prosopoemas
spleen en panam�

miguelricovarad�, espa�a

estas casas semiderruidas junto a la bah�a negra y su decrepitud de a�os,
un taxi cruza echando humo mientras cae la tarde
y el cielo se va quedando sin luz, lentamente, como un l�nguido bostezo.

Al frente se encuentra el mar,
el Mar Egeo, el Adri�tico, el del Norte:
ahora es el Oc�ano Pac�fico y la soledad milenaria.
Las crestas de las olas retan a los veleros en el horizonte
y las nubes se balancean sobre una hamaca de colores irisados.

El pel�cano y el gallote,
la mulata bella que intentaste besar una noche en una cantina de la calle J,
que ten�a la piel muy suave y se llamaba Jessy.
Las sombras que abrazan sombras en el Paseo de las B�vedas.

Ecos del pasado se filtran entre las calles y plazas,
es el olor a p�lvora y el tr�nsito de los pueblos,
la mezcla de las razas que rotan por el mundo en una estela de gritos inaudibles.

En el rendido cielo
la lluvia desmorona el d�a bajo un manto de estalactitas y bochorno,
y ha llegado la noche cuando encuentras la figura afeminada de Balboa
que te dice:

- D�jate ya de aventuras.
�caro

eyraharbar, panam�



caro traicionado en este siglo, guarda su esqueleto de ave.
Aborda el �ltimo vuelo first class de viajero frecuente,
elev�ndose en su armaz�n met�lico, lejos
la atm�sfera de fuego no lo alcanza esta vez, arriba
es imposible la muerte, vuela
p�jaro intermitente, hermanastro de los c�mulos nimbos
indigestos de tormenta y trueno, que vomitan su r�faga
en el ala derecha del avi�n de papelito que se enciende,
naufraga a la deriva del Atl�ntico Norte, trag�ndose
la caja negra en el punto cero de congelaci�n.
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