Tetiz, resistencia popular y obrera, 1980-2004

Mauricio Macossay Vallado

Marzo 2005

Tetiz[1] se ha transformado rápida y profundamente; de una estable, pobre y pequeña comunidad rural, maya y mestiza, campesina, henequenera, priísta, en los setenta, ha pasado a ser una comunidad urbanizada a golpes, desgarrada, desdibujada, ante el derrumbe campesino y henequenero, las granjas avícolas y la emigración hacia diversas ciudades de la región y los EU, que cada 3 años vive disputas partidarias y electorales intensas entre el PRI y el PAN, que se transforma y cambia sin rumbo claro, a la deriva, aunque a la vez y contradictoriamente humanizándose y resistiendo. De la callada resistencia de los ochenta se regresa, iguales y diferentes a la vez, a la soterrada resistencia de los albores del siglo XXI, resistiendo.

Los cambios de la mundialización, la crisis henequenera, la proletarización, el establecimiento de decenas de granjas avícolas, el empobrecimiento y la emigración, han modificado casi completamente el panorama comunitario; ha habido profundos cambios en las relaciones laborales, productivas, económicas, sociales, culturales, políticas y familiares en todos los niveles, incluyendo por supuesto, cambios en los imaginarios y subjetividades.

Las transformaciones constituyen un verdadero terremoto social y cultural, que ha movido todo y destruido mucho, aunque hay cuestiones que sobreviven, identitarias y del sentido de vida y trabajo que aún se mantienen en sus rasgos esenciales.

Los grupos sociales populares de Tetiz, como grupos mayas y mestizos con largas y hondas raíces sociales, culturales e identitarias, recurren precisamente al cúmulo de tradiciones, costumbres y maneras de vivir y trabajar, construidas a lo largo de décadas, aunque adoptando otras formas, no sólo para sobrellevar los cambios tan drásticos que les han atropellado, sino para enfrentarlos, tratando de adaptarse y resistir al mismo tiempo, ante la avalancha de cambios, los desgarramientos y la exclusión social que sufren.

En Tetiz el enfrentar los cambios ha seguido varias formas, destacando principalmente entre las pasivas: la emigración, con toda su cauda de desintegración social y cultural y de rupturas locales, aunque también de reconstrucción de redes y solidaridades, y la descampesinización y conversión en asalariados, contratándose crecientemente fuera de Tetiz, por la escasez de fuentes de empleo en el área. Pero han seguido otras formas, de resistencia activa, y esto los distingue en el poniente y en todo Yucatán. Entre 1987 y 1994 desarrollaron un vigoroso movimiento popular que los llevó a conquistar varias cosas muy importantes, además de la dignidad y de la iniciativa social, un gobierno municipal y desde éste ir cambiando las condiciones de vida y trabajo comunitarias, enfrentar en 1990 a la Avícola Fernández, las cámaras patronales, el gobierno estatal y varios medios de comunicación locales, en defensa de elementales derechos laborales y por la transformación de duras e injustas condiciones de trabajo, dando una batalla de importantes proporciones para luego, ante la imposibilidad de triunfar, convertir esa energía en una cooperativa que funcionó especialmente bien hasta 1993, pero que fue declinando hasta desparecer, junto con el propio movimiento social en 1994 y durante la crisis nacional y regional de 1995.

Este enfrentar los cambios ha traído consigo nuevas formas y relaciones sociales e intrafamiliares, haciendo que las mujeres, y algunos hombres adultos mayores, carguen con mucho del peso de la casa, de la economía familiar, de la reproducción de las unidades domésticas familiares e importantes cambios en las relaciones patriarcales tradicionales, viéndose obligadas a asumir roles y posiciones distintas, que las han llevado en muchos casos, a tomar las cosas y las decisiones familiares y sociales, con una nueva y mayor perspectiva, a ser más valientes y seguras. Esta nueva condición parece ser de primera importancia en el panorama social comunitario en los últimos 20 años.

En este capítulo se hace un recuento de los principales hechos, cambios y relaciones ocurridos en Tetiz de 1980 al 2004, poniendo especial énfasis en las relaciones de poder y de dominación prevalecientes, para destacar el cómo han resistido, particularmente en el movimiento popular y obrero de 1987 a 1994, que tuvo su nivel más alto en el movimiento sindical avícola y popular de 1990.

Tetiz

 
Cuadro de texto:  A partir de precisar los principales rasgos generales e históricos que han conformado a Tetiz y su gente, se pasa a describir y caracterizar la crisis henequenera en sus particulares expresiones comunitarias y los cambios que se han venido verificando, para continuar con una caracterización de las relaciones de poder en los ochenta y las formas en que se armó y construyó la resistencia, el cómo se pasó del discurso oculto al público, para luego hablar de los elementos centrales que darían pie a la batalla de 1990, describiéndose con detalles las fases y vicisitudes de ella, con una caracterización de los protagonistas populares y una valoración general de la misma, que abre paso a un análisis y reflexión detallada de la resistencia, sus bases, formas y recursos y el liderazgo y la conducción durante la batalla. A continuación se caracteriza la transformación de la energía social, producto de la lucha y la batalla, en una cooperativa, se explica su funcionamiento y alcances, hasta su cierre y desaparición en 1994 y 1995, para concluir con la caracterización de la dominación, el poder y sobre todo de la resistencia en los noventa y principios de este nuevo siglo XXI, hasta las elecciones locales de mayo de 2004.

 

Rasgos generales y algo de historia

Tetiz es un pequeño poblado de 3,600 personas[2], cabecera del municipio del mismo nombre, ubicado en el noroeste de Yucatán, a 32 kilómetros al oeste de Mérida y 9 kilómetros al suroeste de Hunucmá. El municipio sólo tiene dos localidades: Tetiz y la pequeña comisaría de Nohuayún[3], ubicada a 4 kilómetros al noroeste de ésta y unida por una estrecha, y maltrecha, carretera asfaltada.

 

 
Tetiz ha venido creciendo poco a poco. En 1970 eran tan solo 1,900 personas, en 1980 2,720, en 1990 2,900 personas y en el 2000 3,600; la población creció en los setenta a una tasa media anual del 4.3%, cuando la media estatal de crecimiento poblacional fue de 4%; en los ochenta la tasa fue de 0.7% cuando la estatal fue de 2.8%; y en los noventa la tasa fue de 2.02 % cuando la estatal fue de 1.99%. Salta a la vista de inmediato el reducido crecimiento en los ochenta, producto de la migración hacia Mérida y el caribe mexicano, ante el derrumbe henequenero y la proletarización acelerada, ya que en los setenta el crecimiento poblacional es mayor al promedio estatal, dada su condición eminentemente rural y campesina; y en los noventa se estabiliza nuevamente el crecimiento poblacional; aunque la migración persiste, cambia, ya que ahora migran principalmente hacia los EU.

El promedio de hijos nacidos vivos por mujer fue de 3.25 en 1990 y de 3.09 en el 2000, significativamente por arriba de la media estatal, que se mantiene en 2.5 en 1990 y 2000; la edad mediana subió de 17 a 20 años, de 1990 a 2000, mostrándonos que la mayoría de la población aunque sigue siendo joven, ya no lo es tanto.

El analfabetismo ha sido históricamente muy alto, aunque se ha venido reduciendo; en 1970 era del 48%, en 1980 fue del 45%, en 1990 fue del 35% y en el 2000 del 28%, más del doble de las medias estatales; en el ámbito estatal los índices fueron 16% en 1990 y 12% en el 2000.

En 1990 sólo dos tercios de los niños (entre 6 y 14 años) asistían a la escuela, en el 2000 esto ya no es tan grave, ya va el 88% de éstos; las medias estatales fueron 84% en 1990 y 93% en el 2000; el bajo nivel de educación escolar se amplifica con la menor calidad de los servicios educativos, comparados con los que se brindan en las ciudades.

La instrucción escolar sigue siendo poco frecuente y presenta muy bajos índices. En 1970 sólo 28 personas tenían instrucción post-primaria. En 1990 sólo el 1.47% de la población tenía educación media superior o superior; en el 2000 subió a 3.61%, pero sigue siendo muy baja cuando se le compara con las medias estatales, que andan en 19.80% en 1990 y 24.77% en el 2000.

En 1970 había sólo 570 personas económicamente activas, ocupadas el 85% (485) en la agricultura, principalmente en el ejido y las parcelas henequeneras, el 3.5% (20) en actividades de transformación y el 11.5% (65) en actividades de comercio y servicios.

En 1980 había 965 personas económicamente activas, ocupadas el 82% (793) en la agricultura, principalmente en el ejido y las parcelas henequeneras, el 3.5% (34) en actividades de transformación y el 14.5% (138) en actividades de comercio y servicios.

En 1990 había 1,100 personas económicamente activas, ocupadas el 73% (800) en la agricultura, incluidos los 200 obreros de las granjas de Fernández, el 10.5% (115) en actividades de transformación y el 14% (150) en actividades de comercio y servicios.

Para el 2000 la situación cambió muy significativamente, de 1,320 personas económicamente activas, estaban ocupadas en la agricultura sólo el 46% (600), incluidos también unos 200 obreros en las granjas de Fernández, en actividades de transformación el 17% (225) y en el comercio y servicios el 37% (490) De las cuales 2/3 (860) eran asalariados; con sólo 30 jornaleros agrícolas; y poco menos de un tercio eran trabajadores por su cuenta (420), principalmente campesinos subempleados (unos 370, más o menos).

Con estos datos puede apreciarse la magnitud del proceso de proletarización que se ha vivido. En 1970 el 85 % trabajaba en la agricultura y en el 2000 sólo lo hacen el 46%, incluidos unos 200 obreros en las granjas avícolas. En el 2000 sólo quedan unos 370 campesinos, subempleados y con muy bajos ingresos, apenas el 28% de los que trabajan. Los demás, el 72%, unos 950, viven de sus bajos salarios.

En cuanto a los ingresos de los hogares la situación es permanentemente crítica y ha ido empeorando:

En 1970, cuando el salario mínimo promedio general[4] en el país fue de 840 pesos mensuales, el 70 % de ellos tenía ingresos monetarios de hasta 200 pesos mensuales – menos de 1/4 del salario mínimo- y el 22% de ellos tenía ingresos de entre 200 y 500 pesos mensuales de aquel entonces – la mitad del salario mínimo-.

En 1980, cuando el salario mínimo promedio general fue de 1,420 pesos mensuales, 2/3 de los hogares tenía ingresos monetarios de hasta 1,000 pesos mensuales –no alcanzaban siquiera un salario mínimo.

En 1990 el 97% de la población ocupada recibía hasta 2 salarios mínimos, se encontraba en situación de pobreza y pobreza extrema material. Es en este momento cuando la mayoría de las familias viven y dependen de salarios, de los ingresos monetarios, derivados principalmente de vender su fuerza de trabajo y cada vez menos de sus ingresos y complementos campesinos.

Y en el 2000 la situación se mantuvo prácticamente igual, ya que el 95.5% son los que reciben hasta 2 salarios mínimos.

El deterioro del poder adquisitivo de los salarios en todo el país, desde mediados de los setenta, reconocido por propios y extraños, nos lleva a pensar que las condiciones de vida han empeorado y la pobreza material ha crecido. Además esto se amplifica por el hecho de que un número significativo de gente tiene que trasladarse diario, o con mucha frecuencia a Mérida y otros lugares, para trabajar o vender, con lo que sus gastos aumentan de manera significativa, a diferencia de hasta principios de los ochenta, cuando trabajaban en el área.

Estos bajos niveles de ingreso resaltan cuando se les compara con la media estatal: en 1990 poco más de ¾ partes de los trabajadores ocupados recibía hasta 2 salarios mínimos y en el 2000 poco menos de las ¾ partes de dichos trabajadores recibían un ingreso similar. Si en Yucatán todo prevalece la pobreza, en Tetiz esto es más agudo.

Las familias de un buen número de trabajadores migrantes que están en EU, reciben regularmente dinero de éstos y con ello se mitiga la situación de pobreza generalizada.

Por otro lado la gran mayoría de la gente es maya, católica devota[5] y donde muchas antiguas tradiciones (incluso de raigambre prehispánica) se mantienen en el hablar, el vestir, el comer y el festejar[6].

Tetiz perteneció al cacicazgo de Ah Canul en la época prehispánica. El tamaño del templo franciscano y su antigüedad (construido a fines de los mil seiscientos) es una muestra de la regular importancia del poblado durante la época colonial. Hubo una encomienda a cargo de Pablo de Aguilar y Alonzo Hernández entre 1700 y 1750. En 1825 formaba parte del Camino Real, del partido cuya cabecera era Hunucmá. En 1874 se convierte en cabecera de su comarca, pero es hasta 1918 cuando se erige en cabecera del municipio del mismo nombre.

En 1999 Tetiz adopta un Escudo de Armas, que presenta dos gallos, por la producción avícola, el campanario del templo y hace referencia a su pasado histórico maya y a la religiosidad del lugar.

Dos edificios históricos destacan en el centro actual de Tetiz: el templo franciscano dedicado a la Virgen María Asunción, “la Pobre de Dios”, orientado hacia el poniente, como casi todos los de Yucatán, y el Palacio Municipal. Ambos han sido objeto de importantes restauraciones.

Tetiz fue parte de la llamada zona henequenera yucateca, desde los años setenta del siglo XIX. La zona henequenera se ha ido contrayendo sumida en una larga y desgastante crisis desde los sesenta del siglo XX.

En los alrededores de la comunidad pueden verse vestigios de varias antiguas haciendas, maicero ganaderas durante el siglo  XVIII y la primera mitad del siglo XIX, henequeneras desde los 70 del siglo XIX, arruinadas y abandonadas actualmente: Nohuayún, San Francisco, Bella Flor, Abal, Santa María, Chunyá, Kuxub y Chicché, San Luis, San Antonio, Homote, Muxupilo, Toxix, Yulcá, Kooté y San Antonio Viudas.

El flujo significativo de migrantes inicia desde los setenta, se incrementa muy notablemente durante los ochenta, aunque se trata de migración hacia Mérida y el caribe mexicano (sobre todo Cancún); se redujo en los primeros años de los noventa, pero desde 1995 se ha venido incrementando sensiblemente y teniendo a ciudades de los EU como destinos principales.

Los familiares y los propios migrantes calculan que hay más de 300 teticeños que viven y trabajan en EU, poco más de 200 de ellos en Los Ángeles, California y alrededores, unos 100 en Seattle, Washington y algunas decenas distribuidos en otras ciudades estadounidenses (Denver, Chicago, etc.) Aproximadamente un 10% de la población total de Tetiz ha emigrado a los EU y esto claramente tiende a incrementarse.

Un gran cambio en Tetiz fue la instalación de las granjas avícolas de Fernández desde 1983; crecieron muy rápidamente y en unos 2 años ya brindaban empleo a casi 200 personas, más del 10% de la población económicamente activa; se convirtió en una de las más importante fuentes de empleo y de vida comunitaria, mientras las actividades agrícolas y en especial la henequenera continuaban su caída.

Las tierras y el uso y usufructo de ellas tienen en Tetiz orígenes remotos, que no se conocen bien a bien, desde los antiguos mayas. Tetiz tenía a principios del siglo XX más de 500 hectáreas en uso y usufructo común, que había logrado mantener a salvo de la codicia de las haciendas henequeneras, que se habían expandido rápidamente en las décadas anteriores.

En octubre de 1924 un grupo de campesinos solicitó formalmente el reconocimiento de las tierras ejidales para la comunidad. El gobernador interino yucateco de aquel entonces, José María Iturralde Traconis[7], dicta una resolución provisional en enero de 1925, donde reconoce una dotación de 7,620 hectáreas de montes incultos, afectando a 5 haciendas[8], terrenos nacionales y reconociendo 541 hectáreas que eran consideradas ya del pueblo.

Sin embargo la resolución definitiva, la presidencial, se daría hasta septiembre de 1937 (publicada hasta noviembre de 1939) durante la presidencia del Gral. Lázaro Cárdenas, pero reconociendo una dotación mayor, de 14,593 hectáreas, de las cuales 14,059 eran de montes incultos y 534 de henequenales, afectando a 9 haciendas[9], aunque sólo a 4 con henequenales, además de otorgarles 665 hectáreas de terrenos nacionales e incluir las 541 hectáreas que eran consideradas del pueblo. Se incluyó a 435 ejidatarios, de los cuales sólo a 131 se les consideró dotados, mientras a los 304 restantes se les consideró con derechos agrarios a salvo, sujetos de una ampliación ejidal, que nunca se dio.

Actualmente son 412 los ejidatarios reconocidos; número que coincide con el estimado del censo del 2000 de que habría unos 400 campesinos, trabajando por su cuenta, aunque subempleados y teniendo que hacer una variedad de otras actividades para poder subsistir.

 

Crisis henequenera, avicultura y vida comunitaria

El cultivo y producción del henequén les ha marcado la vida desde los 70 del siglo XIX. Desde aquel entonces y hasta 1937, cuando el reparto agrario cardenista, fueron principalmente peones acasillados y jornaleros de las fincas del área, aunque algunos se mantuvieron como campesinos libres. Luego fueron ejidatarios henequeneros colectivizados e integrados en el gran aparato estatal del gran ejido y de Henequeneros de Yucatán; desde 1955 pasarían a la tutela directa de los bancos. Ese enorme aparato se fue desgastando y desmantelando poco a poco en los 60 y 70, y es en 1978, cuando ante la prolongada y aguda declinación y crisis, se da la primera gran depuración de las nóminas del banco rural, y se acelera la declinación productiva, económica y social en los ochenta, que culmina con la liquidación del ejido y los planteles ejidales en 1990 y con la liquidación de los ejidatarios henequeneros en 1992.

Desde aquel año quedan unos cuantos pequeños productores de henequén, parcelarios. La agroindustria henequenera en el área, las plantaciones de henequén, las desfibradoras, las fincas, el ejido, las parcelas y el conjunto de técnicas, formas, maneras de producir, vender, relacionarse y asociarse, marcaron a la población toda y especialmente a los campesinos y a los pobres de Tetiz en todos los sentidos: laboral, productivo, económico, social, cultural y político, incluso en el imaginario. Fue tal y tan grande la presencia e influencia del henequén y sus relaciones, que hasta ahora todavía es perceptible un cierto sentimiento de desprotección y desubicación generalizada, ante el hundimiento y la casi desaparición del cultivo y todas sus relaciones asociadas.

La declinación productiva y económica del henequén en el área puede verse claramente con los siguientes datos:

En 1983 había 1,700 hectáreas ocupadas con henequén, que produjeron 700 toneladas de fibra y brindaban empleo regular, casi toda la semana aunque con ingresos bajos, para unas 600 personas.

En 1992 quedaban 700 hectáreas en producción, que produjeron 210 toneladas de fibra y dando poco empleo, en realidad subempleo, e ingresos muy bajos a unas 350 personas.

Y en el 2002 quedaban apenas 242 hectáreas en cosecha, que produjeron 156 toneladas de fibra, ocupando en forma subempleada a unas 200 personas, con ingresos muy bajos.

A principios de los ochenta brindaba empleo, ocupación, ingreso y cierta certeza a 600 personas. En 2002 sólo para 200 y con ingresos muy bajos.

La economía, el trabajo y la vida de la gran mayoría de la población cambiaron radicalmente en los ochenta. La avicultura en el área empieza desde mediados de los setenta, cuando se establecen granjas avícolas de la empresa Campi, en los alrededores de Hunucmá, pero no es sino hasta 1983 cuando se establece, alrededor de Tetiz, la Avícola Fernández, para producir huevo fresco[10].

La empresa avícola Fernández[11], propiedad del empresario yucateco Jorge Enrique Fernández Martín y de "algunos inversionistas de Cancún", se fundó desde los sesenta; aunque creció muy rápidamente desde la segunda mitad de la década de los ochenta. Así pasó también en Tetiz donde se estableció rápidamente, hasta llegar a 45 granjas en 1990.

La vida comunitaria y familiar pese a los grandes y profundos cambios en las últimas décadas, gira todavía en torno a un conjunto de costumbres y tradiciones mayas y mestizas entremezcladas, con manifestaciones religiosas devotas y profundas, que sostienen en mucho la identidad y el sentido de pertenencia y las difíciles condiciones de vida y trabajo prevalecientes en el área.

La profunda religiosidad popular constituye una manera de vivir, trabajar y sobrevivir enfrentando importantes dificultades, basados en la paciencia de los tiempos largos y los designios divinos.

Es en Tetiz donde se realizan las fiestas religiosas más importantes del área, en virtud de que la patrona lo es en toda el área. En mayo, el llamado religiosamente mes de María, y en agosto, cuando la fiesta de la virgen María Asunción, la Pobre de Dios. Del 10 al 15 de agosto se realiza la celebración de la fiesta en honor de la patrona, especialmente importante en el imaginario y subjetividad de todos los pobladores, sobre todo en los grupos sociales y clases trabajadoras y humildes.

Persisten con cierta importancia todavía, festividades como la de los santos difuntos, el Hanal Pixan (comida de muertos), donde se mezcla lo maya y lo cristiano, lo religioso y lo culinario, entre otras.

El potencial de resistencia y resignación que brinda la religiosidad es no sólo contradictoria en si misma, sino fuente de sentidos y trascendencias morales y éticas, que les ayudan en la vida diaria y en los momentos importantes, de movilización y lucha, como sucedió en el movimiento de 1990.

