La
noche es un discípulo introvertido al que todos llaman
oscuridad
Coincidí
con la tristeza de la pista ensangrentada
Una noche en la que la luna ajusto el cuero de los timbales
Y me susurro el misterio del infierno
Así me querrás endiablado—
Decía- y su silueta semibreve se interpolaba como
nimbo en
Las cabezas de los edificios
Yo no he de llorar esta noche –ni ocultare la salvaje
brisa que llevo en el bolsillo
Ni tu género hermafrodita podrá lavarme las
mejillas
Cada paso que daba, me encendía en las oscuras grietas
Cada nuevo ladrido, cada codazo en el rostro
Y el viento coincidió como sonido de tecnopor
Y toda palabra volviose espuma
Que se derrama en la ahuecada arena de la ciudad
¿Ahora a quien habrás de escribirle Manuel,
pequeño duende correcalles
Perdido en este lugar sin nombre,
Y ahora ve tu a saber pequeño diablillo a quien iras
a escribirle
Aquellas canciones perdidas de altamar, de bajamar y a veces
del medio del mar
A quien despertaremos con canciones de las aves o con murmuro
de estrellas
Sobre el intranquilo pasto mojado del amor
Ve tu a saber de estas extrañas cosas que se
acumulan y que aun no se nos resuelven, pero ni de a vainas.
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