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LA
INICIACION HERMETICA Y RENE GUENON
Federico Gonzalez
Este texto fu� publicado en la secci�n Notas del
N� doble 11-12 de SYMBOLOS dedicado a la "Tradici�n
Herm�tica", 1996.
Supongamos
que un lector interesado en esoterismo y conocedor de
textos y temas ligados a la cultura occidental, por
ejemplo Cristianismo, Dante, la saga del Graal, Masoner�a,
etc., o incluso amante del Hermetismo (Alquimia, C�bala,
Pitagorismo, Platonismo, Simb�lica, Astrolog�a) e Historia
de las religiones en general, hubiese llevado un orden
determinado con respecto a la lectura de la obra de
Gu�non y que �ste hubiera sido as�: los art�culos aparecidos
en La Gnose de 1909 a 1912, el estudio que aqu� publicamos,
El esoterismo de Dante, El Rey del Mundo, La Gran Tr�ada,
Formas tradicionales y ciclos c�smicos, S�mbolos fundamentales
de la Ciencia Sagrada, Sobre el esoterismo cristiano,
y los dos de cr�tica al mundo moderno en uno u otro
momento de su recorrido (La crisis del mundo moderno
y El reino de la cantidad y los signos de los tiempos,
muchas de cuyas conclusiones son hoy evidentes aunque
fueran publicados el primero en 1927 y el segundo en
1945), o incluso que el orden de las lecturas fuese
completamente otro: es probable que este supuesto lector
considerase a Gu�non como un autor herm�tico, como un
hermetista, conocedor en profundidad de otras tradiciones
y que adem�s hubiera depurado el medio de "ocultismo"
(El teosofismo y El error esp�rita) y escrito cientos
y cientos de p�ginas dedicadas a los grandes temas de
la Tradici�n Herm�tica, o a diversos componentes de
su acervo, como los s�mbolos, constituyentes del plano
intermediario por antonomasia; en suma, un hermetista,
como muchas personas lo consideran hoy de hecho. Recordemos
adem�s que su primer trabajo publicado es El Demiurgo
(de ra�z plat�nica-gn�stica, editado en el N� 8 de SYMBOLOS)
y su �ltimo libro La Gran Tr�ada, que como sus lectores
saben es donde m�s abunda la presencia del Hermetismo
y la Alquimia.
Por otra parte su inter�s por la Masoner�a ha sido constante
en su obra de una u otra forma y sus referencias a ella
m�s numerosas a medida que el tiempo transcurr�a con
respecto a la fecha de su muerte, aunque, desde luego,
�l probablemente jam�s se hubiera calificado como "hermetista",
pese a reconocer en sus estudios la validez de la Iniciaci�n
Cosmog�nica propia de la Tradici�n Herm�tica y los Misterios
Menores como soporte del Hombre Primordial o Verdadero
en su relaci�n con los Principios Universales y posteriormente
con el Misterio de lo que No�Es.
Con
respecto a la Tradici�n Herm�tica, es decir a la Gran
Obra alqu�mica, oigamos lo que dice Gu�non: "Hemos destacado
en otra parte que las fases de la iniciaci�n, lo mismo
que las de la "Gran Obra" herm�tica, que no es en el
fondo sino una de sus expresiones simb�licas, reproducen
las del proceso cosmog�nico; esta analog�a, que se funda
directamente en la del 'microcosmos' con el 'macrocosmos',
permite, mejor que toda otra consideraci�n, aclarar
la cuesti�n de la que se trata al presente". Y m�s adelante
a�ade: "podemos resumir todo lo que precede diciendo
que la iniciaci�n implica tres condiciones que se presentan
de modo sucesivo, y que se podr�an hacer corresponder
respectivamente a los tres t�rminos de 'potencialidad',
'virtualidad' y 'actualidad': 1� la 'cualificaci�n',
constituida por ciertas posibilidades inherentes a la
naturaleza propia del individuo, y que son la materia
prima sobre la cual deber� efectuarse el trabajo inici�tico;
2� la transmisi�n, por medio de la ligaz�n a una organizaci�n
tradicional, de una influencia espiritual que da al
ser la 'iluminaci�n' que le permitir� ordenar y desarrollar
esas posibilidades que lleva en �l; 3� el trabajo interior
por el cual, con el auxilio de 'ayudantes' o de 'soportes'
exteriores si ha lugar y sobre todo en los primeros
estadios, ser� realizado gradualmente ese desarrollo,
haciendo pasar al ser, de escal�n en escal�n, a trav�s
de los diferentes grados de la jerarqu�a inici�tica,
para conducirle a la meta final de la 'Liberaci�n' o
de la 'Identidad Suprema' " (Aper�us sur l'Initiation,
cap. IV: "Des conditions de l'initiation").
En
Occidente la Tradici�n Herm�tica es "per se" la organizaci�n
inici�tica transmisora de la influencia espiritual a
la que el Aprendiz o Ne�fito se afilia de modo natural
puesto que es ella misma la que se revela en �l, y constituye
un organismo vivo con un Dios igualmente vivo, Hermes,
a lo que se agrega el �mbito de su iglesia secreta,
jalonado en todos los tiempos y lugares por las m�s
importantes inteligencias, cristalizadas posteriormente
en los cuerpos y luminarias que pueblan el firmamento.
No se trata de una inscripci�n burocr�tica a una instituci�n
que, como dice tambi�n Gu�non en su pr�logo al libro
antes mencionado, imite las formas profanas del mundo
moderno, sino de un compromiso interior consigo mismo,
y con los veh�culos que fueron s�mbolos de la revelaci�n.
