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TESTIMONIO DE UN PRESO

El Neocatecumenado
Presentaci�n por Kiko y Carmen
Las Comunidades Neocatecumenales
Nace entre los pobres
Documento de los p�rrocos y responsables de las primeras parroquias de Roma. (1972)
Un camino para redescubrir el Bautismo
Encuentro del Papa con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades
Parroquias para el III Milenio San Bartolom� in Tuto
Parroquias para el III Milenio San Leone Vescovo
Kiko en el s�nodo de Obispos de Europa
Comentario sobre el S�nodo europeo por Kiko Arg�ello
Meeting por la amistad entre los pueblos
Carta de Kiko Arg�ello a Juan Pablo II
Los inicios del Camino en Italia
El icono de la Sagrada Familia de Nazaret

Seminarios Redemptoris Mater
Seminarios Diocesanos Misioneros "Redemptoris Mater"
Seminario Redemptoris Mater de Castell�n - Espa�a I
Decreto de erecci�n can�nica Redemptoris Mater de Castell�n

Misi�n Familias
Convicencia en Porto San Giorgio
Plegaria de envio de las Familias
Puebla (Mexico)
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La Eucarist�a
Nota de la Congregaci�n del Culto Divino

Domus Galilaeae
Centro Internacional Monte de las Bienaventuranzas

Convivencia de Obispos en Nueva York
Carta de Invitaci�n
Introducci�n de Kiko
Telegrama del Santo Padre
la teologia de la belleza
Homilia del Cardena O�connor
Carta de los Obispos al Santo Padre
Fotos

Experiencias
Testimonio de Kiko Arg�ello
Testimonio de Carmen Hern�ndez
Desde Hong Kong
Un sacerdote entrega su vida
Un Cardenal
Testimonio de un preso

 

Querido Kiko: �que la Paz del Se�or resucitado est� siempre contigo!.

Me llamo Pasquale y soy de la primera comunidad neocatecumenal de la c�rcel de Poggioreale (N�poles). Estoy contento de escribirte esta carta porque cuando me mandaron los anuncios de las catequesis fu� a escuchar solo por asuntos personales, porque quer�a meterme en el bolsillo al sacerdote, porque ya llevaba ocho meses en la c�rcel y pensaba que el sacerdote pod�a hacerme salir de la c�rcel. Sin embargo no sab�a que el Se�or ten�a para m� un proyecto bien distinto. Y cuando fuimos a escuchar las catequesis, �ramos 80 presos.

Las catequesis hablaban, pero nosotros no las escuch�bamos y hablaban de este camino neocatecumenal, hablaban de este espa�ol, de este Kiko, hablaban de la Virgen Mar�a, pero a m� personalmente no me importaba absolutamente nada, porque solo pensaba en salir de la c�rcel.

Pensaba en todos mis problemas de afuera, pensaba en todos los a�os de c�rcel que ya hab�a pasado y nadie me liber� nunca, como pod�a liberarme Jesucristo, pero los catequistas segu�an dici�ndonos que el Se�or nos librar�a de nuestras esclavitudes, aunque yo, sinceramente hablando, no me lo cre�a, y dec�a: "no son m�s que chorradas, �qu� quieren estos pelmas?..., ellos ahora se van a casa, mientras que nosotros estamos encerrados aqu� dentro y nos vienen a decir todas estas chorradas..., pero a m�, �qu� me importa!".

Pensaba en todo lo que hac�a afuera, pensaba que al salir ten�a que vender droga, pensaba robar a la gente para sacar dinero, incluso estaba pensando en meterme en alg�n clan camorrista, porque quer�a vengarme de todas las maldades que hab�a recibido.

Pero durante las catequesis estaba naciendo algo dentro de m�, cada catequesis que escuchaba me hac�a estar clavado en la silla, ya no era capaz de oir la voz de mis amigos, el Se�or quer�a hacer nacer algo dentro de m�, pero todav�a no quer�a aceptar esa realidad.

Porque el Se�or sab�a como pillarme, porque El sab�a que doy asco, pero el Se�or no me abandon�, sab�a que yo ten�a necesidad de El. El Se�or me estuvo realmente cerca porque el sab�a que yo era d�bil, ya sab�a de mis perseguidores y no me abandonaba nunca.

