Euros a la española

Con el inicio del nuevo año 2002, la Comunidad Europea estrena moneda nueva, el euro, una moneda común para 12 de los 15 países que integran la comunidad, Reino Unido, Suecia y Dinamarca de momento restan fuera, aunque es presumible que en un periodo no demasiado largo de tiempo la acaben aceptando. Las viejas divisas europeas desaparecen, con lo que si viajamos por los países que forman la zona euro nos ahorraremos cambios y comisiones.

Que la Comunidad Europea tenga moneda única e igual para todos no tiene nada que ver con los precios y los sueldos, un español cobrara mucho menos que un francés, como hasta ahora, la economía de cada país aunque comparta moneda sigue siendo diferente a la de los demás.

Por lo que respecta a España, el cambio de moneda con la consecuente desaparición de la peseta, se realiza como se puede. Se ha habilitado un periodo de cohabitación entre las dos monedas pensándose que así el impacto y el cambio se haría más fácil para los españoles. Quizás sea algo a simple vista coherente y lógico, pero la cohabitación de las dos monedas lleva de cabeza tanto a compradores como a vendedores. Si uno es mal pensado puede llegar a pensar que el cambio directo quizás no se haya realizado para así calcular la cantidad de dinero necesario para poner en circulación, pensando esto los motivos mas bien parecen la obtención de eficacia por parte del banco de España en la producción de moneda que en las facilidades aparentes para el ciudadano.

Sea por los motivos que sea, la dualidad monetaria ha sacado a la gente a la calle. Estos días es normal ver mucha gente en entidades bancarias cambiando sus pesetas en euros, comprando en tiendas, sacando billetes de transportes, entradas de cine, etc.. es el resurgimiento de la peseta escondida, pesetas en huchas, pesetas bajo la baldosa, ahorradas o obtenidas desde el subsuelo, todas acaban floreciendo y blanqueándose. La verdad es que ver tanta gente en las calles y en los comercios da vida, y da sociedad, aunque el móvil sea monetario, el ambiente ha aumentado.

La cohabitación parece tener muchos motivos, aunque trae problemas, me explicare bien. Supongamos que uno quiere comprar cualquier cosa y paga en euros y le devuelven el cambio en pesetas, o supongamos que paga en pesetas y le devuelven el cambio en euros, ¿quien se aclara? Será cuestión de fiarse, calcular mucho, o tentar la suerte. También hay que hablar del famoso redondeo, el que puede ser hacia la baja o hacia la alza, la conversión de precios peseteros a precios en euros hace que salgan cifras difíciles de computar en la nueva moneda por ello se sube el precio o se baja. Dejando de lado el redondeo los precios de muchos productos y servicios han subido, por ejemplo un billete de metro en Barcelona cuesta un euro, 166 pesetas, si quieren llamarlo redondeo que lo llamen, yo lo llamo subida. Así podríamos estar hasta la saciedad en muchos productos, pero a todo ello la vida te da sorpresas y cosas buenas.

Para acabar me gustaría contar una experiencia europea propia, esta tarde fui a por un paquete de camel al estanco, tiene un precio de 340 pesetas, convertido y redondeado un poco se quedan en 2,10 euros, básicamente el mismo precio, pero mira por donde debido a la confusión generalizada en lugar de darme un paquete me han dado dos, ante la pregunta del dependiente por si estaba correcta la vuelta, le he contestado que genial, perfecto y hasta le he sonreído. Quizás después de todo el euro tenga sus cosas buenas aunque se hayan de buscar en el mal funcionamiento de la cohabitación dual monetaria española.

Marlowe. Barcelona.

4 Diciembre 2002

 

El Inconformista Digital

 

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