LO RECONOCEMOS AL PARTIR EL PAN

(Testimonio de una familia misionera: 

José y Rosarito Place)

-¿Cuántos años hace que son una familia y cómo fue el comienzo de esta vocación?

Rosarito: -Todo comenzó en el año 1989 en acción de gracias, ya que nuestra hija Mariana de tan sólo tres años se había recuperado de una grave enfermedad, y fue así que quisimos transmitir y ser testigos de esta experiencia de amor y bendición que habíamos tenido de Dios.
Este compromiso significa estar presentes en las fiestas patronales y en tiempos litúrgicos más importantes, por ejemplo, la Pascua, Navidad y luego nosotros de acuerdo a las necesidades de la familia y los tiempos de trabajo y estudio brindamos el servicio. Esto deja claro que el hecho de estar formando una familia no es impedimento para poder misionar y llevar a Jesús a otras comunidades y lugares donde se necesite.

-¿Cómo surge la invitación al Encuentro Eucarístico en representación de la Diócesis de Villa María?

Rosarito: -Recibimos un llamado telefónico del Padre Damián Vitar para invitarnos a representar a la familia por esta Diócesis y recibir junto con nuestros hijos el Leccionario que nos regalaba nuestro Obispo. Fue una gran alegría y sorpresa la que tuvimos. Nos comprometió aún más cuando leímos un texto sobre la Iglesia en América junto a nuestros hijos acerca de esta exhortación apostólica y pudimos discernir la gratuidad de este llamado que nos hacía Jesús; fue un regalo de Dios en este año Santo. Muy contentos, también, porque vemos el signo de la familia como una constante, ellas y los niños fueron los grandes protagonistas y tuvieron un lugar muy importante dentro del Encuentro Eucarístico.

-¿Qué actividades realizaron durante este Encuentro?

José: -El primer día a la tarde se realizó la purificación de la memoria personal y comunitaria, realizando un examen de conciencia personal y trabajo en grupo para tomar conciencia del actuar de los cristianos; y por la noche culminó con el pedido de perdón de la Iglesia y lectura del documento elaborado sobre las bases de estos ejes.
El día sábado tuvimos fuertes e intensas experiencias por el júbilo de encontrar tantos hermanos vibrando ante un Cristo que estaba junto a nosotros. Lo que más nos conmovió fue el lema, ya que tratamos de vivirlo en cada momento que tuvimos: “LO RECONOCEMOS AL PARTIR EL PAN”. Habernos mantenido bajo ese lema junto a la familia donde paramos, sintiendo la presencia de Jesús partiendo el pan, porque partir el pan es partir nuestra propia vida, abrir nuestro corazón, ser solidarios, nos hizo ser protagonistas de una experiencia nueva.
Hablar de corazón en un mundo que simula, que no puede expresar lo que tiene adentro, y de pronto encontrar una familia que nos acoge, nos cuenta su vida, sus miedos y esperanzas y comparte la mesa con sus hijos, fue para nosotros el regalo del Encuentro.
Otra experiencia muy bonita fue la tarde del Gesto Solidario. Fuimos a un barrio, una Villa de Emergencia y nos encontramos que muchas veces uno mira desde afuera sin ver la realidad que se vive allí dentro, gente que tiene fe, tiene esperanza para vivir mejor, luchar por su dignidad. Allí nos recibieron un grupito de mujeres y jóvenes con mucho amor, bajo un techo de zinc, paredes de cartón prensado y ladrillo pintado de blanco inmaculado. Compartimos con ellos el pan, nos contamos nuestros anhelos y esperanzas. También nos comprometimos cada uno en su lugar, rezar unos por otros y seguir partiendo el pan.

Además nos anotamos en el sector de campesinos, los sin tierra, donde escuchamos cómo viven algunas familias en las zonas carenciadas de nuestro país. Tuvimos el testimonio vivo de dos trabajadores del algodón, de Formosa, que junto con sus familias habían sido despojados de sus tierras y vivían a orillas del ferrocarril. Conocimos de sus luchas, su dignidad, su humildad, trabajando con el único apoyo de una monjita. Estas familias unidas y organizadas han conseguido en 7 años tener un pedacito de tierra, una escuela, un maestro y una casita para cada uno. Supimos de su lucha, hambre y frío y nos llamó a reflexionar; si ellos pudieron con prácticamente nada, ¿por qué no nosotros, que tenemos los medios?

-Como conclusión: ¿será posible la gestación de la unidad en este nuevo milenio?

José:-El Encuentro Eucarístico fue una experiencia maravillosa porque a nuestra Iglesia la sentí viva, renovada, auténtica, capaz de reconocer sus errores y de enfrentar al Nuevo Milenio con una fuerza nueva, con la participación de los jóvenes y las familias. Fue un canto de esperanza, un mundo nuevo animado por la fuerza del amor. Creo que es cuestión que cada uno de los bautizados nos pongamos las pilas, desde nuestro lugar de trabajo, nuestra Iglesia, nuestras comunidades, donde nos toque vivir y expresar el amor de Dios y después fortalecer el anhelo de Dios de construir un mundo más fraterno. Será cuestión que hagamos el esfuerzo con voluntad y decisión por hacerlo realidad.

PARTIR EL PAN, ES PARTIR NUESTRA PROPIA VIDA, ABRIR NUESTRO CORAZÓN.

Nota de OSCAR y ELSA 

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