EDITORIAL

 

Cuando nos reunimos para armar este "número especial", los integrantes del equipo de prensa coincidimos en la misma idea: "Los dos mil años de Jesús entre nosotros." Se pensará, tal vez, que no hemos esforzado mucho nuestra imaginación; pero lo que intentamos, con este tema, es ir un poco más allá.

En su carta a los Efesios, Pablo escribe "Me fue dada esta gracia de evangelizar a los gentiles, la incalculable riqueza de Cristo." Luego, el anuncio se ofrece al mundo: "esclarecer a todos cuál es la verdad del misterio escondido desde todos los siglos en Dios." El anuncio "que une el cielo y la tierra" -diría Dante-, para que se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.

Evangelizar, anunciar, hacer resplandecer, iluminar, manifestar, hacer conocer… Nosotros leemos en estos verbos la expresión de la comunicación constructiva, la comunicación que sacude, que ilumina, que anuncia, que amplía los horizontes, que hace resplandecer los ojos de quien la recibe, precisamente porque lleva en el corazón un proyecto y una referencia de carácter universal.

Todos los creyentes -dice Juan Pablo II- están llamados a dar testimonio de Dios, pero los artistas en forma especial, están llamados por su vocación y talento a comunicar con la riqueza de su genialidad, que en Cristo el hombre ha sido redimido. En otra parte, agrega: Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística, advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.

Hace unos días vivimos en nuestra parroquia el jubileo de los artistas, y pudimos apreciar la especial manera que tienen de comunicar sus ideas. En esta Navidad 2000, entonces, queremos resaltar esta misión de comunicar de los creyentes, esta misión de adentrarse y transmitir ese misterio del Dios encarnado, y al mismo tiempo el misterio del hombre.

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