ECONOMÍA. Reportaje sobre el Sector Público del 2002

Sector público 2002: tres temas entre muchos otros

JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ PÁRAMO

José Manuel González Páramo es catedrátido de Hacienda Pública en la Universidad Complutense de Madrid.

Uno de los asuntos estelares del debate sobre los Presupuestos 2002 es el de la coherencia de sus cifras, el realismo de sus previsiones y su adecuación a la situación coyuntural. Es una cuestión obviamente importante, pero que está dejando en segundo plano la valoración de dos reformas estructurales en el sector público que se tramitan en paralelo, con mucha mayor trascendencia a medio y largo plazo. Tanto el nuevo sistema de financiación autonómica como la Ley de Estabilidad Presupuestaria (LEP) responden a la reclamación permanente que los analistas del presupuesto han venido haciendo al Gobierno en los últimos años. Una exigencia que trataba de recordar, en medio de la bonanza, que no es posible afianzar la estabilidad presupuestaria sin reformar las instituciones que sesgan el gasto y el déficit públicos al alza.

La reforma del sistema de financiación autonómica tiene muchos méritos. Aumenta la autonomía en los ingresos de las CC AA, a la vez que introduce importantes grados de corresponsabilidad y crea una cesta de ingresos equilibrada. Asegura la suficiencia financiera mediante la cesión de capacidad recaudatoria, la creación de un fondo de suficiencia y cierta clarificación de las circunstancias que permitirán activar asignaciones de nivelación. Hace más transparente la solidaridad interterritorial, a la vez que refuerza la coordinación y el carácter multilateral de las relaciones Estado-CC AA. Seguramente podría haberse ido más lejos en algunos frentes -por ejemplo, la eliminación de las excesivas garantías y modulaciones-, pero estamos por primera vez en la historia del Estado de las autonomías ante un modelo que merece este nombre, reflejo presupuestario y financiero de la distribución de competencias que marca la Constitución, y que reúne condiciones para gozar de una razonable estabilidad, como parece deducirse de su aprobación unánime en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Las consecuencias presupuestarias de este modelo son muchas. Destacaré dos. En primer lugar, los presupuestos autonómicos se independizan en alto grado de los del Estado. Una vez transferida la sanidad y cedida la capacidad tributaria correspondiente, las transferencias del Estado se reducirán de forma muy significativa. Al mismo tiempo, sin embargo, el nuevo modelo acrecienta las necesidades de coordinación presupuestaria y de transparencia. Los Presupuestos 2002 ofrecen una indicación de la urgencia en la respuesta a este reto. La no inclusión de cifras homogéneas con la situación previa al nuevo modelo de financiación hace prácticamente imposibles las comparaciones con 2001. Y en el futuro, el análisis y el seguimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria será muy difícil si la información presupuestaria de las CC AA no está disponible con mayor detalle y prontitud de lo que hoy es habitual.

Respecto de la LEP, esta norma es, en primer término, un 'pacto de estabilidad interno'. Este pacto es una herramienta de coordinación necesaria y adecuada, una vez que las CC AA ya han alcanzado un notable grado de autonomía en su presupuesto de ingresos, para asegurar el cumplimiento de las obligaciones de Pacto de Estabilidad y Crecimiento sin menoscabo de las competencias propias de las distintas administraciones. Asimismo, la LEP es una iniciativa que pretende incorporar a la legislación presupuestaria interna las lecciones que la exitosa consolidación del quinquenio 1996-2001 y la experiencia europea comparada de los noventa han enseñado.Aquellos países que se dotan de instituciones presupuestarias que establecen objetivos explícitos, que integran los procesos de elaboración y discusión del presupuesto bajo una dirección reforzada, que enfatizan el control del crecimiento del gasto, que fomentan la transparencia y que disciplinan la ejecución, son precisamente los países que tienden a registrar menores déficit, sin poner en riesgo la inversión pública -no hay la más mínima relación a largo plazo entre los niveles de inversión pública y de saldo presupuestario- ni perder capacidad de respuesta ante perturbaciones cíclicas.

