
LITURGIA Y CATEQUESIS
EL MATRIMONIO
(1ra. parte)

| El matrimonio, sacramento de los esposos y padres cristianos El matrimonio es el Sacramento por el que Jesús santifica la unión del hombre y de la mujer, y los ayuda con su gracia para que se amen para siempre y cumplan con su misión de transmitir la vida y de educar cristianamente a sus hijos. El plan de Dios sobre el matrimonio y la familia: Antes de comenzar con el matrimonio instituido por Jesús, debemos recordar que Dios, desde el comienzo del mundo, hizo al hombre capaz de amar y de unirse en cuerpo y alma a otro ser de su misma naturaleza: la mujer. “Después de crear al primer hombre dijo Dios... -no es bueno que el hombre esté solo. Haré un semejante a él para que lo ayude.”- Entonces Dios hizo caer en un profundo sueño al hombre. Y le sacó una de sus costillas. De ella formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: -”Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y formar con ella un solo ser”. Después Dios los bendijo diciéndoles: -Sean fecundos, tengan hijos. Llenen la Tierra y sométanla... (Génesis 1,26-28, 2,7 y 18,24). A través de un lenguaje poético y simbólico, el Libro de la Palabra de Dios nos enseña lo siguiente: 1) El hombre no es un ser solitario (”No es bueno que el hombre esté solo”) sino que está llamado a vivir junto con otros seres en comunidad. 2) La primera comunidad es la familia que el hombre forma uniéndose con la mujer, que es su compañera natural (”Un ser semejante a él que lo ayude”) y que no es inferior sino igual a él (”hueso de mis huesos y carne de mi carne”). 3) El hombre y la mujer se unen en su cuerpo y en su alma (”una sola carne, un solo ser”) para transmitir la vida a otros seres humanos que son los hijos (sean fecundos y tengan hijos). -Jesús establece el plan de Dios. Como vemos, el plan de Dios sobre la relación que debe existir entre el hombre y la mujer, es sabio y perfecto. Desgraciadamente los hombres, llevados por su egoísmo actuaron muchas veces a espaldas del plan de Dios, y entonces, la relación entre el hombre y la mujer sufrió graves trastornos: el divorcio, la esclavitud de la mujer, la perversión sexual, etc. -Por eso Jesús, nuestro Salvador, al predicar la palabra de Dios a los hombres, les recordó cuál había sido el plan creador respecto del matrimonio y de la familia y les hizo ver que era necesario volver a él y restablecerlo en la vida social. En alguna oportunidad unos fariseos se acercaron a Jesús y le preguntaron: -”¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por algún motivo”. Él respondió: -”¿No han leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer? Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer y los dos no serán sino una sola carne” (un solo ser). De manera que ya no son dos sino uno solo. Y bien “que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. (San Mateo 19, 3-6). En la respuesta que da a los fariseos, Jesús indica las dos características más importantes que, según el plan de Dios, debe tener el matrimonio: La Unidad y la Indisolubilidad. Jesús dice primeramente: “Serán los dos un solo ser”. El matrimonio está formado por dos personas; un hombre y una mujer que se unen y forman un solo ser en el amor; por eso son contrarios al plan de Dios: casamiento de un hombre con varias mujeres o de una mujer con varios hombres, así como el adulterio (la infidelidad entre los esposos). Además Jesús agrega: “No separe el hombre lo que Dios ha unido”. Aquí Jesús afirma que, de acuerdo al plan de Dios, el matrimonio es estable e indisoluble; la unión del hombre y de la mujer es para siempre; ambos deben seguir amándose y viviendo juntos hasta el fin de sus días. ANTONIA MARINZALDA |