BIBLIA

¡Y ESTO ES EL JUBILEO!

 

Para que todos los peregrinos de la gran familia humana conociéramos a Dios, Él mismo vino al encuentro del Hombre manifestándose al Pueblo de Israel, cuyo padre era Abraham, y así de esta manera todos sabían que Dios ama como Padre y como Madre, que privilegia a los oprimidos y actúa liberando.
En su alianza con Dios, los israelitas se responsabilizaron a ser para los demás pueblos como un espejo donde se pudiera ver el proyecto histórico de Dios, un proyecto de fraternidad, justicia e igualdad.
Se comprometió a vivir en una sociedad de hermanos con un solo Dios y Señor sobre todos.
Pero decir no es hacer y prometer no es cumplir; deseos de poder, ansias de riqueza y olvido de Dios, dejaron atrás el sueño de una sociedad igualitaria.
Para recobrar la fidelidad, se estableció en Israel una Ley que contenía una reforma social permanente, la Ley del año sabático. Esta Ley aseguraba cada 7 años un nuevo comienzo de igualdad de condiciones para todos. (Ex. 23,10-11; Lev. 25,1-28; Dt. 15,1-6)
* Ley de sabiduría ecológica: cada 7 años se debía dejar reposar la tierra.
* Ley de libertad: los esclavos recobraban su condición de hombres libres.
* Ley de fraternidad: debían perdonarse las deudas.
* Liberación para todos los habitantes.
* Cada uno de los que habían tenido que vender su tierra recobraba su propiedad.
* Cualquiera que hubiera perdido su libertad, regresaba libre a su familia.
* Nadie podía adueñarse para siempre de la tierra de otros, porque la tierra es de Dios.
* Nadie podía esclavizar para siempre a su hermano porque cada uno era propiedad de Dios, y Él mismo pedía su libertad.
Esto nos enseña que la relación con el Señor no puede separarse de la cuestión social porque si lo hace el cristianismo se transforma en la religión del culto y sólo se ve como pecado no ir a Misa, no cumplir religiosamente con los sacramentos. Se olvida la vida, la justicia, se acaparan riquezas, se realizan o toleran violaciones a los derechos humanos, y por lo tanto, no existe la igualdad.
Por eso este Año Jubilar exige mundialmente el restablecimiento de la justicia social, con gobiernos justos que protejan el derecho del pobre, el desamparado, de los más débiles. (Tm. 13)
Los dos mil años del nacimiento de Cristo representan un Jubileo no sólo para los cristianos, sino para toda la Humanidad. (Tm. 15)
Este es el Espíritu de Pentecostés que impulsa hoy a numerosos discípulos de Cristo por los caminos de la oración de la alabanza filial, hacia el servicio humilde y gozoso de los desheredados y los marginados de nuestra sociedad. Porque la alegría no puede separarse de la participación. Ser verdaderos cristianos es colmar el corazón humano de una gran capacidad de alegría.
Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos conduzcan a ella.
¡Hasta la próxima!

ESCUELA DE FORMACIÓN LAICAL

 

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