 

Resistencia, política y poder en los 80

La vida política de la comunidad, el poder y la dominación, cuya base económica fue el henequén y el ejido, estuvo ampliamente dominada hasta mediados de los ochenta, por pequeños grupos familiares y corrientes dentro del PRI, que cada tres años competían por quedarse con el ayuntamiento, con el comisariado ejidal y manejar los recursos de éstos; en muchas ocasiones con beneficios directos, contantes y sonantes, personales y familiares. Había un cierto rejuego político que se daba dentro del PRI, a través de los grupos y corrientes internas, en tanto la política nacional priísta era nacionalista y más o menos redistributiva.

Cuando la crisis henequenera arreció y se aceleró la declinación del ejido y la producción henequenera, con los cambios nacionales del gobierno de Miguel de la Madrid, la situación económica y social fue empeorando rápidamente y el rejuego político se fue reduciendo y complicando. Las estructuras del poder y sus mecanismos tenían que cambiar; las nuevas situaciones obligaban. Había unos cuantos opositores políticos poco organizados; algunos simpatizaban con el PAN y lo veían como la única opción de cambio, no sólo de oposición política y partidaria.

Hasta 1987 el PRI era el único partido y opción política, la política se jugaba dentro de ese partido o no se jugaba; sólo hubo una experiencia partidaria y electoral distinta en 1967, cuando un movimiento comunitario postuló por el PAN a un candidato para las elecciones municipales de aquel año, que dieron una amplia batalla electoral y parece que ganaron, pero no les fue reconocido el triunfo, se anularon y se instaló un concejo, encabezado por el priísta Alberto Canto, que gobernó el municipio todo el trienio; esto coincide en el tiempo que el panista Correa Rachó ganó y gobernó el municipio de Mérida.

En 1970 el PRI restauraría su dominio partidario y electoral, que se prolongaría intocado hasta 1987, basado en mucho en el control corporativo del ejido henequenero y la relativa estabilidad comunitaria.

El derrumbe henequenero generaría crisis en todos los sentidos, también en el político partidario y el PRI se iría debilitando. En 1987 la situación cambió de manera muy importante.

Cuadro 8. Elecciones locales en Tetiz, Yucatán, 1981-1987

 

1981

loc1

1984

loc2

1987

loc1

PRI

847

1179

448

PAN

0

0

487

PRD

0

0

0

Otros

0

0

0

Votos

847

1179

935

Padrón

1331

1404

1815

% votantes

63

84

51

Fuentes: Instituto Electoral del Estado de Yucatán, página web http://www.ieey.org.mx

 Centro de Información para el Desarrollo, AC, página web http://www.cidac.org/espaniol_politica-2000.htm

Loc1   Locales, para Presidentes Municipales, Diputados locales y Gobernador

Loc2   Locales, para Presidentes Municipales y Diputados locales

 

Gráfico 1. Tetiz, Yucatán, votos de los principales partidos, 1981-1987

 

Los grandes cambios económicos y sociales en todos los órdenes no se verían reflejados políticamente sino hasta 1987, cuando un amplio e importante movimiento popular surge aparentemente de la nada, y logra el triunfo en las elecciones municipales, superando múltiples obstáculos internos y en el área. El dominio político, partidario y electoral del PRI muestra sus limitaciones, entra en crisis y en 1987 no puede conservar el gobierno municipal.

Las relaciones de poder y dominación establecidas en Tetiz hasta aquel entonces cambian, se redefinen, ante la crisis henequenera la resistencia popular va creciendo, va subiendo de tono, en similar medida que la caída en el nivel de vida y en las fuentes de empleo.

El movimiento social comunitario en Tetiz de 1987 y 1988, fue una movilización popular política y electoral que fue creciendo rápidamente de manera insospechada y con una energía desbordante, que se propuso obtener el ayuntamiento, a través del registro del PAN, donde se organizaron centenas de teticeños, cansados de la corrupción y del manejo del gobierno que hacían los grupos priístas, muy desgastados e identificados con la Avícola Fernández y el conjunto de sus imposiciones e injusticias.

Fue un amplio movimiento que inició desde mediados de 1987 y se prolongó hasta febrero de 1988, porque las elecciones ordinarias municipales de noviembre de aquel año fueron anuladas, ante la movilización popular y el cúmulo de irregularidades, convocándose a elecciones extraordinarias para febrero de 1988, donde se ratifica el triunfo popular; el movimiento comunitario no disminuyó, por el contrario creció, enfrentó muchas maniobras y el triunfo electoral les fue finalmente reconocido.

Se instala entonces, desde el 10 de marzo de 1988, un gobierno municipal diferente, popular, encabezado por Timoteo Canché Tinal[12], Bonifacio Tuyub[13] y Jacinto Ek. Las mujeres teticeñas, organizadas y movilizadas espontáneamente, fueron uno de los pilares básicos del movimiento comunitario por la conquista del gobierno municipal, como luego lo serían del movimiento sindical y popular de 1990.

El carácter popular y diferente del gobierno municipal se pudo ver desde la campaña misma, que se organizó y realizó mediante reuniones, mítines y concentraciones, donde los dirigentes hablaban de hacer las cosas de manera nueva, diferente y a favor de toda la gente, con la opinión y participación efectiva de todos, no sólo de los ricos y poderosos del área; primero fue una campaña interna rápida, donde resulta electo por amplio margen Timoteo Canché, para luego concentrarse en la campaña municipal, frente al PRI, sus grupos y muchos años de usos, costumbres e inercias políticas y partidarias, sin recurrir a la entrega de regalos, carne, licor, gorras y sabucanes, haciendo una política popular, con y desde los grupos sociales más humildes, asumiéndose como representantes y portavoces de la voluntad popular.

El discurso oculto de la resistencia, de los grupos populares teticeños fue creciendo desde principios de los ochenta, alimentándose del deterioro social y económico que se estaba viviendo, se acrecentó a partir de 1983 cuando se instalan en el área las granjas de Fernández, se contrata a cientos de teticeños y se cometen todo tipo de tropelías, injusticias, humillaciones e indignidades.

Se va constituyendo un sujeto social popular amplio, político, ante la conjunción de circunstancias del deterioro económico y social comunitario y cambios en las subjetividades populares, que se van armando en torno a la necesidad de establecer un gobierno popular, distinto, con grupos e individuos diferentes, que representen el sentir amplio comunitario y permitan que las necesidades y los cambios giren hacia el interés popular. Se va construyendo el discurso oculto de los dominados durante el camino y el proceso de constituirse como opción política electoral, con varias influencias regionales, como la existencia y funcionamiento del sindicato independiente y democrático de Campi en Hunucmá, y la persistencia de un importante sentido de comunidad y redes de solidaridad familiar comunitaria, que con los cambios ven y sienten la necesidad de hacer algo frente a éstos.

Y es en septiembre de 1987 cuando el discurso oculto de los dominados aparece en la escena pública reivindicando su derecho a cambiar al gobierno municipal. La base material del profundo cambio en las subjetividades populares fue el pasar de ejidatarios henequeneros colectivizados y corporativizados, en una estructura que les daba bajos ingresos, con jornadas de trabajo medias y los trataba no tan mal, a obreros asalariados, con ingresos igualmente bajos, extenuantes jornadas de trabajo y malos tratos y humillaciones cotidianas, que los llevaría a buscar y encontrar una salida política para las nuevas condiciones, por medio de obtener el control del gobierno municipal.

La infrapolítica de los dominados fue creciendo durante toda la primera mitad de la década de los ochenta, para en 1987 dar el salto cualitativo hacia una política abierta, con la fuerza suficiente para disputar elecciones municipales.

Durante 1988 y 1989 con el triunfo electoral popular, aun cuando fue por medio de las siglas del PAN y este venía ejerciendo una creciente influencia política e ideológica, a través de su dirección estatal y algunos de sus cuadros, la política popular que se iba aplicando en las decisiones y formas de gobernar la comunidad y el propio municipio, fue afianzando el proceso de cambio político y de crecimiento del discurso de la resistencia y de la dignidad. Esto se expresaría con toda claridad en el movimiento de 1990, que analizamos a detalle en las siguientes partes.

A fines de los ochenta la mayoría de la gente se dedicaba al cultivo del henequén y cítricos, a sus solares familiares (amplios y diversificados bajo una lógica de subsistencia) y al trabajo en las granjas de la empresa avícola Fernández; unos pocos eran comerciantes y taxistas; un número creciente y significativo de personas se trasladaba todos los días, o con mucha frecuencia, a trabajar a Mérida como albañiles, obreros y vendedores; otros habían migrado a Cancún, Cozumel, Celestún y EU y regresaban, al menos una vez al año, a mediados de agosto, cuando la tradicional fiesta de la patrona de la comunidad.

En 1989 había un conjunto particular de elementos y características que le daban los rasgos fisonómicos al entorno directo en el cual se daría la batalla sindical y popular de 1990; elementos y circunstancias que permiten entender la profundidad, amplitud e importancia de la resistencia, del conflicto sindical y de la batalla. Entre éstos destacan especialmente 5:

-          Las experiencias y papel regional que desempeñaba el sindicalismo independiente yucateco, especialmente el sindicato avícola de Campi en Hunucmá y una intersindical que funcionaba en aquellos años.

-          El movimiento social comunitario de Tetiz que venía desde 1987 y daba sustento y base al gobierno municipal popular.

-          Las condiciones salariales, de trabajo y trato que recibían los obreros que trabajaban en las granjas.

-          La experiencia del despacho Macossay, de asesoría a sindicatos y organizaciones populares independientes, que asesoraría y se integraría de lleno al movimiento, durante todo el conflicto sindical.

-          La política laboral y sindical que prevalecía en la región y en el país en aquel año, a inicios del régimen salinista, y los rasgos específicos en la región del modelo de inserción de México en la mundialización neoliberal.

 

El sindicalismo independiente yucateco

El sindicalismo independiente en Yucatán de larga y rica historia, fue un factor importante en la resistencia popular y en la lucha sindical. En los setenta había surgido una nueva camada de sindicatos independientes, que habían dado importantes batallas. Movimiento sindical insurgente cuyo abogado y asesor legal y político principal Efraín Calderón Lara, el “Charras”, fue asesinado en febrero de 1974, cuando el gobierno de Loret de Mola. A pesar del asesinato del abogado asesor y de la represión contra los dirigentes, asesores y los nacientes sindicatos, se mantuvo cierto auge y flujo en las luchas sindicales hasta fines de los setenta, aunque desgastado y disminuido.

En los ochenta los viejos sindicatos obreros, como los de cerveceros, portuarios y cordeleros, se desdibujarían en muchos sentidos y su declarado apoliticismo, en cuanto a los partidos, los llevaría a la casi inmovilidad, al anquilosamiento y a plegarse a los patrones y al gobierno en turno. Sin embargo en esta década hubo varias importantes batallas sindicales, como la del surgimiento del sindicato de obreros salineros de Las Coloradas en 1980, la democratización del sindicato avícola de Campi en Hunucmá y Baca en 1981, la democratización del sindicato de obreros de la Siderúrgica de Yucatán en 1982 y 1983, en el sindicalismo bancario y de varios fideicomisos en 1982 y 1983; de empleados de una distribuidora de la Cervecería Modelo en 1984; de costureras de la maquiladora coreana Textil Maya en 1987 y de obreros porcícolas de la empresa Noreña, en 1989, entre los principales.

A fines de los ochenta se mantenía un reducido grupo de sindicatos y delegaciones sindicales, que conformaban una pequeña, aunque ruidosa y combativa intersindical, que trataba de rescatar la rica memoria histórica obrera y sindical regional; de ella formaba parte destacada el sindicato de trabajadores avícolas de la empresa Campi, que desde 1981 habían logrado rescatar su sindicato de la CTM y convertirlo en un eficaz instrumento de defensa colectiva, con salarios adecuados, condiciones aceptables de trabajo y un buen contrato colectivo[14]. Desde 1981 se fueron desarrollando cuadros sindicales democráticos, con el apoyo y asesoría del despacho Macossay y de algunos grupos regionales de la izquierda social, lo cual influyó en un funcionamiento democrático y eficaz, que fue formando sindicalistas y dirigentes, con un nivel medio de conciencia política y sindical. Algunos de ellos eran teticeños que trabajaban en dichas granjas y formaban parte de este sindicato[15], algunos fueron delegados y dirigentes sindicales también. La experiencia alcanzada y el ejemplo serían factores importantes a favor de la organización del sindicato en las granjas Fernández y en la lucha sindical que se daría en 1990. El sindicato avícola de Campi y la intersindical pusieron al servicio del movimiento teticeño su experiencia, capacidad, historia, recursos políticos y económicos durante la batalla obrera de Tetiz en 1990.

 

El movimiento social comunitario y el gobierno municipal popular

El movimiento social comunitario popular que había conquistado un gobierno municipal diferente, se consolidó en la medida que el movimiento no se desmovilizó y el gobierno respondía a las expectativas de la gente, desarrollando un conjunto amplio de acciones sociales, con la activa y amplia participación de casi todos los grupos sociales de la comunidad. Esto y la fidelidad del gobierno municipal al sentir del propio movimiento le dieron una especial fuerza y cohesión interna, que de mucho serviría en la batalla de enero a junio de 1990. Es por esto que cuando el sindicato se forma y la batalla se lleva a cabo, recibe un gran apoyo del gobierno municipal en todo momento, que no hacía más que responder a las necesidades del propio movimiento social comunitario.

Las reuniones barriales y comunitarias eran nutridas, con cientos de personas, que efectivamente participaban y tomaban las decisiones importantes municipales.

 

Las relaciones laborales predominantes en las granjas

Los obreros de las granjas eran en su mayoría ex-campe­sinos henequeneros sub-empleados, que encontraron un trabajo menos mal pagado que en el campo henequenero, con niveles educativos promedio de 3° de primaria e incluso muchos analfabetos totales, habituados al trabajo duro, que recibieron capacitación como caseteros.

Las condiciones de trabajo y de relaciones laborales predominantes en las granjas para los 200 obreros que laboraban en las 45 granjas de Tetiz, así como los 50 obreros en las 12 granjas de Hunucmá, eran malas, no se respetaba derechos elementales; no se pagaba el salario mínimo profesional, sino el mínimo general; se obligaba a trabajar jornadas diarias de 10 horas, 6 días a la semana, sin pago de horas extras, se utilizaba el trabajo de niños (de entre 8 y 12 años) a quienes los obreros debían pagarles 8 o 10 mil viejos pesos semanales de su propio sueldo, pa­ra poder cubrir la carga de trabajo; no se respetaban las incapacidades médicas del IMSS; muchos obreros no estaban afiliados al IMSS ni al INFONAVIT; se violentaba frecuentemente el derecho al reparto de utilidades, al aguinaldo y a las vacaciones; y se daban frecuentes y arbitrarios despidos, con pago de indemnizaciones muy bajas.

El ingreso promedio de un casetero era de apenas 66 mil viejos pesos semanales[16], de los cuales le quedaban sólo unos 56 mil, una vez pagando al niño que "le ayudaba", por una jornada semanal cercana a las 60 horas; además tenían que laborar en malas condiciones de higiene, expuestos a múltiples en­fermedades y padecimientos.

Todo ello configuraba una situación de sobre-explotación obrera, agravada por el despotismo de los empleados de confianza y del mismo propietario de la empresa, quien manejaba todo de manera unipersonal y con altos niveles de discrecionalidad, maltratando incluso a los empleados de confianza.

Todo esto fue originando una alta movilidad de los obreros y altos niveles de descontento, sobre todo porque algunos teticeños trabajaban en Hunucmá y podían constatar que las condiciones salariales, de trabajo y de trato que tenían los obreros en las granjas de Campi eran muy superiores, y en buena medida producto del sindicato que tenían. El despotismo y los malos tratos fueron un factor especialmente importante y fuente permanente de malestar obrero.

Durante los ochenta se dieron varios intentos de sindicalización, frenados con amenazas, despidos, detenciones y maniobras patronales, muchas de ellas fuera de la ley, con el apoyo de la Junta Local de Conciliación y la CTM. Fernán­dez contrató a un sindicato cetemista (manejado por el entonces diputado local priísta y directivo estatal cetemista José Pacheco Durán[17]), a quien pagaba por un contrato colectivo de los llamados “de protección”[18], negándole a los trabajadores en los hechos el ejercicio legal del derecho a la libre sindicalización y a la contratación colectiva bilateral.

En el contrato de protección entre Fernández y el sindicato cetemista sólo incluían a los obreros de las granjas. Estaban conscientes que era en las granjas donde había el mayor riesgo de lucha sindical.

 

El despacho Macossay

El despacho Macossay de asesoría a sindicatos y organizaciones populares políticamente independientes, había asesorado a muy diversos grupos de obreros, fundamentalmente en luchas sindicales, aunque también a grupos campesinos y de colonos urbanos. Mantenía de alguna forma, parte de la memoria histórica reciente de las luchas sindicales, experiencias organizativas e ideológicas.

Con 18 años de trayectoria en aquel entonces, 5 en Campeche y el DF y 13 en Yucatán. Había participado en importantes luchas sindicales, independientes casi todas ellas, que se habían dado en Campeche y Yucatán desde mediados de los setenta y tenía relaciones y contactos con varias organizaciones sindicales independientes del DF y otras partes del país.

Tenía experiencia directa en luchas de trabajadores universitarios, madereros, del ayuntamiento, obreros refresqueros, salineros de Las Coloradas, empleados de comercios y supermercados, trabajadores telefonistas, obreros avícolas (asesorando al sindicato de Campi, desde que se democratiza en 1981), obreros siderúrgicos, empleados bancarios y de fideicomisos, costureras de maquiladoras, obreros porcícolas, obreros de las desfibradoras y obreros cerveceros, entre otros. Así como también participó en la construcción de frentes sindicales, como aquella intersindical de 1988-1990.

Brindó toda la asesoría legal, organizativa y política, integrándose plenamente al movimiento y la batalla. Estaba formado por una decena de activistas voluntarios, encabezado por Julio Macossay Vallado, Isela Rodríguez Alonzo y Mauricio Macossay Vallado.

 

La política laboral y sindical prevaleciente

La política laboral y sindical que prevalecía en la región y en el país en 1989-1990, los primeros años del régimen salinista, cuando las negociaciones para la firma del TLC con EU y Canadá, respondía al particular modelo de inserción de México en la mundialización neoliberal; aplicada por el gobierno federal y estatal priístas en estrecha coordinación con las cámaras patronales y en respuesta casi directa a las presiones del gobierno de EU y los organismos financieros multilaterales, para ir "reformando", "modernizando" y "homologando" los procesos productivos y las prácticas laborales con las de EU, por encima, y en ocasiones en abierta violación, a la legalidad laboral mexicana vigente; que no era pertinente reformar directamente, para acercar más a México a las necesidades del gran capital financiero internacional e insertarlo plenamente en los circuitos de acumulación.

Era una política de desconocimiento en los hechos, de los derechos legales y políticos colectivos de los trabajadores asalariados y sus organizaciones, para abaratar al máximo los costos laborales, mientras se fomentaba la industria maquiladora de exportación sin ningún tipo de sindicato, ni siquiera los cetemistas y croquistas, mucho menos de organizaciones independientes que se movilizaran y lucharan por mejores salarios y condiciones laborales, de trabajo y vida dignas.

Funcionaba en la práctica y negada en los dichos y declaraciones, entre otras, una política laboral federal de control puntual y represión al sindicalismo independiente, no oficial, y en especial centrada contra los dirigentes, abogados y asesores no sobornables[19].

Tal política, por su dureza, encendió los ánimos y los mantuvo especialmente altos; se consideraba inaceptable que el gobierno y los patrones actuaran con completa impunidad, en la imposición de sus objetivos y sus formas, sin respetar la legalidad, ni la dignidad de quienes luchaban por sus derechos.

 

La batalla sindical y popular de 1990

La batalla sindical y popular duró 5 meses (del 10 de enero al 2 de junio de 1990) y tuvo 3 fases: la primera, que arranca el 10 de enero y culmina el 4 de febrero, con el reconocimiento del sindicato independiente y de la titularidad del contrato colectivo de trabajo; la segunda, que abarca del 5 de febrero al 4 de abril; y la tercera (la más aguda) que duraría 55 días, va del 5 de abril al 2 de junio; el 30 de mayo liberan a los presos políticos del sindicato y concluye la confrontación directa. El 2 de junio se cerraría la fase 3, con una misa y un baile popular.

Los mecanismos tradicionales de dominación y de poder económico, social y político estaban rotos, ya no eran efectivos, habían perdido consenso y crecientemente se mantenían por medio de la represión. Influye también y de manera importante el que el Estado abandone el papel de mediador entre los diversos intereses sociales existentes y se cargue del lado patronal[20].

La resistencia oculta se vuelve pública, los obreros avícolas primero y luego casi toda la población, se suman e involucran en la batalla, pasa de ser una batalla sindical, obrera, a ser una batalla popular con base obrera, frente a las maniobras patronales y gubernamentales. Pasa de ser una batalla localizada, sindical, en una mediana empresa avícola, a ser una batalla popular y sindical local, con la participación de actores sociales y políticos locales, estatales y nacionales.

Ver el anexo documental de la batalla, al final de este estudio, donde se muestran documentos del movimiento, de la prensa local y nacional, que ilustran muchas de las cuestiones que aquí se narran y analizan.

 

La fase 1, del 10 de enero al 4 de febrero

En diciembre de 1989 3 obreros de la Granja San Jorge, de Tetiz, son violentamente detenidos, acusados de robar huevo y despedidos, obligados a firmar un finiquito y recibir una liquidación muy baja; este episodio se constituye en el detonador del movimiento por sindicalización. Unos 10 obreros se dan a la tarea de volver a intentar la formación de un sindicato que les permitiera la defensa de sus derechos colectivos, reconocidos legalmente, y recurren al despacho Macossay, por consejo de Timoteo.

