salió a la escena local y regional
y se convirtió en público, logrando importantes avances políticos,
organizativos y económicos, pero que no pudieron mantenerse más allá de 1994,
cuando la resistencia vuelve a enterrarse a recurrir a la infrapolítica.
Aunque el
movimiento social que protagonizaron con fuerza y vigor desde mediados de los
ochenta hasta mediados de los noventa, finalmente se diluyó, no pudo
trascender, dejó múltiples experiencias, avances y retrocesos políticos e
ideológicos, constituyendo una muestra, quizá no tan singular ni aislada, de la
profunda resistencia popular maya y mestiza del Yucatán actual.
Ojalá los
actores sociales y políticos teticeños tengan la suficiente inteligencia,
habilidad y paciencia para recuperar su historia, sus experiencias y emprender
nuevamente la acción social colectiva, que les permita mejorar humanizándose y
retomar en sus manos su futuro.
· Almeyra, Guillermo. “Caminos de interioridad, construcción
del mundo y construcción del sujeto” Ponencia en el Foro: Universidad y cambio
de época 1999, 8 al 11 de junio de 1999, Universidad Iberoamericana, Golfo
Centro.
· ----- “Los lugares de la política”, en Viento del Sur No. 17, agosto 2000, México.
· ----- “El Estado de competencia, la lucha por otra
mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el Coloquio
Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder en el
sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero.
· ----- “Lo político y la política en la mundialización”
Ponencia para el Seminario: Redefinir lo político, mayo de 2001, Universidad
Autónoma Metropolitana – Xochimilco, México.
· ----- “El aparato estatal y el Estado”, artículo publicado
en
· ----- “Política, políticos, politicidad” artículo publicado
en
· Aziz, Alberto. “La ciencia política: empirismo, fortaleza
vacía, hibridación y fragmentos”, en: Pablo González Casanova (Coordinador) Los
desafíos de las ciencias sociales. México. Siglo XXI-UNAM.
· Bartra, Armando. “Sobrevivientes, historias en la frontera”.
Cuadernos Agrarios 16 - Poder local, derechos indígenas y municipios.
Año 8, No. 16, junio de 1998. México. 1998.
· Baños R., Othón. “Entre el autoritarismo moribundo y el
parto ciudadano. El gobernador Víctor Manuel Cervera Pacheco”, en Espiral,
Estudios sobre Estado y Sociedad. Vol VIII. No. 24. Mayo-Agosto de 2002.
· ----- “La modernidad rural mexicana a fines del milenio.
El caso de Yucatán”. Universidad Autónoma de Yucatán. Mérida. 2001.
· Bourdieu, Pierre, et. al. “El oficio del sociólogo”. Siglo
XXI Editores. 20ª. Edición. México. 1998.
· Calva, José Luis. “Desempeño macroeconómico”, artículo periodístico
publicado en El Universal, del 9 de
mayo de 2003.
· De
· Dube, Saurabh. “Sujetos subalternos”. Colegio de México.
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[1] La palabra Tetiz es un vocablo maya que tiene varios significados,
según diferentes fuentes: “Lugar del chisguete” según el Centro Nacional de
Estudios Municipales. Para muchos pobladores y campesinos maya hablantes Tetiz
significa “pueblo que está en el rincón”.
[2] Todos los datos de población y vivienda son de los
censos oficiales del INEGI. Poco más de la mitad de la población total son
mujeres. De
En el 2000 era un poblado trazado cuadricularmente en torno a un centro,
constituido por un parque principal, una antigua iglesia católica en su costado
norte, el palacio de gobierno municipal en el costado sur, un pequeño mercado
comunitario en su costado poniente, y en el costado oriente pasa la calle
principal de la población, que es la carretera que viene de Hunucmá y va a
Kinchil y Celestún; la localidad está formada de 870 viviendas particulares
independientes, que además de la casa habitación cuentan con un patio o solar,
donde tienen algunas plantas y animales, parte complementaria importante de su
vida; las viviendas son propiedad de la familia que las habita en un 90%, con
un promedio de ocupantes por vivienda de 4.8 personas, de las cuales casi la
mitad son de una sola habitación, poco más de un cuarto de ellas es de dos
habitaciones y poco menos del cuarto restante son de tres habitaciones; con
techos de huano (una palma regional) en su mayoría y colados; con paredes de bloques
y bajareques, en ese orden; con pisos de cemento o firme la mayoría de ellas
–3/4 partes- aunque todavía unas 62 viviendas tienen piso de tierra. Casi todas
las viviendas cuenta con energía eléctrica, sólo 41 de ellas no. 720 viviendas
tienen servicio de agua entubada, aunque la gran mayoría lo tienen fuera de la
vivienda; y todavía unas 150 no tienen este importante servicio. Más de la
mitad de las viviendas no disponen de servicio sanitario; las que cuentan con
dicho servicio, en su gran mayoría no tienen conexión de agua.