Porque luego empezaron las persecuciones, mis amigos empezaron a decirme que era idiota, siempre me dec�an "pero, �c�mo consigues estar sentado y escuchar estas bobadas?"..., pero el Se�or no me dejaba ir. El sab�a que yo ten�a necesidad de El, porque en la c�rcel es dif�cil escuchar la Palabra de Dios, porque todos piensan que ir a la iglesia es una verg�enza, porque tambi�n yo pensaba todo esto y no estaba confirmado, no hab�a hecho la primera Comuni�n, no me hab�a confesado en mi vida, es m�s, los curas y las monjas me eran todos antip�ticos e incluso llegu� a robarles.

Pero el Se�or sab�a adonde quer�a llevarme, a esta nueva vida... Durante la celebraci�n penitencial me encerraba en m� mismo porque ten�a miedo de confesarme, de ser juzgado, ten�a miedo de la verg�enza, pero algo sucedi� dentro de m� durante la celebraci�n, no s� ni como explicarlo, me encontr� delante del sacerdote sin ni siquiera darme cuenta.

El Se�or quiso llevarme all�, hacerme sentir la alegr�a dentro de m�, hacerme sentir el amor que El ten�a por m�, hacerme sentir que El me quer�a realmente, que El me estaba perdonando todos mis pecados, porque pensaba que mi vida ya no era nada, que estaba acabada, porque a mi siempre me juzgaron los tribunales y siempre fu� condenado, me dieron siempre a�os de c�rcel.

Pero en aquella penitencial v� c�mo el Se�or, con todas las maldades, con todo el mal que he hecho a la pobre gente, con toda la droga que vend� a los pobres chavales inocentes, v� que el Se�or me perdon�, entonces entend� que hab�a un Dios que no me condenaba, sino que me hab�a perdonado todos los pecados.

Pero la alegr�a y el amor que el Se�or quer�a darme cre�a que se acabar�an despu�s de la penitencial, pero el Se�or, una vez m�s, se me manifest� en la celebraci�n de la Biblia (de la Palabra -se refiere a la celebraci�n de la entrega solemne de la Biblia por parte de la Iglesia, en el marco de una celebraci�n de la Palabra que tiene lugar en el per�odo de catequesis, una vez realizada la penitencial-) porque despu�s de la celebraci�n volvimos a las celdas y abr� la Biblia al azar y la lectura que sali� era precisamente la de "L�zaro, sal fuera!". All� el Se�or me hizo entender que aquel L�zaro que estaba en el sepulcro era yo, el Se�or poco a poco me estaba haciendo entender que quer�a devolverme la vida. Quer�a hacerme vivir una alegr�a todav�a m�s grande, la celebraci�n de la Eucarist�a. All� realmente el Se�or estaba comenzando a abrir este camino, porque todo me llamaba la atenci�n: los salmos, los cantos...

...Pero de repente sucedi� algo... y empieza tambi�n la persecuci�n y el pitorreo, mis compa�eros de celda empezaron a decirme "pero, �qui�n te obliga a hacerlo?"... y mes tras mes el Se�or estaba realmente haciendo nacer algo dentro de m�, me estaba haciendo entender, a pesar de que yo hubiera ido a las catequesis para meterme en el bolsillo al sacerdote para salir de la c�rcel.

Pero el Se�or me hac�a sentir cada vez m�s feliz porque segu�a en la c�rcel, el Se�or me estaba liberando de mis maldades, de mis esclavitudes, de la esclavitud de la droga, de la esclavitud del mal, el Se�or me estaba haciendo entender que mi vida no era el dinero, sino mi familia. Porque yo pensaba que el dinero lo era todo para m�, el Se�or me hac�a entender que ten�a que ir a trabajar y que no deb�a robar ni vender droga. Lo m�s bonito era cuando mi mujer ven�a a visitarme y yo le hablaba de la comunidad. Mi mujer me ve�a cambiado pero tambi�n dec�a que estaba loco porque yo le dec�a que cuando saliera la llevar�a a la Iglesia y me casar�a con ella, pero ella no se lo cre�a, hac�a diez a�os que est�bamos casados por lo civil, pero ella segu�a dici�ndome que estaba loco porque yo le dec�a que ten�a que hacer la primera Comuni�n, pero ella no se lo cre�a. Realmente estaba creciendo en Jesucristo porque me daba cuenta de que ya no me importaba salir (de la c�rcel), el Se�or empezaba a hablar dentro de m�, hablaba a mi coraz�n, lo sent�a cada vez m�s cerca con el canto "Qui�n nos separar� del amor de Dios", no hac�a otra cosa que cantar este canto. ...El tiempo pasaba y yo no me daba cuenta... y el Se�or una vez m�s quer�a hacerme vivir algo precioso, porque el juez me di� ocho dias de permiso, pero esta vez no era como todas las dem�s veces, porque sent�a algo distinto a todas las dem�s veces que hab�a salido de la c�rcel. Las otras veces pensaba enseguida en conseguir dinero, pero esta vez el Se�or estaba cambiando realmente mi vida.

