FORMACIÓN

 

“Decálogo" de la Paternidad o 
de la Educación de los hijos

 

 

1. PARA SER BUENOS PADRES, SOMOS BUENOS ESPOSOS.
Axioma fundamental. Y para ser buenos esposos hay que ser buenos novios (toda la vida).

2. "ELEGIMOS" A LOS HIJOS.
"Si pudiera elegir, te elegiría". Hay que "adoptar" a cada hijo concreto, aceptarlo y quererlo a cada uno como si lo deseásemos y eligiésemos (¡porque lo deseamos y elegimos!) concretamente a cada uno en particular, así como es.

3. ESCUCHAMOS A LOS HIJOS.
Tomarlos en serio y que se sientan tomados en serio. Respetarlos en su originalidad. Nada de ironía. No tener etiquetas ni prejuicios, moldes preestablecidos, que luego actúan como profecías autocumplidas.

4. CONFIAMOS EN CADA UNO.
Creer en cada uno, en lo bueno que tiene, en su potencial, aún después de desilusiones. Todos tienen (¡tenemos!) derecho a cometer errores. Dar libertad y promover la decisión personal. Tener siempre las puertas abiertas -para salir y para volver (¡el padre del hijo pródigo!).

5. EXIGIMOS POR AMOR.
Apelando al ideal, a lo más noble, por ellos y no por uno mismo ("Hacélo por mi que soy tu mamá" con tono de mendigo). No darles todo. Exigimos porque esperamos mucho y porque creemos mucho en ellos. Estímulo y aliento.

6. PONEMOS LÍMITES CON SABIDURÍA.
Sin gritos, pero con claridad. No siempre con explicaciones. Con firmeza sin dureza, con ternura sin blandura, "los dos brazos de un mismo amor". Poner límites es crear las condiciones, el espacio necesario de contención para el desarrollo: la masa sin molde se desparrama, se pierde.

7. GANAMOS AUTORIDAD POR LA COHERENCIA Y EL EJEMPLO.
Los mismos valores y leyes que valen para adultos y jóvenes, y siempre, aunque se apliquen de acuerdo a la edad y madurez. Los mismos criterios con todos y siempre. No contradecirse ni desdecirse, uno mismo y el matrimonio.

8. APRENDEMOS DE NUESTROS HIJOS.
No siempre tenemos razón. A menudo proyectamos nuestros problemas. Lo que más me molesta son mis propios defectos en ellos. Saber reconocer errores y disculparse, eso no debilita sino que afirma la autoridad. Humildad no es humillarse. También aprendemos de nuestros hijos y crecemos junto con ellos.

9. ESTAMOS MUTUAMENTE ORGULLOSOS.
Lo fundamental no es que se parezcan a nosotros. Aún más importante que el diálogo es que ellos estén orgullosos de nosotros y nosotros de ellos. Nuestra felicidad ha de ser que nos superen. No competimos con ellos, somos su hinchada y los alentamos.

10. CONSAGRAMOS A LOS HIJOS.
Rezamos y ofrecemos por ellos. Los confiamos a María, la Educadora, a las mejores manos. No somos "dueños" de nuestros hijos, sino "administradores" a quienes Dios confió sus vidas, "cuidadores" y "servidores".

P. JUAN PABLO CATOGGIO.

ASESOR NACIONAL DE LA FEDERACIÓN APOSTÓLICA DE MATRIMONIOS DE LA OBRA FAMILIAR DE SCHÖENSTATT.

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