El 10 de enero con una muy concurrida reunión "clandestina" en Tetiz, casi todos los 250 obreros de las granjas de Tetiz y Hunucmá, inician la lucha por sindicalización. Deciden utilizar la forma legal de afiliarse como Sección II, al sindicato avícola de Campi (Sindicato de Trabajadores de la Industria Avícola en Yucatán, Similares y Conexos).

El 16 de enero, con la masiva afiliación de los trabajadores al sindicato independiente, se mete un Juicio por Titularidad del Contrato Colectivo, ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje; el patrón se sorprende, no se lo esperaba; sus espías fallaron. Por los antecedentes patronales y la situación en las granjas, la asesoría legal le pide expresamente al patrón y a las autoridades laborales que se ajusten al procedimiento y al camino legal, que los trabajadores estaban siguiendo. El patrón responde con amenazas y despidos, lo cual provoca que el 24 de enero el sindicato estalle un paro en las granjas de Tetiz y de Hunucmá. Huelga que duraría 12 días y concluiría con un arreglo totalmente favorable para los trabajadores.

A pesar de la escasa experiencia sindical se organizan rápidamente las guardias obreras y se tensan las fuerzas. No hay marcha atrás.

El 25 de enero por la tarde, un centenar de policías antimotines estatales y obreros eventuales llevados por Pacheco Durán (realmente esquiroles cetemistas) intentan romper la huelga y sacar la producción en la granja Santa Cecilia, una de las más alejadas de la población, a un lado de la carretera de va de Hunucmá a Tetiz, pero son rechazados por los trabajadores y centenares de pobladores, encabezados por el Presidente Municipal Timoteo Canché, quienes los obligan a retirarse precipitadamente.

Habían sido convocados con las campanas de la iglesia, cientos de mujeres, niños, hombres e incluso ancianos, ante la tensión en el área y la necesidad de defender al naciente sindicato y su huelga.

Este hecho inauguró el apoyo popular generalizado en Tetiz y disparó el apoyo sindical y popular en Mérida y las poblaciones del área. El sindicato avícola de Campi, apoya decididamente, brinda solidaridad y consejos, que contribuirían a acumular una gran fuerza del lado de los trabajadores.

La organización sindical y popular en los campamentos que se establecieron ante el intento de ruptura fue importante factor de unidad, organización creciente y fortalecimiento del movimiento sindical y popular. En los campamentos, en asambleas masivas, se informaba, discutía y se decidían todas las cuestiones importantes, invariablemente. Se ejercía una nueva forma de hacer política y daba seguridad, confianza y fortaleza al movimiento.

La huelga concluyó en la noche del 4 de febrero, después de arduas negociaciones, con la mediación del Secretario General de Gobierno estatal Martínez Zapata, quien presionó al patrón para que se apegara a los mínimos establecidos en la legislación laboral. Se firmó un convenio legal entre patrón y sindicato, donde el primero reconocía plenamente los derechos de los trabajadores, respetaba su organización y firmaba un Contrato Colectivo de Trabajo (exactamente en los mismos términos que el contrato de protección que tenía con CTM). Convenio que se depositó y ratificó ante la Junta Local de Conciliación el 6 de febrero.

Con una huelga de 12 días y apenas a 26 días de iniciada la lucha, los obreros obtenían una contundente victoria, gracias al alto grado de unidad y combatividad, al nivel de organización y confianza alcanzado, a la nueva manera de hacer y vivir la política sindical y al gran apoyo popular y sindical regional obtenido. Claro que las demandas eran moderadas, justas y elementales. Querían que se les reconociera la organización sindical que ellos habían formado y se les respetaran las prestaciones, salarios y condiciones de trabajo que el contrato de protección establecía, sin ningún aumento o mejoría adicional.

 

La fase 2, del 5 de febrero al 4 de abril

Durante todo febrero, con problemas y fricciones, se fue normalizando la producción y las relaciones laborales, bajo nuevas condiciones, con el respeto a los derechos obreros.

El 15 de febrero el naciente sindicato independiente, reconocido ya legalmente y de hecho, con el Convenio del 4 de febrero, se desiste del juicio de titularidad que promovió el 16 de enero anterior.

El problema laboral principal, el de las cargas de trabajo, se resolvió rápidamente (era el causante de las jornadas diarias de 10 horas y de la utilización necesaria de niños ayudantes), bajando la carga de trabajo de 25-27 cajas de huevo diarias de recoja, a la media nacional de productividad avícola de 15 cajas diarias; aunque en medio de fricciones constantes. Asimismo se iban corrigiendo paulatinamente las violaciones a las prestaciones mínimas, al salario profesional y a las condiciones de trabajo. Al bajar las cargas de trabajo el patrón tuvo que contratar a decenas de eventuales por medio del sindicato, para cubrirlas.

Al mismo tiempo se trabajó en la construcción de la estructura sindical, del Comité Ejecutivo, delegados, asambleas, reuniones, finanzas, estatutos, formas democráticas de funcionamiento sindical, información, discusión, toma de acuerdos y ejecución de los mismos; se siguió el ejemplo del sindicato de Campi y sus avances en materia democrática, lográndose una vida sindical democrática y ampliamente participativa en corto tiempo. Se estableció firmemente el principio de que todas las decisiones importantes tenían que tomarse e implementarse a partir de asambleas generales y de delegados sindicales, reduciendo al mínimo el margen de decisión y maniobra de los dirigentes, ejerciendo formas de democracia directa principalmente, mientras las formas de la democracia representativa se limitaban a algunas cuestiones de poca trascendencia sindical y política.

Hacia inicios de marzo las fricciones aumentaron. El 8 de marzo la empresa despide a dos dirigentes sindicales de Hunucmá y el sindicato estalla un paro, que duraría sólo siete y media horas, ya que se lograría la reinstalación de los despedidos y un nuevo acuerdo verbal, de respeto al sindicato.

Sin embargo la empresa desataría una campaña de amenazas e intentos de soborno, dirigida contra el abogado asesor Julio Macossay, el Alcalde teticeño Timoteo Canché y los dirigentes sindicales. Campaña instrumentada por medio de los empleados de confianza, los cetemistas de Pacheco Durán, radio, televisión y algunos periódicos. Campaña[21] que fue planeada y acordada entre el patrón Jorge Fernández y el cetemista Pacheco Durán con el Secretario General del gobierno estatal Martínez Zapata; este personaje había mediado en febrero, pero a estas alturas había cambiado radicalmente de actitud.

A mediados de marzo el patrón despide a 72 trabajadores (entre eventuales, trabajadores de base y dirigentes sindicales) a la vez que esconde grandes cantidades de huevo, aumentando el precio, aún cuando todavía era controlado y fijado oficialmente.

Del 17 al 26 de marzo el sindicato mantiene las granjas bajo control obrero, permitiendo la salida normal del huevo, pero sin permitir la entrada del personal de confianza, a la vez que denunciaba pública­mente las maniobras y el ocultamiento patronal.

Se pide e insiste por la mediación gubernamental para resolver las crecientes tensiones; finalmente el 26 de marzo, con un mediador del gobierno estatal (Álvaro López Soberanis, diputado priísta y Presidente del Congreso local), se llega a un aparente arreglo, el patrón reinstala a los despedidos y se compromete a volver a respetar al sindicato. Unos días después se vería que sólo fue una maniobra para ganar tiempo y continuar preparando la ofensiva del 5 de abril.

Hacia fines de marzo la empresa y el sindicato cetemista meten a la Junta Local de Conciliación un padrón inflado de socios, con fecha de noviembre de 1989. La Junta lo acepta y le da entrada, como si realmente lo hubieran metido desde esa fecha. Así mismo la Junta declara "ilegal" el convenio del 4 de febrero, negando la personalidad jurídica del sindicato avícola, en una maniobra para justificar los actos de la empresa y de la CTM.

Mientras tanto, los personeros del empresario Fernando Fernández y José Pacheco Durán, contrataban esquiroles, golpeadores y pandilleros en Mérida, para tomar por asalto las granjas. Todo ello con el conocimiento y anuencia del gobierno estatal, al más alto nivel, como luego se sabría y se confirmaría. La agresión pretendía asestar un golpe demoledor y sorpresivo al sindicato, para destruirlo o por lo menos debilitarlo gravemente.

 

La fase 3, del 5 de abril al 2 de junio

 

Ataque, defensa, confrontación y denuncias

El 5 de abril poco antes del amanecer, trasladan en decenas de camionetas de la empresa a unos 200 esquiroles y golpeadores armados con palos, tubos, cadenas y algunas escopetas, para asaltar y tomar el control de las granjas de Tetiz.  Mientras unos 250 esquiroles y golpeadores hacían lo mismo en las granjas de Hunucmá.

En Tetiz casi todos los 200 trabajadores y cientos de teticeños, alertados por empleados de confianza, salieron a las calles, se encaminaron a las granjas y rechazaron la agresión, expulsaron a los esquiroles, detuvieron y escarmentaron[22] a 11 personas, que encabezaban a los agresores; así como 9 camionetas de la empresa, que fueron entregadas al presidente en el palacio municipal, para el procedimiento penal correspondiente. En la confrontación resultaron 7 trabajadores del sindicato lesionados (uno de ellos de consideración).

En Hunucmá los 50 trabajadores del sindicato fueron rechazados y replegados, defendiéndose con piedras; finalmente huyeron a Tetiz a refugiarse.

El mismo día 5 de abril, informado por teléfono de lo que había sucedido, Julio Macossay, como asesor legal del sindicato y Timoteo Canché, como presidente municipal, quien había ido a Mérida en cuanto se controló la agresión patronal, precisamente a denunciarla penalmente, se presentan al medio día al ministerio público a iniciar un procedimiento penal contra los agresores (a petición expresa e insistente de Álvaro López Soberanis -presidente del congreso local- quien garantizó verbalmente que se procedería contra los responsables; luego se constataría la mentira y la doble cara gubernamental) Ahí secuestran virtualmente a Julio[23] y no lo dejan salir del edificio judicial, ante la presión de unos 200 cetemistas encabezados por Pacheco Durán y personeros de Fernández, quienes se mantuvieron a las puertas de dicho local todo el 5 de abril y parte del 6 de abril, hasta que Julio fue “aprehendido legalmente" y trasladado al Penal. Mauricio Macossay iría a Tetiz desde la tarde del 5 de abril, integrándose totalmente al movimiento, compartiendo la suerte del mismo y apoyando en todo lo que se necesitara; permaneció en Tetiz hasta el fin del conflicto.

En la noche del 5 de abril Timoteo regresa a Tetiz, seguido de decenas de policías antimotines, judiciales y agentes del ministerio público, para decidir junto con el pueblo qué hacer, en medio de una gran tensión y de la exigencia popular de no entregar a los 11 que encabezaban a los agresores, en tanto no dejaran libre a Julio. Se improvisó una de las más emotivas y grandes asambleas populares para decidir al respecto; se discutió con gran pasión, delante de los policías y algunos panistas[24] que acudieron también, donde incluso participó Julio en la asamblea por medio de un radio; finalmente con toda racionalidad, la asamblea decidió actuar de acuerdo a la ley, comportarse honestamente y ordenó a Timoteo que consignara a los 11 y los entregara al ministerio público, para iniciar contra ellos el procedimiento penal correspondiente, aunque advirtiendo que no tolerarían con los brazos cruzados, el que Julio fuera apresado.

Con toda prisa arman un voluminoso expediente penal contra Julio y Mauricio Macossay, el secretario general del sindicato Carlos Caamal, miembros del comité ejecutivo y delegados y libran rápidamente 25 órdenes de aprehensión. El 6 de abril, a las 3 de la tarde, aprehenden a Julio y se lo llevan a la Penitenciaría estatal. Julio se declararía en huelga de hambre desde el mismo 6 de abril. Huelga de hambre que duraría 50 días.

El 6 de abril por la tarde, cuando se recibe la noticia de que Julio había sido detenido y trasladado al penal estalla la indignación, muchas gentes claman por medidas duras, varios enfurecidos trabajadores y pobladores proponen quemar algunas granjas; cuesta mucho trabajo retomar la calma, esperar a la asamblea nocturna donde se analizaría a detalle y se tomarían las medidas necesarias. La asamblea sindical y popular nocturna, con casi toda la población de Tetiz, cientos de hunucmenses y algunos de Mérida, conoce toda la información, discute, analiza y llega a una serie de acuerdos por consenso: mantener y fortalecer los campamentos y guardias instaladas espontáneamente desde la mañana del 5 de abril, mantener y mejorar el control obrero total de las granjas, retener el huevo hasta que una nueva asamblea decidiera al respecto, lanzar una gran campaña de movilización y de difusión por todos los medios posibles a nivel regional, estatal y nacional, informando a toda la población y llamando a la solidaridad, mantener la calma, “el corazón caliente y la cabeza fría”, no caer en provocaciones, exigir la liberación de Julio, el castigo a los responsables de la agresión y el pleno reconocimiento de su sindicato y los derechos obreros.

Fernández, Pacheco Durán y todo el aparato del gobierno estatal se mostraban en completo acuerdo, clamaban contra asesores, trabajadores, Alcalde y pueblo de Tetiz y de Hunucmá por haberse defendido y expulsado a los agresores; pretendían hacer creer que los agresores eran los agredidos, que defenderse era un crimen, que rechazar a los esquiroles era "ilegal".

El patrón metería 3 denuncias penales en contra de asesores, Alcalde teticeño y dirigentes del sindicato, acusándolos de múltiples delitos, con el abierto apoyo de la Procuraduría de Justicia, del gobierno estatal, radio, televisión y algunos periódicos y revistas. Denuncias que son rápidamente tramitadas y achacadas, casi en su totalidad, a Julio Macossay preso. Mientras afirman que están "apegándose a la legalidad y al estado de derecho".

Julio Macossay como asesor legal del sindicato y Timoteo Canché como Alcalde teticeño, meten una denuncia penal el mismo 5 de abril, contra los agresores y los autores intelectuales directos: Jorge Fernández y José Pacheco Durán. Como parte de la misma denuncia el Alcalde remite a los 11 detenidos en la agresión en Tetiz, con abundantes pruebas y testimonios de su culpabilidad, al ministerio público en Mérida. Los liberarían sin cargos el 7 de abril, mientras archivaban la denuncia. Posteriormente Julio Macossay interpuso otra denuncia desde la cárcel, por conspiración contra el patrón y los más altos funcionarios del gobierno estatal, a la cual tampoco dieron ningún curso legal.

 

Control obrero de las granjas

A partir del 5 de abril por la mañana, el sindicato impone el control obrero total en las granjas de Tetiz, sin permitir que nadie de confianza o de la empresa o que no esté autorizado por el propio sindicato, entre a las granjas, mantiene el trabajo y la producción en ritmos más o menos normales, pero no permite la salida del huevo, en tanto la empresa no pague salarios. En Hunucmá desde el 5 de abril las granjas quedarían en manos del patrón y sus gentes, como hasta el fin del conflicto.

El 10 de abril la empresa paga los salarios atrasados y por decisión expresa de la asamblea sindical y popular se permite la salida de decenas de cajas de huevo. El 22 de abril se impide nueva­mente que salga el huevo, porque la empresa vuelve a dejar de pa­gar los salarios. El 3 de mayo volvería a permitirse la salida del producto con el pago de los sueldos que se adeudaban. El 16 de mayo se impediría nuevamente la salida del huevo, con motivo de las detenciones que realizó tal día la policía judicial. El 18 de mayo, con el pago de los sueldos, volvió a salir el producto, como hasta el final del conflicto, en forma más o menos normal.

 

Ultimátum del gobernador y las cámaras patronales

Los días 14 y 19 de abril se realizan reuniones con el gobernador Manzanilla, tratando de abrir negociaciones, pero el 19 de abril, el gobierno estatal en pleno, con el patrón, la CTM, las cámaras patronales y los medios de comunicación, se cierran a negociar y exigen la rendición del sindicato. El gobernador da abiertamente su apoyo al patrón y fija un ultimátum de 24 horas, amenazando al sindicato con tomar medidas severas si no se da marcha atrás y se rinde.

La asamblea general sindical reunida largamente, como acostumbraba, conoce la información, discute, analiza la situación y toma la decisión prácticamente unánime de continuar, ya que se estima que el movimiento está fuerte y que el gobierno tendría que reprimir duramente para salirse con la suya, teniendo que asumir un costo que, se piensa, sería demasiado alto para ellos; se acuerda mantener las medidas y afrontar lo que venga. Se informa la decisión a cientos de teticeños reunidos en la plaza principal, quienes apoyan entusiastamente la determinación y fortalecen el movimiento.

El patrón, la CTM, el gobierno del estado, las cámaras patronales, la radio, la televisión y algunos periódicos coordinados, aunque cayendo en ocasiones en contradicciones, emprenden una fuerte campaña propagandística en los medios contra los asesores, el Alcalde, los trabajadores y la gente solidaria de Tetiz y Hunucmá, en el afán de desmoralizar y derrotar al sindicato, buscando infundir temor y desánimo. No se cae en la trampa, se continúa, conscientes de las maniobras.

Se realizan en el palacio municipal de Tetiz, casi todas las noches, reuniones y asambleas populares de información, análisis, discusión y acuerdos, que permiten al movimiento una gran transparencia, fuerza y flexibilidad. Asimismo se llevan a cabo un gran número de plantones, marchas y mítines en Mérida y Hunucmá.

Las demandas son: solución justa, favorable a los trabajadores, del conflicto y la liberación incondicional del asesor preso, que se resume en el grito “queremos justicia”. Demandas que van creciendo de tono al prolongarse la huelga de hambre del asesor.

La tensión social en la zona y en todo Yucatán crece por la magnitud y alargamiento del conflicto. El patrón y el gobierno estatal amenazan con asaltar y tomar violentamente las granjas. Se rompen los contactos; el patrón, las cámaras patronales y el gobierno exigen la rendición. El sindicato y el pueblo teticeño se mantienen firmes, conscientes de los riesgos, decididos a resistir y con cierto nivel de preparación para defenderse ante un eventual ataque violento. Resisten, desgastados, cansados, pero ni se rinden, ni se quiebran.

El 24 de abril, por la noche, policías judiciales y gente del patrón, intentan detener a dirigentes sindicales; son descubiertos, cuando se hallaban agazapados y perseguidos por decenas de enfurecidos teticeños. En su precipitada huida realizan varios disparos con armas de fuego, al parecer pistolas, en una provocación que pudo ser de trágicas consecuencias y estuvo a punto de desatar la violencia.

 

Acción policial, enfrentamiento y movilización general

El 26 de abril, a las 9 de la mañana, irrumpen en Tetiz cientos de policías antimotines, para llevarse los 9 vehículos que la autoridad municipal tenía retenidos desde el 5 de abril. Se los llevaron con grúas de la policía. Decenas de sorprendidas mujeres y niños, incluso algunos varones adultos, reaccionan rápidamente, se organizan, insultan y apedrean a los policías, quienes huyen precipitadamente sin confrontar.

El gobierno estatal volvía a violentar la autonomía municipal, como hizo el 25 de enero anterior, con la intervención policial desautorizada expresamente por el Alcalde.

La cúpula empresarial yucateca exige al gobernador Manzanilla que mantenga en la cárcel a Julio Macossay, porque "representa un serio peligro para los inversionistas nacionales y extranjeros", y que restablezca el "orden y la legalidad" en Tetiz para resolver, por la vía represiva y a favor del patrón, el conflicto avícola. Hubo una reunión en Los Pinos en aquellos días, donde la cúpula empresarial nacional, encabezada en aquel entonces por Goicoechea Luna (que en 2005 es secretario particular del presidente Fox), pidieron a Salinas y a Manzanilla reprimir el movimiento teticeño y mantener en la cárcel a Julio (“por lo menos 10 años” decían)[25].

El 1º de mayo se realizarían actos de apoyo al movimiento en Mérida, Hunucmá y el propio Tetiz. Concurridas marchas y mítines de sindicatos y organizaciones independientes e importantes sectores populares que apoyaban al movimiento.

El 2 de mayo se reiniciarían pláticas directas entre el sindicato y el patrón, con la mediación del párroco de Hunucmá y Tetiz, Álvaro Carrillo Lugo (que había estado brindando ayuda humanitaria y apoyo moral al movimiento y a los trabajadores). Estas pláticas se inician con el pago de salarios adeudados, se permite la salida de 18,000 cajas de huevo acumuladas en los últimos 10 días y se disminuye un poco la gran tensión acumulada en esos momentos.

La empresa había amenazado con cerrar "definitivamente" las granjas, aunque luego reconocería que no las cerraría, sino que su intención era despedir a todos los trabajadores.

 

Una “salida justa”

Sin embargo a partir de las pláticas del 2 de mayo se veía la posibilidad de una salida negociada al conflicto. El patrón presionado, empezaba a ceder, pero los dirigentes patronales le impiden que ceda[26]. Se vuelven a romper las pláticas el 6 de mayo, dando marcha atrás a los acuerdos parciales y verbales a los que se estaba llegando.

A inicios de mayo el sindicato y la gente de Tetiz, así como quienes apoyaban en Hunucmá se mantenían firmes, unidos y organizados, aunque desgastados. De los 250 obreros que iniciaron la lucha sindical, se mantenían 216 (como hasta el final) trabajando con relativa normalidad en las 45 granjas de Tetiz, mientras las 12 granjas de Hunucmá se mantenían en poder del patrón, aunque con un altísimo costo económico y político para la empresa, ya que esta situación fue uno de los principales factores que mantuvo alto el apoyo de los pobladores de Hunucmá.