[3] En el 2000 tenía 600 habitantes.
[4] Todos los datos de salarios mínimos fueron tomados de
[5] En 1970 el 98% de la gente se reconocía católica, en 1980
fue el 97%, en 1990 el 96% y en el 2000 poco más del 95 %. La media estatal en
el 2000 andaba casi en el 85%.
[6] En 1970 el 99% de la gente hablaba maya y el 81%
hablaba también español, 340 personas hablaban sólo maya. En 1980 el 95% de la
gente hablaba maya y el 86% hablaba también español. En 1990 el 67% hablaba
maya y el 92% hablaba también español; en el 2000 el 66.9% hablaba maya y casi
todos hablan también español. Esto contrasta fuertemente con las medias
estatales de gente que habla maya, que fueron de 44% en 1990 y 37% en el 2000.
[7] Diputado federal por Yucatán y miembro del Partido
Socialista del Sureste, que fue designado gobernador interino por el presidente
Álvaro Obregón el 29 de abril de 1924, para restablecer el poder ejecutivo en
Yucatán ante el golpe del Gral. Juan Ricárdez Broca, que había detenido y
fusilado al gobernador constitucional socialista Felipe Carrillo Puerto el 3 de
enero de 1924, en el marco de la rebelión que estalló en Veracruz encabezada
por Adolfo de
[8] Las haciendas afectadas fueron Abal, Kuxub y Chicché,
Santa María, Nohuayún y Chunyá.
[9] Las haciendas afectadas fueron: Bella Flor con
[10] La avicultura yucateca se transformó a fondo en la
década de los ochenta, cuando dos grandes empresas privadas productoras de
huevo (Campi y Sanjor) se salieron de la producción y mercado de huevo fresco,
se dedicaron a la producción de pollo e iniciaron procesos de modernización y
desarrollo de embutidos y nuevos productos, lo que abrió el mercado de huevo a
empresas medianas como la de Fernández, para incursionar en la producción de
huevo y crecer; aunque su crecimiento tan vertiginoso no es nada claro.
[11] En 1990 era una mediana empresa avícola integrada
productivamente, que contaba con una incubadora, una fábrica de alimentos
balanceados, granjas reproductoras, de crecimiento y de postura, bodegas y una
flotilla de unos 160 vehículos de carga, para la producción, manejo y venta de
huevo de plato o comercial. Producía unas 80 Tons. diarias de huevo, con un
valor comercial de 200 millones de viejos pesos diarios. Tenía un total de 73
granjas avícolas (con unas 225 casetas), de las cuales 58 eran de postura, 14
de crecimiento y 1 reproductora. Granjas
ubicadas en Tetiz (45), Hunucmá (12), Tixkokob (15) y Caucel (1). La
incubadora, la fábrica de alimentos balanceados y las bodegas estaban en
Mérida. La inversión total estimada superaba los 100 mil millones de viejos
pesos. Se trataba de la empresa avícola, productora de huevo comercial, más
grande e importante de
En el 2004 se presenta como Grupo Avícola Fernández Crío, integrado por
dos divisiones: la de huevo (con la razón social de Productora Nacional de
Huevo, S. A. de C.V., con bodegas y centros de distribución en 7 estados, desde
el Istmo de Tehuantepec y hasta Quintana Roo) y la de pollo (con la razón
social de Pollo Industrializado de México, S. A. de C. V., con bodegas y
centros de distribución en los 3 estados de la península yucateca y Tabasco);
es una de las más grandes empresas avícolas del sureste del país. La propia
empresa reconoce que 1990, seguramente por el conflicto sindical, fue un
parteaguas y el momento de la diversificación productiva y de organización
empresarial, que superara el manejo unipersonal de la misma.
