En
resumen.../ Bernardo Rengifo
"La dialéctica no libera lo diferente sino que, por el contrario,
garantiza que siempre estará atrapado. La soberanía dialéctica de lo mismo
consiste en dejarlo ser, pero bajo la ley de lo negativo, como el momento de
no-ser... Para liberar la diferencia precisamos de un pensamiento sin
contradicción, sin dialéctica, sin negación... En vez de preguntar y responder
dialécticamente, hay que pensar problemáticamente". (M. Foucault, "Theatrum Philosophicum").
"El motor especulativo de la dialéctica es la contradicción y su
solución. Pero su motor práctico es la alienación y la supresión de la
alienación, la alienación y la reapropiación. La dialéctica revela aquí su
verdadera naturaleza: arte sumarial entre todos, arte de discutir sobre las
propiedades y cambiar de propietarios, arte del resentimiento".
(G. Deleuze, "Nietzsche y la filosofía").
Entendimos la invitación de "Modus Operandi" como una apertura hacia
la reflexión sobre "operaciones con espacios", que reclama principios
teóricos y acercamientos contingentes (no totalitarios).
Como coincidimos en que la contingencia es un modo de ser del mundo de hoy y
concebimos el arte como una radical intervención en la caosmosis del presente,
la cual está surcada por una multiplicidad de dinámicas cuya complejidad
consistiría -en buena medida- en la expansión simultánea de heterogénesis,
modos autonómicos, prácticas espacializantes, diferendos...; quiero exponer un
breve resumen y algunas precisiones necesarias sobre nuestra participación.
La motivación principal para las intervenciones realizadas fue el deseo de
plantear, desde el principio, una alternativa óptica y práctica en relación con
los temas de la "independencia" y la "transgresión"
principalmente, frente a las actuales condiciones críticas de las producciones
de espacio. Se trataba de "desdialectizar" los supuestos para generar
una posible contextualización de los problemas desde concepciones quizá más
cercanas a lo que estaría ocurriendo hoy, y que el pensamiento dialéctico ya no
permite
pensar.
Allí surgieron algunos interrogantes que, aunque lamentablemente no alcanzaron
dimensiones de mayor problematización, siguen resonando. Como no se trata de
producir más obscuridad ni dejar las cosas en la indecisión, quiero dar un paso
adelante para resumir brevemente los interrogantes que nos parece que se
conservan:
1. Nos pareció, y nos sigue pareciendo, que es necesario conducir los temas
fuera de una dialéctica de opuestos (amo-siervo) para hacerlos ingresar en
nuevas condiciones analíticas y prácticas (maquínicas). Hipótesis: ¿cuando se
sale del círculo dialéctico, la independencia y la transgresión se convierten
en falsos dilemas?
2. Aunque parece claro que el orden institucional tiene la capacidad para
"absorber" flujos de creación que no se inscriben en su
"axiomática" (como lo sugería acertadamente una intervención de J. A.
Gaitán), no basta con suponer que se está libre de esas presiones (pretensión
de subjetividad incontaminada); sería necesario no sólo situarlas en un campo
de visibilidad sino relacionarse con ellas. La heterogénesis las puede incluir
y conducir a nuevas relaciones, y es allí donde interviene decisivamente un
pliegue de subjetivación.
3. En ese contexto, nos pareció que los planteamientos de Félix Guattari (Cf.
"Caosmosis") respecto a las posibilidades que brindan nuevos modos de
subjetivación (autorreferencia), constituyen una vía que no sólo evita la
dialectización de esos problemas sino que puede conducir a la creación de
nuevos territorios existenciales a partir de componentes heterogéneos de
enunciación (individual y colectiva). Aquí no deja de resonar la intervención
de J. A. Gaitán, en el sentido de indagar hasta dónde puede ser desplazada la
cuestión sobre la capacidad para "retar esas fronteras".
4. La autorreferencia aquí no estaría condicionada a una
"universalidad" del objeto sino al devenir de toda
"expresión" posible sobre objetos, estados de cosas, enunciaciones...
En la autopoiésis de heterogeneidad (diferencia nietzscheana), el sentido que
se puedan otorgar a sí mismos los objetos es una "toma de decisión"
(Luhmann), y por tanto, está limitado definitivamente al campo de ese objeto y
no de todos los objetos. En ese sentido sería un acontecimiento
"autológico", puesto que desde el punto de vista de un
sistema de diferencias (entorno-sistema), las condiciones enunciativas,
descriptivas o inclusivas de la lógica clásica binaria se ven destituidas en
favor de la lógica propia del objeto-sistema ya diferenciado.