Aunque desgastada y presionada, la empresa mantenía su posición de no negociar[27], insistían que la única salida posible para ellos era la rendición sindical y popular. El gobierno estatal bajo la presión de los dirigentes patronales, se mantenía en la posición de aplicar lo que llamaban “el estado de derecho". Los medios de comunicación se mantenían, en su gran mayoría, a favor del patrón, aunque con baja credibilidad.

El 8 de mayo se daría la última reunión directa entre patrón y sindicato. Este día la empresa intenta nuevamente "convencer" a los trabajadores de que abandonen la asesoría (ya que según ellos eran los "únicos y verdaderos" responsables del conflicto, su magnitud y alargamiento). En por lo menos 2 ocasiones anteriores habían intentado lo mismo. El patrón pretende con esto presionar a los trabajadores para que se rindieran. La respuesta de la asamblea general es contundente: no se cambia de asesores y se continúa la lucha hasta el reconocimiento de sus legítimos derechos y que Julio fuera liberado sin cargos. Cuando el patrón se entera de la decisión rompe los precarios contactos y prepara nuevas medidas. La situación vuelve a un punto muerto y la tensión vuelve a crecer.

El 11 de mayo se realiza un mitin en Mérida, con la asistencia y participación de unos 800 pobladores de Tetiz y Hunucmá, exigiendo la solución del conflicto. El 13 de mayo se realizaría otro mitin, también en Mérida, con la participación de personas de diversas organizaciones solidarias, trabajadores y pobladores de Tetiz y Hunucmá.

Desde el 12 de mayo habían estado rondando por las calles de Tetiz y de Hunucmá, varios vehículos con policías judiciales, mientras el patrón y sus portavoces urgían en los medios, por la utilización de "medidas judiciales". Las presiones sindicales, la presión de la huelga de hambre de Julio (que el 16 de mayo llegaba a los 40 días), la creciente solidaridad y difusión nacional del problema y la firmeza del sindicato y el pueblo, mantenían un alto de nivel de fuerzas del lado popular.

 

 

 

Detenciones

Así las cosas, el 16 de mayo, entre las 9.30 y las 10 de la mañana, varias decenas de judiciales armados, en vehículos de la empresa que simulaban ir a buscar huevo, se escurren dentro de las granjas más alejadas y detienen a 9 trabajadores del sindicato, trasladándolos a la penitenciaria de Mérida y acusándolos de varios delitos. A dos de ellos los liberarían sin cargos el mismo 16 y el 17 de mayo, quedando 7 presos. El mismo día 16 de mayo, alrededor de las 4 de la tarde, unos 250 policías antimotines en decenas de camionetas llegan a Tetiz, a quitar un bloqueo que la gente del movimiento había hecho en la entrada norte del poblado, pero al ver la movilización popular, especialmente de las mujeres, se retiran.

La indignación popular vuelve a estallar, algunos proponen quemar granjas; a duras penas prevalece la calma y se espera a la asamblea nocturna, que decide mantener las medidas y el control de las granjas, sin desesperarse ni caer en provocaciones; en tanto se bloquean de nuevo las granjas y se fortalece la vigilancia popular en toda la comunidad. Lejos de atemorizarse y pensar en rendirse, el sindicato reafirma su posición y se prepara para resistir nuevos ataques. Se apuesta a la solidez del movimiento y al apoyo y solidaridad regional y nacional, que iba en aumento.

Igor Macossay (hermano menor de los asesores y colaborador), se declara en huelga de hambre indefinida en la plaza principal de Mérida el 16 de mayo en la tarde. El 17 de mayo en la mañana lo detienen. Ante la escalada represiva Julio radicaliza su huelga de hambre, ingiriendo sólo agua y negándose a toda revisión de los médicos del gobierno estatal.

Con la detención de los trabajadores y de Igor, la patronal y el gobierno estatal reiniciaban sus ataques, a la vez que desataban una fuerte persecución policial en Hunucmá y en los alrededores de Tetiz (no se atrevían a entrar a Tetiz). Al mismo tiempo incrementaban su campaña de amenazas en los medios de comunicación contra los asesores, los dirigentes sindicales y contra el Ayuntamiento teticeño. Paralelamente las cámaras patronales felicitaban entusiastamente al gobierno "por aplicar la ley y restaurar el orden".

El mismo 16 de mayo inician otra maniobra legal contra el Ayuntamiento teticeño, por medio de una demanda ante el Congreso Local, para el desconocimiento, desafuero y desaparición del cabildo; demanda que se sabe, elabora el abogado de Fernández, utilizando a dos diputados locales priístas; el Congreso Local le da entrada inmediatamente e inician los trámites con rapidez.

 

Intervención de la Secretaría de Gobernación y “acuerdo”

Junto con el endurecimiento patronal, el apoyo y la solidaridad regional y nacional, incluso internacional, creció significativamente día a día, presionando directamente a la Secretaría de Gobernación federal para que interviniera, ante la actitud del gobierno local. Finalmente tales presiones fructifican y la Dirección General de Derechos Humanos de tal Secretaría envía a Mérida, a un agente para que medie en el conflicto y se encuentre una solución; se trató de Jorge De la Vega, asesor del entonces Director General de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Luis Ortiz Monasterio.

El agente de Gobernación federal llega a Mérida el 17 de mayo y habla con el gobierno local, con el patrón y con los dirigentes y asesores del movimiento. Para el 18 de mayo propone la firma de compromisos de ambas partes (por un lado el patrón y el gobierno estatal, por el otro el sindicato, con sus asesores). Compromisos realmente de mediación, donde todos cedían algo. El sindicato, después de una larga asamblea general, y de consultarlo con la asamblea popular, acuerda aceptar el despido y liquidación de 25 dirigentes y 22 trabajadores eventuales, a cambio de la liberación de los presos, salvaguardando su organización sindical y su vida futura.

El 19 de mayo el gobierno local daría conocer el acuerdo y el agente de Gobernación regresaría al DF. El despido y liquidación se concreta el 21 y 22 de mayo, el sindicato cumple con los compromisos firmados, pero la empresa sólo con algunos y a regañadientes. El 21 de mayo el gobierno estatal, por medio de la procuraduría de justicia local, libera a 3 de los trabajadores encarcelados. El 22 de mayo liberan también sin cargos, a Igor Macossay, quien libre continuó 2 días más su huelga de hambre. Pero se niega a liberar a los demás, mientras la empresa se rehúsa a normalizar las relaciones laborales con el sindicato.

 

Ruptura del acuerdo, confrontación

Incluso se llega a negociar con representantes patronales la forma de cubrir las plazas de los despedidos, pero no se logra que se concreten los compromisos y se resuelva el conflicto. El patrón da marcha atrás en sus compromisos y acusa al sindicato. Se niegan a liberar a los demás presos, a Julio quien cumplía ya 47 días en huelga de hambre, y a los 4 trabajadores que aún permanecían encarcelados. Insisten en el desmantelamiento del sindicato y en mantener a Julio preso por muchos años.

Ante el incumplimiento de la empresa y del gobierno estatal y ante las fuertes presiones de las cámaras patronales, el conflicto se aviva nuevamente. El agente de Gobernación regresa a Mérida el 23 de mayo, "a constatar el incumplimiento del sindicato y de los asesores" y a apoyar ahora si abiertamente, a la patronal y al gobierno local.

 

Ultimátum de Gobernación, repliegue, fin de la huelga de hambre del asesor y “acuerdo final”

Todo el día 24 de mayo se darían intensas y difíciles "negociaciones", con la "mediación" del agente de Gobernación, quien finalmente propuso un "nuevo acuerdo firmado". Planteó que el sindicato aceptara el despido de otros 43 trabajadores y los que quieran (aunque liquidándolos como si se tratara de retiros voluntarios), la renuncia a la asesoría y la salida física de Mauricio Macossay de Tetiz, con la desaparición definitiva del sindicato, amenazando con tomar Tetiz y las granjas, con el ejército.

Ante el ultimátum se reúne la asamblea general de trabajadores con el pueblo solidario de Tetiz, a las 7 de la mañana del 25 de mayo, para conocer, discutir y decidir sobre la amenaza, que se estima, va en serio.

Los trabajadores y el pueblo, cientos de hombres y mujeres teticeños, analizan a todo detalle la "propuesta" del "mediador". Conscientes de que después de casi 5 meses de lucha, de haber enfrentado todo tipo de presiones, con 5 presos políticos, a quienes usaban claramente como rehenes, deciden por unanimidad: la desaparición del sindicato, la salida y liquidación de todos los trabajadores, pedirle a Julio que levante su huelga de hambre, para terminar con el conflicto, salvaguardando su dignidad; a cambio de que se libere a los presos y desaparezcan todos los procedimientos penales.

Se firmaría el "acuerdo" el 26 de mayo, a las 10 de la mañana en el palacio del gobierno estatal. Acuerdo que se dio a conocer inmediatamente a los medios de comunicación, con la promesa de liberar "pronto" a los presos del sindicato. Las liquidaciones de los trabajadores (al 100 % para los 43 dirigentes y sólo con prima de antigüedad y proporcionales para el resto) se realizarían el mismo 26 de mayo, concretando la desaparición del sindicato. Julio suspendería su huelga de hambre también el 26 de mayo, después de 50 días.

De esta forma quedarían fuera de las granjas y liquidados todos los trabajadores del sindicato (90 con indemnizaciones regulares y 126 con montos bajos, que totalizan los 216 que se mantuvieron hasta el fin del conflicto).

Desde el 26 de mayo ya no se presentaron a las granjas, con lo que la empresa pasó grandes apuros para contratar otros trabajadores, que las atendieran. Sólo quedaba pendiente el que la empresa re­tirara las denuncias penales y el gobierno estatal liberara a los 5 presos.

 

Liberación de los presos y fin del conflicto

Finalmente el 30 de mayo liberan a los 5. A los 4 trabajadores a las 3 de la tarde y a Julio (que se encontraba desde el 22 de mayo en el Hospital General O Horán) a las 7 de la tarde. El mismo 30 de mayo, por la noche, se organiza una emotiva recepción en Tetiz a los encarcelados, con marcha, cientos de teticeños y algunos compañeros solidarios de Mérida, desde la entrada noreste del pueblo hasta la plaza principal, que culmina con un emotivo mitin.

El procedimiento en el Congreso Local contra el Ayuntamiento teticeño se paró prácticamente a partir de ese momento.

El 1 de junio se realizó una muy concurrida misa ofrecida por los obreros que habían estado encarcelados. El 2 de junio se realizó otra misa de Acción de Gracias, todavía más concurrida, también en la Parroquia de Tetiz (oficiada conjuntamente por los sacerdotes Álvaro Carrillo Lugo -párroco de Hunucmá y Tetiz- y Pastor Escalante Marín -párroco de la Iglesia de Fátima de Mérida--) e inmediatamente después se llevó a cabo un gran baile popular, en un ambiente festivo que parecía de triunfo, pero donde realmente se festejaba el que la dignidad se mantuvo a salvo. Participaron en el baile cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos de Tetiz, Hunucmá y decenas de compañeras y compañeros solidarios de Mérida. Fue una gran fiesta por la dignidad salvaguardada.

 

Los protagonistas populares, una caracterización

Aunque pudiera parecer obvio conviene precisar cuáles fueron los principales grupos protagónicos populares y sus rasgos definitorios. Fueron cinco: 1. el sindicato, con sus bases y dirigentes (comité ejecutivo y delegados), 2. el pueblo en general, donde destacan especialmente las mujeres, 3. el ayuntamiento, 4. los asesores y 5. el sindicato de Campi, como el principal aliado e importante soporte.

También hubo un conjunto de otros aliados, cuyo apoyo resultó especialmente importante en ciertos momentos de la batalla, como las parroquias de Hunucmá y Tetiz, sindicatos y delegaciones sindicales, parroquias de Mérida, organizaciones regionales y nacionales, así como personas en lo individual.

El sindicato, conformado por 250 obreros, 200 en Tetiz y 50 en Hunucmá, obreros de primera generación, donde casi todos habían sido campesinos o jornaleros rurales, con poca experiencia sindical, logró constituir a pesar del poco tiempo, una amplia estructura democrática, que parecía salida de la nada, pero que tenía profundas raíces históricas, sociales y políticas en el área; estructura conformada por un comité ejecutivo de 8 miembros y delegados por cada una de las granjas, que se reunía en una instancia llamada pleno de delegados y comité ejecutivo y donde se presentaba la información, se analizaba y se elaboraban propuestas de diversas medidas, que se llevaban a las asambleas generales donde eran ampliamente discutidas, votadas y acordadas, para luego regresar al pleno para su ejecución. El pleno sólo decidía sobre cuestiones de relativa poca importancia. Todas las decisiones importantes fueron tomadas invariablemente en asambleas generales. Los dirigentes, del comité y delegados, desde su elección tenían un carácter de portavoces y ejecutores de las decisiones colectivas; su margen de maniobra y de decisión era realmente poco. Esto como garantía de una democracia directa y efectiva en el manejo de los asuntos sindicales.

El pueblo teticeño, cientos de pobladores, de hombres, mujeres, niños y ancianos, mayas, con un gran número de rasgos y costumbres culturales indígenas, como el hablar en maya, ver la vida, el mundo, las posibilidades y los sueños en maya, con una gran humildad, hospitalidad y generosidad, con mucha paciencia y un aparente conformismo, que les dan muchos años de dominación y subordinación; pobres y subempleados, casi todos tenían parientes obreros en las granjas, sabían de las condiciones de trabajo y malos tratos, bajos salarios y humillaciones, por lo que hicieron plenamente suya la lucha y las reivindicaciones sindicales.

La tan amplia y plena participación popular fue factor decisivo para acumular y mantener una gran fuerza del lado obrero e impidió que el movimiento fuera derrotado totalmente. Aquí destacaron muy especialmente las mujeres teticeñas, que se unieron con entusiasmo al movimiento y lo animaron, apoyaron en todo momento y circunstancia e incluso, en los momentos de mayor tensión y de peligro de represión, eran las más valientes y arrojadas; ellas fueron quienes principalmente confrontaron a la policía y a los esquiroles el 24 de enero, cuando el patrón trató de romper el paro, el 5 de abril cuando la empresa agredió con cientos de esquiroles, aquel 26 de abril cuando se llevaron las camionetas retenidas en Tetiz y la tarde del 16 de mayo cuando con su presencia y combatividad frenaron y orillaron a retirarse a la policía antimotines. Fueron el alma del movimiento, de los campamentos, de las movilizaciones, de las asambleas casi diarias, de muchas de las más importantes decisiones.

El ayuntamiento en pleno y especialmente quienes lo encabezaban: Timoteo Canché, Bonifacio Tuyub y Jacinto Ek, apoyaron totalmente el movimiento y al sindicato, respetando las decisiones que se iban tomando y aportando también elementos de información y opiniones. Era un ayuntamiento popular electo y sostenido por un muy amplio movimiento social comunitario; no sólo no defraudó, sino que respondió a las expectativas creadas en torno suyo. Resistieron una gran cantidad de presiones gubernamentales e incluso del PAN y en todo momento estuvieron con el pueblo y el movimiento. Aun cuando el gobierno municipal había llegado con el registro y respaldo del PAN, no permitieron influencia de éste en el movimiento sindical y popular. El PAN, su dirigencia estatal, se mantendría al tanto del movimiento, pero sin intervenir, ni apoyar, salvaguardando sus cuestiones partidarias y electorales, ya que a fines de 1990 habría elecciones municipales y de diputados locales.

El despacho Macossay, de los escasos despachos en la región que atendía a sindicatos y organizaciones populares, políticamente independientes, participó en el movimiento no sólo asesorando, sino integrándose, a petición de Timoteo y del grupo promotor del sindicato, que llegarían a ser los principales dirigentes sindicales. Los asesores principales, Julio Macossay e Isela Rodríguez (quienes eran pareja) eran los encargados de asesorar en todas las cuestiones legales y de negociación con el patrón y el gobierno, y Mauricio Macossay[28] se encargaba de asesorar en las cuestiones organizativas, políticas e ideológicas; actuaban en estrecha coordinación entre ellos y con las asambleas, delegados y comité ejecutivo, siguiendo el mismo principio de los dirigentes sindicales, de ser portavoces, de elaborar propuestas, juntar y presentar información sistematizada, aportar elementos tácticos y estratégicos y ejecutar los acuerdos colectivos. También participaron desde el despacho, una decena de compañeras y compañeros que aportaron sus esfuerzos y talentos para los fines del movimiento. Entre otros compañeros destacaron María Eugenia Castillo, Nacho y Judith, Felipe, Humberto Sosa.

El sindicato avícola de Campi, una organización democrática con casi 10 años de experiencias exitosas, conformado por unos 200 obreros avícolas, con una importante tradición de organización y funcionamiento sindical y político independiente, cuya base principal era de obreros de Hunucmá, fue también factor importante y protagonista de la lucha y el movimiento; no solo aportó su registro sindical, sino también su experiencia, su trayectoria, sus recursos políticos, económicos y organizativos, se sumó a las movilizaciones e incluso algunos de sus dirigentes sufrieron persecución y acoso. Aportaba también opiniones, consejos y propuestas y respetó en todo momento la dinámica y decisiones de los obreros y el pueblo de Tetiz.

Los demás aliados fueron muy variados y cumplieron papeles importantes en ciertos momentos y circunstancias del movimiento. Las parroquias de Hunucmá y Tetiz, así como varias parroquias de Mérida, brindaron apoyo y soporte moral, económico y en víveres. Diversos sindicatos, delegaciones sindicales y otras organizaciones en Yucatán, Campeche y el DF dieron importantes apoyos, como el sindicato Morelos de desfibradores de Cordemex, las delegaciones sindicales de Chapingo, del Cinvestav, del INAH,  la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (Comité Nacional y sus delegaciones en Mérida, Campeche y Ciudad del Carmen), el Consejo Central de Lucha del magisterio democrático yucateco; un Comité de Solidaridad creado especialmente (que incluía al Movimiento del Pueblo Mexicano, al naciente PRD, y a personas que en lo individual apoyaron); artistas, profesionistas y personas solidarias; sindicatos y organizaciones nacionales e internacionales, como el FAT, la CNTE, grupos democráticos de la Sección 36 del SNTE, el STUNAM, el SUNTU, el Sindicato de Profesores de Chapingo, la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, el movimiento democrático de la Ford, el sindicato de la Cervecería Modelo, la Cooperativa Pascual, organizaciones de trabajadores mexicanos en Texas, el periódico nacional La Jornada, entre otros. Así como también algunos periodistas del Diario de Yucatán, del Novedades de Yucatán y de Quintana Roo, de La Jornada, de El Universal, de la revista Por Esto!, de la revista Voces, de La Revista y de Notimex, hicieron su mejor esfuerzo por difundir lo que realmente pasaba.

Por ejemplo la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, con el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y varias personas en lo individual, impulsaron una efectiva campaña de prensa y medios para difundir lo que pasaba en Yucatán y ejercieron en el DF, una significativa presión hacia la Secretaría de Gobernación para que interviniera y se reabrieran las negociaciones. La prolongada huelga de hambre de Julio generó una fuerte presión regional y nacional, que sirvió para difundir el movimiento y despertar simpatías y solidaridades de todo tipo. Finalmente la intervención del gobierno federal resultó favorable al patrón y sus intereses.

El sindicato y el pueblo teticeño se convirtieron durante el movimiento en un actor social unificado, con una nueva identidad social que incluía a todo el pueblo, con todas sus variantes y con el desarrollo de la autogestión y la autonomía, tendiendo a la construcción de una relación estatal basada en la participación ciudadana, ya no de súbditos. Esto cambió profundamente el panorama social y político del área, al menos durante varios años. Como Almeyra afirma, esto es parte de los efectos y nuevas realidades que genera la mundialización[29].

 

Una valoración general de la batalla

De un conflicto obrero-patronal por sindicalización, se convirtió en un enfrentamiento pleno de clases; enfrentamiento laboral, económico, político e ideológico, ante la negativa patronal para reconocer y respetar el derecho a la sindicalización y la decisión obrera y popular de no dejarse.

“... la reivindicación de reformas democráticas radicaliza y polariza las estructuras sociales, empujando a las minorías dominantes hacia la intransigencia dictatorial y racista y a las mayorías hacia un nuevo sistema social basado en la solidaridad, la equidad, la ética”[30]

De enero a inicios de abril los trabajadores acumularon una gran fuerza sindical y popular, que les permitió imponer su razón e intereses, ante la impotencia patronal, acostumbrada a la eficacia de sus medidas y recursos "normales", cotidianos: el ser patrón y empleador, el cúmulo de mecanismos cotidianos de control del proceso productivo y de los trabajadores, el papel y trabajo como correa de transmisión patronal de los empleados de confianza, el apoyo real, más allá de la ley, de los organismos gubernamentales, como la junta de conciliación, la procuraduría de justicia y la policía, y cuando esto no funcionaba entonces se recurría a la amenaza, la intimidación, el soborno y los despidos; pero al darse plena cuenta de que esto no bastaba recurrió a "otros" recursos más poderosos, incrementando su fuerza y contraatacando; pasó a la ofensiva, mientras el sindicato resistió con el apoyo del pueblo teticeño y de importantes sectores populares de Hunucmá.

Hasta el 4 de abril el sindicato tuvo la ofensiva y contó con la mayor fuerza; desde el 5 de abril las cosas serían diferentes.

