
COMUNIDAD
LOS FUNDAMENTOS (1ra. parte)
"Aménse los unos a los otros como Yo los he amado..."

| El hombre necesita de la sociedad para subsistir y sólo es salvado en un pueblo, que es la Iglesia de Dios. El hombre necesita de la comunidad simplemente para ser feliz y no agotarse en una estéril soledad, por eso el cristiano debe buscar con ansias la comunidad para cumplir el testamento del Señor (Jn. 13,13-35). Partiendo de una idea teológica se puede afirmar que hemos nacido para Dios, que hizo al hombre para Él y por lo tanto, Él es su centro y su felicidad. Cuando Adán peca se hace centro de sí mismo, y queda vacío de aquel único Bien que lo puede llenar. En el mismo pecado elegido libremente elige su castigo y su desdicha. El hombre se abraza así a una pobre cosa, una nada, que es él mismo sin Dios. El nuevo Adán, vuelve las cosas a lo que deben ser, poniendo a Dios como centro del hombre, quien sólo saldrá del vacío de su egoísmo buscando y amando a Dios en el rostro de los demás; siguiendo las huellas de Cristo podrá encontrar otra vez la felicidad. Por supuesto, para que su dicha sea completa, no puede quedarse en la imagen, que solo es un trampolín, “un lugar de encuentro”. Realmente se puede decir: “Amar a Dios es amar al hombre y amar al hombre es amar a Dios” (Gn. 1, 27-28), es una condición necesaria. “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano, en el cual está Dios, es un mentiroso” (1Cor. 13,1 -10). En consecuencia es necesario salir de sí mismo y amar a todos los demás, en los cuales se encuentra Dios. El Señor en su sabia providencia, no permitió ser encontrado directamente, sino a través del prójimo. Estas cosas, entre otras, son pues las que fundamentan la Comunidad, lugar donde el amor se hace vivencia plena y donde se alcanza la felicidad posible en esta tierra. Algo de esto es lo que también sintió el cantor del salmo 15, cuando dice: “Dios es mi bien, pero los hombres son ‘santos’ infinitamente amables para mí al ser rozados por su Bondad”. Oremos para que se cumpla el pedido del señor Jesús: “PADRE QUE ELLOS SEAN UNO COMO NOSOTROS SOMOS UNO.”
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