5. Cuando se habla de subjetivación no se alude a un "sujeto de
conocimiento" o a una identidad de persona (autor), sino a una relación de
la fuerza consigo misma. En ese sentido, sería un "pliegue constitutivo de
un modo de existencia", como lo afirmara Deleuze a propósito de los
últimos trabajos de Foucault: la existencia como obra de arte.
6. El problema de la dialectización supone una verticalidad discursiva
diferente al perspectivismo (horizontalidad); nos pareció que las tesis de Brea
intentaban conjugar activamente esas dos modalidades de pensamiento, con las
consiguientes dificultades que intentábamos señalar. No se trataría tanto de
posicionarse de determinada manera "sintetizando" posturas teóricas, sino
al revés, tratar de concebir las posibilidades constructivas de un
"nuevo paradigma estético" a partir de universos polifónicos de
referencia (Guattari).
7. Creemos que el reciente planteamiento de Jaime Iregui, a propósito de la
"autonomía", englobaría una posibilidad de reinvención subjetiva a
partir de la relación entre un "dispositivo" y un
"entorno", relación que se daría a sí misma la determinación de sus
conexiones con el afuera. Si logramos entenderlo bien, se podría plantear como un
"dispositivo autonómico" que podría atravesar un universo de
"dispositivos estabilizantes" sin dejarse reducir por ellos. Esta
propuesta deja abierto un interesante campo de problemas, si se acepta concebir
un plano de relaciones creación-entorno que
se desprenda de las "dialectizaciones" tradicionales.
Resumen [para profanos] / Pablo Batelli
La primera vez en mi vida que me vi enfrentado a la idea de
lo que podría ser una máquina o dispositivo fue en mis años tempranos de
primaria cuando mi profesor de matemáticas intentó definir a sus estudiantes lo
que significaba una función: "una función es una máquina o dispositivo que
transforma un número en otro". El dibujo de aquella cosa era bastante
sencillo y lo describo a continuación: a una letra en mayúscula X le
sucedía una flechita; luego aparecía una caja que representaba el dispositivo o
la máquina, luego una segunda flecha y al final de la secuencia una Y mayúscula
["X (flecha) máquina (flecha) Y]. Una función era entonces una cadena de
símbolos que tomaba la X como fuente y entregaba la Y como destino. ¿O era
solamente la caja entre estas dos letras?
Si la función era solo lo que estaba entre los dos extremos
o si era un mecanismo mas complejo que involucraba todos los símbolos de la
cadena fue una pregunta que tardó un tiempo en aparecer: pero una vez que
surgió se convirtió en un monstruo que no me dejó tranquilo y bajo esta
atmósfera de zozobra intelectual transcurrieron mis años de escolar. Luego
encontré una definición que no permitía ambigüedades ni interpretaciones. Una
definición exacta: [una función es un conjunto de pares ordenados tales que
para cualquier dos pares (a,b) y (a,c) se tiene que b==c]. Nótese que el número
de elementos en la cadena "(a,b)" es cinco, igual al de "X
(flecha) máquina (flecha) Y".
La definición de un dispositivo que puede establecer
relaciones con un entorno y mantener su autonomía en medio de
las mecanismos estabilizantes me parece interesante; pero no veo
claramente cómo es que esta "solución horizontal" entra en pugna con
una mirada "dialéctica" -vertical-. La mención del dispositivo es
meramente descriptiva y en su descripción es claro que se habla de relaciones
horizontales; sinembargo, cuando se intenta traspasar la barrera de lo
descriptivo y determinar la naturaleza misma de las relaciones, creo que se
hace inevitable la aparición del elemento dialéctico.
En el campo de la física, a partir de una serie de lecturas
realizadas con cierta dedicación y esmero, encuentro que el dispositivo no
es tan sencillo ni tan fácil de precisar. La secuencia "X
(flecha) máquina (flecha) Y" resulta veraz cuando se la
observa desde una perspectiva probabilística, pero no es exacta para cada uno
de los miembros en particular que componen un dominio X. Casi que podría
decirse que la física entera parecería una predicción probabilística en
tanto la matemática sería lo veraz, porque la física parte de observaciones a
las que convierte en leyes y, bajo riesgo acotado, en axiomas, y la
matemática decide partir desde la formulación de los axiomas. Si
bien el nacimiento de las dos disciplinas mencionadas es distinto, debido
a las limitaciones de consistencia de los sistemas axiomáticos que propone la
matemática, ambas comparten por así decirlo "los riesgos de la probabilidad",
de la "verdad probabilística". Esta verdad probabilística, no la
entiendo como la ausencia de verdad, sino como verdades llamadas tal vez a ser
prontamente relevadas por otras: verdades temporales, verdades proporcionales a
la naturaleza efímera y temporal de la condición humana. A pesar de ello, es
sorprendente que algunas de estas "verdades transitorias" hayan
superado la vida de varias generaciones. Nos podríamos preguntar si lo que
sucede ahora es que una llamada "vida media" de una reciente verdad
es menor a cada día que pasa.
