PORTADA INTRODUCCI�N LA PARROQUIA EL CAMINO  EL MAGISTERIO LA COMUNIDAD  ENLACES

UTILIDADES

UN SACERDOTE ENTREGA SU VIDA

El Neocatecumenado
Presentaci�n por Kiko y Carmen
Las Comunidades Neocatecumenales
Nace entre los pobres
Documento de los p�rrocos y responsables de las primeras parroquias de Roma. (1972)
Un camino para redescubrir el Bautismo
Encuentro del Papa con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades
Parroquias para el III Milenio San Bartolom� in Tuto
Parroquias para el III Milenio San Leone Vescovo
Kiko en el s�nodo de Obispos de Europa
Comentario sobre el S�nodo europeo por Kiko Arg�ello
Meeting por la amistad entre los pueblos
Carta de Kiko Arg�ello a Juan Pablo II
Los inicios del Camino en Italia
El icono de la Sagrada Familia de Nazaret

Seminarios Redemptoris Mater
Seminarios Diocesanos Misioneros "Redemptoris Mater"
Seminario Redemptoris Mater de Castell�n - Espa�a I
Decreto de erecci�n can�nica Redemptoris Mater de Castell�n

Misi�n Familias
Convicencia en Porto San Giorgio
Plegaria de envio de las Familias
Puebla (Mexico)
Caracas (Venezuela)
Jap�n
Per�
Uruguay

La Eucarist�a
Nota de la Congregaci�n del Culto Divino

Domus Galilaeae
Centro Internacional Monte de las Bienaventuranzas

Convivencia de Obispos en Nueva York
Carta de Invitaci�n
Introducci�n de Kiko
Telegrama del Santo Padre
la teologia de la belleza
Homilia del Cardena O�connor
Carta de los Obispos al Santo Padre
Fotos

Experiencias
Testimonio de Kiko Arg�ello
Testimonio de Carmen Hern�ndez
Desde Hong Kong
Un sacerdote entrega su vida
Un Cardenal
Testimonio de un preso

 

En primer lugar, permitidme que me presente: me llamo Jes�s Mu�oz, 32 a�os, y soy sacerdote cat�lico de la di�cesis de Toledo (Espa�a). En el a�o 96 estuve de misionero en Bolivia como catequista itinerante de las Comunidades Neocatecumenales. Al volver a Espa�a para descansar y tener unas vacaciones me diagnosticaron un c�ncer colo-rectal con met�stasis hep�tica.

He sido sometido a varias operaciones: me extirparon el ano, el recto y 30 cms. del colon, y me hicieron un ano artificial. Posteriormente me quitaron una cuarta parte del h�gado. Tambi�n he sido sometido a otras operaciones de menor consideraci�n. He sido sometido a tratamiento de radioterapia y actualmente estoy en tratamiento con quimioterapia. Llevo ya tanto tiempo que el cuerpo se deteriora y por esta raz�n no puedo viajar, ni muchas veces salir de casa. Bueno, aunque es aceptable mi calidad de vida, var�a mucho de mes en mes e incluso de d�a a d�a. Nunca es igual, es imprevisible como me voy a encontrar a la ma�ana siguiente. Es un misterio. El sufrimiento es un misterio que solamente desde la fe se ilumina.

El tiempo pasado en Bolivia fue fant�stico. De ni�o siempre quise ir a las misiones y el Se�or me lo ha concedido. Fue un tiempo de renovaci�n sacerdotal, pues yo era un "burgu�s". No me preocupaba de nada, salvo de m� mismo. Sin santidad, sin intimidad con el Se�or y con su Palabra, sin oraci�n asidua. Muy despreocupado por la liturgia y por quien me tocaba pastorear. No era capaz de morir por nadie. Pero, aparec�a ante los feligreses como muy trabajador, preocupado por las cosas, buen cura, humilde... Mentira todo. Pues soy un ego�sta y un orgulloso, que s�lo me busco a m� en lo que hago. Un cura de pueblo que s�lo hace cosas; pero no lleva el Evangelio a su grey. Y apegado al dinero, pues lo �ltimo que hice antes de salir para Bolivia fue dar clases en un instituto de ense�anza secundaria y tener una n�mina abultada. Pues, el mayor peligro para un cura es el dinero -tambi�n para cualquier cristiano-. "Porque la ra�z de todos los males es el af�n de dinero" (1Tm 6,10).