De hecho, esta capacidad es hoy muy grande gracias al intenso proceso de saneamiento del último quinquenio. Y esto nos devuelve al debate estrella de los Presupuestos 2002. Los presupuestos incluyen una predicción optimista de crecimiento del PIB, el 2,9%, la más alta de las disponibles. Aunque no es misión de los Gobiernos acertar en mayor medida que el consenso de los expertos -en los últimos años no han sido particularmente certeros-, tras la previsión hay una hipótesis central: la desaceleración internacional será breve y poco intensa. La actual incertidumbre no autoriza a descartar este escenario, especialmente si se consideran algunos precedentes -recuérdese el sombrío panorama de otoño de 1998- y los datos que el consenso de los especialistas aún no ha incorporado: reacción coordinada de las autoridades económicas internacionales, tipos de interés reales nulos o negativos, bajos precios del petróleo, reducción del diferencial de inflación y recuperación bursátil tras los efectos del 11 de septiembre.

Con todo, ¿debería utilizarse agresivamente el presupuesto para contrarrestar la desaceleración, con rebajas fiscales extraordinarias o con aumentos de gasto, en caso de confirmarse los peores augurios de septiembre? Hay varias razones que desaconsejan el activismo presupuestario. Primera: la experiencia. Los retrasos en la aplicación y la transmisión de las medidas presupuestarias y los errores de previsión tienden a convertir en procíclicas estas medidas discrecionales. Según la UE, desde 1970 más del 80% de las expansiones o contracciones discrecionales en la Unión -más del 50% en España- han sido procíclicas. Segunda: la irreversibilidad. Muchas de estas medidas son difícilmente reversibles, por razones políticas, una vez llegada la recuperación. Tercera: la coherencia a largo plazo. El grueso de los programas de gastos e ingresos públicos deben decidirse por razones ajenas a la coyuntura: qué infraestructuras, qué sanidad, qué educación, qué pensiones queremos. Y esto tiene mucho que vez con la LEP. Se trata de una ley que va más allá de lo que exige el Pacto de Estabilidad, pero que se queda corta ante la magnitud de las obligaciones presupuestarias que progresivamente vendrán de la mano del envejecimiento de la población española. Atender a estas necesidades desde el presente, afianzando el compromiso intergeneracional implícito en nuestra sociedad de bienestar, exige la reducción paulatina de la deuda pública, a medida que va creciendo la deuda implícita derivada de las pensiones y la sanidad. Se trata, por tanto, no de un fundamentalismo absurdo, como de una respuesta responsable ante la necesidad de preservar los niveles de atención que nuestro Estado hoy garantiza.

La respuesta natural y deseable ante una desaceleración mayor de la esperada es dejar actuar a los estabilizadores automáticos: menor recaudación fiscal y mayor gasto en partidas como las prestaciones por desempleo. Los estabilizadores operan automática e inmediatamente, revierten su impacto en el tiempo sin necesidad de decisión política y no erosionan la coherencia sustantiva en el diseño de los programas de gastos e ingresos públicos. Por este motivo, dos o tres décimas de déficit en 2002 serían perfectamente aceptables. No romperían la lógica de la LEP, no pondrían en riesgo la estabilidad presupuestaria y permitirían profundizar en la reforma de otros mecanismos generadores de presión alcista sobre el gasto público.

fuentes: http://www.elpais.es/suplementos/negocios/20011021/13sector.html

 

Sector Público 2002

A pesar de las tendencias neoliberales de limitación del protagonismo del sector público (SP), éste sigue teniendo un importante papel en las economías industrializadas. El sector público es responsable del marco institucional donde trabajan los individuos y las empresas; y de intervenir en la economía activamente para corregir los resultados del mercado. Para cumplir estas misiones, el sector público dispone de los siguientes instrumentos genéricos: las regulaciones y la hacienda pública - en los que ejercita el principio de autoridad -, y la empresa pública (en el que actúa como un agente privado más).

En relación con la economía, el sector público realiza principalmente las siguientes funciones: función de asignación (el SP realiza una serie de ajustes que permiten, en última instancia, una asignación eficiente de los recursos escasos) , función de redistribución (el SP pretende corregir la distribución de la renta y de la riqueza para lograr una distribución más equitativa), función de estabilización y desarrollo (el SP pretende garantizar el funcionamiento estable de la economía impulsándola a conseguir niveles de crecimiento y desarrollo adecuados).