Veo en modus operandi que lo que se ha planteado desde el
terreno de la filosofía, es una pugna entre el pensamiento dialéctico y otro
tipo de pensamiento que pueda ser capaz de romper la binariedad encarnada en lo
dialéctico; además, veo que esta pugna tiene compromisos
políticos. Razón por la que nadie debería sorprenderse si a este
problema se lo ataca desde una perspectiva política y rastreramente
panfletaria. Desde la perspectiva filosófica expuesta en este foro, al
pensamiento binario se le han atribuido las características del resentimiento,
en tanto a ese otro tipo de pensamiento que supera lo binario -que transgrede y
va más allá de la relación vertical entre el amo y el siervo-, se le han
otorgado ciertas cualidades libertarias o endosado las virtudes de un
dispositivo. Esta pugna se vive -y los filósofos lo deben saber bien- dentro de
los límites de la misma física. Podemos empezar con un ejemplo sencillo:
nuestro famoso tema del lanzamiento de los dados (que concierne por igual a
filósofos, literatos, físicos, matemáticos y apostadores). ¿Por qué nos
resulta imposible predecir la cara que se mostrará en el siguiente
lanzamiento? ¿En virtud de qué ley podemos afirmar que en el lanzamiento
reiterado un suficiente número de veces encontraremos que cada una de las
caras se ha mostrado en proporción aproximada de una sexta parte
del total de los lanzamientos? ¿Cuántos lanzamientos son "un
suficiente número de veces" y qué significa una "proporción
aproximada"?
En tanto la respuesta a la última pregunta nos adentraría en
ciertos tecnicismos, sencillos pero irrelevantes para esta intervención, hay
otra pregunta que cualquiera puede hacerse sin necesidad de conocer todo el
detalle matemático: ¿Bajo qué condiciones podríamos predecir el resultado del
siguiente lanzamiento? Vamos a hacer un intento por aclarar al menos las
variables que podrían intervenir en el resultado final.
a. Las condiciones del dado en la mano
antes de ser lanzado sobre la mesa. Estas condiciones, al menos en principio,
podrían ser reemplazadas por la medición de la posición del dado al chocar
contra la mesa, la intensidad y dirección de la fuerza con la que choca, la
temperatura, la masa, la dureza de los materiales... Para simplificar un poco
esta instancia diríamos que no nos interesa si el dado ha salido de una mano
fuerte o débil, caliente o fría, si el lanzador ha batido demasiado su mano,
todas estas condiciones quedarían en teoría atrapadas en las observaciones
realizadas en el momento en que el dado entra por primera vez en contacto con
la mesa. (Un problema que de por sí no es nada sencillo de resolver).
b. La determinación del centro de
gravedad del dado. Si se trata de un dado con caras pintadas, el
centro de gravedad se habrá desplazado hacia el lado del número seis; se puede
invocar que este desplazamiento sería demasiado pequeño -infinitesimal-
pero para efectos de lograr la predicción preferiríamos lograr la medición
de ese centro con la mayor precisión que nos fuera posible. Algo similar e
inverso sucedería si el dado fuese perforado en lugar de pintado.
Una vez definidas las variables que creemos que deben ser
tomadas en cuenta, asumido que las conocemos todas, que son finitas, y que
podemos conocerlas, el siguiente problema es efectuar la medición. ¿Qué tan
refinados deben ser nuestros instrumentos de medición? Supongamos que son
bastante refinados pero que descubrimos que nuestra predicción se inclina
violentamente hacia un resultado u otro con apenas una mínima variación de
alguna de las variables que intervienen en la ecuación o en el sistema de
ecuaciones. Nos cansamos de refinar la medición sin comprobar progresos en la
predicción. El caso es hipotético, pero si las mediciones para este
problema del lanzamiento del dado se pudieran llevar a cabo, nos
encontraríamos frente a un sistema fuertemente sensible a las condiciones
iniciales; así tendríamos que llamar a este sistema dada nuestra dificultad
para predecir un resultado no importa el grado de precisión y desarrollo
decimal no trivial con que consideramos nuestros factores.
Al cabo de múltiples intentos realizando mediciones que
lograran establecer la predicción, y ante sucesivos fracasos, nos
preguntaríamos si nos habíamos planteado un problema insoluble y quisiéramos,
si este fuera el caso, una teoría que nos pudiera comprobar la insolubilidad
del problema, o la existencia de una solución todavía no alcanzada.
