arte y cultura
cine
fotografía
deportes
música
literatura
política

sociedad contemporánea

tecnología
agenda
links
contacto

 

 

El crimen del padre Amaro.

Por: José Abril.

Más allá de los escándalos Pro-Vida, a estas alturas tan indignantes como de risa loca, El crimen del padre Amaro (México, 02), el quinto largometraje de Carlos Carrera, supone el afortunado regreso de un director que, después de su lograda opera prima La mujer de Benjamín (México, 1993), cultivó una obra dispersa e irregular: La vida conyugal (México, 1994) presentaba una guiñolesca y fallida versión de la novela homónima de Pitol; Sin Remitente (México, 1997) naufragaba en su esfuerzo por dibujar un infierno urbano como contexto de una anti-historia de amor crepuscular de muy poca intensidad, y Un embrujo (México, 1999) representaba la impersonalización del autor en aras de un exotismo mexicano de exportación. (Cuento aparte es su trayectoria en el campo de la animación donde se ha mantenido sobrio y coherente). Cuatro años han pasado ya desde esta última realización, y Carrera aparece no sólo recuperando la frescura de su debut cinematográfico sino coronado por un aura provocadora y de escándalo que, por fortuna, ha beneficiado a la obra por su corrida en los cines del país.

Vicente Leñero.
Foto: www.larevista.com.mx
Carlos Carrera.
Foto: www.reforma.com

Como ya lo hacía en La mujer de Benjamín, con El crimen del padre Amaro, Carrera (y Vicente Leñero, autor del guión y la adaptación) se mantiene dentro de la tradición de la comedia y el melodrama rural mexicano, explotando en algunas de sus figuras arquetípicas (la loca del pueblo, el presidente corrupto, el ateo vociferante, etc.). Pero Carrera y su guionista no disponen de estas piezas para construir un fresco costumbrista, amable y concesivo. Todo lo contrario: la película es un melodrama crítico, rebosante de irreverencia, que pone en tela de juicio la rectitud clerical, ventila las contradicciones del catolicismo y la corrupción de sus grupos que se asumen como guías espirituales del pueblo.

Carrera, evitando la estructura y el tono de un panfleto, sin duda uno de sus aciertos mas notables, toma al personaje de Amaro como centro y punto de partida de la historia. En ese sentido, la película lejos de regodearse en la elemental esquemática caricaturización (como lo fue La Ley de Herodes, donde Estrada terminó construyendo no una crítica sino una apología de la corrupción), humaniza al protagonista, lo expone sensible y frágil, ambicioso y arribista, enfrentado y acongojado por sus dilemas éticos, y finalmente vencido ante la corrupción pero triunfante ante una comunidad que ignora la enorme capacidad de hipocresía que ha desarrollado, puesta de manifiesta, en el irónico pero terrible desenlace de la película.

Realizador y guionista, no presentan, hay que decirlo, un tema inédito en el cine mexicano. La historia del catolicismo cuestionado y ridiculizado cuenta con antecedentes de lo mas variado (no olvidemos a Buñuel), que van desde lo mediocre (Pandemonium, El monasterio de los buitres - con Irma Serrano incluida) hasta pretenciosas obras de escándalo "de prestigio" (La viuda negra -con Isela Vega- y El evangelio de las maravillas, ambas de Arturo Ripstein), también rarezas freak (casi todo el cine de Alejandro Jodorowski) y rarezas sublimes (La fórmula secreta de Rubén Gámez). Pero, sí han sabido construir con claridad e inteligencia, sin el acento shock típico de los setenta, un relato lleno de efectivos gags heréticos, de simpatía ponzoñosa a la que difícilmente se puede resistir por más o menos católico confeso que se considere uno.

Hosted by www.Geocities.ws

1