Razones para la intervención del Sector Público
Una de las justificaciones de la intervención activa del SP sobre el mercado es la Teoría de los fallos del mercado. Esta teoría parte de una serie de premisas: 1) preexistencia de mercados competitivos, es decir, que el mercado logre una asignación eficiente sobre la base del Óptimo de Pareto ; 2) Cualquier intervención del SP en el mercado no se hará basándose en las preferencias del SP si no sobre la base de las preferencias de los individuos; 3)Fallos en el mercado, razones para legitimar las actuaciones del SP. Si tenemos un mercado que asigne eficientemente, pero que en algunos casos falla, en principio se justifica la intervención del SP

Los fallos del mercado son una condición necesaria pero no suficiente. Hay que ver si la intervención va a suponer mejorar o empeorar ese fallo del mercado. La Teoría de los Fallos del Mercado elaboró una serie de situaciones en las que el mercado no consigue la asignación eficiente y, además, comprueba que la intervención del estado la consigue al menos en una parte. (ver anexo sobre la teoría de los fallos del mercado)
El Sector Público en el Estado Español

El sector público español esta formado por las Administraciones Públicas y las empresas publicas. La Administraciones Publicas se financian a través de los impuestos y se clasifican en: Administración Central que comprende al estado y los Organismos Autónomos, cuya financiación proviene fundamentalmente del sistema tributario; Administración de la Seguridad Social, núcleo del Estado de bienestar, fundamentalmente pensiones y sanidad y cuya financiación es mixta mediante cotizaciones y transferencias; y las Administraciones Territoriales fruto del estado de las autonomías dispuesto en la Constitución de 1978. Desde la incorporación de España a la Comunidad Europea en 1986, las instituciones de la Unión Europea forman parte también de los mecanismos públicos de intervención económica.

El proceso de descentralización de la intervención económica que se lleva realizando desde la transición ha dado un paso más con el nuevo sistema de financiación de financiación. Este nuevo sistema de financiación autonómica, la Ley de Estabilidad Presupuestaría y la actuación del sector público aconsejable para afrontar la actual coyuntura son los temas que analiza González Páramo.

Revolut. Granada.

 

Opinión Crítica

El análisis de González Páramo sobre el sector público español con motivo de los presupuestos 2002 y su debate público, quiere centrarse en las reformas estructurales que se están llevando a cabo. En primer lugar, el artículo trata sobre la reforma del sistema de financiación autonómica que el autor declara muy meritoria y el único inconveniente que encuentra en la reforma es que esta podía haber llegado más lejos en algunos frentes. Está claro que la reforma supone un aumento de la descentralización de la hacienda pública, cosa que era necesaria para hacer real el estado de las autonomías que propugna la Constitución. Igualmente es muy importante que se haya concedido capacidad recaudatoria a las autonomías, para de este modo crear corresponsabilidad y evitar las altas deudas que en muchas ocasiones acumulan los organismos territoriales. Sin embargo, no parece que el aumento de un impuesto indirecto, como el de la gasolina, sea el modo más adecuado de hacerlo. Los impuestos indirectos, llámense impuestos, tasas o precios públicos, suponen un atentado a la progresividad tributaria, que al menos teóricamente es uno de los principios que debieran regir la hacienda pública; y por lo tanto, una de las funciones del sector público que antes comentábamos, la redistributiva, se ve seriamente dañada. Por otra parte, también supone una distorsión impositiva, atentando contra uno de los principios que deben guiar el sistema tributario, la neutralidad impositiva, ya que distorsiona la asignación de recursos de la economía privada. El autor, experto de Hacienda Pública, debería cuando menos haber realizado algún comentario a este respecto. Así como justifica en la Constitución la necesidad de descentralizar la hacienda pública, igualmente la Constitución consagra una serie de derechos que se quedan en papel mojado, si el sector público no lleva a cabo su función redistributiva.

En segundo lugar, el autor analiza la Ley de Estabilidad Presupuestaria que considera de efectos muy beneficiosos puesto que dan lugar a un control del gasto y evitan déficit presupuestarios importantes. De nuevo en este punto, aunque las ventajas que menciona son importantes, se echa en falta alguna mención a la función redistributiva, parece que el autor se olvida de esta función, que sin embargo, es esencial para dotar de equidad al Estado y hacer que la igualdad como principio rector de cualquier democracia sea más real. Por otro lado, parece olvidarse que la estabilidad presupuestaria no sólo puede conseguirse mediante el control del gasto, sino también mediante los ingresos. Y que a lo mejor, una reforma del sistema tributario sería igualmente útil para luchar contra el déficit y además se tendría en cuenta la equidad. La lucha contra el fraude fiscal, y una reforma del IRPF, que actualmente sólo sirve recauda eficazmente sobre los asalariados debería estudiarse.

