Ricardo Rangel

    Con la nueva administración pública federal es claro que el cambio de partido en el gobierno no significa un cambio de régimen político. Y que las aspiraciones de desarrollo democrático en el país tienen que esperar pacientemente.

    Para ello es necesario realizar, ante todo, una labor compleja de ingeniería política donde la construcción de instituciones se convierte en la base fundamental para hacer fluir a las nuevas realidades en la vida política, social y económica del país.

    Durante los primeros meses del gobierno de Vicente Fox hay algunas señales en sentido positivo; con un antecedente directo que todos conocemos por la eficiencia de su trabajo en las pasadas elecciones federales del 2 de julio del 2000 y está convertido en un orgullo de la sociedad. Me refiero a la tarea efectuada por el Instituto Federal Electoral (IFE).

    En el principio de la nueva administración se ha destacado, sin lugar a dudas, el papel jugado por uno de los poderes de la federación que estuvo prácticamente anulado por la aplastante actuación del presidencialismo mexicano. Hablo concretamente del Poder Judicial de la Federación.

    El camino por el cual han empezado a transitar los órganos de este poder para poder brindar oportunidades a esas nuevas realidades, como en todo principio, si bien no ha sido impecable está resultando meritoria. Este es el caso del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el TRIFE, como se le ha dado en llamar con insistencia a últimas fechas.

    El Trife ha actuado en los ámbitos electorales de Tabasco y Jalisco, así como en el entorno preelectoral de Yucatán. Ninguno de los tres casos ha resultado fácil y tampoco sus resoluciones han sido bien recibidas, aceptadas y acatadas por todas las fuerzas políticas, sobre todo, las del antiguo partido en el poder: el PRI.

    Desde un punto de vista esquemático, las resoluciones del Trife han favorecido en Tabasco y Yucatán a la oposición, descobijando al PRI. En Jalisco, en cambio, siguiendo con el mismo esquema, se diría que la resolución del Trife ha favorecido al partido en el poder: el PAN, y ha desatendido las peticiones de la oposición personificada por el Partido Revolucionario Institucional.

    En este cuadro esquemático puede constatarse la diversidad de resultados que ha tenido la actuación de un órgano de¡ Poder Judicial de la Federación, pero que en nuestra consideración se está dirigiendo a apoyar el desarrollo democrático y político del país. Ésta pareciera ser también la conclusión de la sociedad.

    Para Vicente Fox y las instancias encargadas del gobierno y el desarrollo de la política interior, desde luego, el resultado es por demás satisfactorio, sobre todo porque la invitación a actuar con la fuerza en el estado de Yucatán, a instancia de las provocaciones del “Balo" Cervera Pacheco, no fueron respondidas.

    En el camino de la construcción de las nuevas instituciones así como en el fortalecimiento de las ya existentes, los signos parecen alentadores, y en esta dirección va encaminada la última resolución de la Suprema Corte de Justicia, al declarar inconstitucional la existencia de la cláusula de exclusión que tanta vida y riqueza le diera al sindicalismo corporativista, en particular, a poderosos dirigentes de ingratos recuerdos como Fidel Velázquez, Leonardo Rodríguez Alcaine o Carlos Jonguitud Barrios.


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