EL SPIRIT Javier Orozco
Obituario del Rock tiene el agrado de presentarles otro de sus acostumbrados actos de equilibrio en la cuerda floja. En esta ocasión les presentamos algo sobre la doble vida del Spirit... así que, comencemos.
La segunda historia arranca en el verano de 1967 en California con el grupo formado por Mark Andes como ejecutante del bajo; Randy California, cantante; Ed Cassidy (el pelón que hacía guantes ), baterista; Jay Ferguson, segundo cantante; y John Locke, pianista. Esta congregación tomó por nombre Spirit, y no fue sino hasta 1968 que empezó a tener gran éxito entre el público norteamericano, sin embargo, una de las características con la que llamaban la atención era la pelonez de su baterista Ed Cassidy, y el hecho no nos dice gran cosa porque en estos tiempos andar con el coco a rape o afeitado es —digamos— “lo normal”, sin embargo por aquellos días los que traían el cabello corto movían más bien a la sospecha. Al respecto, en 1985 José Agustín escribió en su libro La Nueva Música Clásica (segunda versión) lo siguiente:
“También me clavaba con intenciones transportantes en Spirit, grupo de California muy limpio, que jugaba con las voces (como el H.P. Lovecraft o grupos muy menores como Nazz ) y que se caracterizaba por el requinto casi líquido,
un líquido espeso, claro, de Randy Califas. El pelón con suelas de hule Cassidy era otro de los trademarks de este quinteto que me mandó a viajar y lejísimos con su inolvidable primer álbum (Spirit), con The Family that plays together (and how), con Clear y The twelve dreams of doctor Sardonicus, o sea con todo lo que hicieron, porque lo de doce años después fue pura vacilada: el grupo ya se había desmembrado irreversiblemente (es increíble que de semejante matriz pudiera salir una onda tan chafona como Jo Jo Gunne) y del viejo Spirit sólo quedaba el nombre: muy bueno, eso sí, para que algunos pendejos, como yo comprendo, cayéramos en la trampa y compráramos el disco creyendo que era the real thing.”
Como datos adicionales, vale la pena agregar el hecho de que alrededor de quince años, Ed Cassidy el pelón cacotas fue baterista de grupos de jazz, country y (cosa insólita en el rock) hasta de ópera. Esta última referencia alcanza la verosimilitud cuando en las descripciones de los conciertos de Spirit en los años 60, mencionaban el hecho de que Cassidy aparecía con unos tambores descomunales en su batería, lo que quizás era más bien los timbales de las orquestas sinfónicas. Con Spirit, el rock tuvo uno de los momentos más cercanos al jazz, los otros más evidentes fueron Blood, Sweat & Tears, Al Koper, Ballin’ Jack, Chase, etcétera.
La primera historieta de esta historia se remonta a 1940, año en que aparece en los cómics un detective bien parecido pero con antifaz, gabardina y traje de color azul, sombrero Stetson, corbata color rojo, más o menos como de dos metros de altura, se hace acompañar por un negrito con apodo de racismo involuntario: Ébano, el inspector de policía Dolan, cuya hija es una beldad: Elena Dolan, la que —como siempre sucedía en estas historias (Batman y Supermán incluidos)— asediaba al héroe pero sin lograr nada más allá de un beso en la mejilla protagonista; todo esto configuraba al Spirit,
Pero, ¿qué más era lo que distinguía a este personaje que atrajo a tantos lectores hasta el año 1950 ? Ante todo, el sentido del humor. Normalmente, como casi todos los personajes de cine o historias negras, practicaba la ironía, sin embargo a los villanos y villanas también les permitía tales licencias, de tal suerte que no nada más había un simpático en el acontecer de la lucha Bien-Mal, también los malos podían mover a la identidad con el lector merced a su gracioso cinismo. Otro elemento de la historieta era —por momentos— el marco expresionista del dibujo: sombras, oscuridad, figuras en perspectiva exagerada, herencia quizás del cine alemán de los años 20 y 30. Otra de las atracciones que Will Eisner, su creador, le agregó, fueron los cortes arquitectónicos a las edificaciones, como aquellas casas de muñecas que se abren y se ve al interior de cada cuarto, con la respectiva situación en cada uno. Por ejemplo, en la historia titulada Escuela para señoritas, del año 1947, se pueden observar 8 (contando hasta la azotea) espacios simultáneamente en los que se aprecia la víctima apuñalada, dos niñas platicando en su cuarto, el Spirit hablando por teléfono, el inspector Dolan escuchando tras la puerta de una presunta sospechosa, la tecolotiza apostada en el techo, un cuico a punto de salir de la casa, otra presumible asesina, etcétera. También pasaba de la demasía ilustrativa en un cuadro, a la sencilla disposición de dos sujetos dándose hasta con la cubeta pero, sin más fondo que dos plastas de color para no evidenciar abandono creativo.
En 1976, y con Copy right de 1974, la Editora de Periódicos La Prensa reeditó en México el cómic, el cual contenía cuatro mini historias en cada número, sin embargo no duró mucho el gusto pues desapareció a los dos años. Y he aquí que con el reciente boom de productores y lectores de historietas, el Spirit volvió a aparecer pero... en versión para bibliófilos. Los gringos están armando en tomos empastados toda la colección del detective enmascarado y el primer volumen abarca de junio a diciembre de 1940. Para adquirirlo en este Valle de lágrimas hay que ir al D.F., treparse en el metro, bajarse en la estación Emiliano Zapata y, en una de la esquinas de Av. Universidad con Félix Cuevas, se encuentra un edificio donde se dedican a vender este incunable y cientos de historietas más. La otra opción sería buscarlo por internet.
Aunque no tienen relación entre sí, ambos Spirit son materia de gozo, solaz y esparcimiento garantizado, así que si tienen alma de buscadores y consumidores compulsivos de rock viejo e historietas clásicas, ésas son las recomendaciones de O. del R. para el día de hoy.
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