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Primer Festival del Sol: Celebremos (Primera parte). Por: Benjamín Alonso Rascón. Era viernes y eran las diez pasadas de la noche, con pies mojados llegaba a la casa y con mente en seco pensé: Bueno, y si escribo una crónica de todo esto. Ya estás, me respondí yo mismo y heme aquí, tratando de contar lo sucedido el último fin de semana de Noviembre de 2002. Bien a bien no sé cuando nació la idea, lo cierto es que a partir de Septiembre comenzó a tomar forma. Capi y Patus, los padres del Festival, se acercaron a mí: Oye, ¿qué tal si nos ayudas con este rollo? Luego de conocer el rollo acepté gustoso: pretendían organizar un festival para Noviembre. La cosa era exponer obras pictóricas y fotográficas; presentar teatro, música, cine y literatura; todo, o casi todo, producto de la mano talentosa de la localidad. “Se trata de concentrar lo que hacen los artistas de Hermosillo y acercarlo a la gente”, palabras más, palabras menos (no voy a andar grabando todo lo que hablo con la gente), el Patus me daba luz sobre el proyecto. Entonces fue que dije “sí, yo les echo le mano, aunque no mucho porque tengo la chamba y la tesis encima”. La chamba ai’ va y de la tesis ni me pregunten. Aún corrían los días patrios cuando se hizo la convocatoria, se fotocopió y se empezó a pegar. Esto de la pegada se quedó en “empezó”, pues se decidió que era mejor el 29 y 30 de Noviembre, a el 15 y 16, como rezaban los primeros flyers que rápidamente fueron removidos (nótese la carga electorera discursiva que el tecleador ha empleado en estas últimas tres palabras ). El tiempo pasó. Cada día, de lunes a viernes y en ocasiones los sábados, llegaba a mi trabajo y arrancaba las hojas del calendario. Pero algo cambió ese viernes que arribé más tarde que de costumbre a mis labores (fui al Pluma la víspera); de hecho no me sentía a gusto, como que no cabía (andaba crudo), pero al deshojar el calendario pude comprender aquel extraño fenómeno que me rondaba: era Noviembre y de aquellos (Patus/Capi), ni sus luces. Caray,
pensaba a mis adentros, 20 de Noviembre y nada, ¿qué habrá
pasado? Al parecer la suerte quería que la patria estuviera presente
en todo momento de la preparación del festival, pues ése
mismo día en que todos los y las mexicanas conmemoramos el inicio
de la revolución, me llama alguien de nombre Brenda, pregunto
quién, y me contesta “Capi”.
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