[12] Obrero avícola en las granjas de Campi en Hunucmá,
sindicalista, fundador y dirigente del sindicato independiente de Campi, al
cual se afiliaron los obreros de las granjas de Fernández. Se formó política y
sindicalmente en dicha organización sindical, fue Tesorero del primer Comité
Ejecutivo, cuando el sindicato se democratizó en 1981, luego fue Delegado y
Secretario de Relaciones Obreras; tuvo contacto y relaciones con dirigentes
sindicales y sindicalistas de otras organizaciones regionales.
[13] Campesino y dirigente parcelario henequenero,
campesinos que producen hojas de henequén, de manera independiente, por fuera
de los aparatos corporativos de control oficial.
[14] Por encima de todos los trabajadores avícolas de
Yucatán y la región.
[15] Carlos Caamal Couoh, quien fuera Secretario General
del sindicato avícola de las granjas Fernández, trabajó 3 años en las granjas
de Campi, en Hunucmá (de
[16] Equivalente a unos $ 400.00 semanales del 2004.
[17] Actualmente este personaje, quien luego fuera
expulsado de
[18] Los llamados “contratos de protección” son convenios
colectivos fantasmas, que sólo existen en el papel y en los registros de las
Juntas de Conciliación; sirven para evitar que un sindicato auténtico
establezca un contrato colectivo, que garantice los derechos de los
trabajadores; son una de las múltiples formas que asume la sobreexplotación de
los asalariados y es práctica generalizada en Yucatán y en todo el país, sobre
todo en los tiempos del neoliberalismo y la proliferación de las maquiladoras.
[19]
Cuando metieron preso a Julio Macossay en Mérida, en abril de 1990, fue el
tercer caso en esos meses; anteriormente habían encarcelado al abogado del
sindicato de
[20] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha
por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el
Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder
en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo del 2001.
Págs. 2 y 3.
[21] Fuentes confidenciales aseguraron que hubo varias
reuniones y acuerdos de acción concertada entre ellos; acuerdos que luego, se
verían plenamente confirmados en los hechos, con la actitud y posición del
gobierno estatal en la fase aguda del conflicto.
[22] El escarmiento popular fue desnudarlos, untarles
pica-pica y popox (hierbas altamente urticantes) y hacerlos caminar hasta el
centro de Tetiz; voces prudentes impidieron que fueran linchados y por su
propia protección fueron encarcelados, en tanto se decidía qué se hacía con
ellos.
[23] La gente de Fernández exigía que tampoco se dejara
salir a Timoteo y se le consignara y detuviera, pero no era posible por el
fuero constitucional de que gozan los presidentes municipales. Finalmente no
impidieron su salida y se fue a Tetiz, para continuar el procedimiento penal
contra los 11 detenidos en la mañana.
[24] Los dirigentes panistas que estuvieron con Timoteo en
el ministerio público en Mérida y que también fueron a Tetiz, le aconsejaban
que él sólo decidiera y que entregara a los 11 detenidos; Timoteo les dijo en
privado y en público que él no decidía, que tenía que ser la gente, en
asamblea, quien decidiera y que él se plegaba y asumía todas las
responsabilidades legales y políticas de la decisión.
[25] Según información de fuentes confidenciales, que no
pueden ser divulgadas.
[26] Según información de fuentes confidenciales, que
filtraban información de las reuniones de la cúpula empresarial yucateca.
[27] Los portavoces de la empresa hacían declaraciones casi
diarias a los medios de comunicación, donde expresaban un desprecio racista y
clasista contra los obreros y el pueblo de Tetiz, afirmando que no eran más que
una “bola de huiros” (regionalismo despectivo, que se aplica casi siempre a
indígenas, que tienen poca preparación escolar y no hablan el español, como la
gente con educación formal y citadina), que sólo sabían hacer hijos y que eran
manipulados y usados como carne de cañón por los asesores y el alcalde
teticeño.