En último lugar, vuelve a centrarse en los presupuestos 2002 teniendo en cuenta la actual coyuntura de desaceleración económica. El autor considera que el activismo presupuestaria es desaconsejable. Se basa en tres argumentos, el primero son los retrasos de aplicación y los errores de previsión. Cabría argumentar que esto más que desaconsejar el uso de esta herramienta, lo que debería dar lugar es una mejorar de los sistemas de previsión y aplicación. El segundo argumento se basa en la irreversibilidad de las medidas tomadas frente a una crisis, lo que dificultaría la recuperación presupuestaría en épocas de bonanza y daría lugar a la acumulación cada vez mayor de déficit. El uso del presupuesto público como modo de aminorar los ciclos económicos se basa en las ideas de Keynes que tras la segunda guerra mundial obtuvieron popularidad y tuvieron gran influencia sobre la política económica de esos años. La crisis de los setenta y los grandes déficit acumulados dieron lugar a un desprestigio de estas políticas. Sin embargo, habría que revisar hasta que punto eran políticas erróneas, o los fallos del pasado se debieron a un mal manejo de estas políticas. El tercer argumento es la coherencia a largo plazo, según el autor "el grueso de los programas deben decidirse por razones ajenas a la coyuntura". Bueno aquí de nuevo parece olvidar el autor la misión redistributiva de la hacienda pública, ya que durante las crisis económicas los sectores más vulnerables suelen ver agudizada su precaria situación, y se hace más necesario la redistribución. En último lugar, habría que señalar que el autor declara que dejar actuar a los estabilizadores automáticos es la respuesta "deseable y natural". Hay que comentar que me parece muy desacertado en su expresión. En primer lugar, habría que preguntarse deseable para quién o bajo qué principios. Por el resto del artículo podemos concluir que deseable desde el principio de estabilidad presupuestaria, sin tener en cuenta si es deseable o no desde el punto de vista de la función redistributiva, o deseable para los sectores más vulnerables. Subyace la idea de eficiencia basada en el optimo de Pareto, del que ya hemos expresado que no tiene en en cuenta la equidad. Por otro lado lo de "respuesta natural" resulta criticable, ya que el autor parece creer que hay una serie de leyes "naturales" que rigen la vida económica y unas respuestas "naturales" ante estas leyes. En mi opinión creo que es necesario debatir los consejos y políticas económicas basándose en sus ventajas e inconvenientes y no aludiendo a una especie de "orden natural", que sólo unos pocos "elegidos" pueden descifrar. Si el autor quiere creer en esotéricos ordenes naturales, es cuestión de fé, nadie se lo impide; pero no debería basar sus argumentaciones pseudo-cientificas en sus creencias, o por lo menos, no dar por supuesto que son verdades universales. Que yo sepa, estamos en un estado que reconoce el derecho a la libertad de credos.

Revolut. Granada.

Anexo sobre la Teoría de los Fallos del Mercado

Se pueden distinguir ocho fallos del mercado que, además, pueden ser corregidos por el SP en sus funciones:

1.- Mercados Competitivos.

Se reconoce con carácter general que, para que el mercado funcione y asigne eficientemente, son necesarias intervenciones públicas que garanticen su funcionamiento: Mantenimiento de la ley y el orden, sistemas monetarios, obligación de cumplir contratos, etc. Hay otras funciones dirigidas a garantizar la competencia: Impedir abusos, garantizar condiciones de trabajo, garantías a los consumidores, etc. Esto justifica la intervención del SP

Algunos autores creen que las intervenciones del SP, en este caso, no están justificadas por la teoría de los fallos del mercado ya que el mercado, por definición, asigna eficientemente. Estos autores no niegan la intervención pública, sino su justificación.

2.- Bienes Públicos.

