¿Navidad? ¿Qué Navidad?

Queda menos para que pasen las fiestas navideñas y sigo preguntándome qué es eso que nos trae ese espíritu de solidaridad, felicidad, amor, amistad... y todas esas cosas. ¿Será nuestra disponibilidad a abrir nuestras carteras o la emoción que nos produce tener que volver a ver a nuestra tía "favorita"? Se dice que es una época en la que todos estamos felices por reunirnos con nuestra familia, por recibir regalos, por montar el belén... También se dice mucho la palabra ilusión, refiriéndose a los niños más pequeños que esperan con impaciencia la visita de Papá Noel o los Reyes Magos.

Sin embargo, tengo otra versión que mostrar. No es algo que haya surgido de mi imaginación, sino que he podido comprobar cómo en las tertulias de autobús urbano y en otros lugares públicos, estos días no se habla de otra cosa.

Y es que todos estamos más que hartos de despilfarrar nuestro dinero que luego, durante el resto del año, buena falta nos hace para otras cosas. No menos cansados estamos de tener que poner la sonrisa acompañada de un ¡feliz navidad! y las reuniones familiares... ya sabemos cómo terminan casi siempre.

La Navidad es postiza, es falsa. Ese espíritu navideño con contenido religioso y moral ha dejado de existir, pasando a ser solamente el espíritu de las compras, del derroche y del aparentar. O al menos es la explicación que yo misma me he montado para justificar que el famoso espíritu de la bondad no me haya conquistado. Tal vez la sociedad necesite buscar una excusa para poder olvidar sus decepciones, y ahí están los centros comerciales para ponérselo más fácil: se lo envuelven gratis y además aceptan tarjeta de crédito.

No hay nada que hacer ante tantas y tantas personas que siguen esta tradición de las compras navideñas, de gastarse miles de pesetas en lotería, de colocar con ilusión el árbol a lo americano y de limpiar de una vez la casa porque viene la familia. Aún así, cada día se repite la conversación en todas partes. ¿A dónde está yendo a parar la Navidad? Ya veremos en qué acaba con el paso del tiempo.

Espero que, al menos, los niños sigan creyendo en los Reyes Magos y que vivan felizmente de las ilusiones mientras puedan. Aún así, me parece que todos saben ya que los reyes son los padres. Menuda les espera.

Nihao. Zaragoza.

30 Diciembre 2001.

 

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