Pero los milagros que he visto en la Evangelizaci�n, y sobre todo mi equipo de Evangelizaci�n me ayudaron mucho. Me corrigieron a tiempo y a destiempo. Siempre con cari�o o, mejor a�n, con amor evang�lico. No siempre recib�a las correcciones con agrado: mi ego�smo y el ser educado para ser el primero en todo, y un l�der como cura se manifestaba con toda claridad. Ciertamente que les estoy muy agradecido, ha sido un segundo seminario de formaci�n. Una regeneraci�n sacerdotal.

Tuve tambi�n muchos sufrimientos internos. Ver que no era el "super-cura" que me hab�an dicho y formado; ver que la misi�n me superaba, pues no pod�a estar a la altura de las circunstancias. En definitiva, tener que pasar por la puerta de la humildad, la cual yo reh�saba. Ver mis pecados con una claridad que antes me estaba velada. Ve�a que no serv�a para la Evangelizaci�n. Y rezaba al Se�or que si era un lastre para la Evangelizaci�n, que si iba a a�adir problemas a los que ya hab�a en la misi�n que me retirase de ella. �Y c�mo lo hizo! El Se�or, tambi�n me lo concedi�.

El Se�or siempre me ha concedido lo que le he pedido de todo coraz�n. El siempre se abaja para escuchar al afligido y al atribulado, y a la oveja perdida siempre la trata con mayores entra�as de misericordia. En la misi�n v� qu� es ser hijo de Dios, y vivir como un hijo de Dios.

Dios provee siempre: lo he visto en la misi�n y en mi enfermedad. Cuando me diagnosticaron el c�ncer, los m�dicos me aconsejaron que los �nicos lugares donde pod�an hacer frente a la enfermedad eran en Barcelona y en Navarra. Yo llam� por tel�fono explic�ndole todo a mi obispo e hizo los tr�mites para que me atendieran en Pamplona, en la Cl�nica Universitaria. M�s a�n, decidi� que la di�cesis se hiciese cargo de los gastos, pues adem�s de ser gravosos yo no ten�a ni un duro.

Pero a�n m�s, mi comunidad neocatecumenal me ayud� y sigue haci�ndolo, para pagar los viajes; y en Pamplona la 2� Comunidad de San Ferm�n me busc� un piso donde alojar a mi familia y a m� en los per�odos en los que estaba y estoy fuera de la Cl�nica: el piso pertenece a una familia en misi�n en Chile. Dios siempre provee, no deja solo al desvalido, siempre abre puertas all� donde parece que se cierran. Imaginaos una familia de Extremadura en Pamplona, donde no conoces a nadie. Bueno ahora ya no puedo decir eso: hermanos de Comunidades, familiares de amigos, vecinos... todos me tratan estupendamente, todos puestos a mi servicio. Es obra de Dios.

La experiencia del sufrimiento es un misterio. En el post-operatorio, aunque estaba sedado con morfina, recuerdo que en una ocasi�n despert� y mir� el crucifijo que ten�a delante. No estaba encima de la cama, sino enfrente, de modo que el enfermo pueda verlo. Yo mir� a Jesucristo y le dec�a que est�bamos iguales: con el cuerpo abierto, con los huesos doloridos, solos ante el sufrimiento, abandonados, en la cruz... Yo me fij� en m� y me revel�. No lo entend�a. Dios me hab�a abandonado. No me quer�a. Y de pronto record� las palabras que desde el cielo Dios-Padre pronuncia refiri�ndose a Jesucristo el d�a del Bautismo y posteriormente en el Tabor: "Este es mi Hijo amado", "mi Predilecto". Y el Hijo amado de Dios estaba colgado frente a m� en la Cruz. El amor de Dios crucificado. El Hijo en medio de un sufrimiento inhumano. Entonces reflexion�: Si me encuentro en la misma situaci�n que �l, entonces yo tambi�n soy el hijo amado y predilecto de Dios. Y dej� de revelarme. Y entr� en el descanso. Y VI EL AMOR DE DIOS. La raz�n humana no encuentra sentido al sufrimiento, no tiene l�gica. Solo mirando al Crucificado el hombre entra en la paz que el sufrimiento le ha robado. Pues, con el dolor y el sufrimiento el hombre pierde la capacidad de razonar y la voluntad. Y ya est� perdido, le han vencido. Ha dejado de ser hombre; pero el sufrimiento y la resurrecci�n de Cristo nos ha hecho hombres nuevos.

