No hay noche en Ottawa
que caiga en la luna del puente a mi regreso
absorbiéndolo
en los pasos dados por la pronta llegada—
no hay llegada ni regreso
hay
cuando el río empieza a congelarse en octubre
los patines de los ciudadanos corriendo en el descanso
sobre el invierno
Sobre los témpanos
no hay pensativos desbordes en los deshielos
si regresan las ballenas
atienden en uno al que en el poema
recuerdan
como dentro de una inventada respuesta
No son quienes enteros en la sentencia se parten
los que te miran
como una soga colgando del puente—
Si tratas de invertir el soliloquio en el espejo
el roce de la piedra
en las veredas del río
Si tratas de patinar en el lomo de la ballena
el pago de los guisos—
las plegarias de las aguas
cuando en la noche las hojas de los árboles
de rojo cubren
el tiempo y espacio vacíos.