Del lado patronal estuvieron: la Asociación de Avicultores del Sureste; casi todas las fracciones del PRI (incluida la encabezada por Cervera Pacheco, que era en aquel entonces Secretario de Reforma Agraria y que encabezaba el golpeteo contra la fracción de Manzanilla Schaffer, para debilitarla y hacerla a un lado, como sucedió en febrero de 1991, cuando le quitaron la gubernatura); la fracción local de la CTM encabezada por Pacheco Durán; el gobernador Manzanilla y todo el aparato del gobierno estatal, especialmente la Junta Local de Conciliación y Arbitraje y la Procuraduría General de Justicia, con la policía judicial y la policía antimotines; la cúpula empresarial encabezada por la Junta Coordinadora Empresarial, la Cámara de Comercio, el Centro Empresarial y la Cámara de la Industria de Transformación; la Barra y el Colegio de Abogados; las radiodifusoras (especialmente del Grupo Rivas); la televisión local, con los canales 3 y 13; periódicos locales, principalmente el gubernamental Diario del Sureste y algunas revistas de circulación local, entre otros participantes. También del mismo bando actuó, y en forma decisiva, la Secretaría de Gobernación Federal, por medio de la llamada Dirección General de Derechos Humanos.

La empresa emprendió a partir del 5 de abril una fuerte ofensiva encaminada a destruir al naciente sindicato y a destruir al Despacho Macossay, tratando de encarcelar a los dirigentes del mismo; durante el fragor del combate sumó dos objetivos más: derrotar al pueblo teticeño, que estaba dando "mal ejemplo" y destruir al Ayuntamiento popular de Tetiz, destituyendo al Alcalde Timoteo Canché Tinal, mientras de pasada debilitaba al PAN.

Para lograr sus objetivos la empresa utilizó todos los recursos posibles a su alcance (los que le brinda la legalidad, las autoridades y los acostumbrados de la acción directa patronal), sin escrúpulo, ni consideración moral alguna, afirmando públicamente lo contrario. Sus principales recursos fueron: las trampas, la intransigencia, las amenazas, la mentira, los sobornos, los despidos, espías, esquiroles, golpeadores, pandilleros, judiciales, antimotines, golpes a traición, persecuciones policiales, encarcelamientos y procesos penales oscuros, entre otros.  Lo único que no utilizaron (y obviamente por el alto costo político que re­presentaba) fue la represión masiva y la intervención militar.

El movimiento sindical y popular por su parte, pretendía originalmente: el respeto a su derecho a la sindicalización efectiva y por lo tanto, a su organización independiente, y a su derecho a la titularidad y administración del contrato colectivo de trabajo vigente (igual al contrato de protección que firmaron el patrón y la CTM).

Conforme el conflicto se alargaba y complicaba se fueron considerando otros  objetivos: la liberación de Julio Macossay, parar la persecución contra los asesores Isela Rodríguez y Mauricio Macossay, contra los principales dirigentes sindicales del comité ejecutivo y delegados y contra algunos compañeros solidarios, que se destacaron en el apoyo y la solidaridad con el movimiento, así como el respeto al Ayuntamiento de Tetiz.

Los recursos que el movimiento utilizó, junto con las organizaciones solidarias, se apegaron siempre a los acuerdos expresos de las asambleas generales, sindicales y populares, quienes decidían por consenso. Se trató de utilizar los caminos legales, aunque siempre fueron cerrados una y otra vez, lo cual obligó a utilizar frecuentemente, la acción directa obrera y popular.

El vaciamiento de la política institucional y en los marcos del Estado, uno de los efectos de la mundialización, se vieron con especial claridad en el conflicto. El sindicato y el movimiento trataron de usar los mecanismos legales y políticos fijados en los marcos del Estado mexicano, manifestando con ello cierto nivel de confianza en éstos, pero les fueron cerrados y negados sistemáticamente, con lo cual, para continuar la lucha, tuvieron que brincárselos y recurrir a la lucha directa y el control directo del territorio, en sentido político y físico, haciendo de lado a los partidos y las formas tradicionales de la política, ejerciendo una nueva política y ciudadanía.

Era tal la decisión de lucha y de resolver los graves problemas laborales que los aquejaban, que no se iban a detener ante las maniobras, legales y no legales, del patrón. Sin proponérselo deliberadamente, la empresa orilló al sindicato a combatir en el terreno de la acción directa, de los hechos.

De esta forma el sindicato recurrió a múltiples mecanismos en la defensa de sus demandas, guiados por la ética; entre sus armas no estuvo ninguna de las que la patronal usó. Todos los recursos utilizados se basaban en la unidad, organización y combatividad del conjunto del movimiento y en función de lo que convenía en el momento, según los análisis de correlación de fuerzas, que se hacían casi a diario.

La línea política general de mantener siempre, aunque sea un pié en la legalidad, por más tergiversada y manipulada que estuviera por la empresa y el gobierno estatal, fue decidida y ejecutada por razones estratégicas y tácticas al mismo tiempo, ante los cambios y en general desfavorable correlación de fuerzas. Los aparatos y mecanismos de la dominación y el control fueron rotos, pero aun así conservaban todavía un gran peso e influencia en la situación.

Las reivindicaciones del movimiento se ubican claramente en el terreno general de la lucha por la democracia y las conquistas mínimas civilizatorias, pero en medio de un contexto mundial y general sumamente desfavorable para los trabajadores y las fuerzas populares.

Los principales recursos utilizados por el movimiento obrero-popular fueron: los paros y el control obrero de las granjas, los volanteos y boteos amplios y masivos; el bloqueo de las granjas en momentos de agresión; la combinación permanente negociación-movilización, tratando de nunca romper por lo menos los contactos, la más amplia difusión posible por conducto de los medios de comunicación o cualquier otro camino, los plantones, marchas y mítines para difundir la lucha y tensar las propias fuerzas y la resistencia pacífica en caso de represión masiva, entre otros.

Conscientes de que se contaba con la razón y con la fuerza sindical y popular necesaria para luchar, se desarrolló el combate por iniciativa propia y no solo por defenderse ante las agresiones patronales y oficiales. Se logró mantener un alto nivel de conciencia en torno a la correlación de fuerzas y más o menos separar las emotividades de las acciones políticas, evitando que fueran las primeras quienes decidieran el rumbo y las formas concretas.

El hecho de que el sindicato y el pueblo utilizaran la vía de la acción directa, aun cuando los caminos legales les fueron vedados reiteradamente, provocó en muchas ocasiones la ira patronal y gubernamental, base para una fuerte y prolongada campaña publicitaria “contra las ilegalidades" de los trabajadores, responsabilizando a los asesores sindicales y al Alcalde teticeño, acusándolos de "agitadores profesionales", a la vez que apostaban a la eficacia de tal campaña para amedrentar y quebrarlos, pensando que con ello "descabezarían" al movimiento, que sería fácil presa de sus engaños y trampas.

La empresa y sectores del gobierno, así como del PRI, del PAN y de algunas organizaciones de “izquierda”, parten de la idea de que los trabajadores no luchan por sí mismos, no tienen o tienen muy poca iniciativa propia, que son agitados por agentes externos a ellos, quienes a su vez son las cabezas del movimiento, por lo que neutralizándolos, por cualquier vía (amenazas, chantaje, soborno, encarcelamiento o asesinato) se puede derrotar al grupo en lucha.

Las formas de hacer política por parte de estos actores, verticales, autoritarias, sin ética ni moral, en defensa de intereses particulares y en defensa general de los poderosos y el capital, les hacen creer que son las únicas formas posibles y por lo tanto, consideran que todos los actores sociales y políticos actúan de la misma manera y bajo las mismos resortes y motivaciones. Lo cual es evidentemente incorrecto, por decir lo menos.

Si bien es cierto que los dirigentes tienen un papel importante y en algunos momentos decisivos, aun en movimientos democráticos horizontales y directos, como en este caso, también es cierto que el movimiento es social, producto de grupos sociales actuando, no simples piezas de ajedrez movidas al antojo y las maniobras de los dirigentes. Las maneras de hacer política, de las formas de la representación y gestión, son las que definen tipos de dirigencias y de dirigentes, que mandan obedeciendo o que imponen al movimiento sus designios e intereses.

La política vista como el quehacer de pequeños grupos, la clase política, que decide prácticamente todo, es la que sustenta la visión referida anteriormente. En el movimiento sindical popular de Tetiz de 1990 no se siguió de manera alguna esa visión y enfoque de la política, como se muestra en la narración de los acontecimientos y en los análisis y caracterizaciones que se hacen en el presente documento.

Si bien es cierto que los trabajadores finalmente no pudieron lograr el pleno respeto a sus derechos de libre sindicalización y de contratación colectiva bilateral, también resulta cierto que la patronal y el gobierno, tampoco salieron bien parados.

Visto en términos sindicales no se pudo ganar y todos los trabajadores de Tetiz abandonaron las granjas, aunque los nuevos trabajadores que han entrado desde entonces, tienen mejores condiciones salariales, de trabajo y trato.

Visto en términos amplios, políticos e ideológicos, e incluso económicos y productivos, resultó en un triunfo en el mediano plazo, ante el surgimiento de una cooperativa que tuvo gran éxito productivo y económico algunos años, hasta que problemas internos y la crisis nacional de 1995 la acabaron.

El alto costo económico y político que tuvieron que pagar el patrón, las cámaras patronales, el gobierno y los medios de comunicación, así como el significativo desprestigio que acumularon, compensó en términos comparativos la desaparición del sindicato y el desempleo de los trabajadores. Lo compensó en tanto se hicieron a un lado algunas de las más difundidas ilusiones legalistas y economicistas de la lucha obrera y popular.

El movimiento tuvo un carácter especialmente subversivo porque humanizó a la gente, a los obreros y al pueblo, buscaba ampliar las conquistas de civilización, como son el respeto a los derechos obreros, a contrapelo del capital y de sus mayores niveles de explotación, porque usó y antepuso la ética en la lucha y en el hacer política, porque rebasó los marcos de los partidos políticos y generó nuevas formas de participación y de identidad social y política[31].

La magnitud del conflicto, de la batalla de clases, y las enormes fuerzas pro-patronales que se conjuntaron (como no sucedía desde 1974, cuando el gran movimiento popular y estudiantil de protesta frente al asesinato de Efraín Calderón Lara[32]) parecían indicar que el resultado final sería la derrota total y el aplastamiento. No resultó así. Las fuerzas de la patronal y del gobierno estatal, actuando conjuntamente, no pudieron imponerse, tuvieron que retroceder, replegarse y aceptar cargar con un alto costo económico, político e ideológico.

Lo que sí cambió para mejorar y muy sensiblemente, fueron las condiciones salariales, de trabajo y trato hacia los trabajadores al interior de las granjas. Los nuevos trabajadores tienen condiciones mucho mejores, humanas, aunque sin sindicato propio, tienen que aceptar un sindicato fantasma y un contrato de protección, pero desde entonces sí se respetan los mínimos establecidos en la Ley Federal del Trabajo. Después de 1995 un significativo número de teticeños han vuelto a trabajar en las granjas de Fernández, pero en condiciones completamente distintas a las de 1990.

La lucha, en el sentido del movimiento de enero a junio de 1990, se quedó en el plano productivo y económico, en los marcos de la cooperativa, no tuvo continuidad en el plano político e ideológico, donde el PAN logró imponerse y jugar a la política de acuerdo a sus intereses, usos y costumbres.

A mediados de 2004 concluyeron su periodo en el gobierno municipal de Tetiz un grupo de panistas cuya manera de gobernar y ejercer la política fue muy similar a la de los gobiernos priístas de los últimos tiempos[33]; respondiendo a los grupos políticos municipales y a sus intereses como grupos, no a los intereses amplios del pueblo teticeño.

 

La resistencia, bases, formas y recursos

La resistencia obrera y popular en Tetiz en esta batalla, transformó la historia local y regional, a las personas y a los grupos sociales participantes e involucrados, movilizó fuerzas sociales adormecidas, levantó organizadamente a un pequeño pueblo casi por entero, los humanizó, los volvió seres dignos y combativos, muy diferentes a los teticeños de años anteriores.

La fragmentación social que la crisis general del derrumbe henequenero traía consigo encontró un camino de respuesta social colectiva, diferente a la individualización y destrucción del tejido social que la crisis provocaba por todos lados. En Tetiz la respuesta colectiva fue la reconstrucción en un sentido positivo de sus identidades colectivas como pueblo y como trabajadores asalariados, con derechos y las maneras de pelear por ellos. El denso tejido social comunitario en aquellos años, sujeto a fuertes ataques en su contra que obligaba a cientos de ellos, a buscar trabajos asalariados y a migrar para subsistir, fue factor importante en las condiciones y posibilidades que les permitieron dar esa respuesta colectiva.

Durante el movimiento y la batalla sindical la reconstrucción de las identidades se dio a partir de la reconstrucción de una subjetividad colectiva, solidaria, que retomaba antiguas costumbres y tradiciones comunitarias e iba incorporando con sorprendente rapidez y eficacia nuevas maneras, como las sindicales. Los campamentos populares en defensa de las granjas y las asambleas masivas eran parte de esas antiguas tradiciones, pero en cambio el funcionamiento por delegados, comité ejecutivo y reuniones sindicales, fueron parte de las nuevas maneras, que encajaron sin mayor problema.

La resistencia popular creció como la espuma al encontrar caminos, formas y fuerzas que la misma gente intuía que tenía, pero que no sabía a ciencia cierta, surgió de la entraña de aquel sujeto social, medio difuso, que logró ganar las elecciones municipales y cambiar la política pública y las maneras de gobernar en el área, surgió el sindicato avícola como un nuevo sujeto social, que desde el inicio tuvo que enfrentar duras y sumamente hostiles condiciones, pero que ante las dificultades fue creciendo, agigantándose, ante la sorpresa de propios y extraños, los trabajadores, la gente, los asesores y aliados. No podía ser de otra manera, ante la dureza, la inflexibilidad empresarial y el apoyo gubernamental.

La batalla fue iniciativa obrera y popular, ante las intolerables condiciones que prevalecían y que tenían que ser modificadas, fue producto de la conjunción de varias circunstancias explosivas, grupos, experiencias y personas que lograron cambiar la historia de Tetiz y del poniente yucateco actual. Dejar de aceptar las humillaciones, malos tratos y bajos salarios, convertirse en un sujeto colectivo y emprender una trascendente y ejemplar, en muchos sentidos, lucha reivindicativa.

La infrapolítica popular que había tomado la escena pública en 1987, que se había vuelto abierta, creció con el establecimiento del nuevo gobierno municipal en marzo de 1988 y durante el resto de ese año y en el transcurso de 1989 con el gobernar a favor de los grupos sociales populares y en forma participativa, se propondría ahora modificar algo especialmente sustancial de su entorno, las relaciones laborales y económicas con la principal fuente de empleo en el área: las granjas avícolas, para el respeto y salvaguarda de los derechos laborales, conscientes de que esto se lograría tan solo con un sindicato independiente.

Los triunfos y avances logrados de 1987 a 1989 fueron importantes en los niveles de autoconfianza que los grupos sociales populares tenían en ese momento y parte fundamental de su iniciativa de lucha sindical emprendido en enero de 1990.

El sindicato y el pueblo de Tetiz movilizados lograron cambiar la situación social y política en el área tras acumular una gran fuerza, gracias a varios factores, entre los que destaca en primer lugar el anhelo emancipador de recuperar la dignidad perdida y ninguneada de manera bárbara en las granjas, que junto con los demás factores analizados en los párrafos precedentes dieron como resultado un alto nivel de unidad y organización internas, junto con su decisión de lucha y de cambio, de rebelión y acción social; pilares fundamentales fueron el ayuntamiento, los asesores y el sindicato de Campi, no tanto por ellos mismos, como por la forma como se condujeron y participaron en el movimiento, por las formas y contenidos políticos de su accionar; de igual manera fueron importantes los apoyos y la solidaridad local, regional y nacional que se recibió; se afrontó una gran fuerza patronal y gubernamental conjunta y no pudieron imponerse.

Ese complejo e intrincado conjunto de factores racionales e irracionales que impulsaron a los obreros teticeños y a los grupos populares en su apoyo no pueden ser explicados más que en el nivel colectivo, social, de los propios grupos, aunque éstos tengan expresiones individuales.

Hubo momentos en que se veía cercana la posibilidad de una derrota profunda y la destrucción total y ejemplar del sindicato, la organización del pueblo teticeño, el ayuntamiento y el despacho, incluso para el sindicato de Campi. Las fuerzas populares y sus aliados impidieron esto.

Un factor clave en especial fue la conducción de la lucha, las formas y las maneras, la serenidad y el apego a la ética, que generaron un alto nivel de autoconfianza en los participantes y de simpatías, apoyos y solidaridades diversas, durante todo el movimiento.

Fue un conflicto con expresiones étnicas y clasistas casi al mismo nivel de importancia, de un lado combatió el pueblo trabajador de Tetiz, mayas, pobres, asalariados, ninguneados, casi analfabetos, desnutridos, temerosos, del otro la patronal unificada y el gobierno estatal, mestizos y criollos, ricos, empresarios, estudiados, bien nutridos, soberbios, prepotentes, racistas. Los disfraces de los dominados y la dominación cayeron, se abrieron paso formas, maneras, palabras, ideas fuerza, desde el pasado remoto pero con nuevos bríos.

Las diversas formas de resistencia cotidianas y las que se aplicaron durante el movimiento y sus relaciones con las demandas de fondo, la correlación entre los medios y los fines, juegan un papel especialmente importante en movimientos sociales y luchas como las de este tipo.

Tetiz como una pequeña comunidad maya rural, sumida en la profunda y larga crisis henequenera, tiene una serie de formas de vida y trabajo cotidiano tradicionales, mayas y mestizas, como la existencia de familias amplias, unidas, cohesionadas y con grandes apegos culturales y religiosos, donde todos los miembros de la familia participan en el trabajo y manutención del conjunto, combinando algunas actividades agrícolas, pecuarias, de sus solares y pequeños huertos familiares, con la fabricación de hamacas, algunas artesanías y prendas de vestir y con la venta de lo que producen, o bien jornaleando en Mérida y en el área. Todo ello en una lógica de subsistencia, vida y trascendencia social, no de lucro o de ganancia. El trabajar fuerte, de sol a sol, para ganar honestamente lo necesario para vivir dignamente, con austeridad y en sus costumbres, comidas, fiestas, festejos y devociones, aunque dándose ocasionalmente algunos lujos.

Pero como esto no se puede por la marginación y la exclusión económica y social que la crisis henequenera ha ido generando, así como por los bajos precios de los productos agropecuarios que generan y los bajos salarios que reciben, es que viven en permanente tensión por alcanzar estos objetivos. Estas tensiones se aprecian sobre todo en momentos de crisis o cuando algún miembro de la familia se enferma y no hay los suficientes medios para que reciba los servicios médicos y los medicamentos necesarios y suficientes para sus dolencias.

El que sean mayas y pobres es clave para entender el cómo viven y trabajan, cómo se conforman sus identidades. El hablar y pensar y verse como mayas pobres los caracteriza y es fuerza y debilidad al mismo tiempo. Es orgullo histórico y razón de pertenencia e identidad, el ser mayas los identifica y los une, los hermana y unifica en un objetivo común, como el del movimiento de 1990, aunque también, contradictoriamente, es motivo de vergüenza, por el racismo y la discriminación que son objeto en la sociedad yucateca, racista y crecientemente urbanizada, que ningunea lo indio y lo rural casi por igual.

Hay una cantidad significativa de rasgos culturales e identitarios mayas, que apenas se esbozaron, pero que sin duda alguna son parte muy importante del sustrato cultural e ideológico que los motiva y mueve en lo profundo, que viene desde los antiguos mayas, pero sobre todo de los siglos de dominación y sometimiento, del lenguaje histórico ancestral, de la concepción del tiempo, de la ética, de la dignidad y la gran importancia que ésta tiene para la vida[34]. No pudieron verse con toda claridad, como en el caso del EZLN y del levantamiento maya de Chiapas de 1994 y en el discurso público de éstos; pero en el discurso público del movimiento, sobre todo cuando las asambleas sindicales y populares, esos vestigios, tal vez no muy conscientes, se dejaban ver, aunque no lograron crecer, tal vez por el poco tiempo que el movimiento duró y su transformación posterior en la cooperativa.

La desnutrición, enfermedades gastrointestinales, parasitosis, malas condiciones higiénicas y generales de salud, dominan ampliamente el panorama social comunitario, como en muchas otras comunidades henequeneras y yucatecas. La muerte infantil y de jóvenes es un acompañante casi cotidiano.

Un significativo número de hombres y mujeres han ido migrando hacia Mérida, la riviera maya (Cancún, Cozumel e Isla Mujeres, Quintana Roo) y los Estados Unidos; desde los ochenta es importante el flujo migratorio, pero desde la segunda mitad de la década de los noventa el destino principal es EU. La migración genera empleos e ingresos para las familias teticeñas, que se apoyan con los envíos de dinero que hacen quienes migran.

Casi todos los teticeños migrantes añoran su terruño, su pueblo, regresan frecuentemente; muchos en agosto, cuando se realiza la fiesta de la santa patrona, la virgen María Asunción. Mantienen el orgullo de ser yucatecos y teticeños, que es identidad y un profundo sentido de pertenencia.

Cuando el conflicto no pocos migrantes, enviaron cantidades adicionales de dinero y mensajes de aliento para apoyar el movimiento; se mostraban orgullosos ante el despertar de su gente.

La democracia directa comunitaria que se expresó con todo su esplendor durante el movimiento, viene de su raíz maya, con los siglos de dominación, con su carácter subordinado, con las humillaciones que han tenido que soportar, a la espera de mejores tiempos. Se venía gestando desde el movimiento de 1987, cuando la conquista de su ayuntamiento. El tiempo de la organización, de la lucha, de levantar la cabeza llegó y así lo hicieron.