Y, tambi�n, cu�nto me han consolado las palabras del Siervo de Yahveh: var�n de dolores, CONOCEDOR DE TODOS LOS QUEBRANTOS. �NO! No estoy solo en la cruz. Doy gracias a la Iglesia por el don tan inmenso de la fe. S�lo la fe tiene respuestas a los interrogantes del hombre.

Recuerdo igualmente algunas frases de los salmos que he meditado y qu� bien me han hecho: "me estuvo bien el sufrir"; "hasta que no sufr� estuve perdido".

Aunque tambi�n es cierto que, �cu�ntas veces he llorado en el silencio de la cama cuando llegan los dolores y el sufrimiento, y al ver que llega el final de los d�as!. Y aparece como una desesperanza; aunque yo r�pidamente digo "todo sea por la Evangelizaci�n". �Por la Evangelizaci�n!. Aunque, a veces, ese "todo" resulta una carga dura y pesada.

Al igual que en la Cl�nica he colocado un icono de la Virgen enfrente de mi cama, pues quiero morir mir�ndola a ella. Y quiero morir sin agon�a, sin lucha, sino entreg�ndome como ella me ha entregado a su Hijo.

Actualmente mi enfermedad se agrava: tengo tumores en el h�gado y en el hueso sacro. Es decir, la met�stasis comienza a extenderse; aunque con la quimioterapia parece que la retienen un poco. De todos modos los m�dicos me han pronosticado que no vivir� m�s de un a�o, dos a lo sumo; seg�n sea el avance de la enfermedad. Pido a Dios tener una calidad de vida lo suficientemente aceptable como para evangelizar desde mi situaci�n. Pues no tengo cargo pastoral y me encuentro en casa de mis padres para que me cuiden y, tambi�n, porque quiero morir en ella, no en un hospital. Tener una muerte digna, cristiana.

Me siento como una barca varada en la orilla del lago de Tiber�ades. Ya no saldr� m�s a pescar; pero tengo la esperanza de que Cristo tambi�n suba a ella para proclamar desde all� la Buena Nueva a la muchedumbre. Esta es ahora mi misi�n: ser barca varada, p�lpito de Jesucristo.

Creo que me mantiene la oraci�n de los dem�s: los hermanos, las comunidades religiosas que conozco, el presbiterio diocesano... En fin, la comuni�n de los santos.

Veo que este tiempo es un Adviento particular que el Se�or me regala para prepararme al encuentro con el "Novio" y tener las l�mparas preparadas con un aceite nuevo, y as� poder entrar al banquete de bodas. Es un don el poseer el aceite de Jesucristo, que fortifica mis miembros para la dura lucha de la fe en el sufrimiento, me ilumina la historia que est� haciendo conmigo, y me asegura poseer el Esp�ritu Santo, como arras del Reino de los Cielos. Ciertamente nadie sabe ni el d�a ni la hora de la muerte. Es vivir de la Esperanza. Nunca mejor que en este a�o de preparaci�n para el Jubileo del 2000. De esto se reflexionar� en toda la Iglesia: sobre la virtud de la Esperanza. Y sobre el Esp�ritu que nos hace decir �Abba! (Padre).

Pero, a veces, creo que pierdo el tiempo, que podr�a hacer m�s cosas, orar m�s, tener m�s intimidad con el Se�or, y otras veces la enfermedad no me deja hacer m�s. �Ser� que s�lo tengo que sufrir: purificarme, convertirme, Evangelizar desde el silencio?. A esto me est� ayudando la lectura de las obras de Sta. Teresita del Ni�o Jes�s y he vuelto a releer la "Salvifici Doloris" del Papa Juan Pablo II.

LO M�S IMPORTANTE ES ESTA FE VIVIDA EN REGIMEN DE PEQUE�AS COMUNIDADES, DONDE LA LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS ILUMINA EL SENTIDO DE MI VIDA, DONDE SE DAN SIGNOS DE UNIDAD Y AMOR.

 

3� Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced (Burriana - Castell�n - Espa�a)

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