¿Es prueba suficiente de los límites de la física y del
pensamiento binario su incapacidad para predecir situaciones específicas, en
especial en el contexto de los sistemas fuertemente sensibles a las condiciones
iniciales? ¿Prueban estos complejos sistemas y las dificultades enormes que
tiene la física para lidiar con ellos la afirmación de que el mundo está no
determinado?
Otras hipótesis válidas en este punto serían: existen en
cada uno de estos sistemas "variables invisibles";
significa algo más que variables que no han sido descubiertas, sino
unas muy particulares que por una suerte de imposibilidad lógica o
teológica nunca podrán ser descubiertas, y por lo tanto, nisiquiera medidas.
Otra: que el grado de desarrollo decimal requerido para hacer la predicción
infalible es infinito para al menos una de las variables. En
este segundo caso, no podríamos decir que no existe la determinación, sino que
podría existir pero que nos resulta imposible acceder a ella porque no podemos
lograr mediciones con una precisión infinita. No podemos conocer los mecanismos
de determinación y por lo tanto el mundo se nos presenta sujeto a una rica
suerte de probabilidades. Pero en términos estrictos, así como no existe la
prueba definitiva de una máquina totalmente regulada y predecible, no existe la
prueba de su impredictibilidad; alegar una cosa o la otra resulta necesariamente
en posiciones dogmáticas -o como se ha mencionado aquí, totalitarias-.
¿Afectaría la prueba en un sentido o en otro la sensación que tiene el hombre
de ejercer una suerte de libre albedrío? Anticiparse a señalar que sería
verdaderamente de esta forma no hace sino proyectar los miedos internos.
Una de las demostraciones más lindas de la matemática es
aquella según la cual, en virtud de un axioma que parecería intuitivamente
correcto -llamado el axioma de elección-, existe una forma de cortar una esfera
de tal manera que el resultado de este corte muy particular, son dos esferas de
igual volumen que la esfera original. Cito este caso extraño para señalar que
la sorpresa proviene cuando lo absurdo surge consecuentemente, de acuerdo a
estrictas y claras normas de inferencia, de lo que se toma por veraz. Este
tipo de paradojas de la matemática, lejos de contribuir a su deterioro como
sistema de pensamiento, demuestran su riqueza y su capacidad para
involucrar su mayor y más temido crítico: la contradicción.
Estoy haciendo estas breves reflexiones porque percibo que
lo que despectivamente se denomina "pensamiento binario" no se
encuentra ni remotamente agotado, ni descontextualizado históricamente. Antes
bien, veo un afán de producción de "discursos de consumo" (y
podemos cerciorarnos de esto observando la cantidad de carritos de mercado que
acompañan cada una de las intervenciones) para los cuales librar una
lucha contra este pensamiento binario se vuelve verdaderamente indispensable y
que viven dialécticamente en oposición a un canon. No estaría tan en
contra de estos "discursos de consumo" -otra categoría del
mercantilismo, un tanto más invisible que el comercio vulgar de bienes- si
en verdad lograran libertarnos de los estrechos márgenes de acción a que
nos ha reducido -no el pensamiento binario- sino sus
mezquinas aplicaciones en un sistema económico específico. Pero cada vez
que les es enviado un llamado a participar en forma concreta en estos procesos
de liberación, no encuentran otra alternativa que reducir al provocador
bajo el término de "activista". Ni activista, ni provocador, ni
dialéctico, ni marxista. Tal vez vulgar sí, y con enorme placer, si mis
vulgaridades son de tal naturaleza que desencajan a quienes se ven a si mismos
como personas tolerantes. Aquí no veo sino el surgimiento de nuevos
cánones, atrapados en el mecanismo dialéctico que pretenden redefinir. Así como
el pensamiento binario ha defendido instancias de poder, ahora tenemos que
defendernos de aquellos que nos van a dar la libertad.
pd. ¿y si nos situáramos en la perspectiva siguiente: es el
otro el que tiene la razón? ¿Cómo voy a lograr que el otro pueda convencerme?
ppd. estoy sorprendido por el lenguaje de Bernardo Rengifo. No puede decirse que carezca de pretensiones despóticas: llamaríamos a tal exhibición de potencia intelectual: "el totalitarismo de la ilustración". ¿No debería ser función del que no es ignorante conducir al otro por la senda del saber en lugar de regocijarse pisoteándolo del modo en que lo hace? El otro día, al llegar a casa, una baba gelatinosa colgaba de los botones de mi camisa; por supuesto, al poco tiempo pude darme cuenta que era una manchita de jabón líquido que se había escapado de mis manos, pero durante ese breve lapso de tiempo que me tomó resolver el problema me asaltó la idea de que hubiera sido "tolerantemente" escupido por alguien o de que fueran mis propias palabras las que se arrastraban hacia abajo.
pppd. igualmente, me preocupa ver el uso del plural a lo
largo de la intervención de Bernardo Rengifo: ¿cuántos son los que hablan cada
vez que se expone un argumento?
ppppd. no se requiere de mucho estudiar para observar los
efectos que ciertos planteamientos ejercen en un medio social.
