Ernesto Guillermo Abril
Consejo Nacional de Investigaciones Cient�ficas y T�cnicas (CONICET)
Universidad Nacional de C�rdoba
M
EL DOCENTE
Desde mi ingreso a la Universidad, he venido observando cosas que merecen dejarse de lado, otras que pienso deber�an estar presentes y no est�n y muchas que deber�an continuarse, mejorarse, completarse. Soy partidario del pensamiento creciente, enriquecido, vivo, postura que me obliga interiormente y me permite revisar permanentemente y reafirmar o corregir mis parlamentos y mis actitudes de vida y sus matices, a�n contemplando la posibilidad del giro abrupto, si eso significa ser coherente. Pienso que el docente tiene una prioridad b�sica y suficientemente alejada en importancia de las que le siguen: sus alumnos. As�, sostengo que la actividad docente, si es una profesi�n, pasa necesariamente desapercibida ante la prioridad indiscutible de la vocaci�n. Esta hace que su desempe�o profesional pase a un segundo plano, por las urgencias que supone el ejercicio vocacional de una tarea. Creo que la �nica educaci�n es la que incluye la transferencia de valores, que se logra b�sicamente proponiendo una forma de vivir, una actitud ante la vida, una acci�n testimonial completa que abarca al docente desde su funci�n �ulica hasta su desempe�o en la calle y en la casa, una fidelidad franca, p�blica y privada, a su vocaci�n de maestro. Considero que la transferencia de los conocimientos cient�ficos y t�cnicos, as� como el entrenamiento y la ense�anza de habilidades, deben estar imbuidos de ese esp�ritu, debiendo el docente formar en un honesto manejo de los medios y m�todos m�s adecuados, en la fidelidad a la ciencia que se practica y a la confianza dispensada. Contrariamente a algunas posturas aceptadas como de pr�ctica (a nivel intelectual inclusive), creo en el docente total, esto es, en el docente ciudadano. Sostengo que el docente debe dedicar su vida a ser b�sicamente un faro para sus alumnos. No un espejo que repite sino una l�mpara que orienta, dejando la decisi�n en manos del protagonista. Alguien que se�ala, que no es depositario de un c�mulo de virtudes pero que debe ser imagen de sinceridad, franqueza, de una fuente de alternativas, m�s que de respuestas, de oportunidades para pensar y reflexionar libremente a la luz de la raz�n, un apoyo y un auxilio siempre dispuesto y abierto al alumno. Creo en un docente posible, que se encuentre siempre en camino hacia lo mejor, sin ser eso tal vez lo que m�s le convenga pero convencido de que es lo que le corresponde. Un docente que se equivoca porque hace y que siempre hace seg�n la recta conciencia, entendiendo por �sta a la conciencia iluminada por la verdad en todas sus formas. Y creyendo que es posible ese docente, pienso que es tambi�n posible un alumno diferente, un alumno cuyo �nico objetivo no sea competir con los pares sino ganarse a s� mismo: crecer. Formando alumnos en ese criterio, lograremos profesionales que fundamentalmente sean personas, y no procuradores a cualquier precio de su bienestar, de poder, o de una fortuna personal. Por lo tanto, creo tambi�n en el docente en b�squeda sincera de la verdad a trav�s de la investigaci�n, y en pos de las grandes o primeras verdades, esto es, en procura ordenada, priorizada y racional de aquello que debe encontrar primero el hombre por ser hombre. Si hay algo a tener en cuenta en esa b�squeda de lo primero es la dimensi�n social de la tarea, contemplando y privilegiando entonces los bienes comunitarios que por justicia deben dirigirse ante todo a los que menos posibilidades tienen. Como protagonista de una educaci�n total, formadora, p�blica, gratuita, justa y equitativa en su oferta y segura y fuerte en su demanda de correspondencia, puedo poner a consideraci�n de quien lo desee escuchar algunas cosas que esta postura me ha llevado a rescatar de la memoria y que creo contribuir�an a lograr la nueva Universidad que todos esperamos, m�s acorde con lo que nos debemos pero, fundamentalmente, m�s respetuosa de lo que a nuestros alumnos presentes y futuros les corresponde por derecho.