Porque el Se�or me hab�a puesto ante el camino del bien y del mal... estaba realmente cerca de m� y realmente era El quien me acompa�aba de la mano porque me quer�a mucho y me estaba haciendo salir de una esclavitud de la que nunca nadie pudo hacerme salir, de la esclavitud de la droga. ...Estaba muy contento porque sent�a que el Se�or empezaba a hablar a mi coraz�n, me daba la alegr�a de volver a la c�rcel porque si no hubiera conocido al Se�or seguramente no habr�a vuelto. Los ocho d�as de permiso pasados en casa con mi mujer y mis dos hijos fueron muy bonitos porque era muy distinto de las otras veces, porque las otras veces no me importaba nada estar en casa, porque sal�a corriendo a buscar a mis amigos para ver como deb�a conseguir dinero, hablando claro, adonde ten�a que ir a robar.

Pero luego volv� a la c�rcel con serenidad y tranquilo... Nuestros catequistas vinieron a vernos y estuvimos celebrando la Eucarist�a, y en un momento dado entr� una brigada con dos guardias y me llamaron para que saliera porque era libre. Pero yo ya no sent�a este deseo de salir y les dije que no me iba hasta que terminara la Eucarist�a. El capell�n y los catequistas me invitaban a irme porque era libre de salir, pero yo insist�a en que quer�a terminar la Eucarist�a. Y los guardias me dec�an que estaba loco porque nunca hab�an visto a nadie que no quisiera salir de la c�rcel, porque normalmente cuando salen, todos lo dejan todo y se van pitando, pero yo sent�a que el Se�or hablaba a mi vida. Cuando sal� de la c�rcel, el Se�or me hab�a puesto delante el camino del bien y del mal. He elegido la senda de Jesucristo, la estrecha dif�cil y cuesta arriba, y empec� a continuar el camino en la d�cima comunidad de San Giacomo, a pesar de que ten�a muchas dificultades porque viv�a lejos y no consegu�a ir hasta all� porque me faltaba dinero para gasolina, pero el Se�or siempre ha estado cerca de m� y as� he empezado a experimentar la providencia de Dios y a constatar que El es padre de la vida.

Como primera cosa, quise hacer la Confirmaci�n porque me hac�a falta para casarme en la Iglesia y me alegr� que uno de los catequistas de la c�rcel quisiera ser mi padrino y luego le ped� que tambi�n fuera mi padrino de boda y �l acept�. Fu� bonito el d�a de mi boda en la Iglesia, porque realmente sent�a que Jesucristo ven�a a atarme con m�s fuerza a mi mujer, a la que yo hab�a hecho sufrir tanto, cuando me drogaba y viv�a en la muerte, y me daba la posibilidad de tener una familia cristiana en el verdadero sentido de la palabra. Tuve problemas con las personas que estaban a mi alrededor, con los parientes que no cre�an que yo hubiera cambiado, que no era posible porque siempre que hab�a hecho una promesa, despu�s no la hab�a mantenido nunca, con mis amigos con los que iba a robar y a los cuales les dec�a que era el Se�or quien nos salvaba de nuestras esclavitudes, pero ellos me dec�an que estaba loco, pero ve�a lo importante que era hablar de Dios porque el Se�or me robustec�a, a m�, porque sent�a que ten�a necesidad de �l y he visto c�mo el Se�or provey� para m� y para mi familia.