Los trajes del emperador / Jaime Iregui
En este intercambio
de experiencias (La Rebeca, Squats, 24/7, Palais de Tokyo, Ataque de Alas,
Festival del Performance, Valdéz, Parabólica, De memoria, Día a día..) sobre el
modus operandi de
proyectos
independientes e institucionales, así como en la discusión on-line, se hizo
claro -tanto por el número de asistentes al seminario como por la diversidad y
el nivel de las participaciones en este espacio electrónico- que hay un real
interés por conocer como funcionan estos espacios autónomos y en definir los
medios que permitan su práctica.
Más allá de estar o
no de acuerdo con modos de operar y reflexiones en torno a este tema, se puede
percibir que así como hay espacios que funcionan sin hacer concesiones al
mercado institucional y comercial, hay una reflexión de fondo que los acompaña
y que se ve asociada más con búsquedas y soluciones de sentido específicas que
con la dependencia que implica la construcción de problemas conceptuales que
traduzcan a nivel local lo que acontece en otros territorios.
La discusión se
enfocó también en re-contextualizar conceptos como resistencia, oposición,
trasgresión, institución e independencia. Como se dijo en su momento, aunque a
veces parecía detenerse, se avanzó sustancialmente sin necesidad de buscar
consensos dada la intensidad y el nivel de la discusión.
Es visible que
buena parte de estos espacios ya no buscan ni instituir nichos de resistencia
"fuera" de las instituciones, como tampoco buscar legitimidad a
partir de una posición anti-institucional.
Los modos de operar
basados en la dialéctica y la oposición, parecen -valga la redundancia-
inoperantes en un medio tan complejo como el actual, donde los límites entre lo
institucional y lo no-institucional ya no son tan claros y la relación tensa y
conflictiva entre ambas instancias parece haber perdido sentido pues todo
parece indicar que se atraen y utilizan mutuamente.
Las instituciones
artísticas invierten sus recursos para incorporar modos de operar más flexibles
y descentrados: Documentas, bienales y hasta salones ya no se piensan y
materializan en un sólo sitio y
desde una sola
mirada curatorial. El caso del Palais de Tokyo ilustra muy bien esta mutación
que no sólo es institucional, sino que compromete la totalidad del medio
artístico y cultural.
Por su parte las
prácticas independientes establecen su autonomía con apoyos financieros de
fundaciones e instituciones sin ánimo de lucro. En Europa se expanden
rápidamente y en nuestro medio su independencia se da prácticamente por
"default" pues al no haber instituciones con fondos para
financiarlos, su grado de autonomía aumenta a medida que se trabaje con el
mínimo presupuesto posible.
Definitivamente, ni
el territorio ni los modos de operar parecen tienen la relativa nitidez de hace
unos años. Como lo afirma Toni Negri al señalar un estado post-institucional
que podría hacerse extensivo a lo independiente:
"Esta crisis
general no significa necesariamente que las instituciones ya no produzcan
subjetividad. Antes bien, lo que ha cambiado es la segunda condición: esto es,
el lugar de la producción de la subjetividad ya no se define del mismo modo.
En resumidas
cuentas, la crisis significa que hoy los recintos que solían definir el espacio
limitado de las instituciones se han derrumbado, de modo tal que la lógica que
alguna vez funcionó principalmente en el interior de los muros institucionales
ahora se expande por todo el terreno social.
Lo
interior y lo exterior se han vuelto indiscernibles."
***
Como coordinador de
Modus_Operandi quiero agradecer la generosidad de todos aquellos que
contribuyeron con sus ideas, así como el interés y la paciencia de los más de
mil doscientos afiliados que participaron a través de la lectura y/o el archivo
de los textos que circularon
por este espacio.
\\\\\\\\\\\\\notas////////////////////////////////////////////////
>Imperio y entorno
Cuando el sociólogo alemán Niklas Luhmann planteaba en
"Sociedad y sistema" que el sistema cultural estaba
constituido
únicamente por comunicaciones (lenguajes, culturas, observaciones,
informaciones) y que el ser humano no hacía parte de él sino de su
entorno, la conmoción fue generalizada: el hombre pasa de ocupar
un espacio privilegiado y es desplazado a un limbo conceptual
conocido como "entorno".
Desde el carácter formal, horizontal y achatado de la Teoría de
Sistemas que sirve como herramienta a Luhmann en su ambiciosa
visión de la sociedad, el entorno del sistema cultural está
conformado por sistemas síquicos (la mente) y
biológicos (el cuerpo).
