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UTILIDADES

Homil�a del Papa Juan Pablo II
durante la eucarist�a celebrada en Porto San Giorgio 
por el env�o de las familias para la "Nueva Evangelizaci�n"
30 de diciembre de 1988 (Fiesta de la Sagrada Familia)

El Neocatecumenado
Presentaci�n por Kiko y Carmen
Las Comunidades Neocatecumenales
Nace entre los pobres
Documento de los p�rrocos y responsables de las primeras parroquias de Roma. (1972)
Un camino para redescubrir el Bautismo
Encuentro del Papa con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades
Parroquias para el III Milenio San Bartolom� in Tuto
Parroquias para el III Milenio San Leone Vescovo
Kiko en el s�nodo de Obispos de Europa
Comentario sobre el S�nodo europeo por Kiko Arg�ello
Meeting por la amistad entre los pueblos
Carta de Kiko Arg�ello a Juan Pablo II
Los inicios del Camino en Italia
El icono de la Sagrada Familia de Nazaret

Seminarios Redemptoris Mater
Seminarios Diocesanos Misioneros "Redemptoris Mater"
Seminario Redemptoris Mater de Castell�n - Espa�a I
Decreto de erecci�n can�nica Redemptoris Mater de Castell�n

Misi�n Familias
Convicencia en Porto San Giorgio
Plegaria de envio de las Familias
Puebla (Mexico)
Caracas (Venezuela)
Jap�n
Per�
Uruguay

La Eucarist�a
Nota de la Congregaci�n del Culto Divino

Domus Galilaeae
Centro Internacional Monte de las Bienaventuranzas

Convivencia de Obispos en Nueva York
Carta de Invitaci�n
Introducci�n de Kiko
Telegrama del Santo Padre
la teologia de la belleza
Homilia del Cardena O�connor
Carta de los Obispos al Santo Padre
Fotos

Experiencias
Testimonio de Kiko Arg�ello
Testimonio de Carmen Hern�ndez
Desde Hong Kong
Un sacerdote entrega su vida
Un Cardenal
Testimonio de un preso

 

Alabado sea Jesucristo.

Queridos, estamos viviendo el per�odo navide�o. En este per�odo vivimos en la fe el gran misterio divino, el misterio de la Santa Trinidad en misi�n.
Se supo,  y se confirma, que Dios es uno y �nico. Tambi�n podemos aceptar cuanto dijo Pablo al Aeropago, que Dios es aquel absoluto espiritual en quien vivimos, en quien nos movemos, en quien existimos.
Pero no se supo, y  hoy  es aceptada con dificultad, la profunda realidad del Dios Trinidad, aquel en quien vivimos, y  nos movemos.
Y �l, Trinidad en misi�n, no es solamente un ente absoluto, supremo a todo, es el Padre en su infinita e inescrutable realidad que engendra, de la eternidad sin principio, su Verbo.

Y por su Verbo vive el inefable misterio del amor, que es una persona y no solamente una relaci�n interpersonal; es una persona, el Hijo engendrado, Esp�ritu, amor exhalado.

La Navidad nos recuerda cada a�o este misterio de la Trinidad en misi�n, en la noche de Bel�n, esta misi�n del Hijo, enviado por el Padre para traernos el Esp�ritu que ha sido concebido por la Virgen. Viene para traernos �ste Esp�ritu.
He aqu�, la Noche de Navidad es esta noche en que la realidad del Dios - comuni�n, unidad de la Divinidad, unidad absoluta, unidad de la comuni�n, se acerca a nuestra mente humana, a nuestros ojos, a nuestra historia y se hace visible. Se vuelve  visible el misterio escondido, el "Mysterium absconditus a s�culis", el misterio escondido desde siempre es revelado, se hace visible.
Por esta pobre realidad del nacimiento del Dios, en Bel�n, de la Noche de Bel�n, de Maria y de Jos�, se revela el gran misterio de la Trinidad en misi�n.
�He aqu� nuestro Dios, he aqu� nuestro Dios! �Inefable misterio!
As� nosotros tenemos que hablar, nosotros tenemos que confesar, testimoniar, sabiendo nuestra insuficiencia delante del inescrutable misterio de Dios, unidad divina, unidad de la Divinidad y al mismo tiempo unidad de la comuni�n.

Durante este per�odo navide�o la Santa Madre Iglesia nos hace celebrar hoy otro misterio humano: la Sagrada Familia de Nazaret.

Nosotros contemplamos esta realidad, este misterio de la Trinidad en misi�n: la contemplamos durante el per�odo navide�o con una especial profundidad e intensidad y con una inmensa alegr�a porque esta misi�n - el Verbo enviado al mundo para hablarle en persona de su Padre, de la realidad divina, el Verbo viene en esta noche como un reci�n nacido humano, pobre, desnudo de todo: desnudo ya en este momento - no pudo nacer de otro modo.
Ninguna riqueza humana pudo ofrecer un contexto adecuado al nacimiento humano del eterno Hijo de Dios. S�lo aquella pobreza, aquel abandono, aquel Bel�n, aquella noche de Bel�n pudo serlo. Ha sido justo que no haya podido encontrar alojamiento en esta ciudad.

