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Crítica del proceso hacia el desarrollo intelectual por la estancia en la sociedad universitaria de la D. A. I. A.
Como estudiantes de un nivel superior se supone que contamos ya, relativamente, con marcadas señales de madurez intelectual y psicológica suficientes para emprender los escarpados caminos del aprendizaje superior. Podríamos decir entonces “Si soy una persona madura, sabré lo que soy, dónde soy fuerte y dónde débil y en qué dirección estoy encaminando mi vida.” Por lo tanto debe existir en nosotros una búsqueda significativa y abnegada sobre el porqué del camino que estamos tomando. Como corolarios a dicha búsqueda debemos preguntarnos qué significa estudiar y para qué lo estamos haciendo. Una persona educada y que se educa comprende las limitaciones de lo que se le enseña, ya que son respuestas limitadas a las preguntas que plantea, lo que implica el término de la investigación. Esto lo obliga a no ser un receptor pasivo sino un asiduo investigador, pronto y perseverante en la búsqueda de respuestas concretas, al menos en cierta medida. Lo que nos lleva a distinguir entre una persona educada a una que sólo se adiestra. Esta última puede fácil, firme e inteligentemente terminar estudios superiores y desenvolverse ante la sociedad como un mero conocedor de su profesión, pero un ignorante de la función verdadera de esta. Es indudable que una persona educada requiere también del adiestramiento con lo que logrará un desenvolvimiento total entre la teoría y la práctica lo que proporciona al profesionista cosas que conoce bien y cosas que puede hacer bien.
Sin embargo es frecuente entre los estudiantes, inaudibles estados de aburrimiento intenso,, perspectivas de trabajos carentes de sentido –sean literarios, científicos o artísticos— necesarios para su crecimiento intelectual y social pero que les resulta por completo insustanciales. Como estudiante de la UJAT me he observado y he observado el entorno y el contexto en que me desenvuelvo. Es para mí curioso darme cuanta de que no soy un buen estudiante, ni siquiera un buen mal estudiante. Ser bueno implica un deber difícil, requiere fortaleza, reflexión y voluntad, esos son nuestros deberes y debemos tener el propósito de librarlos seriamente porque ello implica nuestro orgullo. Es difícil también, claro está, desenvolverse e intentar lo anterior en el ambiente en que se imparte la carrera de arquitectura en la universidad. Un buen aprendizaje requiere de espacios adecuados y útiles, herramientas y ambiente confortable. Necesitamos de símbolos que nos trasmitan la esencia de nuestro trabajo, espacios factibles y armoniosos que permitan la concentración y el trabajo asiduo, y no la decadencia en la que permanecemos y que hace decaer, también, el aprovechamiento escolar.
Frecuentemente entre el alumnado se escucha hablar sobre el método de este o este profesor, sobre cómo enseña, cómo piensa y recomendaciones para pasar desapercibido. Con el afán y una psicología de no superación sino de pura evasión los alumnos pretenden cursar las materias y obtener cualquier número arriba del cinco como calificación. Existen algunos otros comentarios como que tal maestro sabe mucho pero se limita a enseñar muy poco, como aseveración impertinente cito aquí lo que dijo limpia y llanamente un filósofo “Un hombre simplemente bien informado es el pelmazo más inútil que existe sobre la tierra de Dios”. Sin embargo, y en defensa de lo anterior, el profesor bien podría estar alentando un espíritu investigador en sus alumnos, por supuesto que ello requiere de una directriz sobre tales investigaciones, y le atañe obligatoriamente al profesor fluctuar en ella como moderador y crítico de los conocimientos que se adquieran. En cuanto a esto dijo Marco Aurelio “Los hombres existen por el amor de los unos a los otros. Enséñalos o tenles paciencia.”, aunque su contemporáneo griego Luciano, fue menos condescendiente: “Cuando los dioses odian a una persona –dijo— la hacen maestro de escuela”. Sin embargo son los profesores los que más influencia ejercen sobre nosotros los estudiantes, y ay que tomar en cuenta también la dificultad que representa para ellos interactuar con una juventud tan cambiante e inestable como lo es hoy, así es que sin importar sus condiciones (unos que inspiran, otros que irritan) de ellos dependen las calificaciones, las posiciones y las prerrogativas académicas, y es debido a ellos que nos aseguramos de una progresiva adquisición intelectual. Y es en torno a ellos, los profesores, que gira lo que solemos llamar escuela.
Considero que aún sin un buen programa de estudios, un cuerpo de profesores asegura un buen desarrollo de la enseñanza, a pesar de tener muchas carencias didácticas, el ingenio siempre surge y el ambiente lo crea uno mismo cuando existe la necesidad de adquirir conocimientos y adiestramiento. O como sucedió en la Escuela Nacional de Arquitectura en el periodo 1932-1949, donde se fueron consolidando en “...una unidad de criterio indispensable, que se había obtenido por medio de conversaciones, discusiones y juntas extraescolares, donde se les dio un sentido a los programas y se buscaron mejores sistemas pedagógicos...” Cuando realmente existe en el alumno la vocación y creatividad suficiente, esa pasión con que nos aferramos a lo que creemos es para lo que hemos nacido, no cuando se despilfarra en simples y delirantes actividades carentes de sentido y aportación formal, orientadas al delirio y disfrute sensitivos.
De esta manera es como veo y me veo incrustado en este sistema del cual también soy víctima y el sistema es víctima de mí y de todos y todos tenemos objetivos y metas diversas, todos tenemos intereses propios, ellos nos impulsan en diferentes tramos del camino. Así es como actúan las diferentes fuerzas imperantes en la universidad y depende de un desprendimiento radical de los alumnos hacia la adquisición de verdaderos conocimientos, tenacidad, vasta cultura como arquitectos que debemos ser, adquisición de un criterio propio para elegir entre decisiones, porque simplemente no se nos permite ignorar.

Luciano Naranjo Altunar
Cunduacán Tab. a 25 de febrero de 2004

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