Son el ejemplo del fallo del mercado por excelencia. Debido a sus características, consumo conjunto, no-rival y la no posible aplicación del principio de exclusión. Son imposibles de ser provistos por el sector privado, por lo tanto el mercado falla y deben ser provistos por el SP En determinados bienes públicos existen alternativas al SP mediante la cooperación voluntaria de la ciudadanía. (Ej. Seguridad). Pero siempre podrá existir el fenómeno del "free rider", es decir, que haya algún ciudadano que no quiera cooperar y que se beneficie, igualmente, de ese bien.

Con independencia de que aparezca justificada la intervención del SP en el caso de los Bienes Públicos no implica que esta sea fácil. El problema fundamental es conocer, de forma real, la demanda del bien, no estar dispuestos a pagarlos o el no manifestar las preferencias. Este problema se soluciona mediante métodos indirectos, democracia, encuestas.

Hay determinados bienes públicos que a medida que el consumo aumenta por parte de los individuos su utilidad disminuye. Hay congestión, hay un cierto grado de rivalidad entre los consumidores. Se rompe el principio de desigualdad entre consumidores. Por su localización se clasifican en nacionales, regionales y locales. Esta clasificación fue utilizada para justificar los distintos niveles de Hacienda Pública.

3.- Efectos Externos.

- Efectos Externos de Consumo. Existe una interdependencia entre las funciones de utilidad y de producción. El hecho de que un individuo consume, beneficia o perjudica a otro individuo: Interdependencia entre funciones de utilidad. El hecho de que un Individuo consuma un bien favorece o perjudica al factor de producción: interdependencia entre funciones de producción. Son economías externas positivas la educación y la salud pública y economías externas negativas las drogas, tabaco, o el alcohol.

- Efectos externos de producción. Interdependencia entre las funciones de producción de las empresas, entre éstas y las preferencias de los consumidores. El hecho de que una empresa produzca un bien aumenta o disminuye los efectos sobre otras empresas y, sobre los consumidores. Hay un fallo parcial del mercado. Ejemplos de economías externas positivas son la tecnología y la investigación y de economías externas negativas la Contaminación.

El sector público interviene para corregir estos efector externos mediante la regulación, por ejemplo, con normativas ecológicas; y mediante la provisión, como proveyendo de educación gratuita.

4.- Rendimientos Crecientes.

El SP debe regular el mercado cortando situaciones de monopolio, oligopolio y de competencia imperfecta. En la producción óptima el precio de venta es igual al coste marginal. Esto no se cumple para el caso de mono-oligopolio y competencia imperfecta. Debido al funcionamiento del mercado, hay algunos sectores en los que se llega a una situación de monopolio por parte de una o más empresas, debido a los rendimientos crecientes y costes decrecientes. Ej. Petróleo, gas y electricidad.

Los efectos de esta situación que constituyen la problemática principal son: costes de producción decrecientes, concentración en pocas empresas; mercados imperfectos, con pocos vendedores; control de precios, altos precios, perjuicio para los consumidores. Ante esta situación, el SP, tiene dos alternativas: hacerse cargo del control y producción de esos productos, o bien, imponer una fuerte regulación, establecer precios máximos, etc.

5.- Riesgo e Incertidumbre.

En situaciones de incertidumbre el mercado asigna ineficazmente. Existe dificultad en los mercados competitivos en la toma de decisiones en un mercado con incertidumbre.

El SP debe intervenir en determinados casos para reducir la incertidumbre bajo la que opera el mercado. Algunas de estas actuaciones públicas pueden ser: establecer titulaciones, notarios, reduciendo incertidumbre y asignando mejor.

6.- Necesidades preferentes e indeseables.

Hay situaciones en las que el mercado falla y la intervención del SP se realiza sin tener en cuenta las preferencias de los individuo Dadas las características de determinados bienes, es necesario restringir, imponer a costa de las preferencias de los individuos. Se diferencia de los anteriores fallos en que no tiene en cuenta las preferencias.

Musgrave (un estudioso de la Hacienda Pública), alega que estas situaciones como se alteran las preferencias de los individuos el mercado falla radicalmente y entonces debe intervenir el SP.