Según lo anterior, podríamos deducir que la humanidad ha venido
construyendo un sistema sociocultural que desde las perspectivas
de Luhmann y Negri, parece estar entrando en una fase de
autonomización creciente (imperial) que, como lo
anota Negri:
"se configuró inicialmente como una estructura sistémica dinámica y
flexible que se articula horizontalmente. Concebimos dicha estructura
como un híbrido entre la teoría de sistemas de Niklas Luhmann y la
teoría de la justicia de John Rawls.
Algunos llaman a esta situación "el ejercicio de la autoridad sin
gobierno", para indicar la lógica estructural, a veces
imperceptible
pero siempre progresivamente efectiva, que arrastra a todos los
actores dentro del orden del todo. La totalidad sistémica tiene una
posición dominante en el orden global, rompe resueltamente con toda
dialéctica previa y desarrolla un integración de los actores que
parece lineal y espontánea"
>Tres espacios distintos
Mientras que en la premodernidad reinaban los concepciones
del espacio como algo finito-trascendente y en la modernidad como
dimensión estructurante, actualmente este se percibe, en gran parte,
como fluctuante, contingente e inmaterial.
En un contexto de estas características (donde estos tres estados del
espacio no se cancelan sino se sobreponen) lo "institucional"
parece
una dimensión localizable que además nos estructura y nos habita.
Podemos pensar que aunque su función es reductiva y estabilizante
(necesaria para medir, controlar y determinar el estado de las cosas)
se puede percibir, en un sentido ampliado, como una gran trama
invisible que parece atravesar todas las dimensiones sociales y
culturales.
En este contexto, pensar la autonomía a partir de estructuras como
aparatos, máquinas o dispositivos es posible y funcional. Sin embargo
la noción de sistema puede ser de mayor utilidad: por una parte el
sistema (artístico, institucional, cultural) se puede pensar como una
entidad relacional que, a diferencia de la noción de estructura,
tiene límites físicos y/o de sentido a través de los cuales establece
conexiones con el entorno.
Aperturas...
/ Bernardo Rengifo
Desde un horizonte especialmente centrado en la relación espacio-subjetivación
y evitando a toda costa caer en "exclusiones" o "pretensiones
totalitarias", me parece que los últimos textos de Jaime Iregui logran
resituar -y además abrir como líneas de investigación- varios problemas que
venían resonando a lo largo de las discusiones en Modus-Operandi. Es por eso
que quiero referirme a algunos puntos de "Los trajes del emperador",
"Imperio y entorno" y "Tres espacios distintos", en su
carácter de líneas de trabajo:
1. En primer término, me parece que el enunciado de fondo: "Practicar el
espacio" (De Certeau), abriría una multiplicidad de perspectivas que no
sólo podrían cristalizar en la construcción o re-construcción de relaciones
alternativas con obras, modos de "estar", lenguajes..., sino también
por lo que ese enunciado pueda tener de "revolucionario", es decir,
como potencia capaz de abrir nuevos campos de experiencia, en la medida en que
ya no se pensaría el espacio como "forma" o exterioridad
estructurante, casi "material" (ver Iregui, "Tres espacios
distintos"), sino como realidad variable, múltiple, constitutiva,
inmanente... (¿Bajo qué condiciones algunas prácticas de espacialización pueden
generar conceptos, funciones o afectos renovadores?)
Por supuesto, se sabe que hay experiencias anteriores en torno a esa
concepción, pero por ahora encuentro en ese concepto de De Certeau una idea
singular sobre un tipo de articulación espacial específica, propia de una era
distinta que ha pasado a "cargar" (investir) todo el campo social con
nuevos modos de subjetivación (ver "La invención de lo cotidiano").
En todo caso, ni pretendo "glorificar" esto ni
"repudiarlo" (y muchísimo
menos "imponerlo"), sino tratar de hacerlo más visible.
2. Iregui afirma, en su primera distinción de "Tres espacios
distintos": "Mientras que en la premodernidad reinaban las
concepciones del espacio como algo finito-trascendente y en la modernidad como
dimensión estructurante, actualmente éste se percibe, en gran parte, como
fluctuante, contingente e inmaterial".
En efecto, el "espacio moderno" (ese "ethos mundano" cuya
progresiva desaparición ha analizado Paul Virilio, y que estaría siendo
reemplazado por una "red de velocidades" [espacio
"dromológico"]), el "espacio moderno" -decíamos- se
distinguió por un marcado carácter relacional e histórico, un
lugar para la identidad del sujeto (del hombre), o sencillamente, un
"lugar antropológico".