Queridos, nosotros contemplamos esta realidad divina, la Santa Trinidad en misi�n, y al mismo tiempo sentimos como son insuficientes nuestros humanos conceptos, nuestras pobres palabras humanas  para hablar de este misterio. Pero aqu�l que all� ha sido enviado, el Verbo, viene para hablar y tambi�n viene para hacer hablar. M�s bien, ha escogido a los m�s simples para retomar esta Palabra, esta Palabra divina: ha escogido a los m�s simples.

Tenemos que decir que hoy contemplamos la Familia en misi�n, porque la Sagrada Familia no es otra, es esta: la humana familia en misi�n divina. Y aqu�, esta familia humana como una comunidad m�s peque�a, se muestra, al mismo tiempo, como una gran comunidad humana que se encuentra en misi�n divina: �sta es la Iglesia.
La Iglesia, sobre todo en el Vaticano II, ha reconocido su car�cter de familia y el su car�cter misionero.
Es una gran familia en misi�n. Dentro de esta gran Familia-Iglesia se encuentra cada familia humana , cada comunidad familiar como familia en misi�n. Ustedes han hablado mucho de la familia como sociedad m�s peque�a, m�s b�sica y todo esto es verdadero.
Pero cuando vemos el misterio principal constituido por la Trinidad en misi�n, podemos ver una familia tambi�n en misi�n. Y su misi�n es verdaderamente fundamental, fundamental por la misi�n divina del Verbo, por la misi�n divina del Esp�ritu Santo: es fundamental.

La misi�n divina del Verbo es hablar, dar testimonio del Padre.
Es importante la familia que habla por que revela como primicia este misterio, que da testimonio de Dios Padre delante de las nuevas generaciones. Su palabra es m�s eficaz.

As� cada familia humana, cada familia cristiana, se encuentra en misi�n. �sta es la misi�n de la Verdad. La familia no puede vivir sin Verdad, m�s bien ella es el lugar en el que existe la sensibilidad extrema por la Verdad.
Si falta la Verdad en la relaci�n - marido, mujer, padres, madre, hijos - si se la echa de menos se rompe la comuni�n, se destruye la Misi�n.
Todos vosotros sab�is bien como esta comuni�n de la familia es realmente sutil, delicada, f�cilmente vulnerable. Y as� se refleja en la familia, junto con la misi�n del Verbo, del Hijo, tambi�n la misi�n del Esp�ritu Santo que es Amor.
La familia est� en misi�n, y esta misi�n es fundamental para cada pueblo, para la humanidad entera; es la misi�n del amor y de la Vida, es el testimonio del amor y de la Vida.

Queridos, yo he venido aqu� muy de buena gana. He acogido gratamente vuestra invitaci�n en la fiesta de la Sagrada Familia para rogar junto a vosotros por lo m�s fundamental y m�s importante en la misi�n de la Iglesia: para la renovaci�n espiritual de la familia, de las familias humanas y cristianas de cada pueblo, en cada naci�n, especialmente quiz�s en nuestro mundo occidental, m�s avanzado, m�s marcado con las se�ales y  los beneficios del progreso pero tambi�n de las faltas de este progreso unilateral.

Si se tiene que hablar de una renovaci�n, de una regeneraci�n de la sociedad humana, m�s bien de la Iglesia como sociedad de los hombres, se tiene que empezar de este punto, de esta misi�n.
Iglesia Santa de Dios, t� no puedes hacer tu misi�n, no puedes cumplir tu misi�n en el mundo, si no por la familia y su misi�n.
�sta es la finalidad principal por lo que he acogido  vuestra invitaci�n a estar juntos y rogar juntos sobre todo en este entorno compuesto por las familias, por los novios, por los ni�os, sobre  todo de familias itinerantes.
Es una  cosa bonita. Vemos que tambi�n la Familia de Nazaret es una familia itinerante. Y lo ha  padecido, ya desde los primeros d�as de vida del Divino Ni�o, del Verbo Encarnado. Ella tuvo que convertirse en familia itinerante, s�, itinerante y tambi�n refugiada.

