Así como cantaban las calles
conquistadas por tulipanes de felpa
en las que escalones de piernas larguísimas
ensayan el cocimiento de sus extemidades
bajo el sol alumínico de los anteojos azules
de un gay
amigo mío
vendes a tan sólo un dólar el peso desmedido
de tu curiosidad malsana
el contorno ardiente de los neumáticos
que te hacen ver más allá del crujido de cualquier
velocidad o antena de chrysler
el pasamanos renuente
la fuente dulcísima de tu cuerpo.
Retengo las palmeras de Livingston
las cabañas rústicas desovilladas en sesgos arenosos
que arrebatan el alma del coco humano
los peces del aire jugando a deshacer bucles
en las alas votivas de las moscas
que con descuido algún viento espanta
y atrae con su voz de miel
cuántas veces no he necesitado más que la luz
resoplada en carnosidades ajenas
el rumor destemplado de unos goznes
emigrando a temperaturas más sabias
es la madera del corazón
la rutina del viejo ebanista mostrándome
su genealogía en un brazo venoso
que en la lentitud de las mamparas
un biombo desnuda en el torso desencajado
de un escéptico ritual de colores
-el día se quema en su propia hoguera-
las niñas desplazan tortugas de espaldas al horizonte-
bajo la sombra maternal de un laurel de la india
mi hija atrapa mariposas nocturnas
un vigilante hace hablar a su lámpara con la luz
sus alas eléctricas como saetas cortan la noche
pedazos inigualables diferentes para todos.