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Continuación El Gato Félix.

En las investigaciones sobre el caso existen varios hechos, declaraciones, e incoherencias que apuntan a la existencia de una autoría intelectual, por ejemplo: en la presunta confesión de Victoriano Medina, este asegura que participó en el crimen debido a las críticas que recibió por parte de el Gato en su columna. Sin embargo, nunca se ha encontrado alguna alusión a Medina en el trabajo del periodista.

Según las declaraciones de algunos testigos, Antonio Vera Palestina recibió, la mañana del asesinato, un vale por el equivalente a diez mil dólares. A este hecho nunca se le dió el debido seguimiento.

En Abril de 1999, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el informe 50/99 caso 11.739, instó al gobierno mexicano a esclarecer el homicidio del periodista y a ejercer acción penal contra quien resulte responsable de la autoría intelectual de la muerte del sinaloense.

A su vez, el Estado mexicano a través de argucias legales ha evitado cumplir con su responsabilidad de hacer cumplir las leyes. Desde hace varios años, por ordenes del entonces gobernador Ernesto Rufo Appel, la investigación sigue abierta, pero no ha llegado alguien que no le tenga miedo a la justicia.

El asesinato de un periodista es un termómetro del nivel de corrupción y abuso del poder de los gobernantes y sus secuaces. La impunidad que prevalece en torno a este crimen es resultado de la gran red de complicidad que existe entre las mafias a las que no les gusta escuchar las verdades que una pluma puede decir.

El olvido es el mejor amigo de la impunidad.

El Gato Félix y policías de Tijuana.
Foto: www.impunidad.com

Los Tigres del Norte le rindieron un homenaje póstumo al hacerle su corrido “El Gato Félix”:

Voy a cantar un corrido,
de alguien que yo conocí...
Periodista distinguido,
por su pluma era temido,
desde Tijuana a Madrid.

Le decían el Gato Félix,
porque se le oia decir,
que era como los felinos,
que tenía siete destinos,
y los tenía que cumplir.

Llegó de Choix, Sinaloa,
que era su tierra natal,
pero se quedó en Tijuana,
porque le pegó la gana,
y en algo quiso ayudar.

Con lo que escribía en el diario,
al gobierno hizo temblar,
se acabó el ABCdiario,
de amenazas un rosario,
la ZETA hizo popular.

Con una pluma valiente,
señaló la corrupción,
ayudó siempre a la gente,
y más de Dos Presidentes,
le prestaron atención.

De una forma traicionera,
le llegó al Gato el final,
de una vez y de a deveras,
en caballo de carreras,
la muerte corrió a ganar.

Ya se murió el Gato Félix,
ya lo llevan a enterrar,
será uno más en la lista,
de valientes periodistas,
que así han querido callar.

A: Héctor Félix Miranda,
te dedico mi cantar,
pero no tengas pendiente,
ya anda por hay el valiente,
que ocupará tu lugar.

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