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Flexibilidad: una forma más de precariedad laboral Ultimamente, algunos medios se han empezado a hacer eco de una nueva tendencia que está apareciendo en cuanto a la estructura de las empresas. Puede que hayamos oído términos como flexibilización o externalización. Para entender qué significan y qué es lo que implican, sobre todo para los trabajadores, debemos conocer el proceso que ha llevado hasta la situación actual. Tradicionalmente, se ha entendido que una empresa tiene éxito cuando tiene expectativas de crecimiento. Esto puede tener cierto sentido si suponemos que la situación económica es del todo estable, en la cual las empresas pueden arriesgar capitales sin restricciones porque existe una base que les garantiza que no se van a arruinar. Las empresas pueden crecer de maneras diferentes: decidiendo realizar nuevos productos además de los que realizaba hasta ese momento (diversificar la producción), o asumiendo nuevas tareas que tienen que ver con sus productos y que hasta entonces eran realizadas por otras empresas (internalizar actividades). Por ejemplo, una empresa de automoción que realiza el montaje de vehículos decide en un momento dado fabricar también los motores en lugar de comprarlos ya terminados a empresas ajenas. Esto es lo que se conoce como internalización de actividades. Las ventajas de este proceso son, principalmente, que la empresa puede controlar más fases de la producción, o incluso todas y, por supuesto, aumenta la capacidad de obtener beneficios. Se generalizó a partir de la época dorada del capitalismo, allá por los años 50-60. Pero las condiciones de estabilidad permanente que son necesarias para el crecimiento empresarial sin límites no son las que precisamente encontramos en la realidad. En una economía globalizada como es la actual, las empresas se encuentran ante un entorno muy amplio por el que se ven afectadas (si no fuera así, dudo que en España se estuviera tan pendiente de lo que ocurre en Argentina). Por ello, la rigidez que presentan estas grandes empresas, dedicadas a multitud de actividades (desde la obtención de materias primas hasta la venta, incluso el servicio post-venta), las hace muy vulnerables en épocas de crisis o inestabilidad, al tener menos capacidad de adaptación ante los cambios. Así, nos encontramos con la tendencia que desde hace unos años están adoptando las grandes empresas. Se basa, fundamentalmente, en dos procesos que son simultáneos y que tienen algo que ver entre sí: Por un lado, se trata de simplificar la actividad de la empresa. Si hablábamos del interés de antaño por controlar cuantas más fases mejor de la creación de un producto, en la actualidad se trata de todo lo contrario: especializarse en una sola o unas pocas actividades de un proceso productivo mientras se delega el resto a otras empresas subcontratadas. Si seguimos con el ejemplo de una factoría de automoción, la empresa que hasta ahora se encargaba de realizar todas, o varias, de las tareas necesarias para fabricar un vehículo (hacer los asientos, los motores, el montaje del chasis, chapado, aplicación de pintura, etc), ahora decide dedicarse en exclusiva a una de ellas, o a unas pocas, subcontratando a otras empresas para que les realicen el resto de tareas. Esto es lo que se ha llamado externalización. Por otro lado, las grandes empresas están adaptando el volumen de su producción a los movimientos del mercado, es decir, que el número de productos realizados puede variar de un mes a otro en función de las necesidades del mercado. De esta forma, las empresas se ahorran mucho dinero en tener productos almacenados en épocas en que la gente consume menos y además están más preparadas para responder a una demanda mayor cuando se requiera (al menos en teoría). Estos dos procesos (la externalización y la adaptación de la producción al mercado) están dando lugar a una nueva característica en estas empresas que, en realidad, siempre ha existido en las pequeñas y medianas empresas. Se trata de la flexibilidad, que no es más que la capacidad para adaptarse ante nuevas situaciones, es decir, que los cambios de todo tipo en el entorno (que pueden ir desde un cambio de gobierno hasta una guerra mundial, pasando por cambios de las modas o los gustos de la sociedad, etc) no provoquen desastres empresariales ni ruinas perpetuas. En principio, puede parecer que el nuevo objetivo empresarial, que es la flexibilidad, es positivo. Desde luego, para los empresarios es muy positivo, ya que sus inversiones son mucho menos arriesgadas, pero lo que me ocupa en estas líneas y, para eso he decidido explicar todo lo anterior, es ver cómo afecta la flexibilidad a los trabajadores de las grandes empresas. El hecho de realizar una serie de actividades por parte de una empresa provoca que sea necesario un recorte de plantilla o, en todo caso, que los trabajadores sean recontratados en las empresas subcontratadas o integrados en otras áreas de la empresa. En definitiva, es seguro que el trabajador deberá cambiar su puesto de trabajo, en el mejor de los casos, o pasará a engrosar las cuentas del paro directamente por una sencilla razón: "la tarea que usted ha realizado ya no nos interesa, por lo que nos vemos obligados a prescindir de sus servicios". Además, la posibilidad de variar el volumen de producción según las necesidades del mercado, posibilita que la dirección de las empresas se reserve la decisión a cerca del número de horas que cada trabajador debe realizar. Es decir, si hay que producir más, se trabajará más, y viceversa. El principal problema que se encuentra un trabajador en una empresa con estas características es la incertidumbre. Primero porque ni siquiera sabe si va a mantener su empleo o si van a "prescindir de sus servicios". Y segundo, porque aunque continúe en su puesto, no puede conocer con demasiada antelación el número de horas (semanales o mensuales) que le va a tocar trabajar, con lo que no puede conocer su salario exacto hasta que lo reciba. Se trata de un sistema de producción en el que el trabajador tiene la misma función que una herramienta inerte, que es utilizada cuando es necesario y relegada cuando no hace falta. Si nos ponemos en el punto de vista del empresario capitalista es muy sencillo tirar este argumento al suelo, precisamente porque sólo se considera a los trabajadores como un coste más de la producción como pueden ser las máquinas o el consumo de electricidad. Pero si nos ponemos realmente en lo que supone para un trabajador encontrarse de pronto con esta situación de incertidumbre, cuando quizá ya tenía un contrato fijo, entenderemos que lo que para las empresas es flexibilidad, para los trabajadores es un elemento más de eso que se llama precariedad laboral, como pueden ser la contratación por medio de ETT´s (Empresas de Trabajo Temporal), los contratos basura, la falta de seguridad y de higiene laboral, los empleos que eximen la cotización a la Seguridad Social, y un largo etcétera que podría darnos para escribir mucho más. Lo más lamentable del tema es que, a pesar de su importancia, desde las autoridades nadie tiene nada que decir al respecto y que desde los medios de comunicación oficiales se nos quiere vender la moto, aprovechando que poca gente sabe lo que significa, de que aquello de la flexibilización es muy bueno para todos. Los sindicatos, por su parte, negocian lo que pueden pero a veces da la impresión de que podrían hacer algo más por sus representados. Nihao. Zaragoza. 6 febrero 2002. |
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El
Inconformista Digital
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