[28] Julio Macossay,
Isela Rodríguez y Mauricio Macossay se consideran a sí mismos socialistas
libertarios, con influencias ideológicas marxistas, magonistas y anarquistas,
con experiencia y trayectoria en luchas obreras y sindicales desde 1975, cuando
participaron en la organización de sindicatos independientes en Campeche,
Campeche. Nunca pertenecieron a ningún partido político, aunque siempre han
formado parte de la llamada izquierda social y mantuvieron lazos y relaciones
fraternas con muchas organizaciones de izquierda, incluso con el Partido
Comunista Mexicano. Julio y Mauricio venían trabajando juntos en estrecha
coordinación, desde los setenta en Campeche, Isela se incorpora desde 1982. La
línea política plenamente compartida, según ellos mismos, era participar a
fondo en los movimientos, con un fuerte compromiso personal y ético,
asesorando, apoyando, sistematizando la información, haciendo análisis de
correlación de fuerzas y proponiendo caminos y opciones, acordes al momento y
circunstancias de la lucha específica y al nivel que los propios trabajadores
iban marcando, así como ejecutando de la mejor manera posible los acuerdos tomados,
cuidando mucho no sustituir a los dirigentes naturales, respetando en todo
momento las formas y mecanismos espontáneos de información, discusión, toma de
acuerdos y ejecución de los mismos, aunque impulsando la democracia directa,
combinada con formas de democracia representativa, usando formas y experiencias
de la lucha directa y la legal en función de los momentos, posibilidades y
fuerzas disponibles. Así como advirtiendo oportunamente de obstáculos,
problemas, vicios, inercias, acusaciones, amenazas, hostigamientos, a partir de
la experiencia directa y bibliográfica en las luchas de trabajadores. El
compromiso personal y ético y la línea política que seguían, los hacia poco
vulnerables a las amenazas e intentos de soborno de la patronal y el gobierno.
En ocasiones al contrario, éstas los fortalecían en su compromiso personal.
[29] Guillermo Almeyra. “Lo político y la política en la
mundialización” Ponencia para el Seminario: Redefinir lo político, mayo de
2001, Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco, México. Pág. 10
[30] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha
por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el
Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder
en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001.
Pág. 10.
[31] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha
por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el
Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder
en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001.
Pág. 8.
[32] Movimiento que movilizó a miles de estudiantes y
trabajadores en Mérida y todo Yucatán, durante poco más de 3 meses y que
lograron controlar con muchos trabajos y diluir en los años siguientes.
[33] Una clara muestra de esto es que los miembros de ese
ayuntamiento (panista del trienio 2001-2004) decidieron por sí mismos, sin
consultar al pueblo, siguiendo el ejemplo de otros gobiernos municipales
panistas de Yucatán y del país, darse altos sueldos, aun cuando el presupuesto
municipal es muy reducido. El alcalde se dio un sueldo de 12 mil pesos
mensuales (10 salarios mínimos y 4 veces más alto que el salario promedio de un
obrero calificado yucateco). Cuando el ayuntamiento popular que encabezó
Timoteo, él ganaba como alcalde, poco más del sueldo que recibía cuando era
obrero avícola en las granjas de Campi de Hunucmá.
· [34] Enrique Dussel. “Sentido ético de la
rebelión maya de 1994 en Chiapas (Dos “juegos de lenguaje”)” En: Tarrío, M. y Concheiro, L. “La
sociedad frente al mercado” Coedición UAM-Xochimilco –
[35] Hunucmá es una de las principales poblaciones de
Yucatán. En 1990 tenía 17, 500 habitantes; era 6 veces más grande que Tetiz.
[36] El uso reiterado de mecanismos de acción directa
obrera y popular desataron la furia patronal y gubernamental e incluso de
algunos sectores sociales, como algunos medios de comunicación y colegios de
profesionistas, quienes sólo veían ésta y no la acción directa patronal y
gubernamental. Insistían mucho públicamente en el respeto a la legalidad y al
estado de derecho, aunque el patrón y el gobierno no se apegaban a éste.