Muchas realidades dolorosas de nuestro tiempo - el  de los refugiados, por ejemplo, o el de los emigrantes - a son caracter�sticas presentes en la Sagrada Familia de Nazaret. Pero para vosotros ella es sobre todo una Familia itinerante porque va por todas partes:  va a Egipto,  vuelve a Nazaret, va Jerusal�n con Jes�s a la edad de doce a�os, siempre va como itinerante para llevar un testimonio de la misi�n de la familia, de la divina misi�n de una familia humana.
Yo pienso que vosotros como familias itinerantes, neocatecumenales,  hac�is lo mismo, siendo la finalidad de vuestra itinerancia llevar a cualquier parte, en los �mbitos m�s descristianizados el testimonio de la misi�n de la familia.
Es un testimonio grande, humanamente grande, cristianamente grande, divinamente grande porque tal testimonio, la misi�n de la familia, es inscrita por fin en el surco de la Santa Trinidad.
No hay, en este mundo, otra imagen m�s perfecta, m�s completa que aqu�l que es Dios: Unidad, Comuni�n. No hay otra realidad humana m�s parecida, m�s humanamente parecida a aquel misterio divino.
Y as�, llevando como itinerantes el testimonio que es propio de la familia, de la familia en misi�n, vosotros llev�is a cualquier parte el testimonio de la Trinidad Santa en misi�n. Y as� hac�is crecer la Iglesia porque la Iglesia crece de estos dos misterios.
Como nos ense�a el Concilio Vaticano II, toda la vitalidad de la Iglesia  viene principalmente, de este misterio, de este misterio de la Trinidad en misi�n. Por otra parte llega el testimonio de la familia en misi�n que trata de caminar sobre los huellas de la Trinidad en misi�n.
Y tan tambi�n se ofrece un mensaje, el mensaje de Bel�n, el mensaje navide�o, alegre. Sabemos que este mensaje, seg�n las tradiciones y las costumbres, siempre est� unido a las familias humanas, es la fiesta de la familia.
Se tiene que dar a esta fiesta un sentido profundo, una dimensi�n llena, humanamente llena, porque este misterio humano, esta realidad humana de la familia ha arraigado en el misterio divino, en el misterio de Dios comuni�n.

Vosotros sois comuni�n, comuni�n de las personas como el Padre, el Hijo y el Esp�ritu Santo.

Sois comuni�n de las personas, sois unidad. Sois unidad y no pod�is no ser unidad. Si no sois unidad no sois comuni�n; si sois en cambio comuni�n, sois unidad.
Hay muchas familias en este mundo avanzado, rico, opulento que han perdido la  unidad, han perdido la comuni�n, han perdido las ra�ces. He aqu� que vosotros sois itinerantes para llevar el testimonio de estas ra�ces; �sta es vuestra catequesis, �ste es vuestro testimonio neocatecumenal: as� se habla de la fructificaci�n del Sagrado Bautismo.
Sabemos bien que el Sacramento del Matrimonio, la familia, todo esto crece en el Sacramento del Bautismo, de su riqueza. Crecimiento del Bautismo quiere decir crecer del misterio pascual de Cristo. Por el Sacramento del agua y el Esp�ritu Santo, somos sumergidos en este misterio pascual de Cristo que es su muerte y su Resurrecci�n.
Somos sumergidos para hallar la plenitud de la vida y la plenitud de la persona, pero al  mismo tiempo, la dimensi�n de la familia - comuni�n de personas - para llevar, para inspirar con esta novedad de vida los entornos diferentes, las sociedades, los pueblos, los culturas, la vida social, la vida econ�mica... Todo esto es por la familia.
Vosotros ten�is que ir por todo el mundo a repetir  que todo es por la familia, no a costa de la familia. S�, vuestro programa tiene que ser plenamente evang�lico, atrevido, atrevido en testimoniar y atrevido en preguntar, en preguntar delante de todos, sobre todo delante de nuestros hermanos, delante de las personas humanas, delante de las nuestros hermanos, a todas estas familias, a todas estas parejas, a todas estas generaciones.
Pero tambi�n delante de los otros. Con este gran testimonio, la familia en misi�n como imagen de la Trinidad en misi�n, se tiene que llevar tambi�n  antes que un programa dir�a sociopol�tico, socioecon�mico. La familia es implicada en todo esto y puede ser ayudada, llevada adelante, privilegiada o puede ser destruida.

Deb�is, con todos vuestras oraciones, con vuestro testimonio, con vuestra fuerza,  ayudar a la familia, ten�is que protegerla contra la destrucci�n. No hay otra dimensi�n en la que el hombre pueda expresarme como persona, c�mo vida, como amor, se tiene tambi�n que decir que no existe otro lugar, otro entorno en el que el hombre pueda ser m�s destruido.
Hoy se hacen muchas y cosas para normalizar estas destrucciones, para legalizar estas destrucciones; destrucciones profundas, heridas profundas de la humanidad.
Se hace mucho para arreglar, para legalizar. En este sentido se dice proteger.
Pero no se puede proteger realmente a la familia sin entrar en las ra�ces, en las realidades profundas, en su �ntima naturaleza; y  su naturaleza �ntima es la comuni�n de las personas a imagen y semejanza de la comuni�n divina. Familia en misi�n, Trinidad en misi�n.

Queridos, no quiero continuar, no quiero alargarme. Os dejo estas reflexiones, que me vienen tan espont�neamente. Hoy es el d�a en el que debe hablarnos sobre todo la Sagrada Familia, y �ste es mi humilde ruego: que la Sagrada Familia de Nazaret, por nuestra asamblea, por nuestros cantos por nuestras oraciones y tambi�n por esta mi palabra, nos hable a todos.

Am�n.

 

3� Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced (Burriana - Castell�n - Espa�a)

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