| Un
caballo grande medita A
Washington Delgado
Al pie de la cama de un buen
hombre
un caballo que descansa sobre heno
piensa:
Veinte metros son muy poco para
ejercitar
las piernas y retar al viento
me golpee con aquella libertad
de película muda del lejano oeste,
veinte metros son muy poco, veinte metros
son muy poco...
y va quedándose dormido.
Una mano larga le acaricia las crines,
otra escribe sobre el cobertor
y otra, lee poemas que el caballo saborea
como trozos de azúcar sobre el paladar...
(De la mano emancipadora de un
buen hombre,
el caballo va alcanzando sus sueños
de libertad).
Acercamiento
a un tema
Unas cuantas palabras
bastan
para cubrir mi cuerpo
y esconderme
de los grandes ojos
que buscan en mí
algo que aún
no tengo.
José me ha dicho
que de nada sirve
camuflarse entre las hojas,
ni siquiera
entre palabras que simulen
a una mantis
muerta.
Un ojo siempre nos descubre,
afirma,
como si no quedara para mí
otra cosa
que el silencio.
Entre las hojas
las palabras
y este cuerpo
un gran ojo espera complaciente:
El ojo de la muerte
que busca a su otro
en mí.
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