Mensaje a un Alma que Sufre
Si tu fueras, amigo mío, más prevenido contra los golpes de la vida, no estarías tan afligido como te hallas por el
hecho de haber perdido lo que tanto ansiabas poseer.
Los golpes son duros y se han vuelto más duros ante tu vista, por ser tu un alma amante de las cosas bellas, tanto, de no admitir lo feo. Pero lo bello, como todas las cosas, encierra lo feo y este lo bello a su vez. Hay que saber distinguir una cosa de la otra y tratar en lo posible de suavizar las amarguras y penas que pueda acarrear consigo. No quiero con esto darte a entender que la vida no sea digna de ser vivida, sino lo contrario, pues, es gustando lo amargo y lo dulce, como se aprecia lo uno y lo otro.
Sufres y sé el tamaño de tu sufrimiento, y créeme que comparto tu amargura, pero también debes pensar y ponerte en mente que si no hay lucha y derrota, no se puede apreciar la dicha de la victoria futura.
Has conquistado; conquistado he dicho, con ello. Haz mucho para tu bien presente y futuro. Nunca todavía te encontraste en la plenitud de tu sentir en la amargura de la derrota; más piensa, y veras que las derrotas al fin no son mas que victorias.
De hoy en adelante los tropiezos y los daños que sufrirás por ello, serán mas leves para tu espíritu, estarás más fortalecido y es así como llegaras a tu felicidad pleno, o mejor, a tu plena estabilidad en el devenir tan mutable de la vida terrena.
Elegimos nuestro propio destino y tenemos que ser valerosos y hacer frente a el, pues de lo contrario tendremos que empezar de nuevo. Tu has empezado, no te detengas, no estanques tu progreso hacia lo infinito por la amargura de un momento pasado.
Que importa un sufrir, si sabes que más tarde puede convertirse en dicha para ti. Son palabras, dirás, pero busca en el fondo de tu conciencia, la verdad y veras el eco de las mismas reflejarse, y tendrás la certeza de que si existes por una raz6n ha de ser.
Nos veremos un día frente a frente en el concierto de las cosas infinitas y me darás la raz6n por haberte dirigido estas palabras, pero hasta ese entonces, piensa: ¿por qué he nacido, vivo y viviré? y si no fuera así, como es que en mí existe algo que no se que es ? en fin ¿de dónde vine, dónde estoy, dónde iré?
Ya llegará el momento oportuno en que estas cosas mejor entenderás y hasta entonces cuida tu vida, tus sentimientos bellos y tu amor a la madre tierra, pues debes saber que sin ella, nunca encontraras el Fin.
Buenos Aires, 1951
Tu maestro