Empec� a trabajar recogiendo la basura por la noche con una empresa privada, haciendo grandes sacrificios porque no quer�a renunciar a las celebraciones de la comunidad. Luego, cuando la empresa perdi� la contrata, me qued� en paro, pero despu�s de poco tiempo Dios provey� y encontr� un puesto de alba�il que para mi era agobiante porque ten�a que levantarme por la ma�ana muy temprano y sufr�a mucho por el cansancio, porque yo nunca hab�a trabajado as�, y esto yo no lo aceptaba demasiado bien porque ve�a que cuando vend�a droga trabajaba menos y ganaba mucho m�s. Pero el Se�or me hizo entender poco a poco que solo �l era importante y que ten�a que trabajar para alimentar a mi familia, y que lo m�s importante era anunciar su amor a mis compa�eros. Lo m�s bonito para m� es hablar de este Jesucristo resucitado, porque �l me ha sacado realmente de lo profundo del abismo, de la oscuridad de la muerte, en donde yo no ve�a la luz, pero el Se�or me ha sacado de nuevo a la luz, me ha devuelto la vida, y por todo eso quiero dar gracias al Se�or. Quiero dar gracias al Camino Neocatecumenal, porque si no hubiese conocido el Camino estar�a todav�a vendiendo droga, estar�a todav�a haciendo da�o a la gente, pero el Se�or ha sido realmente bueno, realmente me quiere como un padre. Es el �nico padre que he tenido en la vida, porque crec� sin padre, es el �nico padre que me ha querido, con todos mis pecados.

Un d�a me ocurri� que tuve que ir a un proceso por una vieja historia de droga, y a m� no me importaba nada tener que volver a la c�rcel, aunque lo sent�a por mi familia y mi comunidad. Y el Se�or me mostr� su gran paternidad tambi�n en este hecho, no dej�ndome solo, porque al proceso vinieron tambi�n los hermanos de mi comunidad, que mientras esperaban se pusieron a rezar conmigo, a pesar de toda la gente que hab�a, y gracias a sus oraciones y a la ayuda del Se�or, el juez me dijo que estaba libre y que no ten�a que volver a la c�rcel. Despu�s de estos a�os de camino a trav�s de las tribulaciones, las persecuciones, el Se�or me est� haciendo vivir los d�as m�s bonitos de mi vida porque en mi barrio antes se sab�a que yo robaba y vend�a droga, pero lo m�s bonito es que ahora solo me ven hablar de Jesucristo.

Querido Kiko, no acabar�a nunca de contarte las maravillas que el Se�or ha hecho conmigo, me ha hecho experimentar la alegr�a de tener otro hijo (Emanuele = Dios con nosotros) y un poco despu�s otra hija, de sentirme realmente padre y de hacer entender a mis hijos que siempre me equivoqu� en la vida, pero que hoy est� Jesucristo, que me ha aceptado con todos mis pecados y con todas las dificultades, que siempre est� Dios Padre que provee para nosotros. Yo me maravillo de m� mismo, veo como el Se�or se sirve de m� para llevar su Palabra aunque yo no sea digno de hablar de El, pero veo que El se sirve de m� para dar testimonio, de hecho algunos de mis amigos de infancia con los que robaba est�n viniendo ahora a escuchar las catequesis para poder entrar en comunidades.

Al final de esta carta, la hija de Pasquale quiso a�adir:

Querido Kiko, soy una ni�a de nueve a�os y tambi�n yo he tomado el camino del Se�or como ha hecho mi padre que era un drogadicto y un ladr�n, pero yo he entendido que lo m�s importante es tener alegr�a, amor, fraternidad con Dios y con nuestro pr�jimo.

El Se�or ha cambiado a mi familia y estamos siguiendo siempre a Dios y no lo dejaremos nunca, y siempre le seguiremos a El porque el dinero no hace feliz al hombre, al contrario, le hace infeliz, pero si un hombre sigue el camino del Se�or y de la paz, es feliz como mi familia y yo, pues nos ha cambiado y nos ha hecho salir de la tribulaci�n y nos ha hecho felices, alegres y llenos de la luz del Se�or, que ha entrado en nuestros corazones.

 

3� Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced (Burriana - Castell�n - Espa�a)

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