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Javier Orozco
A principios del —ahora pasado— siglo, buscar y descubrir los rastros y rostros de la cursilería era facilísimo, sobre todo cuando aparecían traviesos y espontáneos en circunstancias obvias como la celebración de cualquier cumpleaños. Una secuela localizable todavía, la encontramos en las fiestas de quince años de las y-no-centes damiselas. También emerge vivaz y lastimera cada 10 de mayo, y aún en bautizos y hasta en ceremonias de bendición del coche recién adquirido —sin importar que no sea nuevo—, pero sobre todo y cuidadito con aquel que lo niegue, cuando aparece el amor .
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Para algunos, es un verdadero reto evadir ser cursi al estar con la chava que se pretende y no tener que decir lo que ella “quiere escuchar”; para otros, no hay tanto problema, ya que a las chavas se les puede decir todo el catálogo de frases almibaradas que sean necesarias hasta que den el ansiado Sí para aquellito. Sin embargo, el chiste es decir convincentemente toda la fraseología de que se disponga en el repertorio personal o intelectual, pero —y aquí reside el gran truco— sin convicción (cabe abrir un megaparéntesis para asesorar a nuestros lectores en materia de bagaje cursi: como todo mundo lo sabe, las telenovelas o guionistas de Televisa todavía arrastran los términos y frases que predominaban hace más de 100 años en nuestro país pero, para evitar ser descubiertos o evidenciados como público cautivo del canal de los espermas, el recurso a aplicar es: tomar un cuaderno de la escuela, apuntar los diálogos que nos provoquen las carcajadas locas y, al ser descubiertos por la sirvienta o por la madrecita santa en tal circunstancia, el paro salvador recaerá en “es que estoy haciendo un trabajo que me encargaron en la escuela sobre la enajenación que provocan los programas de televisión a las amas de casa y a las empleadas domésticas, y a mí me tocaron las telenovelas”. Claro que cabe el riesgo de que el apuntador se clave con los programas y se pierda el objetivo original ). La estrategia sabia también dicta que todo esto hay que hacerlo sin testigos ni interventores del CONACULTA, máxime ahora, pues aquel que desarrolle altas cualidades de edulcoloración ideológica, estaría expuesto a que Sari Bermúdez, le proponga al infractor ficticio escribir un libro sobre cómo se conocieron y asociaron Vicente Fox y Martha o Marta Sahagún antes de las elecciones, pero eso es un caso extremo.A pesar de lo anterior, el estudio y seguimiento de la cursilería se enfrenta actualmente a un problema de identificación del comportamiento del objeto de estudio, así como la adaptación a los tiempos actuales, pero también de la disposición de recursos financieros y técnicos para dar fe de las más recientes manifestaciones: los propietarios de los negocios dedicados a la impresión de tarjetas de felicitación, similares y conexas están alarmados por causa de la reciente aparición de discos compactos con la videograbación de todo tipo de mensajes que ya no van a ser fácilmente leídos o espiados. Ahora el voyerista profesional tendrá que disponer de su PC con lectora de CD y quemador de XY para sacar las copias que evidencien las debilidades ideológicas de nuestros y nuestras camarados y camaradas (según las nuevas disposiciones oficiales ya no existen los genéricos, ahora hay que separar todo con masculinos y femeninos bajo el hecho de que la ciudadanía optó por elegir a un presidente con licenciatura en la Ibero pero, como es de esperarse, ignorante), y se hagan del conocimiento de la sociedad para que se apliquen las sanciones correspondientes a que haya lugar. En fin, este es el comienzo de una nueva época, y los desafíos serán mayores.
Sin embargo, los cazacursis tenemos la moral muy en alto ya que tenemos entre nuestros planes de acción para el nuevo siglo, el programa Cursi-Frecuente: aquellas personas que incurran en actos de la naturaleza arriba descrita, se harán acreedores a puntos acumulativos que, en su adición progresiva, les brindará beneficios a los que sólo unos cuantos tendrán derecho:
- viajar junto con la quinceañera en su carroza transparente en forma de calabaza
- un juego completo de figuritas de cerámica para que las acomoden sobre el televisor,
- un juego de carpetas imitación de las tejidas por la mamá de Vicente Fox para que los ganadores las coloquen en los respaldos de sus sillones
- finalmente, una composición fotográfica del infractor en cuatro actitudes diferentes: riendo, llorando, serio y con una sonrisa angelical.
La suscripción al programa tendrá lugar en las próximas semanas y podrá ser a pedido de terceros. En fin, el futuro inmediato se antoja difícil, pero gracias a la actitud decidida y proclive de nuestros usuarios y público en general a la cursilería, así como del apoyo desinteresado e involuntario del nuevo gobierno federal, podemos decir que ¡YA ganamos!, que hoy, hoy, hoy, el cursi tiene su Obúsman en el programa Cursi-Frecuente, y que nada de lo que diga o haga quedará impune.
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