PORTADA INTRODUCCI�N LA PARROQUIA EL CAMINO  EL MAGISTERIO LA COMUNIDAD  ENLACES

UTILIDADES

Vida nueva en Jap�n

El Neocatecumenado
Presentaci�n por Kiko y Carmen
Las Comunidades Neocatecumenales
Nace entre los pobres
Documento de los p�rrocos y responsables de las primeras parroquias de Roma. (1972)
Un camino para redescubrir el Bautismo
Encuentro del Papa con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades
Parroquias para el III Milenio San Bartolom� in Tuto
Parroquias para el III Milenio San Leone Vescovo
Kiko en el s�nodo de Obispos de Europa
Comentario sobre el S�nodo europeo por Kiko Arg�ello
Meeting por la amistad entre los pueblos
Carta de Kiko Arg�ello a Juan Pablo II
Los inicios del Camino en Italia
El icono de la Sagrada Familia de Nazaret

Seminarios Redemptoris Mater
Seminarios Diocesanos Misioneros "Redemptoris Mater"
Seminario Redemptoris Mater de Castell�n - Espa�a I
Decreto de erecci�n can�nica Redemptoris Mater de Castell�n

Misi�n Familias
Convicencia en Porto San Giorgio
Plegaria de envio de las Familias
Puebla (Mexico)
Caracas (Venezuela)
Jap�n
Per�
Uruguay

La Eucarist�a
Nota de la Congregaci�n del Culto Divino

Domus Galilaeae
Centro Internacional Monte de las Bienaventuranzas

Convivencia de Obispos en Nueva York
Carta de Invitaci�n
Introducci�n de Kiko
Telegrama del Santo Padre
la teologia de la belleza
Homilia del Cardena O�connor
Carta de los Obispos al Santo Padre
Fotos

Experiencias
Testimonio de Kiko Arg�ello
Testimonio de Carmen Hern�ndez
Desde Hong Kong
Un sacerdote entrega su vida
Un Cardenal
Testimonio de un preso

 

Dos a�os hace, solicitados por el Obispo de Yokohama, procedentes de los correspondientes comunidades Neocatecumenales de Roma (M�rtires canadienses), R�vena (Lugo) y Catania (San Leo), dejamos nuestras cosas, y llegamos aqu� a Kohoku New Town, una ciudad qu� dentro de algunos a�os contar� con medio mill�n de habitantes.

Vivimos en el coraz�n del gran tri�ngulo industrial del Jap�n, en medio de treinta y cinco millones de japoneses, asentados entre las ciudades de Tokio, Yokohama y Kawasaki.

Visto desde Italia, el Jap�n aparece un pa�s misterioso y apasionante, al vivir aqu� se revela m�s misterioso y  no menos fascinador de lo que parece.
No se exagera al definirlo " otro mundo."
Todo es diferente, todo es al rev�s. Entrar significa all� morir a si mismo y qui�n no tiene otra vida, aqu�lla que tiene no la deja en Jap�n.

A decir verdad, Jap�n no es un pa�s para italianos y menos para los sicilianos, siempre una tierra espl�ndida en su g�nero.

Actualmente en Jap�n viven once familias misioneras del camino neocatecumenal, est�n distribuidas: dos en Tokio, tres en Yokohama, cuatro en  Hiroshima y dos en Takamatzu, todas enviadas por Juan Pablo II en diciembre del 88; otras diez, enviadas este a�o por el  Papa, vendr�n a Jap�n en verano: otras dos a Tokio, dos a Yokohama y las otras al sur.

Estamos aqu� para la " nueva evangelizaci�n" y hay realmente que bendecir al Se�or, que est� honr�ndonos con habernos llamado a acompa�ar a Cristo resucitado en la predicaci�n a las gentes.

Estos primeros dos a�os no hemos hecho otro que observar como Dios ha ido precedi�ndonos, tambi�n cuidando de nuestras cosas m�s peque�as, y muchas veces nos han dejado sorprendidos y admirados.
En calidad de presb�tero que est� siguiendo las familias de Tokio y Yokohama,  no puedo m�s que testimoniar la fidelidad, la solicitud y la atenci�n materna - paternal de Dios en �ste per�odo sobre todo.

El primer a�o ha sido bastante duro y dif�cil para adultos y ni�os.
Quien ha sufrido m�s el impacto con la cultura han sido, quiz�s los m�s peque�os, que desde el principio se han incorporado en la escuela estatal, digo quiz�s porque los veo siempre muy serenos.

Hoy hablan y entienden la lengua mejor de los adultos, olvidando la construcci�n de las frases tal como est�n en italiano.
El japon�s, en efecto, construye al rev�s las proposiciones, poniendo el verbo al final.
Es por lo tanto natural que Davide (7 a�os) le diga a la mam�": Yo las manos lavado soy" o que Mike (5 a�os) diga": Yo con Pietro jugar no", o que griten en japon�s desde ducha y no entiendan lo que quieren.

En realidad los ni�os se est�n revelando los primeros misioneros, porque por ellos, los padres de los compa�eros de clase y juego entran en contacto con nuestras familias y quien hace de traductor son  a menudo, son los mismos ni�os.

Aqu� a Kohoku, cuando Dios quiera, se empezar� la evangelizaci�n, o bien se iniciar� un camino de fe, un catecumenado para adultos, que introduzca a los paganos en la fe cristiana, aquello que se dice " implantatio ecclesi�", ya que el Evangelio no ha llegado todav�a.
Mientras tanto el Se�or est� llev�ndonos a muchos japoneses, casi dir�a sin esfuerzo alguno por nuestra parte, con muchas familias hemos entablado amistad.
Todos quedan sorprendidos por la cruz dorada que usamos para las celebraciones en las casas, del comedor y del t�lamo nupcial.
Los japoneses se asombran al ver la familia cristiana alrededor del mismo comedor porque en su cultura no hay.
Casi nunca el padre japon�s come y se entretiene con la mujer y los hijos alrededor de la misma mesa y eso porque sale a las siete de la ma�ana y regresa a medianoche, a menudo tambi�n trabaja el domingo.
Estamos en un pa�s donde el trabajo ha sido elevado por generaciones, al rango de divinidad primaria.
La familia del japon�s es el llamado kaisha (empresa o compa��a) y qui�n all� entra, si se casa no tiene tiempo para la mujer, si no est� casado,  ya no tiene tiempo para buscarse a la futura mujer.

Nuestros misioneros han remediado esto eligiendo trabajos part - time y esperando en la providencia de Dios.
A los ojos de un extranjero el Jap�n se presenta con los semblantes de un gran cuerpo bien concadenado y conexo; cada miembro se mueve escrupulosamente a velocidad cronom�trica.
Efectivamente los japoneses poseen un esp�ritu de cuerpo �nico pero este cuerpo parece no tener alma.

Esta ausencia se respira en el aire.
Creemos que en funci�n a esta aportaci�n de alma, que es para el hombre y las sociedades humanas la fe cristiana cuya depositaria es la Iglesia, el Papa haya querido mandar familias cristianas adultas para que, en  varias partes del mundo, puedan dar raz�n de la fe qu� gratis han recibido y que les ha dado una vida nueva.

 

Un abrazo
Cayetano

 

3� Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced (Burriana - Castell�n - Espa�a)

Hosted by www.Geocities.ws

1