El decir y actuar de los asesores respecto a la importancia de la democracia directa, de la participación masiva, del papel de las asambleas para decidir todo lo importante, el de los dirigentes como portavoces del movimiento, el mandar obedeciendo, encajó perfectamente en las formas de lucha y de representación política de los obreros y del pueblo teticeño. No fue una coincidencia, fue la confluencia de formas y tácticas de lucha y gestión obrera y campesina regional, que en muchas ocasiones han mostrado sus cualidades y efectividad en la acción social. Aun cuando se les ningunea y minimiza intencionadamente para evitar que el ejemplo cunda y la defensa de los intereses obreros y populares sea más efectiva.

La acendrada religiosidad es otro rasgo especialmente importante para entender las formas y la profundidad de la lucha y la combatividad que mostraron durante todo el movimiento. Prácticamente todos los teticeños son devotos católicos, en una interesante, flexible e intrincada mezcla de rasgos indígenas mayas, posiblemente prehispánicos, y católicos.

La virgen María Asunción, la “Pobre de Dios”, es especialmente venerada en Tetiz y en toda el área, incluso en Hunucmá[35], que es la población más importante del poniente yucateco. Durante todo el conflicto la veneración a la virgen y la solicitud de sus favores fueron motivación primaria para los miembros del sindicato y los cientos de teticeños y hunucmenses que participaron en el movimiento. Muchos de ellos afirmaron que fue la Virgen la que protegió al movimiento, a los dirigentes y a todos. Durante el mes de mayo, mes dedicado en la tradición católica popular a la Virgen María, todas las manifestaciones religiosas en la iglesia de Tetiz, que tradicionalmente se desarrollan en aquel tiempo, estuvieron íntimamente relacionadas con el movimiento. Todas las familias llevaban flores y ofrecían misas rezando por el movimiento y solicitando fervientemente a Dios y a la Virgen por el triunfo del movimiento y el bienestar de los dirigentes..

El apoyo de las parroquias de Hunucmá y Tetiz, como tales, como parroquias, y especialmente de los presbíteros encargados de éstas, Álvaro Carrillo Lugo y Manuel López, así como otras parroquias y presbíteros de Mérida, que fue velado al principio, fue creciendo hasta alcanzar proporciones muy significativas, aunque siempre se mantuvo discreto; fue apoyo material, en víveres, aunque también en consejos y ánimos, reforzando las certidumbres populares de que no sólo tenían la razón y que estaba bien lo que hacían y cómo lo hacían, sino que también contaban con la anuencia y apoyo de la Virgen y de Dios, por la justicia misma de la causa y del movimiento, que además se ratificaba con el decir de los sacerdotes.

Cuando el conflicto termina, las misas como ceremonias solemnes, muy importantes en el imaginario social popular, son precisamente para agradecer los favores recibidos de la Virgen. Muchos afirman enfáticamente que la Virgen los acompañó en todo momento e influyó de gran manera en la salvaguarda de la dignidad popular.

El sindicato y el movimiento recurrieron a una variedad de recursos, armas y mecanismos en la lucha, algunos legales y otros, los más, de la acción directa obrera y popular[36], aunque todos dentro de la ética. Esto se evidencia claramente por la gran simpatía y apoyo que se recibió de grupos y personas de todo el poniente yucateco, de Mérida y de otras partes de Yucatán, Campeche y el DF, así como de varios periódicos nacionales (como La Jornada y en menor medida El Universal), ya que resultaba evidente que los trabajadores y el pueblo teticeño tenían la razón de su lado y actuaban leal y honestamente, salvaguardando su dignidad, aunque no respetaran del todo los caminos legales.

Los recursos legales son sumamente limitados, porque están diseñados para controlar a los trabajadores y mantener el ejercicio pleno de sus derechos en estrechos marcos que favorecen a los patrones. Durante el movimiento se decidió en muchas y reiteradas ocasiones que había que usar primeramente los recursos legales, por limitados que fueran, pero que si el patrón y el gobierno no se apegaban a la legalidad, aunque les favorecía en casi todo, ellos tampoco tenían por qué hacerlo. La acción directa no sólo fue respuesta a la acción directa patronal y gubernamental, sino una táctica de lucha, que permitiera la acumulación y el uso de la mayor fuerza posible del lado del movimiento.

Tal variedad de recursos fueron pensados, discutidos, votados, decididos y ejecutados con la certeza y la seguridad del alto nivel de unidad, organización y combatividad del conjunto de los trabajadores y del pueblo participante, así como con la confianza del apoyo solidario regional y nacional que se fue recibiendo.

Se iban aplicando en función de la conciencia que se iba ganando día a día y de los consejos y frecuentes análisis de la correlación de fuerzas en la batalla.

Los principales recursos utilizados fueron: las asambleas, negociaciones a partir del binomio negociación-movilización, campamentos y guardias populares, difusión en los medios masivos de comunicación, mítines, plantones, marchas, volanteos y boteos, paros, control obrero de las granjas y huelgas de hambre; así como la preparación de medidas ante la represión y la persecución.

Las asambleas fueron sindicales y populares. En las primeras únicamente participaban los miembros del sindicato, los asesores y algunos invitados especiales. En las populares eran abiertas a todo el pueblo y todos aquellos que quisieran asistir; aunque en momentos de tensión, de represión y de persecución, la misma gente no permitía que se acercaran a las asambleas gente desconocida o de quien desconfiaban. Invariablemente en todas las asambleas, se informaba con todo detalle, se discutían las posibilidades y opciones, se votaba, aunque casi siempre se decidía por consenso y se acordaban los mecanismos y formas concretas de llevar a cabo los acuerdos.

Así como se discutía y decidía, se realizaban masivamente las acciones acordadas. La transparencia en la información y el poner todas las cartas sobre la mesa, aun cuando fueran más o menos delicadas, fueron claves para mantener la confianza y la unidad internas en el sindicato y en el pueblo y factor de fortaleza y cohesión. Nunca se tomó ninguna decisión importante fuera de las asambleas. Durante abril y mayo las asambleas fueron casi a diario. El pleno de delegados y de comité ejecutivo sindical fue un mecanismo complementario para las asambleas, sobre todo para la ejecución de las decisiones.

En varios momentos especialmente difíciles, críticos, cuando hubo que tomar importantes y graves decisiones, los dirigentes y los asesores se negaban a dar su opinión personal, sobre cuál de los caminos y formas usar, para evitar influir en la decisión que se tomara, para evitar frenar y/o acelerar artificialmente el movimiento y la lucha y que fuera el conjunto de los participantes los que, plenamente conscientes de los riesgos y posibilidades, tomara las decisiones, asumiendo todas las responsabilidades; se concretaban a presentar la información sistematizada con algunos elementos de análisis y reflexión, precisando las posibilidades y los riesgos de cada una, pero tratando de no inclinarse por ninguna de ellas. Esto fue sumamente efectivo para mantener alto el nivel de autoconfianza y de combatividad del movimiento.

Otro importante recurso del movimiento fue estar siempre abiertos a negociar, a buscar y llegar a acuerdos y respetarlos, combinando los recursos legales y los de la acción directa, para alcanzar la concertación y tratando de nunca romper por lo menos los contactos, aunque no hubiera negociaciones. Así como tratar en todo momento de ser realistas y no exigir en la mesa de negociaciones, nada que no pueda ser realmente alcanzado, de acuerdo a las fuerzas y condiciones del momento.

Los campamentos y guardias populares para salvaguardar las granjas y al movimiento, así como a los dirigentes tuvieron una gran utilidad. Estos campamentos servían también para tensar fuerzas y demostrar el apoyo y el nivel de la movilización popular. Fueron armas muy poderosas en la lucha y el movimiento, aunque, debe reconocerse, muy desgastantes. Hubo por ejemplo un momento en mayo de 1990, que se corrió la voz de que el patrón ofrecía dinero a los judiciales que detuvieran a Mauricio Macossay y alguno de los principales dirigentes del comité ejecutivo, como el Secretario General Carlos Caamal; hubo guardias especiales muy discretas para protegerlos y se corrió la voz también, de que estaban bajo protección especial; lo cual por lo menos, desalentó a los judiciales a intentar detener a alguien. Sólo hubo un intento fallido.

La difusión más amplia posible de las demandas, acciones e intenciones sindicales y populares fueron parte de las tácticas de lucha y acción, conscientes de que se contaba con la razón, de que las demandas eran mínimas y justas y que los caminos que se usaban eran honestos y éticos; se recurrió a todos los medios posibles para difundir el movimiento; a los medios masivos de comunicación, radio, periódicos, revistas y televisión, mediante boletines de prensa, conferencias de prensa y entrevistas. Aun cuando la mayoría de los medios locales y regionales se pusieron del lado patronal y tergiversaban la información, nunca se cerró el movimiento a informar y tratar con los medios, pero se designaron portavoces[37], para que sólo ellos trataran con los medios y se evitaran trampas y manipulaciones.

También se usaron otras formas de difusión e información amplias, que a la vez eran formas de presión, de captación de solidaridad y simpatía, de movilización y de tensar fuerzas, con buenos resultados, que fueron particularmente útiles cuando los medios locales y regionales sólo informaban lo que le interesaba al patrón y sus voceros; tales formas fueron los mítines, plantones, marchas, volanteos y boteos en Tetiz, Hunucmá, Mérida –en la plaza principal, frente al palacio del gobierno estatal y frente al penal- y otras poblaciones de Yucatán; se realizaron decenas de ellos durante todo el movimiento, particularmente durante los dos últimos meses, abril y mayo.

Los paros, huelgas fundamentadas directamente en la Constitución Política del país, consistían en la suspensión del trabajo en sus ritmos normales, reducidos a su mínima expresión, para mantener vivas y en buen estado a las aves (recuérdese que se trataba de gallinas ponedoras), tener el control total de las granjas, permitir la entrada de alimento y de los veterinarios, así como el impedir que la producción de huevo saliera, para generar una fuerte presión y lograr avanzar en las negociaciones y soluciones. Se estaba plenamente consciente de la peligrosidad de esta arma y se usó cuando no hubo otro remedio. Se hicieron dos paros: el primero de 12 días, al inicio del movimiento, del 24 de enero al 4 de febrero, y el segundo el 8 de marzo –de sólo 7 y media horas- que se levantaron de inmediato en cuanto se logró lo que se pretendía.

El control obrero de las granjas consistió en tomar el control total de las mismas, mantener más o menos normal el trabajo y la producción, pero sin permitir la entrada de personal de confianza (excepto veterinarios, aunque regulados estrechamente) y permitiendo la salida de la producción en función del pago de salarios y de la situación del momento en que se aplicó; incluido el bloqueo completo de las granjas en momentos de agresión. Esto sólo fue posible por el gran apoyo popular y los campamentos para defender las granjas. Alrededor de 2 mil personas, hombres, mujeres, niños, participaban y se rotaban en los campamentos. El control obrero se aplicó en 2 ocasiones, del 17 al 26 de marzo y del 5 de abril al 25 de mayo – 51 días- Sin duda alguna esta arma fue la más poderosa[38] que tuvo el movimiento y mantuvo en vilo al patrón y al gobierno, quienes no podían recuperar las granjas, más que con el uso de violencia represiva, con un alto número de efectivos de la fuerzas públicas, que seguramente hubiera sido de trágicas consecuencias.

Las herencias culturales mestizas, maya y española, se expresaron e influyeron de maneras distintas y contradictorias muchas veces. Las tradiciones centralistas, burocráticas, jerárquicas, de desigualdad, de patriarcalismo, de caudillismo y de profunda religiosidad, de un catolicismo basado en los santos, en esta caso en la virgen María Asunción, “la Pobre de Dios”, impulsaban y frenaban casi al mismo tiempo al movimiento y la lucha, pero finalmente pudo más la lógica de los oprimidos y explotados, que los esquemas culturales de la dominación, haciendo de lado el centralismo y el caudillismo casi totalmente y dándole a la religiosidad un sentido movilizador y liberador, que los apoyaría subjetivamente durante el movimiento y la fase aguda del conflicto.

Las evidencias ciertas de elementos de una cultura de resistencia y de rebelión presentes en el imaginario colectivo de los grupos populares de Tetiz, están en el principio del mandar obedeciendo, el liderazgo amplio y horizontal, la participación masiva de toda la gente, mujeres, niños y ancianos, junto a los hombres adultos y jóvenes que conformaban el sindicato y las armas y recursos concretos que se usaron.

Los referentes simbólicos de la gran mayoría de la gente del movimiento, si bien contenían y reflejaban ideas de legitimidad de la dominación, como no eran del todo acordes con éstas y las cuestionaban de muchas maneras, también cambiaron desde 1987, pero sobre todo desde el inicio de la batalla de 1990, ante los enormes cambios materiales, económicos y sociales vividos y ante las humillaciones e insultos en contra de la dignidad, que transgredieron los límites tolerables de la dominación e impulsaron el desafío y la protesta.

El control del pensamiento social, de las maneras de ver y pensar de los grupos populares de Tetiz, con la rapidez y profundidad de los cambios se vio roto con la trasgresión de los límites, ya que si bien es cierto que la conciencia popular es una conciencia dominada y escindida casi siempre (entre su quehacer práctico y lo que piensan) es también cierto que es una conciencia contradictoria, que cuando se conjuntan circunstancias favorables y detonantes, los impulsa al cambio social y a mejorar sus condiciones de vida y trabajo, no siempre genera pasividad moral y política, sino que en ocasiones genera movilización y lucha. El esquema básico de percepción y pensamiento duradero de lo social, interiorizado en los individuos y aprendido de manera no consciente, que normalmente funciona para la dominación y el control social, también y en algunos momentos funciona para la resistencia y el movimiento, como lo fue en esta batalla, precisamente por ser portador de las contradicciones sociales y sus distintas tendencias.

Las huelgas de hambre fueron armas y formas de presión que sólo usaron dos personas, un asesor y un colaborador del movimiento, de clase media ambos, pero que nadie más del movimiento quiso usar. Julio Macossay preso, sostuvo su huelga de hambre durante 50 días[39] e Igor Macossay durante 9 días. Éstas fueron también importantes armas del movimiento, que aunque riesgosas para la salud de quienes las hacen, representan una gran presión pública, con un fuerte componente ético, para llamar la atención sobre la justeza de la lucha y de los fines que se persiguen. Aunque también presionaron al movimiento, la mayor presión fue contra el patrón y el gobierno y fue parte de la batalla en los medios. Lo prolongado de la huelga de hambre de Julio logró llamar la atención sobre la lucha y el movimiento a nivel regional y nacional y provocó una mayor solidaridad, incrementando la fuerza popular.

Ante las posibilidades de represión masiva, de que las fuerzas públicas tomaran las granjas, que se vieron como posibles en varios momentos del conflicto, se prepararon diversas medidas de resistencia pacífica. Tales medidas fueron impulsadas sobre todo por las mujeres. Consistían básicamente en interponerse con sus niños, entre los trabajadores y la policía, para impedir con sus cuerpos, pacíficamente, que la policía tomara las granjas y/o golpeara y detuviera a trabajadores. No hubo necesidad de hacerlo, pero el acuerdo estaba tomado y de ser necesario se hubiera hecho sin duda alguna.

Durante la batalla se transformó ese amplio sujeto social colectivo, que se había formado desde 1987, y se reforzó en torno al sindicato y la lucha sindical emprendida en 1990, para dar una magnífica y ardua batalla. La identidad colectiva de dicho sujeto social no existía antes, como condición previa y necesaria para el movimiento, fue función de éste y fue transformándose, construyéndose y reconstruyéndose también, con las vicisitudes, altas y bajas del mismo.

El conflicto social en Tetiz fue una expresión del irreconciliable conflicto entre el trabajo, como trabajo alienado y principio de realidad, y el principio del placer. Conflicto que impulsa cambios sociales y que encuentra sus raíces profundas en la subjetividad de los individuos y los colectivos, en sus talentos y emotividades, en sus pasiones, deseos, demonios y esperanzas.

La gran energía social liberada y organizada que se expresó en el movimiento fue canalizada a la organización de una empresa social cooperativa; que alcanzó su auge productivo y económico en 1992 y 1993.

 

El liderazgo y la conducción

En movimientos de protesta y reivindicativos como éste los dirigentes y personas destacadas juegan un papel importante, no decisivo pero influyente, sobre todo en los momentos críticos. Su presencia, conocimientos, habilidades, estilos y carismas ayudan a despertar al colectivo y a moldear las demandas, las formas, las maneras.

El liderazgo y la conducción del movimiento sindical y popular corrió a cargo de un amplio grupo de personas, del comité ejecutivo y delegados sindicales y un conjunto de hombres y mujeres del pueblo, autoridades y asesores, con formas estructurales amplias, horizontales y flexibles, que se encargaban de coordinar y llevar el registro de la información, las asambleas, discusiones, decisiones y acuerdos, así como para la ejecución e implementación de los mismos. Así como para preparar y llevar a cabo las pláticas, negociaciones y la firma de acuerdos.

Los asesores fueron parte de este conjunto de personas que condujeron la lucha y el movimiento. Como personas carismáticas y de clase media, con su labor y esfuerzo, frenaron el uso de la fuerza contra el movimiento, ya que la clase patronal y el gobierno yucateco son más reacios a utilizar la represión contra personas de esta posición social que contra personas de las clases populares, ya que el costo político y simbólico es mayor. Son parte de una tendencia mundial muy actual que da origen a una intelectualidad comprometida con el pueblo y con otro proyecto social, que constituye un nuevo sector militante en los movimientos sociales alternativos, que crecen fomentados por la mundialización. Esta nueva intelectualidad se reconoce en las causas sociales y en los movimientos, pero no en los partidos, porque éstos se integran más a las instituciones estatales que pierden rápidamente consenso[40].

El principio del mandar obedeciendo indio y comunitario, de largas y profundas raíces, fue aplicado en todo el movimiento y le dio una gran fortaleza y cohesión, en la medida que los participantes, eran parte importante y decidían efectivamente sobre el rumbo y formas del movimiento, no eran simples participantes o una pieza más de una gran engranaje movido, dirigido y decidido por la cúpula dirigente, como sucede con mucha frecuencia en la política partidaria y en muchos movimientos populares.

Aunque el liderazgo mantuvo siempre el principio enunciado anteriormente, se trató de un liderazgo fuerte, claro, no titubeante, que analizaba y presentaba propuestas y líneas de acción precisas, que trataba en todo momento considerar y sopesar lo interno y lo externo, la fuerza propia y la solidaridad con la fuerza patronal y gubernamental, que siempre llamaba a la calma y la mesura en momentos de crispación e indignación, que proponía acciones debidamente sopesadas, con todos los riesgos que implicaban. Tal liderazgo fue un factor positivo decisivo para el desarrollo del movimiento y del resultado alcanzado.

La línea política seguida fue claramente fijada por el propio movimiento, en razón de los acontecimientos y de los frecuentes análisis de correlación de fuerzas, no impuesta ni manipulada por los dirigentes. Esto representa un claro rasgo distintivo de este movimiento y se cree que fue una de las claves para el desenvolvimiento del movimiento y la acumulación de la gran fuerza que alcanzó, así como de la profundidad y amplitud de la solidaridad que recibió, que frenaron e impidieron la derrota.

El discurso oculto de la resistencia de los obreros avícolas y del pueblo teticeño, el que no podía decirse claramente, explícitamente, en los años anteriores, el de la dignidad y el respeto a los derechos salariales, laborales y políticos, no sólo para vivir y trabajar materialmente mejor, sino con dignidad y justeza, se expresó con toda fuerza y claridad durante el movimiento, se volvió público y estentóreo, sorprendiéndolos a ellos mismos, que se descubrían importantes, fuertes, poderosos, que podían cambiar las cosas, que los impulsó a emprender y sostener la lucha y recuperar la dignidad y el respeto ninguneados; este discurso público llegó a muchos lados del área y de Yucatán, concitando las más variadas simpatías y solidaridades.

Algo destacable de este movimiento fue el cómo la gente vio a los asesores y el papel que desempeñaron. Dadas sus características[41], al principio les sorprendió a los trabajadores y al pueblo teticeño y hunucmense la forma cómo ellos se integraron e involucraron en el movimiento, el que no buscaran fines personales ni pago por sus servicios, el que se concretaran a ser asesores, consejeros y ejecutores de los acuerdos de las asambleas, sin tratar de usar, al menos conscientemente, la privilegiada posición que les daba sus conocimientos, experiencias y habilidades personales. La gente apreció sobremanera, tal vez de más, la disposición, la entrega y el compromiso de los asesores; el que Julio dedicara todos sus talentos y arriesgara la vida con una larga huelga de hambre por el movimiento, el que Isela se dedicara exclusivamente al movimiento, con pasión y entrega, soportando persecución y presiones de todo tipo, el que Mauricio se fuera a vivir a Tetiz y se dedicara exclusivamente al movimiento durante los dos meses de la fase aguda del conflicto, el que las demás compañeras y compañeros del despacho y organizaciones solidarias apoyaran con desinterés el movimiento, sumándose a él.

Cuando los asesores informaban, proponían caminos y formas de lucha, aconsejaban, cuando decían que no había porqué encadenarse a las formas legales, sobre todo cuando el patrón y el gobierno no lo hacían, cuando le decían a los trabajadores, al pueblo, al movimiento, que tenían la razón, que podían y debían luchar y ganar y que tenían la fuerza para hacerlo y obtener lo que les correspondía y además estaban realmente con ellos, arriesgándose con ellos, la gente sentía entonces que estaban en lo cierto, pero no porque los asesores lo dijeran, sino porque el decir de los asesores con el respaldo de sus hechos, era una confirmación de sus certezas; de manera similar a cuando los sacerdotes solidarios les apoyaban, reafirmando sus convicciones y certezas. Al final del conflicto mucha gente decía que los asesores se habían ganado el ser teticeños; ellos así se sentían.