3. Pues bien, en esta "sobremodernidad" (o espacio de
"disolución de los lugares de reconocimiento para el sujeto",
bautizada así prudentemente por Augé, ver "Los no-lugares"), se
estaría asistiendo al surgimiento de
modalidades inéditas de espacialización, entre las cuales Augé dedica atención
especial al "no-lugar" de De Certeau, como espacio no antropológico
(sin memoria ni historia), desplazado de los referentes simbólicos
identitarios: "Un mundo donde se nace en la clínica y se muere en el
hospital, donde se multiplican, en modalidades lujosas o inhumanas, los puntos
de tránsito y las ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y las
habitaciones ocupadas ilegalmente, los clubes de vacaciones, los campos de
refugiados,
las barracas miserables destinadas a desaparecer o a degradarse
progresivamente), donde se desarrolla una apretada red de medios de
transporte..." (Cf. "Los no-lugares", págs. 83-84).
En realidad, una vida en medios de transporte y "vehiculizaciones" casi
permanentes, lugares anónimos que han trastocado progresivamente las
"vivencias" del espacio-tiempo, el lenguaje, la creación..., pero
también el cuerpo social bajo acontecimientos de desterritorialización inhumana
(ejemplo dramático: los colombianos mal llamados "desplazados" -en
realidad violentados, desposeídos, ultrajados, desarraigados...).
Pero, de nuevo, y hasta donde he podido entender, no parece que se trate de
oponer "lugares-modernos" (orgánicos) a
"no-lugares-sobremodernos" (anónimos), bajo una dialéctica de
contrarios que restituya una positividad a lo moderno a costa de cargar
negativamente el no-lugar como situación defectiva.
Todavía resulta necesario determinar -en la perspectiva de De Certeau- la
naturaleza de un probable "giro" kantiano en su construcción del
espacio, y por el momento sólo me limito a arriesgar la sospecha sobre si el
"lugar practicado" trastocaría el orden de modo que lo que no se
corresponde sería el "lugar" con el "espacio". Se trataría
de una dimensión no simbolizada, diferencial, que "barre con todo"
hasta el punto de desplazar incluso el lenguaje hacia una declinación de
sentido en la pura transitividad... Desde allí se podría preguntar: ¿Qué tipo
de no-lugar encarnan las ciudades latinoamericanas? ¿Megasociedades de
cohabitación de mundos o planos sociales irreductibles a sus propias
diferencias cualitativas y virtualmente
a punto de estallar?
4. Desde luego, en varias experiencias con espacios -manifestadas en
Modus-Operandi- eran visibles las intenciones de "ni instituir nichos de
resistencia ´fuera´ de las instituciones, como tampoco buscar legitimidad a
partir de una posición anti-institucional" (Iregui, "Los trajes del
emperador"). En efecto, se observa que muchas búsquedas específicas de
sentido se otorgan a sí mismas posibilidades autónomas de funcionamiento
"sin hacer concesiones al mercado institucional y comercial" (Ibid.).
5. Como también señala Iregui, "ni el territorio ni los modos de operar
parecen [tener] la relativa nitidez de hace unos años" (Cf. "Los
trajes del emperador"). Los procesos crecientes de "intercesión"
con el entorno actual, parecen mostrar descentramientos plurales y mutaciones
que trascienden las oposiciones tradicionales de la estética moderna, lo cual
bien podría revelar una nueva valorización de las relaciones de
espacialización, en el contexto de nuevas condiciones de producción de la
subjetividad (Guattari-Negri).
6. Esa "interioridad-exterioridad" propia de la institucionalidad del
siglo XX se ha vuelto decididamente indiscernible -como afirma Negri-, en
virtud de "recomposiciones del campo social" (aquí quiero remitir al
texto "Las verdades nómadas" de Negri y Guattari, especialmente al
acápite 3 del capítulo 2, del cual cito cinco puntos que parecen esenciales):
a) "Los nuevos modos de la subjetividad han desplazado literalmente los
viejos escenarios de la lucha de clases, instalándose en las raíces imaginarias
y cognitivas de las nuevas dimensiones del producir,
transmutando la toma de conciencia que les corresponde en un acto de voluntad
transformadora. Su afirmación dramática y tumultuosa ha puesto en discusión
nuestro "vivir" social y lo ha situado como base de una más alta
expresión subjetiva del conjunto de los sistemas de producción material y
semiótica..." (Pág. 33).
b) "La manifestación de lo singular como multiplicidad, como movilidad,
variabilidad espacio-temporal y creatividad. Esto constituye hoy el único valor
sobre cuya base se puede reconstruir el trabajo. Un trabajo que no pretende
cristalizar bajo la forma de la propiedad privada, que no considera los
instrumentos de producción como fines en sí, sino únicamente como medios para
la felicidad de la singularidad y para su expansión en rizomas maquínicos
abstractos y/o concretos". (Ibid.).
