LITURGIA Y CATEQUESIS

 

EL MATRIMONIO

(2da. parte)

RESPONSABILIDAD DEL MATRIMONIO

El matrimonio debe ser una escuela y un camino de santidad, es decir, de búsqueda incesante de la perfección cristiana y del seguimiento de Jesucristo. Todo esto vale también a los hijos: los padres deben prepararlos para que asuman sus responsabilidades, en este mundo y también para que den testimonio de Cristo. 

Por esto, no basta con darles alimentos, ropa y educación, sino que deben formarlos en la fe y velar por su crecimiento en la vida cristiana . Este tema está relacionado con la responsabilidad que adquieren los padres al pedir para sus hijos el Bautismo.

Pero el matrimonio no mira solamente a la relación de los esposos entre sí y de éstos con los hijos , sino que debe ser un vivo testimonio de caridad para con el resto de la comunidad cristiana y humana. Podría decirse que el matrimonio es como una escuela de amor; a través de la vida de hogar se va aprendiendo a amar con un corazón puro y cada vez más semejante al del corazón de Cristo.

Dios debe ocupar un lugar importante en la vida familiar. Un matrimonio cristiano debe ser conciente de que su estado de vida es una forma de servir a Dios. En el hogar cristiano debe haber oración en familia. 
La presencia de Jesucristo debe manifestarse no sólo en las imágenes que se acostumbra venerar en las casas, sino también en los criterios que sirven de base para resolver diversos problemas.
El criterio fundamental debe ser la Palabra de Dios, el Evangelio del Señor Jesús.


LAS FINALIDADES DEL MATRIMONIO

Hablar de “finalidades” del matrimonio y enumerarlas serían muchas. Sin embargo, no se puede dejar de señalar algunas que realmente son fundamentales. 

El matrimonio tiende a que un hombre y una mujer, inseparablemente unidos por toda la vida hagan por gracia de Dios que su existencia sea progresivamente una manifestación del misterio de amor de Cristo por su Iglesia.

Este amor está orientado, por su naturaleza misma, a la fecundidad, o sea a la procreación de los hijos y a su formación humana y cristiana.

La vida del matrimonio es una vida de íntima comunidad que exige la disposición sincera y eficaz de ayudarse mutuamente en toda circunstancia de la vida. 

Por la naturaleza misma del ser humano, la comunión de la vida entre los esposos incluye la unión física o sexual. Esta unión, en sí santa y noble, debe enmarcarse en amor que es la base del matrimonio. 

(ANTES Y DESPUÉS DEL MATRIMONIO)

En la vida ninguna cosa grande se improvisa. Tampoco el matrimonio. Una juventud responsable, laboriosa y respetuosa de lo que significa el valor del sexo es un factor muy positivo para la formación del futuro hogar.
El respeto entre los novios es una condición indispensable para no perder la visión cristiana del matrimonio.
Es un gran error creer que porque hay cariño todo está permitido. La relación sexual antes del matrimonio está fuera de lugar en la conducta cristiana; es un engaño y una exterioridad que no corresponde a la situación real, en que no existe aún un compromiso sacramental irrevocable y por toda la vida.
Por eso es un pecado grave.
Con el fin de que los que van a contraer matrimonio lo hagan en la forma más conciente y responsable que sea posible, la Iglesia ha establecido en los últimos años diversas formas de preparación al matrimonio. 
“No son trámites”, sino un servició de la Iglesia para ayudar a sus hijos a realizar el ideal del matrimonio.
Por este motivo, cuando dos novios están decididos a contraer matrimonio deben dirigirse con tiempo a su Parroquia para informarse acerca de dicha preparación.
El interés de la Iglesia es por su felicidad como futuros casados.

RITO O LITURGIA DEL SACRAMENTO

En el rito son los mismos esposos los que otorgan el Sacramento, es decir los ministros; el sacerdote asistente es en cambio el testigo de la Iglesia.
A partir del signo unitivo ritual toda la vida matrimonial es una fuente de gracia permanente. Cristo, se compromete desde ese momento a apoyar ese amor cada vez que los esposos intentan amarse de veras, unirse en su cuerpo y en su corazón, a salir de las actitudes egoístas u orgullosas, superar desencuentros. Todo ello supone una preparación desde la adolescencia y aún antes.

ANTONIA MARINZALDA

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