Existe controversia acerca de que el SP deba intervenir en esas necesidades preferentes o indeseables. Las argumentaciones a favor se basan: ignorancia e irracionalidad de los consumidores, y los efectos externos. Los argumentos en contra se basan en la intromisión que suponen la intervención del SP sobre las preferencias de los individuos. Los que están en contra hacen propuestas alternativas entre las que la fundamental es la difusión de información y regulación de la publicidad por parte del SP para evitar la ignorancia y la irracionalidad. Ejemplos de necesidades preferentes son: almuerzos escolares gratuitos, educación obligatoria. Se consideran necesidades indeseables el Consumo de tabaco, alcohol, etc.

7.- Redistribución de la Renta.

Existe acuerdo en cuanto a que el mercado no alcanza una distribución igualitaria de la renta y de la riqueza. Dado que el mercado no alcanza la asignación deseada, es necesaria la intervención del SP para conseguir esta distribución de la renta y de la riqueza. Podemos considerar varios factores que condicionan la distribución que realiza el mercado:

- Rentas del trabajo. La distribución realizada por la vía renta-trabajo, está condicionada por las oportunidades educativas.

- Rentas del capital. dependen del ahorro propio, herencias...

Políticas de Redistribución. La decisión de alterar la distribución de la renta y de la riqueza es una decisión meramente política. En función de la ideología dominante en la sociedad, los deseos de redistribución serán diferentes. La redistribución se realiza vía gastos, vía impuestos y vía política de rentas, usualmente mediante una combinación de las tres.

8.- Equilibrio y Crecimiento. Función de Estabilización y Desarrollo.

El funcionamiento de la economía por sí sola, incluso impulsada por el Estado, no consigue un crecimiento sostenido ni un desarrollo óptimo. Una vez que esto se constata en la realidad se acepta que el SP debe intervenir para conseguir estar alteraciones en el crecimiento y para conseguir un crecimiento adecuado. El SP debe garantizar un nivel aceptable de seguridad en las variables macroeconómicas. El SP debe ayudar a la consecución de tasas de crecimiento y desarrollo económico que maximicen y/o incrementen el bienestar de la sociedad. Los instrumentos de los que dispone el SP para conseguir estabilización y desarrollo son la política fiscal y la política monetaria. La política monetaria es el conjunto de actuaciones tendentes a controlar la masa monetaria: Tipos de interés, oferta del crédito, moneda en circulación, etc. La política fiscal es el conjunto de actuaciones del SP vía gastos y vía ingresos. Así como políticas estructurales.

Estas ideas del SP como impulsor del crecimiento y estabilizador económico, que desarrollo el economista J.M. Keynes, han "pasado de moda" según la teoría dominante, mal llamada "neoliberal" acaban dando lugar a grandes déficits, y además suponen un obstáculo a la eficiencia que lograría el mercado por si mismo. Sin embargo, los mismos políticos y economistas que promueven el control del gasto social para el mejor funcionamiento del mercado, y proclaman que el Keneysismo es un error, ponen en marcha políticas keynesianas. Eso sí, políticas keynesianas perversas, basadas en que el SP impulse la económica, pero no mediante ayudas sociales que sirven para aumentar el consumo; sino mediante ayudas directas a grandes empresas, y promoviendo el gasto militar. Y si les parece difícil de creer, vean las medidas aprobadas por EEUU para hacer frente a la crisis reciente, que achacan a los actos del 11S, pero viene de bastante antes.

En resumen, estos fallos del mercado, que hemos nombrado brevemente, son los que la teoría clásica reconoce y los que justificarían la intervención del Sector Público. En último lugar, hay que recalcar, que esta teoría de los fallos del mercado forma parte del cuerpo teórico de la economía de mercado, a la que caben muchas críticas, en las que no se ha querido entrar en este artículo. En la actualidad, políticos y economistas, parecen olvidarse hasta estos fallos del mercado y la función del sector público, que forma parte de su propio teoría. O no será más bien que es el cuento que nos venden??? Si creen tanto en el libre mercado, por qué todas las economías "desarrolladas" subsidian sus productos, sus grandes empresas, mientras a los pobres mortales y a los países "menos desarrollados" les exigen acatar la dictadura del mercado?? Que cada uno saque sus conclusiones, sólo un consejo: desconfíen de los expertos y de los consejos, hasta de los míos. :P

Revolut. Granada.

10 Enero 2002

 

El Inconformista Digital

 

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