c) "Esta nueva producción de subjetividad concibe ahora el poder
únicamente como horizonte de liberación colectiva de las singularidades y como
trabajo polarizado sobre esta finalidad -en otros términos, como valorización y
autoproducción de las singularidades". (pág. 34)
d) "Los "universales" políticos no son portadores de ninguna
verdad trascendente; no son independientes de los juegos de la valorización
económica; son inseparables de los territorios particulares de poder y de
deseo de los hombres. La universalidad política no sabría desarrollarse a
través de la dialéctica amigo/enemigo, como prescriben la tradición
reaccionaria y jacobina de modo concurrente. La verdad "a medida del
universo" se constituye mediante el descubrimiento del amigo en su
singularidad, del otro en su irreductible heterogeneidad..." (Ibid.).
e) [Mayo de 1968] "... la revolución era entendida entonces como
optimización de las singularidades, como una entrada en la era de la existencia
contra el desastre de la situación presente en sus formas de dominio. La
corporalidad de la liberación se situó en primer plano. Insurrección de los
cuerpos como expresión de la subjetividad, como encarnación de la materialidad
de los deseos y de las necesidades, como promesa para el futuro, como
imposibilidad de separar la naturaleza colectiva del desarrollo y de la
singularización de sus fines. Insurrección de los cuerpos como liberación
efectiva de las gigantescas fuerzas productivas que el hombre, hasta entonces,
no hacía más que dirigir contra sí mismo. 1968 representa la vertiente
subjetiva de la producción; es una "interpretación" a gran escala de
su tejido social que disloca las problemáticas políticas precedentes sobre el
terreno de la representación en tanto que proyecto singular de liberación".
(págs. 35-36).
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7. Habría una "totalidad sistémica" en el orden global, que
definitivamente se ha separado de la dialéctica (Iregui, "Imperio y
entorno"), y no sólo de ella sino de los correlatos que la sostenían
[desde Luhmann, eso no se podría juzgar como bueno ni malo, sino como algo que
ya "es"]; correlatos como el primado de la "conciencia"
(hegeliana) en su pretendida condición de exclusiva realidad autorreferencial;
correlatos como el antropocentrismo de "tradiciones humanistas" que
presenciaron impasibles, ofrecieron espacios e
indirectamente fueron cómplices de vergonzosas manifestaciones de barbarie (la
"democracia" que elige a Hitler; el catolicismo que asiente ante el
exterminio judío; el acuerdo internacional que desterritorializa a los
palestinos...).
Se sabe que existen también en el "nuevo orden"
(en todos han existido) monstruosidades latentes y presentes (fascismos de todo
pelambre; reivindicaciones integristas; marginación mayor del Sur respecto al
Norte; sociopatías terroristas y legitimaciones de guerra imperial intensiva
contra ellas...). No se trataría de reivindicar ninguno de los dos órdenes y
tampoco renunciar a intervenciones políticas necesarias; nunca se ha propuesto
eso, sino comenzar a pensarlos y a buscar recomposiciones heterogéneas donde
sea posible. Es así como creo que podrían entenderse los postulados de Negri y
Guattari en ese sentido.
8. Es en tal contexto (y desde el punto de vista estético) que no resultaría
coherente seguir enarbolando pretensiones dialectizantes y supuestos de
transgresión de corte moderno sobre realidades que en todo caso ya no son
modernas (Lyotard). De todas maneras, el problema sigue en pie. Pero la
apertura hacia una composición de dispositivos o máquinas parece conveniente (¿apropiada?
¿útil?) frente a la totalidad sistémica y caósmica del presente (donde cada
operación es producción de diferencia y no reconciliación entre opuestos).
9. Esta última apertura puede constituir una buena aproximación al
"dispositivo" que se mencionó en algún momento: dado un modelo
estético (como máquina autopoiética de subjetivación), ¿qué capacidad tiene
para "renovar" materias de expresión o concebir cualidades
existenciales revolucionarias? O bien, planteado como hipótesis, porque aquí se
insinúa un "horizonte posible" (sujeto a investigación y
experimentación) y no una obligación:
¿El "dispositivo", concebido como pliegue mínimo de acción y
pensamiento -es decir, como construcción particular o combinación de uno [o
varios] "estado(s) de cosas" y una [o varias] enunciacion(es)- se
traduciría en un "compuesto" de singularidades intensivas en relación
con bloques de espacio-tiempo (donde conforma una máquina generadora de
diferencia); ese dispositivo, podría alterar (re-significar) la homogeneidad de
la totalidad sistémica bajo condiciones autónomas de expresión?
Bernardo Rengifo L.