El Adepto, pues, no se ha interesado jam�s por un certificado
de estudios o por un puesto de trabajo o de poder en
una instituci�n cualquiera, �siempre lindando con lo
profano por su misma condici�n de dependencia y relatividad
con respecto al tiempo y al espacio�, sujeta desde su
fundaci�n a la degradaci�n, mientras lo que significa
el Conocimiento, vehiculado por la diosa Sof�a, o el
dios Hermes, es una realidad siempre presente, sin ning�n
origen hist�rico, pues esa organizaci�n es id�ntica
a la del Cosmos. Algunos se han referido a esta realidad
como a una Iglesia Secreta, o a una filiaci�n directa
por medio de la Cadena de Oro a otros espacios y �mbitos
de la conciencia que forman parte tambi�n de la condici�n
perenne de la Creaci�n.
Otro
asunto que debe aclararse es la divisi�n formal y relativa
entre Misterios Menores y Mayores, derivada de algunos
autores de la Antig�edad greco�romana que tampoco la
han tomado de fijo. En su estudio sobre Hermes y en
otros escritos, Gu�non hace corresponder la iniciaci�n
cosmog�nica, es decir, la Herm�tica, a los Misterios
Menores; sin embargo en el cap�tulo XVIII de Initiation
et R�alisation Spirituelle, "Las 3 v�as y las formas
inici�ticas", nos habla de la diferencia entre el jn�na,
el bhakti y el karma yoga y se�ala que el primero, verdaderamente
intelectual, se diferencia del bhakti, que se corresponde
con lo devocional, y finalmente del karma, que se relaciona
con lo corporal. El jn�na est� vinculado con los Misterios
Mayores, mientras que los otros dos se asimilan a los
Menores. Desde luego que cuando nosotros nos referimos
al Conocimiento de la Cosmogon�a tal cual lo concibe
la Tradici�n Herm�tica, lo hacemos pensando, no s�lo
en el aspecto visible de las estructuras c�smicas sino
en el invisible del que proceden; tampoco nos referimos
a una simple cosmolog�a, o descripci�n m�s o menos mec�nica
del mundo, sino a la totalidad de los aspectos visibles
y formales e invisibles e informales del cosmos, como
Modelo o Arquetipo de toda Posibilidad. Cuando este
Arquetipo se encarna estamos hablando de la Ontolog�a,
es decir del Conocimiento del Ser Universal, del que
el ser humano est� hecho a imagen y semejanza; en ese
caso puede decirse que la Cosmogon�a es tanto el soporte
de la Ontolog�a, como �sta es la encarnaci�n de aquella,
configurando ambas el Conocimiento como pasaporte a
la Metaf�sica, que supone los estados no condicionados,
es decir, lo que ya "no es" como tal: el �mbito del
Aut�ntico Misterio. Sin duda ese Conocimiento no est�
relacionado con la devoci�n o la corporalidad de nada,
sino secundariamente, a menos que se piense en un Dios
c�smico y trascendente en s� y por s�, o en hacer de
este monismo la Deidad suprema, alternativa que no pareciera
en ning�n caso estar en el pensamiento de Gu�non, pues
esta concepci�n no tiene nada de inici�tica ni est�
referida a ning�n misterio.
El
Conocimiento procurado por la encarnaci�n de la Cosmogon�a
requiere de enormes trabajos intelectuales, entre los
cuales se incluye, primero que nada, la destrucci�n
de todas las im�genes con las que nos identific�bamos,
para permitir intelectualmente la posibilidad del No�s
que se revela conformando nuestro ser y sus conductas
respecto a lo profano.
A
quien verdaderamente est� en la V�a del Conocimiento,
poco le importa si est� en un tramo llamado Misterios
Menores o no; de hecho muchos miles de hermetistas han
recorrido su camino much�simo antes de que esta divisi�n
reestablecida recientemente por Gu�non �y que en la
did�ctica de su obra tiene un sentido� tuviera para
ellos alg�n tipo de validez.
Toda la obra de Gu�non est� dedicada a los adeptos occidentales;
apenas se nombran en ella temas ni autores "profanos",
incluidos fil�sofos y pensadores de peso en su �poca
y s�, inversamente, obras y personajes marginales, algunos
de los cuales son culturalmente desconocidos. De lo
que se infiere que escrib�a, justamente, para los sujetos
a los Misterios Menores, es decir, a los integrantes
�conscientes o no� de la corriente de pensamiento llamada
Tradici�n Herm�tica, o sea, del esoterismo occidental.
Por
nuestra parte estamos muy orgullosos de haber tenido
la inmensa gracia de pertenecer a los Misterios Menores,
a los que tomamos como propios del plano intermediario,
recordando que estos Misterios Menores incluyen los
misterios del cielo y de la tierra, del macro y microcosmos
revelados por la Astronom�a�Astrolog�a y la Alquimia,
dos ciencias propias de la Tradici�n Herm�tica. Dem�s
est� decir que a los Adeptos de la Tradici�n Herm�tica
se les ha conocido siempre como Fil�sofos, Sabios, Artistas,
etc., y no como hombres sumamente piadosos o destacados
por su accionar compulsivo, sin menospreciar estas virtudes
propias del bhakti y el karma que, incluso est�n contenidas
en el jn�na. Por lo que se ve que los Misterios Menores
y los Mayores se interpenetran constantemente formando
un todo en la b�squeda del Graal, en la obtenci�n del
Conocimiento, y que estas nomenclaturas de los Misterios
Mayores y Menores, por convencionales, no se corresponden
siempre con la misma realidad de los hechos que se examinan
bajo su luz, a�adiendo que los Misterios Mayores, si
verdaderamente lo son, por su misma condici�n de suprahumanos
no son expresables en el lenguaje de los hombres.

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