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I
Los despojos de la batalla
Se precipitan
contra el recuerdo
camino de mar y de palabras
En el desierto
el amianto reconoce
las armas
los alimentos
y las muertes
se visten de rojo.
La música es profunda
arrastra
cuerpos
celestes
y
frutos
con
la mirada hacia adentro.
El dolor
se hace tangible
cautivo de la misma hora
de la misma
voz
y la ciudad decapitada
en el crepúsculo de las cenizas
y el abismo de agua y fuego
mirándome siempre.

“La noche el momento de abrir los ojos”
C. Moro.
El mar hirviente
Despierta
en la noche
puñal
madriguera
de párpados
mortaja
de promesas
El vértigo,
la misma sed
que precede
al asesinato
Esta es la señal:
el
hacinamiento de los caballos migratorios.
Por encima de cabezas de árboles
un hombre
una mujer
perturbando el lenguaje
eco de lo
desconocido.
En los movimientos del sueño
la herida
como único camino
el fabuloso pájaro que vive
en el mar
Aquel palacio
víctima
de la borrasca. |