La mejor y mayor garantía de que los dirigentes y asesores servirán al movimiento, que no se servirán de él, que mandarán obedeciendo, no son sólo las características personales de ellos, que sí influyen, sino sobre todo las estructuras democráticas de vida y funcionamiento del movimiento mismo, las líneas políticas que se sigan. La buena voluntad personal, la ética, la entrega, las habilidades y experiencias, así como el compromiso personal son importantes, pero no deben ser el factor principal del que dependa un movimiento social, sino parte de una nueva manera y forma de hacer y ejercer la política, de tomar los espacios públicos y ejercerlos amplia y abiertamente, de manera incluyente, abarcando todas las diversidades y fuerzas sociales e individuales, en beneficio de los intereses sociales y no de los grupos y cúpulas dirigentes.

La correlación de fuerzas habría de cambiar y las energías dedicadas a la formación y consolidación de la cooperativa, en tanto medio de producción de propiedad social, habrían de resultar insuficientes ante la crisis económica nacional y regional de 1995 y finalmente el movimiento popular, que venía desde 1987, se diluyó; no se sabe bien a bien si para desaparecer o para reaparecer en otro momento.

 

La cooperativa

Las pretensiones empresariales y gubernamentales de derrotar totalmente al sindicato y destruir al despacho Macossay no pudieron concretarse. El sindicato, sin desbandarse, se replegó transformándose en una cooperativa, que incorporó a decenas de jóvenes, mayoritariamente mujeres, de Tetiz y Hunucmá que apoyaron el movimiento, pero no formaron parte del sindicato; así como el despacho continuó su labor[42]. Tampoco pudieron apabullar al pueblo teticeño, ni destruir al Ayuntamiento popular, que aunque desgastados persistieron; pero a fines de 1990 los grupos priístas logran recuperar el ayuntamiento, mediante maniobras de todo tipo y la inversión de grandes sumas de dinero en la campaña (se comentó ampliamente en el pueblo que Fernández aportó fuertes cantidades de dinero)

La cooperativa se empezó a organizar inmediatamente después de finalizado el conflicto sindical. Se constituiría legalmente en septiembre de 1990, bajo la forma legal de una Sociedad de Solidaridad Social, llamada “Dzocu Yahá U Cají Tetiz” (que significa en español “ya despertó el pueblo que estaba en el rincón” según los dirigentes de la cooperativa); maquilaba artesanías de barro, palma y madera y tuvo un programa agrícola, que después de varios intentos y 1 año de esfuerzos no levantó el vuelo y tuvo que desaparecer.

Se trataba de construir una empresa social para dar empleo e ingreso a los despedidos y ser una opción para los jóvenes, encaminando esa enorme energía social desatada durante el movimiento, en crear medios de producción de propiedad social. Inició sus esfuerzos con talleres de maquila de pintura para productos de barro y con el programa agrícola ese mismo año de 1990.

A través de la organización y el trabajo  colectivo voluntario tanto en Tetiz como Hunucmá, de alrededor de varios cientos de personas, la coordinación con algunos empresarios que colaboraron, destacadamente Carlos Millet y Angelo Frattini, así como con recursos del Programa Nacional de Solidaridad –PRONASOL- la fundación danesa Solvergfonden, la Fundación Inter Americana –IAF por sus siglas en inglés- y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, así como con algunos apoyos de la Universidad de Chapingo, se logró armar un entramado de 6 talleres en Tetiz y 3 en Hunucmá, que generaron empleos con salarios de más del doble del salario mínimo en promedio, con plenas prestaciones económicas, durante poco más de año y medio, durante 1992 y 1993, que llegaron a ocupar a unas 300 personas en Tetiz y 150 en Hunucmá, en su mejor momento. Aunque los talleres fueron en realidad maquiladores de la comercializadora de Carlos Millet, llamada "Capriccio", y de la empresa italiana La Perla.

Los 6 talleres, con la capacitación de los trabajadores, fueron los principales recursos que la cooperativa llegó a tener.

La crisis nacional que estallaría en diciembre de 1994 y 1995 generó un aceleramiento en la caída y declinación de la cooperativa, que se redujeran sus contratos y fuera reduciéndose y desapareciendo. Para el 2004 sólo quedan un taller de artesanías de madera en Hunucmá y una pequeña carpintería en Tetiz.

La idea principal era un tanto utópica, crear una economía social, autogestiva y comunitaria, que funcionó bien casi dos años, pero que finalmente no pudo consolidarse, permanecer ni trascender.

El móvil ideológico de autogestión cooperativa fue intenso y honesto, aunque insuficiente, ya que permitió construir a la cooperativa y los talleres, pero ante las dificultades para mantener los contratos se fueron generando problemas organizativos internos que colaboraron en mucho en la caída y declive de ésta.

Los avatares cíclicos del mercado, la falta de estructuración coherente (en términos de alcanzar y mantener niveles de rentabilidad duraderos) del sector social, con inconsistencias en los niveles de conciencia e insuficiencias ideológicas, aunado a la baja disponibilidad de capital e insuficiente acumulación originaria, no permitieron que el proyecto pudiera consolidarse. Su enorme fragilidad se hizo presente, creció y terminó por hundirla.

Como todo proyecto productivo, económico y social alternativo, enfrentó muchos obstáculos y frenos externos e internos, que finalmente lo acabaron. Problemas internos organizativos, desconfianzas, tensiones, egoísmos, que se vieron magnificados en un ambiente local y estatal particularmente desfavorable para las empresas sociales, y que con la crisis nacional de 1995 le dieron la puntilla y prácticamente desapareció. Apagándose y desapareciendo con ella, el vigoroso movimiento popular teticeño, que venía desde 1987.

La emigración, que se había frenado en los años 1990-1994, se reinicia con ímpetu, sólo que ahora hacia EU, cuando decenas de jóvenes y gente madura, dirigen la mirada hacia el norte y deciden migrar, por una diversidad de causas específicas, personales y familiares, pero todos ellos en el afán de obtener empleo e ingreso, que les permita ahorrar y retornar a la comunidad en la mayoría de los casos; casi todos los migrantes se van con esa idea aunque muchos, es cierto, cambian en el camino, los retos y situaciones que enfrentan son sumamente complejos, contradictorios y los cambian en muchos sentidos. Hay varias historias personales de este tipo, dramáticas algunas de ellas.

Ciertos lazos comunitarios de apoyo y solidaridad se mantienen y renuevan, ahora para la emigración. Una buena cantidad de migrantes reciben el apoyo y préstamos en efectivo de teticeños que están trabajando en EU, en Los Ángeles y en Seattle, que les permiten pagar su viaje desde Tetiz y cubrir el pago a los polleros que los guían en su entrada a EU, con el compromiso moral, casi inviolable, de devolver el préstamo a la brevedad, con los primeros sueldos devengados y apoyar a otros amigos y compañeros del terruño.

La migración modifica fuertemente y en sentidos múltiples, las identidades sociales y políticas. Aunque no todos sus rasgos son negativos, algunos son positivos, como la reconstrucción de los mecanismos de la solidaridad comunitaria, que hacen posible cierta regularidad y seguridad en el flujo migratorio.

 

Resistencia, dominación y poder en los noventa y el nuevo siglo

En las elecciones de noviembre de 1990, para municipios y diputados locales, se presentaron graves irregularidades. Grupos priístas financiados por Fernández y coordinados por el dirigente sindical taxista cetemista, Nerio Torres Ortiz (candidato priísta a diputado local por el IV Distrito, el que corresponde a esa área) violentaron las elecciones en el distrito y en toda el área, en Tetiz y Hunucmá sobre todo; Timoteo Canché era candidato a diputado local por ese mismo distrito por el PAN y contaba con un gran apoyo popular en todo el poniente yucateco, precisamente por su papel en el conflicto de unos meses atrás; fue golpeado y herido de gravedad en la cabeza, el día de las elecciones, por un grupo de taxistas, cuando intentaba impedir que se llevaran las urnas de la comisaría teticeña de Nohuayún; el resultado oficial final fue el triunfo priísta por sólo 13 votos; el PAN como partido, lo dejó prácticamente solo y no impugnaría ni el conteo electoral en el distrito. La agresión quedó impune. No se sabe bien a bien qué pasó[43].

En Hunucmá y Tetiz también violentarían las elecciones municipales; en Tetiz contendía Demetrio Koyoc por el PAN, uno de los principales dirigentes sindicales del movimiento; ahí sí se impugnaría y se lograría la anulación y la convocatoria a elecciones extraordinarias ante la amplia indignación y la movilización popular frente a las maniobras priístas y a la agresión contra Timoteo.

Pero en febrero de 1991, cuando se realizan las elecciones extraordinarias, las maniobras e irregularidades se hicieron presentes nuevamente, con el apoyo de Fernández y de Nerio Torres, Dulce María Sauri, recién instalada como gobernadora interina relevando a Manzanilla Schaffer, impuso el triunfo priísta. El PAN ya no impugnaría esta elección y aconsejaría calma. Se perdía el ayuntamiento y el movimiento se refugiaba en la cooperativa.

El análisis y la formación en cuestiones políticas e ideológicas, que tal vez hubieran permitido procesar, asimilar y capitalizar mejor la experiencia ganada en el movimiento hasta 1990, se trabajaron poco en la cooperativa, que se enfocó casi exclusivamente a la cuestión productiva y económica.

Los avances políticos y organizativos obtenidos durante el movimiento se concentraron en la cooperativa y poco se usaron para mantener un gobierno popular local, un ayuntamiento que pensara primero en los diversos grupos populares y canalizara prioritariamente sus demandas y necesidades, por una combinación compleja de factores y circunstancias, entre las que destacan:

1.      El desgaste y cansancio, producto de la tensión y la duración de las campañas, tanto para la elección ordinaria, como para la extraordinaria. Las campañas iniciaron en septiembre de 1990 y durarían hasta febrero de 1991.

2.      Las maniobras priístas y de la Avícola Fernández, las grandes sumas de dinero que se usaron para la compra de votos, con el apoyo del gobierno estatal, discreto durante el gobierno de Manzanilla y abierto a partir de la llegada de Dulce Sauri a la gubernatura.

3.      Se usaron poco y en forma no sistemática los avances políticos y organizativos alcanzados en el movimiento y se fue imponiendo la manera de hacer política partidaria, del PAN y de algunos resquicios de las maneras políticas priístas.

4.      Se impusieron casi totalmente las formas y manejos políticos propios del PAN, donde los dirigentes deciden casi sin consultar a sus bases y cuadros medios, en negociaciones cupulares, asumiendo posiciones de poder en razón primera del propio partido y sus dirigentes y cediendo posiciones a cambio de otras. Hay evidencias públicas de que el PAN priorizó el que les fuera reconocido el triunfo electoral en el municipio de Mérida, con Ana Rosa Payán como alcaldesa, que claramente obtuvieron en las urnas, a cambio de no pelear o de pelear débilmente el IV distrito y los municipios de Hunucmá y Tetiz[44].

 

Cuadro 9. Elecciones en Tetiz, Yucatán, 1990-2004

 

1990

loc2

1993

loc1

1994

fed1

1995

loc1

1997

fed2

1998

loc2

2000

fed1

2001

loc1

2003

Fed2

2004

loc2

PRI

774

655

664

740

599

880

810

819

576

836

PAN

744

530

682

945

479

579

721

1005

604

792

PRD

0

12

11

0

84

326

68

74

11

428

Otros

0

7

 

1

 

16

 

10

40

108

Votos

1518

1219

1374

1686

1198

1801

1620

1908

1231

2164

Padrón

2257

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

2400

2400

2776

% votantes

67

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

79

51

78

 

Fuentes: Instituto Electoral del Estado de Yucatán, página web http://www.ieey.org.mx

Centro de Información para el Desarrollo, AC, página web http://www.cidac.org/espaniol_politica-2000.htm

Instituto Federal Electoral, página web http://www.ife.org.mx/estadisticas2003/diputados_mr/municipio/31.html

Loc1   Locales, para Presidentes Municipales, Diputados locales y Gobernador

Loc2   Locales, para Presidentes Municipales y Diputados locales

Fed1   Federales, para Diputados federales, Senadores y Presidente

Fed2   Federales, para Diputados federales y Senadores

 


Gráfico 2. Tetiz, Yucatán, votos de los principales partidos, 1990-2004

 

Ahora resulta claro que faltó visión política estratégica de mediano plazo y ante la debacle económica y organizativa que provocó la desaparición de la cooperativa, se diluyó el movimiento y sus posibilidades de capitalización política.

A partir de la imposición de un gobierno priísta en 1991, importantes tensiones y pugnas se repiten en cada elección local; tanto el PAN y los grupos populares, como el PRI, están bien conscientes de la importancia y papel que el gobierno municipal tiene; el priísmo local ha contado con el apoyo reiterado económico y político de grupos estatales (especialmente de la fracción cerverista, por medio de los taxistas y de Nerio Torres) y de la Avícola Fernández, dando fuerte pelea en cada elección. Mientras el PAN local y los grupos populares pocos apoyos externos han tenido en estas coyunturas, confrontándose con sus adversarios en condiciones desiguales y desfavorables. El PRI se ha impuesto varias veces, con todo tipo de maniobras, fundamentalmente la compra abierta y generalizada de votos, regalando aguardiente, carne y víveres, a vista y paciencia de las autoridades electorales, sin enfrentar ninguna sanción o amonestación.

El PRI recuperó el gobierno municipal de 1991 a 1995; accede él nuevamente cuando Félix Xool regresa a sus filas en 1996 y hasta el 2001 cuando pierde la elección y lo recupera en 2004, ante la división del panismo local. Sin embargo hay que distinguir que el gobierno priísta de 1998 a 2001, encabezado por Elmer Pérez, fue un gobierno no tan alejado de los grupos populares, por la trayectoria personal de este Alcalde (fue activo simpatizante del movimiento sindical y popular de 1990)

Grupos populares, bajo el registro del PAN, han ganado varias veces las elecciones municipales, en 1987-1988 (anuladas y extraordinarias donde sí les reconocen el triunfo), en 1990-1991 (anuladas y extraordinarias donde no les reconocen el triunfo), en 1995 (aunque el presidente municipal electo Félix Xool se alejó del grupo que lo postuló por el PAN y regresó al PRI en 1996) y en 2001-2004. Han gobernado de 1988 a 1990, casi 3 años, de 1995 a 1996, poco más de un año, cuando Xool regresa al PRI y 3 años más, de 2001 a 2004 con Juan Koyoc. Sin embargo sólo el periodo 1988-1990 es el único de un gobierno realmente diferente, popular, cuando los intereses de los grupos políticos partidarios locales no prevalecieron por encima de la población en general y en especial de las clases y sectores sociales populares, obreros, empleados, asalariados y campesinos.

Desde 1995, cuando había desaparecido la cooperativa y el movimiento popular se había diluido, las disputas políticas se quedan en los estrechos y reducidos marcos partidarios sin ir más allá.

Al interior del PAN local se han ido generando grupos y corrientes que se disputan las candidaturas cada trienio. En el 2001 el candidato panista ganador de la elección Juan Koyoc[45] hizo una campaña partidista y luego municipal, utilizando varios de los mecanismos de compra de votos, regaló aguardiente y carne y con el apoyo velado del alcalde priísta saliente. Cuando estuvo en el gobierno municipal se le acusó de favorecer a su grupo cercano de colaboradores y simpatizantes y de haberse alejado de los intereses populares que lo llevaron al ayuntamiento e incluso de apoyar a uno de los precandidatos panistas para el 2004, que finalmente no pudo quedar como candidato local del PAN y parece haber sido factor importante en la división interna del panismo.

En la elección de 2004 el panismo se dividió en el municipio y no pudo hacer ganar a su candidata Heriberta Canché Tinal (hermana de Timoteo) perdiendo la elección por sólo 44 votos, mientras en el municipio ganaba el candidato panista a diputado local. Se dio un voto diferenciado que los perjudicó con la pérdida del gobierno municipal. Parece que la división del panismo originó que parte de los votos se fueran hacia el perredismo.

Es evidente que la competencia real partidaria y electoral se ha dado entre el PRI y el PAN, el PRD aunque presente, ha tenido poca influencia.

En elecciones federales el PRD aparece en Tetiz hasta 1991, pero sólo logra unos cuantos votos; en 1994 obtiene sólo 11, en 1997 84, en el 2000 68 y 11 en el 2003.

En elecciones locales, estatales y municipales, el PRD obtiene 12 votos en 1993, ninguno en 1995, 326 en 1998, 74 en 2001 y 428 en 2004 (el 20% de la votación total). La relativamente alta votación en las elecciones locales de 1998, ya que fue el 18% de la votación total, se debió a que el candidato perredista fue el priísta Federico Poot[46], que no obtuvo la candidatura por el PRI y se pasó al PRD e hizo campaña como se acostumbra en el PRI, mediante la compra de votantes y la entrega de regalos. Aunque en 2004 el candidato perredista fue Olegario Canté, con una trayectoria no ligada el PRI, quien parece haber cosechado votos de los jóvenes y panistas descontentos.

Hay una clara diferenciación entre la participación y votos en las elecciones federales y las locales; son éstas últimas las que concitan una amplia y apasionada participación, aunque con altibajos. Se cree que es en las elecciones locales donde se tiene realmente influencia, además que es donde se definen las autoridades que la gente nombra y trata directamente.

La elección federal del 2000 generó una amplia participación electoral, en cambio en la elección federal de medio sexenio del 2003, la abstención se hizo presente, votó la mitad del padrón y se alcanzó un nivel de votos similar a la elección federal intermedia de 1997, ante una decepción y desencanto generalizados, el PRI perdió casi el 30% de los votos que logró en 2000 y el PAN perdió el 16% de los votos del 2000, pero comparándolo con la votación local del 2001 el efecto es más evidente, de casi el 80% de votantes respecto del padrón, se cae a la  mitad de éste; el PRI pierde el 30% de los votos del 2001 y el PAN pierde el 40 % de sus votos, aunque sigue arriba del PRI.

Sin embargo en la elección local del 2004 los niveles de participación vuelven a ser altos, gana con muy escaso margen el priísta Malaquías May y se evidencia un fuerte desgaste en el PAN, con importantes divisiones y diferencias internas, entre la fracción que había ido armando el saliente presidente municipal Juan Koyoc con el precandidato que apoyó, Melesio Canché, y el grupo que encabezan Heriberta y Timoteo Canché. En la elección interna panista aunque se presentaron 6 precandidatos, sólo 2 eran los que tenían mayores posibilidades: Heriberta Canché quien obtuvo 159 votos (menos de un tercio de los sufragios) y Melesio Canché quien obtuvo 123, de casi 500 votantes, mientras los restantes se dividieron entre los otros 4 precandidatos, de un padrón partidista de casi 600 personas. Divisiones que le costaron al PAN local la presidencia municipal.

Por otro lado se observa un crecimiento del PRD local, que habrá que ver si continúa y crece o desaparece en la coyuntura. En esto sin duda alguna está influyendo el desgaste del gobierno de Fox y de Patricio Patrón, en el plano nacional y estatal, aunque también el desgaste de la política panista y sus formas en el área.

La estructura de la dominación local ha sufrido mutaciones, ante los grandes cambios, sobre todo en los noventa, el avance de la exclusión social y de la emigración, ha quedado restablecida en muchos sentidos.

La desaparición del movimiento social comunitario en 1994, con el hundimiento y desaparición de la cooperativa, y el que la política local esté dominada y entrampada en las formas partidarias, constituyen las principales circunstancias de que Tetiz haya vuelto al redil del control social en que está inmerso todo Yucatán y a que la resistencia popular haya vuelto a enterrarse, a recurrir al discurso oculto y la infrapolítica.

La dominación renovada, es cada vez más parte de circuitos regionales, nacionales e internacionales, mientras la dominación local, desdibujada, continúa basada en unas cuantas familias de taxistas y comerciantes, algunas ligadas a la avícola Fernández, acotada por el éxodo y en la medida que la resistencia popular se entierra y libera algo de presión social en la emigración y en algunas actividades de corte campesino, en solares y pequeñas parcelas.  “Así como nos fastidiamos de los malos tratos y mentadas de los patronales en las granjas y peleamos por un sindicato independiente, ya no nos dejamos, mucha gente sale a trabajar a otros lados, a ganarse la vida, sin dejar de pensar en lo nuestro y los nuestros…”[47]

 

Colofón

Tetiz todo y especialmente los grupos sociales populares, campesinos, obreros, empleados y pequeños comerciantes, en su carácter de grupos subordinados, han sufrido toda una cauda de cambios y modificaciones laborales, productivas, económicas, sociales, políticas, culturales e ideológicas, en el contexto del derrumbe y la demolición henequenera regional y de la atropellada diversificación comunitaria, que les llevó a una fuerte caída en sus niveles de vida y de trabajo e importantes agravios y ninguneos, respondiendo con viejas, nuevas e imaginativas maneras, no sólo defensivamente, rescatando tradiciones mayas comunitarias, ejerciendo nuevas formas de hacer política y ciudadanía, con intensas experiencias de democracia directa política, económica y productiva, que les humanizaron y transformaron positivamente, aunque en algunos casos perdiendo formas de vida y relaciones comunitarias solidarias, al grado que son los mismos y distintos a la vez, dignos, peleoneros, orgullosos de lo que son. El discurso oculto de la resistencia popular salió a la escena local y regional y se convirtió en público, logrando importantes avances políticos, organizativos y económicos, pero que no pudieron mantenerse más allá de 1994, cuando la resistencia vuelve a enterrarse a recurrir a la infrapolítica.