Pretendían, como acostumbran, identificar la legalidad con lo que ellos hacen,
independientemente de si se apegan o no a lo que dicen las leyes.
[37] Los portavoces del movimiento con la prensa fueron
Mauricio Macossay e Isela Rodríguez. Timoteo Canché hacía ocasionalmente declaraciones
como Presidente Municipal, no a nombre del movimiento.
[38] Fernández y los dirigentes empresariales mostraron en
muchas ocasiones su ira en contra del control obrero, diciendo que era
inconcebible que un patrón “no pudiera entrar a su casa”, lo que mostraba dos
cosas, entre otras: el cómo ven los patrones a los medios de producción de su
propiedad, como si fueran su casa, su pertenencia total y absoluta y donde
ellos pueden decidir lo que les plazca y no como medios de producción y centros
de trabajo, donde los obreros son parte importante y que éstos tienen derechos,
reconocidos incluso en las leyes vigentes; por otro lado expresaban su enojo
clasista en contra del sindicato que según ellos, atentaba contra el más
sagrado derecho y privilegio capitalista: la propiedad privada sobre los medios
de producción, que son a la vez, los medios de la explotación y del
enriquecimiento, del lucro, la ganancia y la acumulación capitalista.
[39] Los daños a su salud fueron mínimos, dada su
constitución física, sus 38 años de edad, sus antecedentes familiares y
personales y su nivel de nutrición; pesaba
[40] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha
por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el
Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder
en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001.
Págs. 5 y 6.
[41] Julio y Mauricio son mestizos con ascendentes
húngaros, españoles y alemanes, altos, blancos, barbados, con un nivel alto de
cultura general y política y estudios formales de licenciatura, de clase media,
que siempre han vivido y comido bien. Isela es mestiza con ascendentes
españoles y mayas, baja de estatura, morena, con un nivel alto de cultura
general y política y estudios formales de licenciatura, cuyo padre fue
empresario y que también siempre ha vivido y comido bien. Casi nunca han
sentido en carne propia la pobreza, la injusticia y el mal trato.
[42] El despacho se mantuvo, aunque reduciéndose conforme
los sindicatos y organizaciones independientes en Yucatán iban desapareciendo.
Se dio apoyo y asesoría legal, productiva, económica y organizativa muy intensa
a la cooperativa, pero no se continuó apoyando al pueblo en sus luchas
políticas. Actualmente se mantiene en su mínima expresión; sólo se asesora a un
sindicato (el de obreros avícolas de Hunucmá, que todavía existe, y que es
prácticamente el único sindicato obrero independiente sobreviviente en
Yucatán).
[43] En las elecciones federales para diputados, de
agosto de 1991, ya recuperado de la agresión, Timoteo sería candidato del PAN
por el IV distrito federal, que abarcaba 42 municipios del poniente y el sur
yucatecos (en aquel entonces Yucatán tenía sólo 4 distritos federales, ahora
tiene 5); la compra de votos, relleno de urnas y muchas irregularidades
priístas llevarían a que ganara el candidato de dicho partido, Fernando Romero
Ayuso, por alrededor de 5 mil votos. Tampoco el PAN impugnaría. En 1995 el PAN
incluyó a Timoteo como diputado local plurinominal en el congreso yucateco,
aunque aislándolo y sin hacer caso alguno a sus propuestas y planteamientos.
[44] En esto puede apreciarse claramente la preminencia de
los intereses de fondo de las clases y grupos sociales dominantes, ya que para
ellos era necesario aislar políticamente la experiencia teticeña y reducirla a
cuestiones productivas y económicas nada más.
[45] Quien fue obrero avícola en Campi, en Hunucmá, varios
años.
[46] Taxista teticeño, parte del grupo de taxistas acusados
de haberse robado las urnas en la elección de 1990 en Nohuayún y de agredir a
Timoteo.
[47] Comentario de Demetrio Koyoc, en entrevista personal
en septiembre de 2003.