Procesamiento y análisis digital interactivo
de imágenes satelitarias
aplicados al estudio geológico de la Puna
por Ernesto Guillermo Abril
Processing and Digital Interactive Analysis
of Satellite Images Applied to
Geological Studies of Puna
Epílogo
Con mi mayor respeto hacia aquellos que han caminado la Puna, compartiendo de algún modo el duro pasar del sacrificado habitante de los Altos.
Para quienes, gracias a una infancia de pueblo, hemos vivido el sentimiento de patria ligado al suelo y al cielo, andar la Puna y conocer a su gente fue revivir antiguas sensaciones del corazón.
Pero para los que tenemos la indescriptible experiencia de asociar la bandera al guardapolvo y no un uniforme o a un fusil, las tendencias de un mundo apegado al éxito y al dinero, parecerían anunciarle un destino amargo.
La escuela rural cierra sus puertas, pagando con el desarraigo la concreción de una política educativa que persigue una mayor excelencia, olvidando lo esencial.
Cabe preguntarse sobre qué futuro aguarda a un niño alejado de su raíz, de sus afectos, del paisaje que le templa el carácter de la sangre que le recorre...
Qué destino tiene un pueblo cuando el precio de la subsistencia es la renuncia a la tierra de los mayores y a la herencia de los hijos?
No puedo imaginar sino triste, hombre al niño y viejo al padre, cuando están obligados a emigrar para poder subsistir.
No puedo pensar en esas miradas, en esas manos, en ese andar, sin el cerro.
Qué será de la Pacha, sin su huella, del rebaño que apacienta, del antigal sin vigía, de las tumbas de los idos ?
Es ésta la alternativa que le ofrece la Argentina al habitante de la Puna y de tantos otros de sus rincones, también olvidados.
El legítimo dueño de la tierra se ha replegado a los confines más inhóspitos del territorio.
El aborigen y su descendencia quedaron acorralados contra la fronteras, reducidos a silencio, relegados hasta la humillación.
Comparten el destino de los miserables que gesta la nueva civilización, sus pobres y sus viejos.
Pero eso no fue suficiente. Ni allí parecen poder ya vivir.
Después de resignar su intimidad, se pretende también su libertad.
Se los obliga a bajar, a renunciar, a perderse.
Y es a perderse ! O no se pudre la yareta al nivel del mar ?
Para quién correrá el viento en la Puna ?
Qué hará el silencio después de la partida, después que bajen los últimos de los que quedan ?
De qué sociedad somos cómplices cuando se tienta con el progreso al humilde, para terminar amontonándolo y extraviarlo en la periferia de la ciudad ?
Casi ya cien años desde que, a partir de su viaje por la Gobernación de Los Andes, el narrador finalizara sus impresiones de la Puna con un anhelo hasta hoy incumplido:
"... volvamos la mirada al porvenir, y ya que no nos es posible adivinarlo, reunamos todos, grandes y pequeños, los esfuerzos de la buena voluntad en beneficio de aquellos que hoy tienen el amparo de la azul y blanca, para que, al comenzar su vida de argentinos, la primera idea, el primer convencimiento que se despierte en ellos, sea el de quien se acoge á su sombra, lleva al hogar de sus hijos la esperanza, el bienestar y la protección de sus conciudadanos" (Holmberg, 1900).
Seguros del destino trascendente del hombre, a cuya muerte aguarda el premio de las bienaventuranzas, quienes albergan en sus conciencias el sentido de justicia, no están de ningún modo excusados de poner todo de sí para hacer realidad en la tierra la esencia de la naturaleza humana: su dignidad.
Pregunto de qué sirven la Ciencia, la Tecnología, estos atractivos recursos de la civilización de hoy, sino para la felicidad del hombre.
Y la felicidad puede ser renuncia, pero nunca necesidad y jamás miseria, porque la miseria llega al alma, la desgarra y la destruye.
Manejar estas maravillosas herramienta puede pasar a ser mi pecado si tolero tanto contraste, tantas promesas, semejante injusticia, tanta mentira.
Lamentablemente, y si he de ser sincero, no me intranquiliza tanto la penuria del prójimo, que ya está salvado, sino el castigo que vamos a vivir por toda la eternidad quienes estamos siendo indiferentes a su agonía, entretenidos con el brillo y los colores de una modernidad que destella.
Y ahí, rehenes de la historia y la geografía, entre lo que no fue y jamás será, aguardando la hora en que les toque bajar, están los últimos habitantes de la Puna, de cuya existencia hoy se da cuenta casi solamente Dios.
Ernesto Guillermo Abril