Aunque el movimiento social que protagonizaron con fuerza y vigor desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, finalmente se diluyó, no pudo trascender, dejó múltiples experiencias, avances y retrocesos políticos e ideológicos, constituyendo una muestra, quizá no tan singular ni aislada, de la profunda resistencia popular maya y mestiza del Yucatán actual.

Ojalá los actores sociales y políticos teticeños tengan la suficiente inteligencia, habilidad y paciencia para recuperar su historia, sus experiencias y emprender nuevamente la acción social colectiva, que les permita mejorar humanizándose y retomar en sus manos su futuro.


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·       Periódicos y revistas (especialmente de enero a junio de 1990 y de 1980 a 2004):

·       Diario de Yucatán

·       Novedades de Yucatán

·       Diario del Sureste

·       Tribuna

·       La Jornada

·       El Universal

·       Excelsior

·       La Revista

·       Preciado Coronado, Jaime, et. al. “Territorios, actores y poder. Regionalismos emergentes en México”. Universidad de Guadalajara y Universidad Autónoma de Yucatán. México. 2003.

·       Sánchez Vázquez, Adolfo. “Actualidad e inactualidad del Manifiesto Comunista”, en: Ética y Rebelión, de G. Almeyra, et. al. Ediciones La Jornada. México. 1998.

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·       Thompson, E.P. “Folclor, antropología e historia social”, en E. P. Thompson. Historia social y antropología. Instituto Mora, México, 1994

·       Villanueva, Eric. “Así tomamos las tierras”. Ediciones Maldonado. Colección Raíces. Mérida, Yucatán. 1983

·       Villoro, Luis. “Estado Plural, pluralidad de culturas”. Paidós y Facultad de Filosofía y Letras-UNAM. México. 1998

·       Documentos del sindicato y del movimiento avícola de enero a junio de 1990:

·       Volantes

·       boletines de prensa

·       comunicados

·       Wells, Allen. y Joseph, Gilbert M. “Summer of Discontent, Reasons of Upheaval” Duke University Press. 1990.

·       Zolo, Danilo. “La democracia difícil”. México. Alianza Editorial. 1998.



[1] La palabra Tetiz es un vocablo maya que tiene varios significados, según diferentes fuentes: “Lugar del chisguete” según el Centro Nacional de Estudios Municipales. Para muchos pobladores y campesinos maya hablantes Tetiz significa “pueblo que está en el rincón”.

[2] Todos los datos de población y vivienda son de los censos oficiales del INEGI. Poco más de la mitad de la población total son mujeres. De 1970 a 1990 había un poco más varones que mujeres, pero en los noventa la situación se invirtió, tal vez como producto de la emigración individual de varones, principalmente hacia los EU.

En el 2000 era un poblado trazado cuadricularmente en torno a un centro, constituido por un parque principal, una antigua iglesia católica en su costado norte, el palacio de gobierno municipal en el costado sur, un pequeño mercado comunitario en su costado poniente, y en el costado oriente pasa la calle principal de la población, que es la carretera que viene de Hunucmá y va a Kinchil y Celestún; la localidad está formada de 870 viviendas particulares independientes, que además de la casa habitación cuentan con un patio o solar, donde tienen algunas plantas y animales, parte complementaria importante de su vida; las viviendas son propiedad de la familia que las habita en un 90%, con un promedio de ocupantes por vivienda de 4.8 personas, de las cuales casi la mitad son de una sola habitación, poco más de un cuarto de ellas es de dos habitaciones y poco menos del cuarto restante son de tres habitaciones; con techos de huano (una palma regional) en su mayoría y colados; con paredes de bloques y bajareques, en ese orden; con pisos de cemento o firme la mayoría de ellas –3/4 partes- aunque todavía unas 62 viviendas tienen piso de tierra. Casi todas las viviendas cuenta con energía eléctrica, sólo 41 de ellas no. 720 viviendas tienen servicio de agua entubada, aunque la gran mayoría lo tienen fuera de la vivienda; y todavía unas 150 no tienen este importante servicio. Más de la mitad de las viviendas no disponen de servicio sanitario; las que cuentan con dicho servicio, en su gran mayoría no tienen conexión de agua.

[3] En el 2000 tenía 600 habitantes.

[4] Todos los datos de salarios mínimos fueron tomados de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.

[5] En 1970 el 98% de la gente se reconocía católica, en 1980 fue el 97%, en 1990 el 96% y en el 2000 poco más del 95 %. La media estatal en el 2000 andaba casi en el 85%.

[6] En 1970 el 99% de la gente hablaba maya y el 81% hablaba también español, 340 personas hablaban sólo maya. En 1980 el 95% de la gente hablaba maya y el 86% hablaba también español. En 1990 el 67% hablaba maya y el 92% hablaba también español; en el 2000 el 66.9% hablaba maya y casi todos hablan también español. Esto contrasta fuertemente con las medias estatales de gente que habla maya, que fueron de 44% en 1990 y 37% en el 2000.

[7] Diputado federal por Yucatán y miembro del Partido Socialista del Sureste, que fue designado gobernador interino por el presidente Álvaro Obregón el 29 de abril de 1924, para restablecer el poder ejecutivo en Yucatán ante el golpe del Gral. Juan Ricárdez Broca, que había detenido y fusilado al gobernador constitucional socialista Felipe Carrillo Puerto el 3 de enero de 1924, en el marco de la rebelión que estalló en Veracruz encabezada por Adolfo de la Huerta en contra de Obregón, por imponer  a Calles como candidato presidencial oficial.

[8] Las haciendas afectadas fueron Abal, Kuxub y Chicché, Santa María, Nohuayún y Chunyá.

[9] Las haciendas afectadas fueron: Bella Flor con 4,679 hectáreas de monte y 127 hectáreas de henequenales, Nohuayún con 2,811 hectáreas de montes y 318 hectáreas de henequenales, Santa María con 1,863 hectáreas de monte y 53 hectáreas de henequenales, Kuxub y Chiché con 1,288 hectáreas de monte, Chunyá con 1, 262 hectáreas de monte, Abal con 538 hectáreas de monte, Texán con 214 hectáreas de monte, San Francisco con 153 hectáreas de monte y 36 hectáreas de henequenales y San Luis con 45 hectáreas de monte.

[10] La avicultura yucateca se transformó a fondo en la década de los ochenta, cuando dos grandes empresas privadas productoras de huevo (Campi y Sanjor) se salieron de la producción y mercado de huevo fresco, se dedicaron a la producción de pollo e iniciaron procesos de modernización y desarrollo de embutidos y nuevos productos, lo que abrió el mercado de huevo a empresas medianas como la de Fernández, para incursionar en la producción de huevo y crecer; aunque su crecimiento tan vertiginoso no es nada claro.

[11] En 1990 era una mediana empresa avícola integrada productivamente, que contaba con una incubadora, una fábrica de alimentos balanceados, granjas reproductoras, de crecimiento y de postura, bodegas y una flotilla de unos 160 vehículos de carga, para la producción, manejo y venta de huevo de plato o comercial. Producía unas 80 Tons. diarias de huevo, con un valor comercial de 200 millones de viejos pesos diarios. Tenía un total de 73 granjas avícolas (con unas 225 casetas), de las cuales 58 eran de postura, 14 de crecimiento y 1 reproductora.  Granjas ubicadas en Tetiz (45), Hunucmá (12), Tixkokob (15) y Caucel (1). La incubadora, la fábrica de alimentos balanceados y las bodegas estaban en Mérida. La inversión total estimada superaba los 100 mil millones de viejos pesos. Se trataba de la empresa avícola, productora de huevo comercial, más grande e importante de la Península de Yucatán, que con su producción cubría aproximadamente el 80 % de la demanda peninsular de huevo. Trabajaban en ella unos 570 trabajadores; 320 en las granjas y unos 250 empleados, bodegueros, oficinistas y choferes. Incluidos unos 70 empleados de confianza (50 de ellos en las granjas). La empresa era manejada de manera vertical y unipersonal por el propietario, ayudado por un conjunto de empleados organizados en dos o tres círculos a su alrededor, pero donde todas las decisiones importantes eran tomadas invariablemente por el propietario.

En el 2004 se presenta como Grupo Avícola Fernández Crío, integrado por dos divisiones: la de huevo (con la razón social de Productora Nacional de Huevo, S. A. de C.V., con bodegas y centros de distribución en 7 estados, desde el Istmo de Tehuantepec y hasta Quintana Roo) y la de pollo (con la razón social de Pollo Industrializado de México, S. A. de C. V., con bodegas y centros de distribución en los 3 estados de la península yucateca y Tabasco); es una de las más grandes empresas avícolas del sureste del país. La propia empresa reconoce que 1990, seguramente por el conflicto sindical, fue un parteaguas y el momento de la diversificación productiva y de organización empresarial, que superara el manejo unipersonal de la misma.

[12] Obrero avícola en las granjas de Campi en Hunucmá, sindicalista, fundador y dirigente del sindicato independiente de Campi, al cual se afiliaron los obreros de las granjas de Fernández. Se formó política y sindicalmente en dicha organización sindical, fue Tesorero del primer Comité Ejecutivo, cuando el sindicato se democratizó en 1981, luego fue Delegado y Secretario de Relaciones Obreras; tuvo contacto y relaciones con dirigentes sindicales y sindicalistas de otras organizaciones regionales.

[13] Campesino y dirigente parcelario henequenero, campesinos que producen hojas de henequén, de manera independiente, por fuera de los aparatos corporativos de control oficial.

[14] Por encima de todos los trabajadores avícolas de Yucatán y la región.

[15] Carlos Caamal Couoh, quien fuera Secretario General del sindicato avícola de las granjas Fernández, trabajó 3 años en las granjas de Campi, en Hunucmá (de 1982 a 1985) y formó parte del sindicato, aunque nunca fue delegado o directivo.

[16] Equivalente a unos $ 400.00 semanales del 2004.

[17] Actualmente este personaje, quien luego fuera expulsado de la CTM por pugnas por el poder, es el dirigente estatal del partido político nacional Convergencia para la Democracia.

[18] Los llamados “contratos de protección” son convenios colectivos fantasmas, que sólo existen en el papel y en los registros de las Juntas de Conciliación; sirven para evitar que un sindicato auténtico establezca un contrato colectivo, que garantice los derechos de los trabajadores; son una de las múltiples formas que asume la sobreexplotación de los asalariados y es práctica generalizada en Yucatán y en todo el país, sobre todo en los tiempos del neoliberalismo y la proliferación de las maquiladoras.

[19] Cuando metieron preso a Julio Macossay en Mérida, en abril de 1990, fue el tercer caso en esos meses; anteriormente habían encarcelado al abogado del sindicato de la Cervecería Modelo en el DF y al abogado del sindicato de Astilleros Unidos de Veracruz; posteriormente hubo al menos dos casos más, el de la abogada María Estela Ríos del sindicato de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas -Las Truchas y del dirigente sindical de los trabajadores municipales de Villahermosa, Tabasco. Por estas represiones a abogados y asesores sindicales la Asociación Nacional de Abogados Democráticos de México y la Asociación Internacional de Abogados Reprimidos en el Ejercicio de su Profesión (con sede en Suiza) e incluso Human Rights Watch levantaron sus voces y emprendieron una campaña internacional de difusión y defensa, logrando frenar la generalización de aquella práctica salinista y de tendencia general en la América Latina de aquellos años.

[20] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo del 2001. Págs. 2 y 3.

[21] Fuentes confidenciales aseguraron que hubo varias reuniones y acuerdos de acción concertada entre ellos; acuerdos que luego, se verían plenamente confirmados en los hechos, con la actitud y posición del gobierno estatal en la fase aguda del conflicto.

[22] El escarmiento popular fue desnudarlos, untarles pica-pica y popox (hierbas altamente urticantes) y hacerlos caminar hasta el centro de Tetiz; voces prudentes impidieron que fueran linchados y por su propia protección fueron encarcelados, en tanto se decidía qué se hacía con ellos.

[23] La gente de Fernández exigía que tampoco se dejara salir a Timoteo y se le consignara y detuviera, pero no era posible por el fuero constitucional de que gozan los presidentes municipales. Finalmente no impidieron su salida y se fue a Tetiz, para continuar el procedimiento penal contra los 11 detenidos en la mañana.

[24] Los dirigentes panistas que estuvieron con Timoteo en el ministerio público en Mérida y que también fueron a Tetiz, le aconsejaban que él sólo decidiera y que entregara a los 11 detenidos; Timoteo les dijo en privado y en público que él no decidía, que tenía que ser la gente, en asamblea, quien decidiera y que él se plegaba y asumía todas las responsabilidades legales y políticas de la decisión.

[25] Según información de fuentes confidenciales, que no pueden ser divulgadas.

[26] Según información de fuentes confidenciales, que filtraban información de las reuniones de la cúpula empresarial yucateca.

[27] Los portavoces de la empresa hacían declaraciones casi diarias a los medios de comunicación, donde expresaban un desprecio racista y clasista contra los obreros y el pueblo de Tetiz, afirmando que no eran más que una “bola de huiros” (regionalismo despectivo, que se aplica casi siempre a indígenas, que tienen poca preparación escolar y no hablan el español, como la gente con educación formal y citadina), que sólo sabían hacer hijos y que eran manipulados y usados como carne de cañón por los asesores y el alcalde teticeño.

[28] Julio Macossay, Isela Rodríguez y Mauricio Macossay se consideran a sí mismos socialistas libertarios, con influencias ideológicas marxistas, magonistas y anarquistas, con experiencia y trayectoria en luchas obreras y sindicales desde 1975, cuando participaron en la organización de sindicatos independientes en Campeche, Campeche. Nunca pertenecieron a ningún partido político, aunque siempre han formado parte de la llamada izquierda social y mantuvieron lazos y relaciones fraternas con muchas organizaciones de izquierda, incluso con el Partido Comunista Mexicano. Julio y Mauricio venían trabajando juntos en estrecha coordinación, desde los setenta en Campeche, Isela se incorpora desde 1982. La línea política plenamente compartida, según ellos mismos, era participar a fondo en los movimientos, con un fuerte compromiso personal y ético, asesorando, apoyando, sistematizando la información, haciendo análisis de correlación de fuerzas y proponiendo caminos y opciones, acordes al momento y circunstancias de la lucha específica y al nivel que los propios trabajadores iban marcando, así como ejecutando de la mejor manera posible los acuerdos tomados, cuidando mucho no sustituir a los dirigentes naturales, respetando en todo momento las formas y mecanismos espontáneos de información, discusión, toma de acuerdos y ejecución de los mismos, aunque impulsando la democracia directa, combinada con formas de democracia representativa, usando formas y experiencias de la lucha directa y la legal en función de los momentos, posibilidades y fuerzas disponibles. Así como advirtiendo oportunamente de obstáculos, problemas, vicios, inercias, acusaciones, amenazas, hostigamientos, a partir de la experiencia directa y bibliográfica en las luchas de trabajadores. El compromiso personal y ético y la línea política que seguían, los hacia poco vulnerables a las amenazas e intentos de soborno de la patronal y el gobierno. En ocasiones al contrario, éstas los fortalecían en su compromiso personal.

[29] Guillermo Almeyra. “Lo político y la política en la mundialización” Ponencia para el Seminario: Redefinir lo político, mayo de 2001, Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco, México. Pág. 10

[30] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001. Pág. 10.

[31] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001. Pág. 8.

[32] Movimiento que movilizó a miles de estudiantes y trabajadores en Mérida y todo Yucatán, durante poco más de 3 meses y que lograron controlar con muchos trabajos y diluir en los años siguientes.

[33] Una clara muestra de esto es que los miembros de ese ayuntamiento (panista del trienio 2001-2004) decidieron por sí mismos, sin consultar al pueblo, siguiendo el ejemplo de otros gobiernos municipales panistas de Yucatán y del país, darse altos sueldos, aun cuando el presupuesto municipal es muy reducido. El alcalde se dio un sueldo de 12 mil pesos mensuales (10 salarios mínimos y 4 veces más alto que el salario promedio de un obrero calificado yucateco). Cuando el ayuntamiento popular que encabezó Timoteo, él ganaba como alcalde, poco más del sueldo que recibía cuando era obrero avícola en las granjas de Campi de Hunucmá.

·       [34] Enrique Dussel. “Sentido ético de la rebelión maya de 1994 en Chiapas (Dos “juegos de lenguaje”)” En: Tarrío, M. y Concheiro, L. “La sociedad frente al mercado” Coedición UAM-Xochimilco – La Jornada. México. 1998. Pág. 375.

[35] Hunucmá es una de las principales poblaciones de Yucatán. En 1990 tenía 17, 500 habitantes; era 6 veces más grande que Tetiz.

[36] El uso reiterado de mecanismos de acción directa obrera y popular desataron la furia patronal y gubernamental e incluso de algunos sectores sociales, como algunos medios de comunicación y colegios de profesionistas, quienes sólo veían ésta y no la acción directa patronal y gubernamental. Insistían mucho públicamente en el respeto a la legalidad y al estado de derecho, aunque el patrón y el gobierno no se apegaban a éste. Pretendían, como acostumbran, identificar la legalidad con lo que ellos hacen, independientemente de si se apegan o no a lo que dicen las leyes.

[37] Los portavoces del movimiento con la prensa fueron Mauricio Macossay e Isela Rodríguez. Timoteo Canché hacía ocasionalmente declaraciones como Presidente Municipal, no a nombre del movimiento.

[38] Fernández y los dirigentes empresariales mostraron en muchas ocasiones su ira en contra del control obrero, diciendo que era inconcebible que un patrón “no pudiera entrar a su casa”, lo que mostraba dos cosas, entre otras: el cómo ven los patrones a los medios de producción de su propiedad, como si fueran su casa, su pertenencia total y absoluta y donde ellos pueden decidir lo que les plazca y no como medios de producción y centros de trabajo, donde los obreros son parte importante y que éstos tienen derechos, reconocidos incluso en las leyes vigentes; por otro lado expresaban su enojo clasista en contra del sindicato que según ellos, atentaba contra el más sagrado derecho y privilegio capitalista: la propiedad privada sobre los medios de producción, que son a la vez, los medios de la explotación y del enriquecimiento, del lucro, la ganancia y la acumulación capitalista.

[39] Los daños a su salud fueron mínimos, dada su constitución física, sus 38 años de edad, sus antecedentes familiares y personales y su nivel de nutrición; pesaba 96 kilogramos cuando inició y bajaría poco más de 20 kilos en los 50 días; además que contó con vigilancia y supervisión de médicos solidarios y amigos. Por otro lado la fuerte motivación ideológica por su nivel de compromiso personal, fue lo que le permitió aguantar sin problemas mayores. Él decía que estando preso, era casi la única forma que tenía para luchar y presionar a la patronal y al gobierno, así como revertirles el hecho de que lo tuvieran como rehén.

[40] Guillermo Almeyra. “El Estado de competencia, la lucha por otra mundialización y los actores de la resistencia” Ponencia en el Coloquio Internacional: Moviendo montañas: transformando la geografía del poder en el sur de México. 21 de marzo del 2001. Acapulco, Guerrero. Marzo de 2001. Págs. 5 y 6.

[41] Julio y Mauricio son mestizos con ascendentes húngaros, españoles y alemanes, altos, blancos, barbados, con un nivel alto de cultura general y política y estudios formales de licenciatura, de clase media, que siempre han vivido y comido bien. Isela es mestiza con ascendentes españoles y mayas, baja de estatura, morena, con un nivel alto de cultura general y política y estudios formales de licenciatura, cuyo padre fue empresario y que también siempre ha vivido y comido bien. Casi nunca han sentido en carne propia la pobreza, la injusticia y el mal trato.

[42] El despacho se mantuvo, aunque reduciéndose conforme los sindicatos y organizaciones independientes en Yucatán iban desapareciendo. Se dio apoyo y asesoría legal, productiva, económica y organizativa muy intensa a la cooperativa, pero no se continuó apoyando al pueblo en sus luchas políticas. Actualmente se mantiene en su mínima expresión; sólo se asesora a un sindicato (el de obreros avícolas de Hunucmá, que todavía existe, y que es prácticamente el único sindicato obrero independiente sobreviviente en Yucatán).

[43] En las elecciones federales para diputados, de agosto de 1991, ya recuperado de la agresión, Timoteo sería candidato del PAN por el IV distrito federal, que abarcaba 42 municipios del poniente y el sur yucatecos (en aquel entonces Yucatán tenía sólo 4 distritos federales, ahora tiene 5); la compra de votos, relleno de urnas y muchas irregularidades priístas llevarían a que ganara el candidato de dicho partido, Fernando Romero Ayuso, por alrededor de 5 mil votos. Tampoco el PAN impugnaría. En 1995 el PAN incluyó a Timoteo como diputado local plurinominal en el congreso yucateco, aunque aislándolo y sin hacer caso alguno a sus propuestas y planteamientos.

[44] En esto puede apreciarse claramente la preminencia de los intereses de fondo de las clases y grupos sociales dominantes, ya que para ellos era necesario aislar políticamente la experiencia teticeña y reducirla a cuestiones productivas y económicas nada más.

[45] Quien fue obrero avícola en Campi, en Hunucmá, varios años.

[46] Taxista teticeño, parte del grupo de taxistas acusados de haberse robado las urnas en la elección de 1990 en Nohuayún y de agredir a Timoteo.

[47] Comentario de Demetrio Koyoc, en entrevista personal en septiembre de 2003.

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